El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Biografías Especiales

De la poética a la teoría de la información: Breve exposición sobre la vida y obra de Roman Jakobson

Nacimiento, periplo intelectual y batalla personal

Jakobson nació en la ciudad de Moscú a fines del siglo diecinueve un 11 de octubre de 1896.

Desde sus primeros años incursionó en todo lo relacionado a la poesía, pues era fanático y aficionado a ella, pero no por ello, dejó pasar la gran oportunidad como lo hacen los grandes intelectuales, de apreciar con ojos críticos a los poetas y la poesía escrita por éstos.

Su origen judío, cuándo no, en las personalidades de esa centuria, provocarían cambios trascendentales en el pensamiento occidental que hasta el día de hoy, han influido sobre los estudios de la naturaleza del noble arte de escribir, muy en boga por aquel entonces, como así también, del arte perdido del buen hablar, de cómo, por qué, para qué y cuándo, escribir o decir algo, medianamente coherente, que puede resultar en un gusto o placer para el lector o el oyente y todo lo contrario, si no se tienen las herramientas adecuadas para llevarlo adelante.

Roman Jakobson de joven. Fuente: Wikipedia

Espíritu inquieto, bregó desde su juventud por llegar al fondo mismo de la forma y desde la forma, provocó una transformación crujiente que transversalizó los estudios de fondo sobre la lingüística, el germen inicial de la semiótica y los semiólogos, aquellos guerreros que carcomen todos los fundamentos de la lógica simbólica, formal, informal, libre, infinitaria, combinatoria, divergente, dinámica, difusa, deóntica, modal, matemática y demás yerbas lógicas que ahora inundan el mundo universitario actual, pues, sencillamente todo lo relacionado a estas operaciones de la mente y la ciencia modernas, se deben a los trabajos pioneros de personas como nuestro amigo Roman Jakobson, por lo que su lectura, deberá ser entendida de manera histórica, científica y también animosamente apodada de valorable para nuestro tiempo.

La filosofía del lenguaje, o la lingüística, como la quieran llamar, es el estudio riguroso, filosófico y científico del lenguaje común y corriente, su origen, los efectos de su uso en las diferentes sociedades como así también la finalidad, su funcionamiento, alcance y significado.

Como se ve, no es nada fácil entrar en un campo totalmente dominado por el azar y la necesidad, lo digo porque las sociedades desde las tribales hasta las modernas, han ejercido tamaño influjo sobre los dialectos y las revitalizaciones de las lenguas muertas o moribundas que engloban el engranaje universal que rodea todas las investigaciones antropológicas, sociológicas y etnológicas.

El diccionario Akal de Filosofía define una parte importante del lenguaje natural como:

“Cualquiera de los miles de lenguas que se han desarrollado históricamente entre las poblaciones de seres humanos y se usan para propósitos cotidianos –como el inglés, el italiano, el swahili y el latín–, en oposición a los «lenguajes» formales y demás lenguajes artificiales inventados por matemáticos, lógicos y teóricos de la computación, como la aritmética, el cálculo de predicados. Hay casos intermedios, por ejemplo, el esperanto, el pidgin english y el tipo de «filosofiano» que mezcla palabras del español con símbolos lógicos. La filosofía del lenguaje contemporánea se centra en la teoría del significado, aunque también abarca la teoría de la referencia, la teoría de la verdad, la pragmática filosófica y la filosofía de la lingüística.”¹

Podemos bien felicitar por este logro a pioneros como Jakobson y Ferdinand de Saussure², a quién nuestro querido intelectual hoy analizado, supera con creces, no sin antes asentarse sobre sus hombros gigantes, difícilmente podríamos calcular la influencia determinante del suizo sobre nuestro apreciado Roman.

Dejando atrás a la estigmatización que proporcionó el estudio de la lógica y la lingüística a comienzos del siglo veinte, al crear un castillo monstruoso de reglas y variables que sólo podían explicarse bajo la tutela de los profesionales del área, aún en crecimiento, nuestro héroe se fue abriendo paso para explotar los cimientos mismos de la filosofía del lenguaje para desarrollar la revolución de los ambientes educativos con una efervescencia pocas veces vista o sentida, al popularizar los conceptos y la búsqueda de la lingüística.

