El siglo XXI es sinónimo de tecnología y decisión

El siglo XXI es sinónimo de tecnología y decisión

En su libro 21 lecciones para el siglo XXI, Yuval Harari, escritor e historiador israelí, expone diversas cuestiones que tenemos que tener en cuenta cuando hablamos sobre el futuro del mundo. Hace énfasis en la tecnología, la cual ha avanzado más que nunca en estos tiempos, y que si no la controlamos, puede que nos dificulte la vida en el mañana más que facilitarla.

Fuente: Blasting News.

El auge de la bioingeniería y la inteligencia artificial (IA), ha hecho que de cierta forma, los seres humanos jueguen una carrera hacia la destrucción de la humanidad, una nueva carrera armamentística. Esto puede sonar un tanto exagerado, incluso a una campaña antitecnológica, pero si realizamos un estudio profundo del uso que se le está dando a esta herramienta, podríamos darnos cuenta de muchas cosas.

Hemos sido engatusados con las redes sociales, que con la idea de acercarnos al que está lejos, nos han distanciado cada vez más del que tenemos al lado. Estas nos roban tiempo de vida, tiempo que podríamos utilizar para cuestiones importantes, como conocernos a nosotros mismos o a los demás. Incluso los algoritmos nos conocen más.

Según el autor, nos hallamos en medio de dos inmensas revoluciones. “Por un lado, los biólogos están descifrando los misterios del cuerpo humano, y en particular del cerebro y los sentimientos. Al mismo tiempo, los informáticos nos proporcionan un poder de procesamiento de datos sin precedentes.”

Los algoritmos nos observan, estudian lo que nos gusta y lo que no, inclusive va más allá de lo que nos podríamos imaginar. En el campo de la medicina, ya son los cálculos de ordenadores los que determinan decisiones médicas importantes, ya que comprenden nuestro cuerpo mucho mejor que nosotros. Mucho se habla de los “hackers”, pero somos nosotros, los seres humanos, los que podríamos ser hackeados.

“Cuando la revolución de la biotecnología se fusione con la revolución de la infotecnología, producirá algoritmos de macrodatos que supervisarán y comprenderán mis sentimientos mucho mejor que yo, y entonces la autoridad pasará probablemente de los humanos a los ordenadores.”

En un futuro, se cree que a causa de esto podría existir más desigualdad, ya que “quienes poseen los datos poseen el futuro”. Estos datos son adquiridos mediante aplicaciones como Google, Facebook o Whatsapp, las cuales creemos que utilizamos gratuitamente, pero cuyo costo podría ser más elevado de lo que pensábamos.

“Los superricos tendrán por fin algo que hacer que valga de verdad la pena con su extraordinaria riqueza. Mientras que hasta ahora podían comprar poco más que símbolos de estatus, pronto podrán comprar la vida misma. Si los nuevos tratamientos para alargar la vida y mejorar las condiciones físicas y cognitivas acaban siendo caros, la humanidad podría dividirse en castas biológicas.”

Además, los ricos podrían ya no necesitar de los pobres, ya que unos de los mayores valores que tenían para los ricos era su fuerza de trabajo. Esto se podría perder con el avance tecnológico, las máquinas reemplazarían a los trabajadores. Nos podríamos preguntar ¿Y por qué no lo hicieron antes? Pues esto debido a que los robots solo podían reemplazar al ser humano en cuanto a su capacidad física, no a la cognitiva o intelectual. Pero a día de hoy, esto ha cambiado.

“De ahí que cuando los trabajos manuales en la agricultura y la industria se automatizaron, aparecieron nuevos empleos de servicios que requerían capacidades cognitivas que solo los humanos poseían: aprender, analizar, comunicar y, por encima de todo, comprender las emociones humanas. Sin embargo, la IA está empezando ahora a superar a los humanos cada vez en más de estas capacidades, entre ellas la comprensión de las emociones humanas.[2] No conocemos un tercer campo de actividad (más allá del físico y el cognitivo) en el que los humanos se hallen siempre en situación de ventaja.”

Otro aspecto a tener en cuenta a futuro es el de la globalización, que ha hecho que exista una única civilización. El autor suscita a que la teoría del choque cultural, sobre la división del mundo en culturas, podría estar equivocada.

“Aunque está muy generalizada, esta tesis es engañosa. Sin duda, el fundamentalismo islámico puede suponer un reto radical, pero la «civilización» a la que desafía es una civilización global y no un fenómeno únicamente occidental. No es casualidad que Estado Islámico consiguiera unir en su contra a Irán y a Estados Unidos. E incluso los fundamentalistas islámicos, con todas sus fantasías medievales, se basan mucho más en la cultura contemporánea global que en la Arabia del siglo VII.”

Además, entre sus tantas interrogantes plantea “Si la globalización conlleva tantos problemas, ¿por qué no abandonarla, simplemente?” De esta forma, defiende el modelo globalista, ya que cree que fue un logro bastante importante para la humanidad.

“En la actualidad, en cambio, casi todo el mundo cree, con variaciones un poco distintas, en el mismo tema capitalista, y todos somos piezas de una única línea de producción global. Ya vivamos en el Congo o en Mongolia, en Nueva Zelanda o en Bolivia, nuestras rutinas cotidianas y nuestras riquezas económicas dependen de las mismas teorías económicas, las mismas compañías y bancos y los mismos flujos de capital.”

En cuanto a lo económico, menciona que el relato liberal ha vencido muchas encrucijadas, pero aún así, las personas están preocupadas por el futuro económico del mundo debido a las crisis. Han empezado a creer en otras ideas, ideas en las que incluso la libertad ha quedado abolida.

“Sin embargo, desde la crisis financiera global de 2008, personas de todo el mundo se sienten cada vez más decepcionadas del relato liberal. Los muros y las barras de control de acceso vuelven a estar de moda. La resistencia a la inmigración y a los acuerdos comerciales aumenta. Gobiernos en apariencia democráticos socavan la independencia del sistema judicial, restringen la libertad de prensa y califican de traición cualquier tipo de oposición. Los caudillos de países como Turquía y Rusia experimentan con nuevos tipos de democracia intolerante y dictadura absoluta. Hoy en día son pocos los que declararían de forma confidencial que el Partido Comunista chino se halla en el lado equivocado de la historia”

Esto se incrementa con el avance de la tecnología y, nos han inundado de tantos datos que nos hemos quedado a la deriva. Nos cuesta conocer y comprender en medio de una gran laguna de información. “La sensación de desorientación y de fatalidad inminente se agrava por el ritmo acelerado de la disrupción tecnológica.”

Pese a todo ello, son las personas del siglo XXI, menciona el autor, las que decidirán el futuro del mundo. Personas que sin conocerse, ni conocer a los demás, han nacido y fueron criados en una era digital, que va avanzando cada vez más, y que si no la controlamos podría incluso acabar con nuestra especie a causa de la ambición de unos pocos. Ya que al decir de Harari, el ser humano es bueno inventando herramientas, pero malo al no saber cómo utilizarlas correctamente.

Camila Vega

Estudiante de Periodismo en la Universidad del Norte. Escritora y lectora, amante de la música. Colaboradora en el Periódico Académico El Parlante.

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