El Parlante

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Fernando Griffith contra Molinos de Viento

El escritor británico Gilbert Keith Chesterton (quien expresó su admiración poética hacia Paraguay alguna vez) llegó a decir, más o menos:

«En poco tiempo, el mundo moderno hará que los hombres desenvainen la espada para decidir si el pasto es o no es verde».

No fue el primero ni el último en vaticinar tales prospectos, aunque con su estilo mordaz y penetrante, es uno de los más populares. Y la frase de Chesterton, con todo lo que pueda tener de paradójica, cada vez se hace más real, más cruda, más tangible.

Solamente el «Mundo Moderno», como enorme estructura, gigante símbolo quijotesco que desafía a los caballeros de esbelta y triste figura, puede permitirse el espectáculo de generar controversia por las más que razonables y lógicas afirmaciones realizadas por el Dr. Fernando Griffith durante una conferencia en la que dos participantes internacionales (los biólogos y filósofos Humberto Maturana y Ximena Dávila, de Chile) propusieron sus ideas sobre «transformación educativa», no exentas de afirmaciones de alto contenido ideológico y político.

¡Pardiez! Que no estamos en contra (en general) de que pensadores de Paraguay y el resto del mundo tengan sus ideas, sus pensamientos, sus formas de actuar y sus propuestas políticas. Maturana y Dávila tienen derecho a decir lo que piensan sobre diversos temas, proponer todo tipo de locuras y cosas sensatas si eso les parece. Al fin y al cabo, vivimos en una sociedad liberal en la que coexisten de manera relativista e igualitaria la verdad y los disparates. ¡Es la historia humana desde el inicio de los tiempos!

Lo que nos molesta es que, por alguna extraña razón, muchos capitulen de manera pusilánime y cobarde ante cualquier postura que venga de afuera. Como si aquellos que dicen algo y tienen carnet de «extranjeros», automáticamente son más intelectuales, más capaces, más talentosos, más geniales, más brillantes, más inteligentes, más especiales, incluso más lindos y más graciosos que nosotros los «simples paraguayitos anga», que nada sabemos y ningún derecho tenemos a contestarles cuando están diciendo tonterías indefendibles. (Con la necesaria aclaración de que Paraguay siempre fue generoso y hospitalario con los extranjeros, desde tiempos del Imperio Español pasando por Francia y los López, siempre y cuando los extrajeros respeten y se adapten al sistema de vida paraguayo: algo de lo que nos sentimos orgullosos, bienvenidos sean los extranjeros que quieran contribuir con este país, no destruirlo).

Ximena Dávila (izq.) y Humberto Maturana (der.) son biólogos y filósofos chilenos que dieron una conferencia sobre «transformación educativa» en Paraguay. Increíblemente, se desató una polémica porque un paraguayito se atrevió a corregirles con una opinión distinta. [Imagen: Ciencias del Sur/MEC].

¡Oh, cómo se atreve Fernando Griffith, Viceministro de Culto, a emitir una opinión educada, respetable, razonable, lógica y comedida ante dos eminencias latinoamericanas de tanto fuste que vienen a traernos «la civilización» a nosotros, los «brutos paraguayos» que tenemos la suerte milagrosa e inmerecida de existir siquiera, que mejor nos cabría haber sido exterminados en el vientre de nuestras madres!

¡Oh, cómo se atreve Fernando Griffith (Doctor en Bioquímica de la UNA, especialista en Biología Molecular diplomado en España, con cursos científicos en Francia, con publicaciones científicas y documentales de relativa difusión internacional sobre Paraguay), ese simple paraguayito de poca monta, ese cretino bastardo de Francia y los López, ese fascistoide que tiene el tupé de hablar de un «Paraguay Poderoso», de soñar con la posibilidad de un país líder en desarrollo científico, tecnológico y cultural desde una perspectiva patriótica y soberana, en fin, cómo se atreve este mentecado bueno para nada, menos que indio como sus compatriotas ridículos, retrógrados, que ni siquiera conocen Internet, que nunca vieron una computadora en sus vidas, brutos inveterados, poco menos que bípedos implumes que nunca leyeron a Cervantes o Calderón de la Barca, que nunca recitaron a T.S. Eliot y nunca imitaron los sonetos de Shakespeare; cómo se atreve a contestar a estas dos intocables y magníficas eminencias latinoamericanas!