Pero pensemos un momento antes de seguir avanzando: después de todo, ¿a quién podría interesar la lingüística en nuestro país, lleno de analfabetos funcionales y gente que ni qué, como decía la “Chimoltrufia”³, del programa Chespirito? Solamente a los enconados y más fervientes admiradores de la gracia divina que se posiciona en la interioridad de esos grandes genios como Borges, Pérez Galdós, Joyce, Faulkner, Scott Fitzgerald o Roa Bastos, que para ser bien entendidos, deben ser bien leídos, que nos hacen soñar y querer saber cada día más a pesar de nuestras limitaciones, abriéndose paso con la teoría del significado, que fue definiéndose con el paso del tiempo y el rigor científico.

El mencionado diccionario Akal aclara algunos puntos sobre lo que enfrenta hoy en día dicha teoría:

La cuestión principal que se plantea la teoría del significado es: ¿qué es lo que hace que ciertas marcas físicas y ruidos sean expresiones lingüísticas significativas y qué confiere a un conjunto determinado de marcas o ruidos el significado distintivo que tiene? Una teoría del significado también tiene que dar una descripción comprehensiva de los «fenómenos del significado» o propiedades semánticas generales de las oraciones: sinonimia, ambigüedad, entrañamiento y demás. Algunos teóricos han pensado expresar estas cuestiones y problemas en términos de ítems lingüísticamente neutrales llamados «proposiciones»: ¿qué es lo que hace que un conjunto determinado de marcas o ruidos exprese la proposición que expresa?”⁴

Esto se han preguntado a lo largo de la historia los grandes matemáticos y han intentado dilucidar muchas de estas interrogantes con tratados ininteligibles más que sólo, a algunos iniciados, por ello no podemos reducir la lingüística como la matemática al conocimiento intuitivo solamente, sino ir más allá. Pero la imaginación y la creatividad tienen mucho que ver tanto en las matemáticas como en la lingüística, pues sin ellas, sin el ensayo constante y el juego de palabras, sería imposible construir la artificiosidad de esta ciencia, que muy bien podría llamarse poesía filosófica.

Influencias y lucha intelectual-cultural

El simbolismo ruso y los poetas futuristas entre los cuales podemos mencionar al gran Vladímir Mayakovski⁵ son sus primeras experiencias con el largo proceso que originaría el cambio de paradigma que en los párrafos precedentes intentamos describir sin tocar muchos aspectos que aleatoriamente quedarán en el tintero; tanto que estos artistas de vanguardia esculpieron sus miramientos estéticos como una contracultura espumante de atavíos comburentes, convirtiéndose ellos mismos, en arte dinámico, que movía sus redes a través de la sociedad y que no esperaba que ésta, fuese a visitarlos, sino muy por el contrario, eran ellos los que llevaban el arte hacia aquella.

Foto de los futuristas Benedende Lifshits, Nikolái Burluik, Vladímir Mayakovski, David Burliuk y Alekséi Kruchónyj (de izda. a dcha). 1950.

Esta exponencial experimentación artística que desde la innovación, el desahogo estético, consagrando una imaginería desbordante de estilismo puro que renovaría y describiría desde las hondonadas literarias, una serie de rechiflas generalizadas a todo lo antiguo y pasado, a favor de las nuevas “voces” que en Rusia, (en contraposición a Italia, desde donde emerge el futurismo), siempre colocó a la literatura por encima de las artes plásticas, aunque el ejemplo stanislavskiano⁶ del nuevo teatro zanjó muchas opiniones consecuentes a este respecto.

Natalia Goncharova. El ciclista es una obra de la época futurista de Goncharova. 1913

Formó parte del movimiento cultural denominado “formalismo ruso” que lo lleva a empezar un periplo por ciertas partes del mundo como Checoslovaquia (hoy en día República Checa) primero, Copenhague en Dinamarca, Oslo, Noruega y Upsala, Suecia, después. Debido a su origen judío debió escapar para salvar su vida tras la ocupación de Praga y en las demás ciudades citadas, por las fuerzas del Tercer Reich y posteriormente decidió, luego de ese periplo propio de las aventuras de «Indiana Jones y la Última Cruzada», emigrar a Estados Unidos donde su trabajo fructificó en eminentes tratados y publicaciones científicas que contribuyeron al esclarecimiento de muchas de las preguntas sin respuestas por aquellos tiempos.

