El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Los niños paraguayos se encuentran bajo la constante amenaza de imposiciones foráneas que pretenden apoderarse de sus espíritus y eliminar su identidad. Se pretenden ejecutar muchas de esas imposturas por medio de los mismos Ministerios de la República del Paraguay. [Imagen: ABC Color].
Actualidad Filosofía Política

¿Dónde jugarán los niños?

Hace poco más de 150 años atrás, los niños del Paraguay se hicieron hombres y mujeres, entregando sus vidas en los pastizales del Barrero Grande. Las canciones populares hacen dignísimas alabanzas a ese sacrificio con versos románticos, dulces y épicos: «allá en mi tierra, bordeando el monte, se extiende el campo de Acosta Ñu».

En ese momento de máxima entrega, niñas y niños empuñaron armas para enfrentar al enemigo visible: los invasores del terruño, los que venían a matar a sus papás y hermanos, esclavizar a sus mamás y hermanas. También lucharon por sus vidas, porque la inocencia infantil debió enfrentar la cruel realidad de la guerra, de que los hombres matan y mueren por la espada. Estamos lejos de querer idealizar ese episodio trágico, pero nadie puede dudar que los pequeños de Acosta Ñu fueron héroes, se hicieron grandes como ese Paraguay al que llamaron tantas veces «Polonia Americana», que prefería caer como un Titán antes que ver a su Dios y a su Patria avasallados.

Y como Polonia, Paraguay resurgió de sus cenizas.

El enemigo, sin embargo, cuando no pudo vencer a nuestra nación por la fuerza, buscó otros mecanismos. Empezó la invasión cultural. Primero se intentó eliminar al guaraní de las escuelas, se trabajó incesantemente para que los llamados «tiranos» del Paraguay fueran execrados y borrados de la identidad nacional. Se pretendió imponer a sangre y fuego una ideología e historiografía liberal contraria a todo el sentimiento del pueblo. Pero no lograron sus objetivos, una vez más. Los cañadones chaqueños sirvieron de refuerzo para reafirmar a Dios y la Patria.

Los niños paraguayos se encuentran bajo la constante amenaza de imposiciones foráneas que pretenden apoderarse de sus espíritus y eliminar su identidad. Se pretenden ejecutar muchas de esas imposturas por medio de los mismos Ministerios de la República del Paraguay. [Imagen: ABC Color].
Los niños paraguayos se encuentran bajo la constante amenaza de imposiciones foráneas que pretenden apoderarse de sus espíritus y eliminar su identidad. Se pretenden ejecutar muchas de esas imposturas por medio de los mismos Ministerios de la República del Paraguay. [Imagen: ABC Color].

Hoy, la lucha ha cambiado de nuevo. Los que pretenden destruir nuestra nacionalidad (y a todos los pueblos del mundo) trabajan desde sus cápsulas globalistas, mueven los hilos de manera difusa, penetran en las capas de la sociedad buscando la perversión de la cultura. Pretenden eliminar al sentimiento patriótico y religioso de la nación, reduciéndolos a meras expresiones privadas, de museos y cementerios.

La «Pandemia» de COVID 19 ha sido una excelente excusa para poner en práctica sus metodologías de dominación: los paraguayos, al principio, fueron prudentes y mesurados. Estuvieron dispuestos al sacrificio, una vez más. En esta ocasión, desde luego, sin punto de comparación con otras grandiosas hazañas y epopeyas, pero tampoco se puede menospreciar. Fue un esfuerzo social y económico que, en muchos sentidos, violó todo sentido común y legalidad por parte de las autoridades nacionales.

No obstante, el paso del tiempo y las mejores informaciones fueron despertando el instinto de auto-preservación del pueblo. Los que pretendían «cuidarnos» una vez más se salían con las suyas mientras el paraguayo sufría silenciosamente. Ya no se podía sostener lo insostenible: las protestas y movilizaciones sacudieron varios puntos del país, especialmente Ciudad del Este y Encarnación.

El enemigo volvió a presenciar que al paraguayo no se lo puede controlar por mucho tiempo a través de la mentira y la injusticia. Pero queda algo pendiente, algo más que ver en todo este embrollo: ¿y los niños? ¿Dónde jugarán los niños?

Seis meses de encierro, seis meses de una «cuarentena» injustificable. Los niños quedaron encerrados en sus mundos, atrapados por la virtualidad y el distanciamiento social que los vuelve menos humanos, más anti-sociales, más retraídos y ensimismados. Hasta el momento nadie quiere hacer el análisis meticuloso y sistemático respecto al daño que se está haciendo a los niños con toda la historia del «distanciamiento social» y el «aislamiento». Es el gran «elefante en la habitación», no obstante, pues a nadie escapa que en los pequeños de 8 a 12 años (e incluso a los adolescentes), ese intercambio con amigos, compañeros, ese juego al aire libre, esos ejercicios físicos, la misma rutina, forman parte esencial del desarrollo de la voluntad y la disciplina.

Lo poco que se haya ganado con el aprendizaje de métodos y manejo de medios digitales, se ha perdido muchísimo en inteligencia emocional, social, afectiva, cultural e incluso capacidad física.

A veces queremos creer que estas cosas suceden por mala fortuna, por una inesperada casualidad del destino. Que son desgracias que nadie pudo prever, nadie pudo imaginar. Sin embargo, cuando escrutamos atentamente las informaciones, los manuales, los folletos, los discursos y escritos que provienen de organizaciones internacionales y globales, quedamos pasmados ante tanto atrevimiento, ante la flagrante admisión que muchas veces llevan a cabo respecto a sus intenciones y objetivos.

