Recordando el nacimiento de un genio del ajedrez

Recordando el nacimiento de un genio del ajedrez

Mikhail Nekhemevich Tal, quizás uno de los pocos jugadores que podrían considerarse como de los más grandes genios de la historia del ajedrez nació en Riga el 9 de noviembre 1936 y murió en Moscú el 28 de junio de 1992. 

Amado por toda la comunidad ajedrecista y a la vez temido, siendo el ídolo de multitudes por su juego agresivo y a la vez elitista en el sentido de lo apasionado de sus posicionamientos escaquísticos, resulta hoy en día recordarlo, en una retroalimentación necesaria de manera a saber congeniar comparaciones entre lo que era el mundo del Ajedrez de aquellos tiempos y lo que representa en términos económicos, dedicarse a esta profesión tan agotadora, hoy en día. 

Una mentalidad dominante, el acto de apoderamiento del tablero y el de enfocarse en la psicología del oponente, contrastan con su buen humor de siempre, en los grandes torneos donde pudo vérselo,disputar verdaderas batallas ajedrecísticas, y es que la osadía magistral y su impresionante irracionalidad en el manejo de la estrategia, pero que ocultaba la complejidad exorbitante de su genio, lo hicieron llegar al Olimpo de la memoria. 

Pero de algo no podríamos olvidarnos, aparte de todo lo que hemos mencionado en estas breves palabras, que es, su gran capacidad imaginativa que rayaba lo rebelde, lo anárquico de auto-perderse de manera ilusoria, para las mentes no preparadas, como el fugaz asteroide que eclosionaba sobre el “orden tablerístico” del rival, representa para nosotros, meros testigos de la contemporaneidad, la incapacidad eterna de imitarlo, o querer seguir una ruta aledaña a sus hazañas. 

Kasparov decía de Tal lo siguiente: 

“no es posible imitar el estilo de un genio”. 

Tal, para sus contemporáneos era un impresionante monstruo que quitaba los ataques de la galera, de prácticamente estar sin nada, a tenerlo todo, en un abrir y cerrar de ojos. 

“En posiciones que otros maestros elegían líneas seguras, a menudo con el propósito de mantener una pequeña ventaja durante el resto de la partida, Tal escogía conscientemente las continuaciones más complicadas, que con frecuencia incluían temerarias pérdidas de material, pero en las cuales las pocas piezas que le quedaban adquirían un dinamismo inusitado”. 

El gran Botvinnik, que “acostumbró” a toda una generación a fundamentar el juego en consideraciones generales con principios universales establecidos de antemano, sufrió en carne propia cómo su castillo de naipes perfecto, se venía abajo, cada vez que Tal «inventaba algo nuevo». 

De esta forma, los adversarios de Tal, al encontrarse cara a cara con este “asesino de las piezas”, debían calcular variantes concretas y complejas para contrarrestar estos ataques brutales del genio de Riga. 

Kasparov afirma y sigue, “Tal es el único jugador que no necesitaba calcular detalladamente dichas variantes, pues simplemente veía a través de ellas. Cientos de fantásticas combinaciones danzaban alrededor de su cerebro, y su imaginación no conocía límites. Había algo mefistofélico en sus ojos cuando estaba ante el tablero. Como un gran pianista, Tal sentía en las puntas de sus dedos las debilidades de la posición de sus rivales”. 

Tal enseñó a los grandes maestros de qué manera defenderse ante posicionamientos agresivos, de esta manera paradójica el mismísimo Redentor de los trebejos “Misha” Tal nos abofetea con atroz violencia al expresar:“hay tres clases de jugadas: las correctas, las incorrectas…y las mías”.

Monumento de Mijaíl Tal en RigaLetonia. Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3526773

Por Gabriel Ojeda

Fuente: http://escuelaajedreztal.blogspot.com/
Kasparov, “Mis grandes predecesores

Gabriel Ojeda

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