Víktor Shklovski (1893–1984) es considerado el padre del Formalismo ruso.

Para los que no saben qué diablos es el “formalismo” pues entiendan que simplemente quiere decir o nombrar a un movimiento cultural e intelectual, aurora de la teoría y crítica literarias, que marca un antes y un después, en la interpretación de textos literarios que pergeña un influjo aún perenne en la lingüística en general y los tratados que analizan la literatura y por qué no, a los literatos. Este movimiento tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial en la Rusia zarista prerrevolucionaria.

Para los que no entiendan los primeros párrafos y por qué el autor de este breve artículo refiere que la lingüística tiene mucho que ver con las matemáticas, pues sencillamente deberán mirar el origen de la palabra “formalismo” y entender que está relacionada íntimamente con los postulados matemáticos, manipulando símbolos, siguiendo ciertas reglas estructurales manifiestas a través de la negación de todos los objetos abstractos, que enfrenta a muerte, al intuicionismo y al platonismo.

“La matemática es el estudio de una clase especial de objetos no mentales y no lingüísticos”, esboza el platonismo, mientras, su enemigo acérrimo, el intuicionismo, espeta siempre que es apenas el estudio o análisis de los procesos por medio de los cuales se profundiza sobre “ciertas construcciones mentales”⁷.

Obra científica y experiencia académica

Roman Jakobson enseñó en universidades de prestigio en suelo americano como las de Columbia, Harvard y el importante Instituto Tecnológico de Massachusetts donde desarrollaría las bases argumentales para el posicionamiento científico-intelectual que describiría el pronto oscurecimiento de los antiguos paradigmas lingüísticos que no proporcionaban soluciones adecuadas para sus cultores.

De esta experiencia como trotamundos conoció a uno de los grandes pensadores del siglo veinte, un revolucionario en mayúsculas, Claude Lévi-Strauss⁸ de tal forma a que éste, pudo colegir una nueva ruta para la decisión sobre sus planteamientos estructurales sobre la antropología de esos tiempos, un hito que fue fervientemente constatado mediante la traducción de sus textos y papers al francés, hecho que produjo después, su difusión en lengua española, que para entonces significó para el bueno de Roman, la tan esperada reivindicación de su trabajo monumental y desde allí, al resto del mundo.

La estilística será su gran pasión profesional como la poética. Como mencionábamos más arriba, se enfrenta a la pérdida del respeto hacia construcciones literarias de una voz que emerge del pasado para exacerbar las condiciones sociales de las historias de los grandes narradores del siglo diecinueve y de muchos del siglo veinte, por lo que ha de entenderse su “vuelco” en este sentido por seguir de alguna forma el estudio riguroso ya desde la crítica, de las tradiciones académicas, culturales, científicas, militares, literarias o religiosas.

De su trabajo intelectual podemos expresar que no siempre fue un hombre amante de la teorización antes que lo empírico, si bien es cierto, en cierto sentido se inclinó más por la primera; sin embargo y a pesar de su contrariedad sobre que la experiencia pueda tener una superioridad cuando se hablan de opiniones justificadas por la experimentación o que el conocimiento humano sólo puede ser posible sin la presencia de las opiniones subjetivas que recaen en la “doxa”⁹, es decir, lo no epistémico, respecto a los conceptos del que es principal objeto de estudio del empirismo de los conceptos, podríamos escribir ingentes volúmenes de palabras sin sentido, por lo que deberemos seguir, en esta exploración. Pues de esta forma, lo objetivo contiene en sí mismo todo lo que se necesita para las valoraciones ulteriores en materia investigativa. Así las cosas, el investigador científico, que proviene de las ciencias duras, trabajaría con la lingüística de la siguiente forma: enfocada en dilucidar lo verdaderamente objetivo por sobre la opinión personal, basada en testimonios de otras personas y no, en el suyo propio, atosigado de la experiencia personal o del ensayo científico conducente a proporcionar la justificación epistemológica:

