El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Actualidad

De la distancia teatral a la intimidad y exposición

Según el filósofo y escritor surcoreano Byung Chul-Han, a través de los tiempos la sociedad ha mutado de ser un escenario teatral a una a favor de la intimidad. “La distancia escénica impide el contacto inmediato entre cuerpos y almas. Lo teatral se opone a lo táctil”, menciona. En esa sociedad teatral veíamos lo aparente, pero lo diferenciábamos de lo real. En cambio, la metamorfosis a la intimidad elimina todo espacio, y expone lo que dice ser real pero no lo es, no lo conocemos. Y tampoco existe opción, porque no vemos la disparidad, es el infierno de lo igual.

Cuando hablamos de intimidad nos referimos a una zona reservada de cada persona, esa que mostramos cuando agarramos confianza con un familiar, pareja o amigo. Sin darnos cuenta, cada vez nos hemos expuesto a más personas que no forman parte de nuestro círculo cercano. Con el boom de las redes sociales, la mayoría comparte pensamientos experiencias, ideas, a fin de ser parte de ese mundo “interconectado”.

“La intimidad es la fórmula psicológica de la transparencia”, manifiesta Han en su obra La Sociedad de la Transparencia. Y prosigue “Se cree conseguir la transparencia del alma por el hecho de revelar los sentimientos y emociones íntimos, desnudando así el alma.”

Pero, transparencia no es sinónimo de verdad. El hombre no es transparente ni para sí mismo. La transparencia es vacío, uno que se complementa con una gran masa de información. Todo ese cúmulo de datos sobre cada internauta es utilizado para presentarnos únicamente aquello que nos atrae.  “La sociedad de la transparencia es el infierno de lo igual”. Una sociedad de consumo en donde la compra y venta están representadas por los «Me gusta».

Escif. «Obsolescencia programada»

“La sociedad de la transparencia no solo carece de verdad, sino también de apariencia.” Es así que se la compara con el mito de la caverna de Platón, el cual dice, hace referencia a diversas formas de vida, no solo a los niveles del conocimiento como se interpreta.

En la caverna de Platón, unos hombres se encuentran prisioneros desde su nacimiento en una oscura cueva. Encadenados de manos y pies, solo pueden mirar hacia la pared que tienen en frente. Del otro lado hay un muro y detrás de este se encuentra una hoguera, frente a la cual pasan hombres con diversos objetos, cuyas sombras se reflejan en la pared que miran los prisioneros.

Las representaciones de esas sombras son su única realidad, no ven el mundo exterior. Y cuando uno que fue libre les habló de él, simplemente lo ignoraron.

Aquellas ideas que este hombre liberado les presentaba eran poco creíbles a sus ojos, pues no aceptaban una realidad más compleja, solo lo que percibían mediante los sentidos. Esta metáfora utilizada por Platón se interpreta regularmente como dos mundos, el sensible (sentidos) e inteligible (ideas). Mediante la cual dicen, el filósofo nos plantea que es difícil obtener el conocimiento sin deshacernos de los prejuicios y quedarnos solamente con aquello que percibimos con los sentidos.

A diferencia de la alegoría platónica, en la sociedad de la transparencia se elimina esa dualidad de oscuridad-luz representada por fuego y sombras. Aquella que genera una sensación de realidad y nos acerca a la verdad. Una forma de vida que se encierra en una sola idea, pues no hay otra.

En la sociedad de la transparencia solo existe una luminosidad sin trascendencia, que todo lo penetra. Generándose así una única realidad, que es la que vivimos en las redes sociales y en la web misma. Si existe otra realidad, no la conocemos.

Viviendo como peces dentro de una pecera, no vemos un más allá de nuestro recipiente. No tenemos ni la más pálida idea de lo que es distinto.

En conclusión, en este infierno de lo igual “La hiperinformación y la hipercomunicación no inyectan ninguna luz en la oscuridad.” Más nos acercamos al otro pero menos lo conocemos, pues transparencia no es verdad. Nos acostumbramos simplemente a una exposición que finalmente, nos termina generando un vacío, debido a que no nos conocemos ni a nosotros mismos.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estudiante de Periodismo en la Universidad del Norte. Escritora y lectora, amante de la música. Colaboradora en el Periódico Académico El Parlante.