¡Si nosotros, los paraguayos, lo único que deberíamos hacer en el siglo XXI es rendir pleitesía y tributo a todo lo que venga de afuera, sin contestar nada, ni siquiera educadamente, ni siquiera siendo Bioquímico especialista en Biología Molecular con documentales exitosos sobre nuestro país!

¡Fascsta, Fernando Griffith! ¡Fascista! ¡Oscurantista, fanático religioso! ¡Nazi que habla de una raza fuerte y firme que alguna vez fue admirada por su heroísmo, patriotismo; que fue reconstruida por su fuerza y su cultura rica y noble, por paraguayos y extranjeros que se enamoraron de esta tierra y la hicieron renacer de sus cenizas, como invencible Ave Fénix!

Sí, damas y caballeros… Este fue el «nivel» de debate que generó la prensa progresista y los «influencers» de las redes sociales, que no pudieron soportar que un simple paraguayito como Fernando Griffith emita una opinión (muy acertada, muy sesuda, corrigiendo incluso a los interlocutores con buen criterio científico y filosófico) respecto a la «transformación educativa». Porque sí, señores: hay cosas que no deben cambiarse, hay valores que son eternos, hay elementos de la vida del hombre que son inmutables, que se preservan y renuevan sin nunca modificarse. Tan cierto y tan firme como que existen los cromosomas XX y XY, como que el ADN de un ser humano es único e irrepetible, como que existen sólo dos sexos (masculino y femenino), como que la fisiología y la biología son imposibles de romper con discursos ideológicos (dato mata relato).

Fernando Griffith, tal vez sin darse cuenta, cometió un «pecado mortal» en contra de las logias posmodernas y progresistas: fue suficientemente hereje como para desafiar sus dogmas anti-realidad, anti-soberanía y anti-patria. Quizás nunca haya esperado que toda la prensa del establishment haya pegado el grito al cielo. Quizás nunca pensó que los influencers de la fauna redsocialística le iban a saltar encima con tenedor y cuchillo en manos. No puedo afirmarlo, pues no le pregunté, pero quizás el Viceministro de Culto simplemente haya reaccionado ante un discurso que le dejaba estupefacto y al que no podía dejar pasar por alto, por mil razones. Pero ese acto, ese pequeño acto que quedó grabado, registrado ante la historia, habla como mil voces, grita con una fuerza tremenda e indescriptible, como ese «Paraguay Poderoso» del que tantas veces habló en sus documentales y conferencias.

Dr. Fernando Griffith, bioquímico y especialista en biología molecular, además de autor de documentales y conferencias sobre Paraguay. Actualmente Viceministro de Culto. Siendo un simple paraguayito, tuvo el atrevimiento de corregir y opinar distinto a las propuestas de los chilenos Dávila y Maturana, lo que generó una furiosa indignación del progresismo paraguayo apoyado por la gran prensa. [Imagen: Ciencias del Sur/MEC].

Fue un acto quijotesco contra un enemigo quijotesco. Don Quijote (como diría alguna vez el inolvidable e invencible Juan E. O’Leary en su «Libro de los Héroes» en deliciosa metáfora) cabalgó en el Paraguay. Cabalgó desafiando Molinos de Viento, cabalgó contra el olvido, contra la sumisión, contra la idea de ser menos, de rendirse, de achicarse, de claudicar, de capitular: Griffith fue, por cinco minutos, Don Quijote. Luchando contra los Molinos de Viento del sistema, implacable y feroz, quizás sin siquiera darse cuenta, sin esperar lo que iba a ocurrir. Simplemente, porque era «su deber» en ese instante, su heroico deber de romper una lanza en favor del Paraguay, su cultura, sus tradiciones, su historia, sus deseos de vivir, ¡vivir!