“Cómo son exactamente mis conceptos y cómo deben ser conectados con mi experiencia y con mi representación de aquellas operaciones mentales son asuntos sobre los cuales los empiristas muestran diferencias; la mayoría, si no todos, admitiría que cada uno de nosotros adquiere muchos de sus conceptos con el aprendizaje de la lengua y que no parece plausible sostener que cada uno de los conceptos que así se adquieren se aplique a alguna experiencia que uno ha tenido o que haya sido derivada de alguna de éstas por uno mismo. Pero aunque los empiristas de tipo conceptual disienten acerca de las condiciones para la adquisición lingüística o para la transmisión de un concepto, lo que les une es, repítase de nuevo, la afirmación de que todos los conceptos humanos, o bien se refieren a una experiencia que uno ha tenido, o bien han sido derivados a partir de ésta mediante las operaciones de combinación, distinción y abstracción”.¹⁰

Roman Jakobson. Fuente: Wikipedia

Partiendo de estas bases, Jakobson llevó adelante su ciclópea construcción eminente de su gran edificio estructurado con el apoyo de otros investigadores en este campo, en constante multidisciplinariedad, objeto de análisis para los que quieran embarcarse en otros campos más difíciles de las ciencias duras.

Para Jakobson los conceptos que la humanidad a lo largo de su historia entre los cuales se encuentran las complejas elaboraciones conceptuales que pudieran llegar a realizar desde las sociedades pre-modernas, hasta las clásicas y modernas se deberían circunscribir no sólo a un nivel del ethos¹¹ del científico con respecto al principio empírico sino también a lo que se pueda extraer del campo de la semiótica, es decir no sólo de los símbolos creados por nuestros antepasados y re-aplicados a nuestra modernidad por los contemporáneos sino también la carga sígnica que hacen posible la comunicación, de tal forma a sistematizar la producción, funcionamiento y colecta de los mismos, desde el cual partir y retomar el debate, con tal de mostrar a partir de aquí, que las operaciones mentales de combinación, distinción y abstracción no sólo derivan de las experiencias con los conceptos. Clave para entender el pensamiento de Jakobson y de los lingüistas posteriores.

En el principio de su gran ensayo “Lingüística y Poética”, observamos su preeminencia en seguir con un tipo de pensamiento sobre la facticidad de, “el ahora” que le tocó vivir y a su vez, su anhelo de que lo multidisciplinario venza la individualidad en la ciencia, algo muy común en nuestra época del internet y las redes sociales:

Afortunadamente, los congresos científicos y los congresos políticos nada tienen en común. El éxito de una convención política depende del acuerdo general de la mayoría o la totalidad de sus participantes. Pero en la ciencia, en la que las discrepancias parecen ser generalmente más provechosas que el acuerdo común, se desconocen votos y vetos. Las discrepancias ponen al descubierto antinomias y tensiones dentro del campo en cuestión y requieren nuevas exploraciones. Si algo presenta alguna analogía con los congresos científicos no son precisamente los congresos políticos sino las actividades exploratorias de la Antártica: peritos de varias disciplinas de todo el mundo se esfuerzan por trazar el mapa de una región ignota y buscar dónde se hallan los mayores obstáculos que acechan al explorador, cumbres y precipicios infranqueables. Algo por el estilo parece haber sido la tarea principal de nuestro congreso, y, desde este punto de vista, su labor ha sido un éxito completo, ¿acaso no nos hemos percatado de cuáles son los problemas más cruciales y más controvertidos? ¿Acaso no hemos aprendido a ajustar nuestros códigos, a explicar o incluso evitar ciertos términos con el fin de salvar malentendidos entre personas acostumbradas a otra jerga en particular? El primer problema de que la poética se ocupa es: ¿Qué es lo que hace que un mensaje verbal sea una obra de arte? Toda vez que el objeto principal de la poética es la differentia specifica del arte verbal en relación con las demás artes y otros tipos de conducta verbal, la poética está en el derecho de ocupar un lugar preeminente en los estudios literarios. La poética se interesa por los problemas de la estructura verbal, del mismo modo que el análisis de la pintura se interesa por la estructura pictórica. Ya que la lingüística es la ciencia global de la estructura verbal, la poética puede considerarse como parte integrante de la lingüística. Está claro que muchos de los recursos que la poética estudia no se limitan al arte verbal. Podemos referirnos a la posibilidad de hacer una película de Cumbres borrascosas, de plasmar las leyendas medievales en frescos y miniaturas, o poner música, convertir en ballet y en arte gráfico el preludio a la siesta de un fauno de Claude Debussy. Por chocante que pueda parecersno la idea de convertir la Illiada y la Odisea en cómics, algunos rasgos estructurales del argumento quedarán a salvo a pesar de la desaparición de su envoltorio verbal. Preguntarnos si las ilustraciones de Blake o la Divina Comedia son o no son apropiadas, es ya una prueba de que pueden compararse entre sí artes diferentes”.¹²

Libro de Jakobson perteneciente a la biblioteca del autor de esta breve biografía.

