«Personal Shopper» o efecto espiral

«Personal Shopper» o efecto espiral

Comprá ahora, pagálo en «otra vida», préstamo pre-aprobado en menos de diez segundos, dinero fácil, felicidad garantizada. Son algunas de las ideas que podemos escuchar en la canción «Personal Shopper» de Steven Wilson, líder de la famosa banda de rock progresivo Porcupine Tree. El cantautor inglés busca traernos de vuelta a la base de la persona, en esencia, a la interioridad del individuo libre de las presiones sociales, a despertar de ese ideal del siglo XXI, en que todo aparenta estar al alcance de la mano, gracias a la tecnología. Cabe mencionar a Alain de Botton, con su obra “La ansiedad por el estatus” que resalta la locura por la igualdad de éxitos y logros.

Vivir la vida intentando ser los mejores por sobre cualquier costo y ser aquello que las publicidades venden. El deseo excesivo de reconocimiento y las expectativas de una vida satisfactoria. Pero el éxito no solo se mide por los logros de fama y gloria. Hay éxitos que no retumban con bombos y platillos como por ejemplo tener finanzas familiares sanas, o dejar un vicio, tomar un nuevo hábito alimenticio hasta salir de una relación tóxica.

«Personal shopper», captura de pantalla. Steven Wilson

«Personal shopper» nos enfrenta a nosotros mismos ante la corriente de la moda, de lo cool, de un estilo de vivir híbrido, por sobre la persona. En este tema musical, volví a recordar un episodio vivido en carne propia, en aquel julio fresco y oscuro, camino a casa luego del trabajo del año 2017. Arribando cuadras y cuadras despejadas de humanidad, con solo las voces de los insectos y pájaros de la noche, se acercan dos figuras masculinas, tétricas, fantasmales, salidas mismas del infierno. Con un presentimiento negativo, me pongo la mejor “ropa de coraje”, para despistarlos, pero ya era tarde.

«Personal shopper», captura de pantalla. Steven Wilson

En el momento de la encrucijada, los minutos se estiraron hasta petrificarse en una mueca de no sé qué terrible, el silencio llenó la calle y solo retumbaron en la vereda sus voces diabólicas diciendo:

― ¡Da todo nomás ya! ¡Traé tu teléfono! y les digo:

―Ya está feo.

Igual nomás no me responden y siguen repitiendo “Da todo nomás…”. Les entrego el teléfono.

― ¡Dinero también!

Recuerdo que justo ese día vendí unos zapatos para llegar a fin de mes. Solo tenía setenta mil guaraníes, producto de la venta. Pues entregué los billetes, tenía miedo. Se fueron, quedé sin dinero y sin teléfono. Lo irónico es que justo ese mes, pagaba la última cuota del tan mentado celular inteligente. Inicié de nuevo otro ciclo de cuotas. No es solo para compradores compulsivos «Personal Shopper».

«Personal shopper», captura de pantalla. Steven Wilson

Alexis Tocqueville, político y filósofo francés, fue un visionario para su época, pues, y lo seguiré sosteniendo, aunque pareciera repetitivo, vio que iríamos en una corrida sin freno en la lucha por la igualdad de condiciones pero que nos enfocaríamos más desesperadamente en comodidades, en riquezas o cosas sin sentido, solo para acercarnos a los demás y ser “iguales”, y un mejor estilo de vida superflua, perdiendo valores y creando un ambiente propicio al vacío espiritual e intelectual, porque el impulso social es más fuerte hacia el tener para ser y no simplemente ser, para hacer y luego, tener.

«Personal shopper», captura de pantalla. Steven Wilson

Esta música acompañada de un vídeo a todas luces, actual, que da en el ojo de lo que realmente ocurre en épocas como éstas, en que las festividades de fin de año están a la palestra de las grandes casas con sus publicidades enormes, debe empujarnos a pensar de qué manera queremos formar parte de la sociedad, si vamos a ir directo al círculo que vende y compra nuestros valores, o ser diferentes, no tener quizás esas cosas que todo el mundo quiere, pero apreciar nuestra tranquilidad y paz espiritual, como el bien más preciado. No miremos de lejos ese círculo de oferta y demanda innecesarias. Hay actos secretos, actos de vanidad que nos van inclinando de manera solapada al ciclón de compulsiones publicitarias.

La tecnología pone al alcance de la mano cualquier cosa que quieras, un antojo, una sonrisa embotellada o en pastillas, en fin, todo el mundo fluye a través de un solo clic, y ese clic a través del dinero, pero falta llenar ese vacío, que cada vez, aumenta el tamaño de un alma en pena, que vaga por un mundo de consumo sin sentido, girando en una espiral continua de desgracias, causadas por la ambición y las ganas de ser igual, a los demás.

Jeanette Villalba

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