Sabemos que lo único que el sistema puede ofrecer ante el heroismo (aunque sea un pequeño acto, una intervención de pocos minutos durante una conferencia de poca monta: hasta ese punto el mundo moderno lo ha degradado todo con su incontrolable decadencia) es la descalificación, el insulto, la cacería de brujas. Porque para el sistema, los «líderes» son malos, los «caudillos» son brutos e ignorantes, los «valientes» son unos ilusos y tontos, los «mártires» murieron por nada. Porque para el establishment que defienden con uñas y dientes los VERDADEROS CONSERVADORES (que son ustedes, progres, porque no se puede ser «rebelde» defendiendo al sistema globalista, jelou), el heroísmo es un «constructo social», el sacrificio por una causa superior un simple eslógan intercambiable, los grandes hombres un simple invento mitológico y político (como si no hubiéramos leído las tesis de Doriatoto y Hoyt Williams). Pero como dice el viejo refrán (y mucho más que refrán, pues es totalmente evangélico): «de lo que está lleno el corazón rebosa la boca».

Lo repetiré porque quiero resaltarlo, pero con modificaciones: «de lo que está lleno el corazón rebosan los artículos de la gran prensa, de la historiografía anti-heroísmo, de los posteos y twits de influencers progres».

Y a pesar de todo esto, de tanta degradación, tanto martilleo para que ya no aparezca algún desafiante indeseable, siguen habiendo «Caballeros de Tristes Figuras» en este mundo, como dijimos. Siguen existiendo algunos personajes que, con sus virtudes y defectos, desafían a la mentira, se levantan contra la impostura, defienden a su Dios y su Patria, su tierra natal, la tierra de sus padres y ancestros, su soberanía y libertad, sus derechos y sus propias tradiciones, a la manera de Leónidas y sus soldados que prefirieron morir en antes que capitular para que las Leyes de Grecia sean salvadas.

¿Siguen existiendo? ¡Sí! Y nunca faltarán. Porque la historia nos demuestra (en el «Paraguay Poderoso» y en tantos otros lugares) que los Molinos de Viento del establishment, de los enemigos visibles e invisibles, de aquello contra lo que debemos luchar, siempre tendrán a los Quijotes que, en una grandiosa y épica hazaña bélica como en una simple y educadísima discusión en una conferencia aburrida, subirán sobre sus Rocines y romperán las lanzas por un sueño de grandeza, de gloria, de renacimiento, de soberanía y libertad.

¡Oh, Fernando Griffith! ¡Quién se cree para ser, por cinco minutos, tan patriota, tan francilopista, tan soñador! ¡Atrevido!

4 COMENTARIOS

  1. Exelente todo lo expuestos! Hoy la guerra se ganará liberando las mentes a través de heroes que con respeto y educación defiendan los valores y principios aún a costa de aquellos que quieran ridiculizarlos con sus ideas «progresistas», sin percatarse de que están atrapados y son prisioneros de un sistema globalista que atenta contra sus propios protagonistas.
    Sigamos luchando y perseverando porque esta guerra es importante para que las generaciones que sigan se sientan orgullosos de que hemos puesto y dispuesto TODO para que el Paraguay siga siendo Poderoso

  2. Felicitaciones al autor de este articulo!. Nuestro apoyo a compatriotas como el Dr. Fernando Griffith debe trascender y motivar a otros paraguayos, comprometidos con nuestro país y que no se amilan ante cualquier corriente ideológica alineada con lo políticamente correcto.

  3. Me emocione que alguien haya salido de su zona de confort, para desafiar a la mentira y la perversion que ciertas instituciones desean implantar en el mundo, a través de sus sumidos y acomodados soldados , los medios de comunicación , Dios lo bendiga y proteja porque los medios lo van a comer vivo

  4. Chemopirimba… Hasta las lágrimas, gracias por demostrar grandeza en tiempo de flaquezas, Paraguay gigante!!! 🇵🇾

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