El autor sigue explicando algunas salvedades más sobre la poética y su problemática y estudio pero lo que queremos mostrar con esto es su encanto por la vivisección de lo literario, de lo pasado, de lo verbal por sobre lo visto, escrito o “picturizado”, algo que tenemos en común muy en boga en esta época donde la pornografía de las imágenes y las simulaciones artísticas son el caldo de cultivo común para la mediocridad, más o menos como lo plantea Baudrillard en su famosa obra “El Complot del Arte – Ilusión y Desilusión estéticas”¹³.

La obra de Jakobson, aunque no creamos se halla estrechamente relacionada con la de Charles Morris¹⁴, fundador con otros célebres lingüistas de la semiótica o teoría de los signos. Contraponiéndose a la estética de Dewey según Givone.

Para Morris «el arte contiene en sí las estructuras generales de la experiencia, pero de un modo absolutamente específico y peculiar. La obra Estética y teoría de los signos, publicada en 1939, remite al artículo Fundamentos de la teoría de los signos, en la que se distinguen «tres formas primarias de discurso» —científica, la tecnológica y la estética— a partir de las «tres funciones básicas» que pueden encontrarse en el lenguaje cotidiano: la informativa (que permite expresar enunciados), la performativa (que controla el comportamiento) y la valorativa (que presenta valores). Esto significa que mientras la ciencia proporciona al hombre los distintos modos de determinar las propias expectativas a partir de la experiencia, y la tecnología a su vez establece cómo usar del modo más adecuado los distintos medios y dispositivos, «el discurso estético tiene como campo específico presentar a la experiencia directa todo el dominio de los valores, tanto positivos como negativos». Para que esto ocurra es preciso que los valores se incorporen por el signo que los comunica, hasta el punto de aparecer no como independientes respecto a él, sino como sus caracteres constitutivos. Un signo que, imitando un designatum, toma para sí sus caracteres y pide que su valoración sea la misma que la valoración de sí mismo en cuanto signo, es el signo del arte, el signo estético. Este signo es un «icono» en cuanto incorpora en sí las propiedades de lo que designa, como por ejemplo la fotografía o la reproducción realista de un objeto; pero es un icono especial, un icono en el que la valoración de las propiedades de lo designado tiene lugar directamente en el medio, en el signo mismo”.¹⁵

Por el otro lado, siguiendo las explicaciones de Givone “concibe la reflexión sobre el arte como la distinción de la estructura del mensaje artístico y de lo que éste tiene de propio. Esta es, según Jakobson, la tarea de la «poética». Jakobson, que en los años veinte participó en la formación del Círculo de Praga, en un importante ensayo del año 1958 afirma a propósito de esto que la estructura del mensaje depende sobre todo de la función dominante, y es precisamente esta función la que deben determinar los análisis sintácticos y morfológicos, al margen de toda pretensión normativa que haga pasar por universalmente válidos los gustos personales crítico-literarios”¹⁶:

“El emisor envía un mensaje al receptor. Para que el mensaje sea efectivo es necesario, en primer lugar, la referencia a un contexto (el llamado «referente», según otra terminología bastante ambigua), contexto que pueda ser entendido por el destinatario, y que sea verbal o susceptible de verbalización; en segundo lugar, es necesario un código que sea común, al menos parcialmente, al emisor y al receptor (o, en otros términos, al codificado y al descodificadcor del mensaje); y, finalmente, un contacto, un canal físico o una conexión psicológica entre el emisor y el receptor que les permita establecer y mantener la comunicación”.¹⁷