Los «planes» y «diseños» educativos que muchas organizaciones no gubernamentales y «think-tanks» (bancos de cerebros) con sedes en países del extranjero o grandes corporaciones que escapan, gracias al dogma del capitalismo, de cualquier control y restricción no dejan lugar a dudas: el daño que se busca hacer a los niños está premeditado, cuidadosamente estudiado y delineado. Según investigaciones realizadas recientemente en Francia, el «Efecto Flynn» demuestra que el coeficiente intelectual de los niños nacidos en el siglo XXI será por primera vez desde que se tiene registro, inferior al de sus padres. Algunos afirman que este proceso de «infantilización» (Síndrome de Peter Pan) y «estupidización» psicosocial incluso viene de muchas décadas antes. Si a esto le sumamos la intensa «genitalización social», el hedonismo promovido como política pública, el relativismo moral y cultural, tenemos el perfecto caldo de cultivo para una sociedad en la que los niños son las más inocentes víctimas de los delirios de sus ancestros adultos.

Amamos a los niños pero no queremos que las personas sean eternamente niños, contrariamente a los enemigos del Paraguay quienes odian a los infantes, pero buscan desesperadamente «infantilizar» mentalmente a toda la población.

Esa es la razón por la cual, en cuanto programa educativo diseñado por las «brillantes mentes» del extranjero, vemos errores por doquier difundiéndose en las páginas de los libros, folletos y panfletos de nuestras instituciones públicas. Y no hablamos de «errores ortográficos» sino de verdaderos atentados contra la ciencia, la filosofía y la naturaleza humana, promovidos como si fueran «la panacea» para todos los problemas de la llamada «aldea» de los paraguayos.

Los niños ya no tienen lugar donde «jugar tranquilos». Están bombardeados no sólo por la televisión, la internet y las redes sociales sino también por las mismas instituciones nacionales a las que damos potestad para que los eduquen, protejan y formen ciudadanos con valores e integridad cívica. Muchos de los Ministerios del Paraguay están plagados de funcionarios que sólo obedecen a las agendas políticas de sus patrones o que operan de manera encubierta (e incluso muchas veces alevosa) para entidades u organizaciones supranacionales que tienen cualquier cosa, menos el interés nacional de la República del Paraguay, como meta y objetivo.

Es el caso muy curioso del ex Ministro de Hacienda Benigno López, quien endeudó al país por billones y billones de dólares (por la excusa risible que a Ud. le parezca útil recordar) con el Fondo Monetario Internacional, pero que ahora acaba de ser nombrado miembro del Directorio Ejecutivo del… ¡Fondo Monetario Internacional! ¿Cuál es la lealtad del Sr. Benigno López? Sin duda alguna, no se puede tener dos esposas… Al menos en Paraguay… Como tampoco nos cabe duda de que en tiempos más heroicos, este ex Ministro no habría sido llevado a una oficina corporatocrática en el FMI sino frente al «naranjo triste», mostrando la espalda al pelotón…

De idéntica manera ocurre con otras sedes públicas que avergüenzan al Paraguay, como el Ministerio de la Niñez y la Adolescencia, que hace todo lo inhumanamente posible (nos rehusamos llamarlo «humano») para imponer las agendas de los entes supranacionales como las Naciones Unidas en nuestro país. Agendas que bestializan a los estudiantes, los reducen a mero número y mera unidad productiva, que les convierte en esclavos de los vicios y adoradores de la mentira, que va contra toda virtud y toda búsqueda de la verdad que los hará libres. Ni hablemos de los ataques inmisericordes que recibe el Ministerio de Educación, que por tener actualmente (al menos en sus más altas esferas) una postura contraria a las imposiciones globalistas impulsadas desde sus «Caballos de Troya» llamados oenegés, es fustigado constantemente por los medios de prensa masivos y los operadores políticos de la anti-Patria. Y conste que yo tengo muchas críticas contra la actual administración del MEC, pero reconozco también sus varios aciertos y la considero un «mal menor» en comparación al grave daño que otros han hecho y siguen haciendo al país.

¿Dónde jugarán los niños? Hágase esa sincera pregunta ante la presente situación. Este mundo, que nos quiere a todos infantilizados pero que odia sobremanera la inocencia del niño, nos empuja a hacer planteamientos drásticos y tomar decisiones categóricas. ¿Queremos que estas corruptas, cadavéricas y macabras organizaciones globalistas e internacionalistas manejen la educación que se va a impartir a nuestro mayor tesoro, nuestros hijos e hijas? Si la respuesta es «no», es tiempo de comprender que estamos en una guerra, no declarada pero guerra al fin. Una guerra por el alma y el espíritu de los niños paraguayos, a quienes quizás ahora no les toque hacer el heroico sacrificio de Acosta Ñu (aunque nunca se sabe… conviene estar preparados). Pero a nosotros sí nos llama un nuevo clarín de la batalla para oponer nuestra mejor capacidad, talento, inteligencia, brazos y vidas en defensa de la identidad nacional, tradiciones, Dios y Patria. Una vez más, el combate se aproxima, esta vez contra un enemigo que no viene empuñando bayonetas pero cuyas intenciones son más destructivas que cualquier otro que tuvimos anteriormente. La nueva y encarnizada lucha que libraremos será con el intelecto y el espíritu, no con los fusiles (aunque nunca se sabe… conviene estar preparados).

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