¿Por qué el primer animal en órbita fue un perro?

¿Por qué el primer animal en órbita fue un perro?

La idea de mandar animales al espacio data de mucho antes de la era espacial. En la Unión Soviética la idea se le ocurrió, como no, mismísimo ingeniero jefe Serguéi Koroliov. Ya en 1949 Koroliov contacto con el Instituto de Medicina de la Aviación en Moscú para estudiar la viabilidad de los experimentos con animales a gran altitud como preparación de cara a un posible vuelo espacial tripulado.

Lo primero que se tuvo que decidir el equipo fue qué tipo de animal debían usar. Se estudió la posibilidad de emplear conejos, ratones o reptiles, pero finalmente se decantaron por los perros.

Los soviéticos conocían el trabajo que los norteamericanos estaban llevando al otro lado del telón de acero con monos, pero en la Unión Soviética consideraban que los monos eran demasiado nerviosos y agresivos para esta tarea.

Las similitudes fisiológicas con los humanos no compensaban la pesadilla logística que suponía trabajar con simios.

Se acordó usar perros pequeños (de 6 a 8 kg) para que pudiesen caber cómodamente dentro de una cápsula espacial. Preferentemente hembras (por ser más tranquilas que los machos) y a ser posible de color blanco, para que pudiesen ser fotografiadas con facilidad.

Con el programa en marcha ya solo sería cuestión de tiempo para que Laika viaje al espacio, abriendo el universo a la humanidad.

Pero el triunfo de Laika fue agridulce, porque fue al mismo tiempo la primera víctima de la carrera espacial.

Su muerte causó una gran consternación en todo el mundo, aunque el impacto del logro tecnológico que supuso el Sputnik 2 se impuso a cualquier tipo de consideración moral sobre la misión.

Pero sería un error pensar que los ingenieros y científicos del proyecto no sintieron lástima por la pequeña perrita espacial. En palabras del propio Vasili Parin, el encargado de seleccionarla para el vuelo: “Laika era una perra maravillosa. Tranquila y muy apacible. Una vez, antes del vuelo hasta el cosmódromo, me la llevé a casa y se la enseñé a los niños para que jugaran con ella. Quería hacer algo bueno por la perra. Tenía tan poco tiempo para vivir…”.

Y vivió poco tiempo, sí, pero llegó más alto y viajó más rápido que ningún otro ser vivo. Hace 60 años, Laika abrió el camino al espacio.

Pedro Francisco Acosta Melo

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