“Cada uno de estos factores, continúa Jakobson, da lugar a una función lingüística distinta, que determina el mensaje no como exclusiva, sino como predominante. Lo que diferencia el mensaje poético es su autorrepresentatividad: poético es el mensaje que, a la vez que presenta un determinado contenido comunicativo, recae sobre sí mismo, pide la atención para sí mismo en el acto de indicar su razón fuera de sí. Pero ¿reconocer este hecho como una función? Jakobson hace referencia a los dos principales procesos del comportamiento lingüístico que precedentemente había descrito: la selección (es decir, la elección de un término) y la combinación (la construcción de la secuencia). Pues bien, mientras que generalmente la selección está basada en la equivalencia y la combinación en la contigüidad, el mensaje poético es aquel que proyecta la equivalencia en la combinación, y, por tanto, introduce en la construcción de la secuencia un paralelismo e, incluso, una sintonía entre las unidades fonéticas (metáforas, comparaciones, antífrasis). Lo que obliga a buscar el significado en el signo, y además, otorga a la poesía ese carácter simbólico y polisémico que «la penetra y la organiza»”.¹⁸

Para entender mejor esto último, que aparentemente parecería hiper-complejo e imposible de entender, analicemos brevemente al zocalero de canal 13¹⁹. Expresa a través de textualizaciones la verbalización de los protagonistas de la noticia que se convierte así en mensaje colectado por el televidente de manera efectiva utilizando frases del imaginario colectivo y poetizándolas, de alguna forma, en el conocimiento profundo o no, de la información generada a partir de un suceso determinado.

Ejemplo 1 del Zocalero de canal 13, como se popularizó el periodista detrás de estos notables zócalos. Captura de pantalla extraída de internet.

Esa textualización de la verbalización de los protagonistas se convierte en hipertextualidad, invasiva, que “contacta” con el receptor desde la emisión consciente de la construcción de una secuencia de hechos proveídos por los periodistas; de esta forma la equivalencia entre combinación y selección queda manifiesta.

Ejemplo 2 del Zocalero de canal 13, como se popularizó el periodista detrás de estos notables zócalos. Captura de pantalla extraída de internet.

Asimismo, la hipertextualidad producida por el zocalero de canal 13 reivindica el imaginario colectivo y “desnuda” el código generado de la noticia. Es evidente que este tipo de periodismo tiene mucho que ver con las nuevas tecnologías de la información y las herramientas actuales, pero siempre, se entiende que la actualización del mismo corre por cuenta del emisor, teniendo o manteniendo vivo el engranaje que hace posible la curiosidad y que aumenta o disminuye, en última instancia el rating televisivo.

Ejemplo 3 del Zocalero de canal 13, como se popularizó el periodista detrás de estos notables zócalos. Captura de pantalla extraída de internet.

Así, Roman Jakobson escarbó en todas las estructuras y atendió de manera hasta visionaria los problemas de hoy en día en materia de lingüística y medios de comunicación, ya que éstos, sin duda alguna, son la representación de un contenido comunicativo que puede ser poético o no, ello depende del receptor y el emisor, y la sintonía a partir de allí, engendrada.

Por último, pasemos a un importante campo de estudio en el que recayeron las intenciones y la curiosidad del eminente sabio que ponemos a consideración de nuestros lectores. Lenguaje, folclore, estilística y teoría de la información no pudieron alejarse de sus esfuerzos en el difícil y confuso campo de la interpretación del lenguaje en niños.

El investigador de origen ruso Iuri Lotman expone:

“En el mundo mitológico así dibujado tiene lugar un tipo de semiosis bastante especifico que s reduce en general al proceso de nominación: el signo en la conciencia mitológica es análogo al nombre propio. Al respecto recordaremos que el significado general del nombre propio, es, por principio, tautológico: tal o cual nombre no se caracteriza por rasgos diferenciales, sino que sólo designa el objeto al que está prendido el nombre dado; el conjunto de los objetos del mismo nombre no comparten necesariamente ninguna propiedad especial, excepto la de poseer el nombre dado. Los nombres propios ocupan en nuestro código lingüístico un lugar especial: el significado general del nombre propio no puede ser determinado sin una referencia al código. El nombre designa a todo al que le ha sido adjudicado este nombre”.²⁰

En este sentido cualquier perro que sea callejero y se encuentre en los alrededores del Mercado 4 o del Abasto es nombrado como delmer, es decir, del mercado o propio de él, que vive allí o que ha sido arrojado a su suerte allí, pero no dice nada de la raza o de su edad.

