Viajando a la luna (V)

Viajando a la luna (V)

¿Por qué no hemos regresado a la luna?

Esta es una pregunta que con frecuencia me hacen mis estudiantes. Su razonamiento es el siguiente: si fuimos capaces de ir hace casi 50 años con una tecnología menos avanzada ¿por qué no ahora?

Lastimosamente la respuesta a su interrogante es bastante simple y ‘triste’, además de que tiene que ver mucho más con política y economía que con la ciencia y tecnología, veamos por que.

No hemos vuelto a la Luna debido a falta de incentivos políticos y económicos. El objetivo de las misiones Apolo fue demostrar la superioridad tecnológica de los Estados Unidos, o sea, restaurar el prestigio nacional que había sido vapuleado por el Sputnik y Yuri Gagarin. Apolo fue una aventura muy cara para los Estados Unidos (150.000 millones de dolares al cambio actual).

La carrera espacial entre estadounidenses y soviéticos a finales de los 60 y principio de los 70, fue precisamente eso, una carrera por el prestigio de quién llegara antes y, mejor aún, el que pusiera el primer hombre en la Luna. 

Vista de la Tierra desde la Luna. Captura tomada durante el desarrollo de la misión Apolo 11.
Foto: NASA

Luego de que se lograra la meta, el interés de los gobiernos desapareció y desde entonces los diversos planes para regresar y establecer una base lunar han tenido muy poco eco entre la clase gobernante. Para volver a la luna ahora debe haber un motivo distinto, principalmente «económico».

El problema de volver a la Luna es justificar ante la opinión pública el tremendo coste de esta aventura. Es cierto que, desde el punto de vista científico, nuestro satélite aún encierra multitud de misterios, pero no es menos cierto que, con la posible salvedad del helio-3, no hay en la Luna ningún recurso natural o investigación científica fundamental que pueda convencer a la opinión pública mundial para regresar. 

Es cierto de que una misión a la luna con la tecnología moderna permitiría una buena cantidad de descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos pero eso por si solo no moverá a la clase política. Digamos que “Vamos a la Luna y ya veremos que descubrimos” no es un mensaje que incite a los gobiernos del mundo a desembolsar grandes sumas de dinero.

Se ha repetido en muchas ocasiones que volver a la Luna nos permitiría preparar las tecnologías para un viaje a Marte. Aunque es cierto que algunos elementos de un programa lunar podrían usarse para una misión a Marte (lanzadores pesados, sistemas de soporte vital, etc.), lo cierto es que desde el punto de vista tecnológico esta proposición no tiene sentido. Si queremos ir a Marte, vayamos a Marte. La Luna no sería más que un desvío que consumiría todos los recursos del programa espacial tripulado, del mismo modo que los ha consumido el transbordador espacial o la estación espacial internacional (ISS).

Desde los días del Apolo sencillamente no han habido los suficientes incentivos políticos, económicos o científicos que justifiquen un programa tan costoso. Y hasta que los vuelva a haber seguiremos sin volver a visitar la superficie de nuestro satélite con exploradores humanos.

Por Prof. Pedro Francisco Acosta Melo

El Parlante

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