Jakobson lo explica de manera notable, citado en el libro de Lotman:

“El nombre común pup, «cachorro», designa al perro joven; mongrel, «cruzado», al perro de raza mezclada; hound, «perro de caza», galgo, al perro con el que se caza, mientras que Fido designa solamente a un perro al que llaman Fido. El significado general de las palabras tales como pup, mongrel o hounddelmer! En nuestra terminología experiencial) puede ser correlacionado con abstracciones del tipo puppihood, «cachorrez», mongrelhood, «cruzadez», o houndness, «galguitud», pero el significado general de la palabra Fido no puede ser descrito por esa vía”.²¹

De la misma forma nuestro delmer se convierte así en “del mercado”, pero no nos dice nada de su origen, dueños, razas, sino de su “cruzamiento callejero entre varias razas” del que sale un híbrido con mayor prevalencia que los no cruzados, dadas las condiciones radicales en las que viven (se alimentan de lo que pueden conseguir o de lo que se les arroja como restos, escarban en la basura del vecindario y toman agua de cualquier bache sobre la Av. Pettirossi, Rodríguez de Francia o de los bebederos de las personas que aman a estos animales, aunque según la experiencia, -tanto gatos como perros, aunque estén bien alimentados sienten una propensión inusual hacia la basura de los vecinos-).

El hecho de que los perros callejeros que viven en los alrededores del Mercado 4 u otros mercados populares sean “delmer”, no significa evidentemente por lógica, que todos hayan de ser oriundos de los mercados, ni que todos, respondan al nombre de Firuláis o Satanás a más del hecho de que sean callejeros, pues en este caso, el nombre propio puede proceder del ser humano que elija adoptar a alguno de esos perros callejeros. El ser callejero, no significa que deba ser del mercado, ni que aunque se viva en el mercado, deba ser callejero, por antonomasia, pero como el zocalero de canal 13, un solo nombre que generalice un estado, provoca entre mensajero y receptor, una sintonía. De allí nace la diferencia entre nombres propios y comunes.

Sin embargo, aparentemente en el mundo de los niños en alguna etapa de su desarrollo no se identifican diferencias entre los nombres propios y los nombres comunes, no existe una oposición primigenia que constate una racionalización efectiva que diferencie lo más arriba expuesto, todo ello, según el fundador de la culturología, Iuri Lotman.

Jakobson, según Lotman, observa extraordinariamente: que los nombres propios son los primeros que adquiere el niño y los últimos que se pierden en los trastornos afásicos del habla. Es digno de atención que el niño, al recibir del habla de los adultos las formas pronominales —las más tardías, según observaciones del mismo autor— las utiliza como nombres propios: «Por ejemplo, él trata de monopolizar el pronombre de primera persona: No te atrevas a llamarte “yo”. Sólo yo soy yo, y tú sólo eres tú».”²²

Compartimos para finalizar el hexágono de Jakobson para una mejor comprensión de lo que someramente hemos tocado en esta humilde introducción a la obra y vida de nuestro querido lingüista.

Roman Jakobson. (1988). Lingüística y Poética . En Lingüística y Poética (39). Madrid : Cátedra Lingüística. Fuente: Wikipedia.

Roman, el pionero del análisis estructural del lenguaje, aquel que dominó la primera mitad del siglo veinte y que es considerado como uno de los lingüistas más influyentes, fallecía en Boston, Estados Unidos, un 18 de julio de 1982. Este genio, que junto a Nikolái Trubetskói fundó las bases de la fonología estructural o morfofonología nos legó un trabajo monumental no sólo por su precisión y exactitud sino por el alcance, que hasta este futuro en el que vivimos, enaltece a todos aquellos que siguen sus pasos en este campo tan interesante que es el de la lingüística.

No voy a recomendar todos sus libros porque no espero que mis lectores tiendan a dejar de buscar en wikipedia, los mismos y tantos escritos y artículos de carácter científico que se han escrito siguiendo su línea de investigación, pero sí, recomendar la obra magna “Ensayos de lingüística general”²³, una serie de ensayos y artículos tanto de carácter periodístico y académico de diversa índole, en torno a la lingüística que se puede conseguir en cualquier librería de usados, o traerlo mejor, por Amazon, E-bay, Mercado Libre o mejor prestándolos de la biblioteca, ya que, al dar por finalizado este breve artículo me doy cuenta poco a poco que sigo viviendo en Paraguay, donde no se consigue absolutamente nada en materia literaria o filosófica de relevancia para el crecimiento intelectual de las nuevas generaciones.

Roman Jakobson.

Notas

¹p. 404 Diccionario Akal de Filosofía. Audi, Robert. Akal Ediciones. 2004

²Saussure, Ferdinand de(1857-1913), lingüista suizo, fundador de la escuela de la lingüística estructural. Sus trabajos en lingüística fueron una influencia fundamental para el posterior desarrollo de la filosofía estructuralista francesa y también de la antropología estructuralista, la crítica literaria estructuralista y la semiología moderna. p. 868 Diccionario Akal de Filosofía. Audi, Robert. Akal Ediciones. 2004

³La Chimoltrufia es un personaje ficticio de la serie Chespirito interpretado por la actriz Florinda Meza, es la esposa del “Botija”, ambos personajes de “Los caquitos”, escrita por Roberto Gómez Bolaños. Los Caquitos, se desarrolló entre 1980 y 1995. 

⁴p. 404 Diccionario Akal de Filosofía. Audi, Robert. Akal Ediciones. 2004

⁵Poeta y dramaturgo ruso, uno de los exponentes principales del futurismo ruso.

⁶Konstantín Stanislavski fue un actor, director escénico y pedagogo teatral ruso, creador del método interpretativo Stanislavski y cofundador del Teatro de Arte de Moscú. Revolucionó el arte de actuar, con un método innovador que modernizó el teatro.

⁷p. 432 Diccionario Akal de Filosofía. Audi, Robert. Akal Ediciones. 2004

⁸ Antropólogo, filósofo y etnólogo francés, uno de los iniciadores del estructuralismo.

⁹(doxa, «opinión»), y doxástico, perteneciente a la opinión. Un estado mental doxástico, por ejemplo, es o incorpora una opinión. Los estados mentales doxásticos tienen que ser distinguidos, por una parte, de estados no doxásticos como los deseos, sensaciones y emociones y, por otra parte, de estados mentales subdoxásticos. Por extensión, un principio doxástico es uno que gobierna la opinión. Un principio doxástico podría fijar las condiciones bajo las cuales se justifica (epistémicamente o de otro modo) que un agente se forme o abandone una opinión. p. 266 Diccionario Akal de Filosofía. Audi, Robert. Akal Ediciones. 2004

¹⁰p. 283 Diccionario Akal de Filosofía. Audi, Robert. Akal Ediciones. 2004

¹¹Costumbre, hábito. En Ferrater Mora, el término ética deriva de ethos y por ello, se ha definido con frecuencia la ética como la doctrina de las costumbres, sobre todo en las direcciones empiristas. p. 1141 y Etologia, en el que hay similitudes entre ética y etología, y hasta pueden tomarse, como sinónimos. Sin embargo, etología se ha usado más bien para designar un estudio o ciencia especiales, Mill habla de la etología como la ciencia de la formación del carácter. p. 1149

¹²pp. 347-348 Jakobson, Roman. Ensayos de Lingüística general. Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo. Planeta-Agostini. 1985

¹³Baudrillard, Jean. El Complot del Arte – Ilusión y Desilusión estéticas. Amorrortu/editores. 2007

¹⁴Charles William Morris fue un filósofo y semiótico estadounidense.

¹⁵ p. 132 Givone, Sergio. Historia de la Estética. Tecnos. 2006

¹⁶ p. 133 Givone, Sergio. Historia de la Estética. Tecnos. 2006

¹⁷ p. 133-134 Givone, Sergio. Historia de la Estética. Tecnos. 2006

¹⁸ ibíd.

¹⁹ Periodista del Canal 13, apoyo del noticiero que se emite por ese canal de TV.

²⁰ p. 146. Lotman M. Iuri. La semiósfera III – Semiótica de las artes y la cultura. Frónesis. Cátedra. 2000

²¹p. 146. Lotman M. Iuri. La semiósfera III – Semiótica de las artes y la cultura. Frónesis. Cátedra. 2000

²²p. 153. Lotman M. Iuri. La semiósfera III – Semiótica de las artes y la cultura. Frónesis. Cátedra. 2000

²³Jakobson, Roman. Ensayos de Lingüística general. Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo. Planeta-Agostini. 1985

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