El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre el orden social – El Cosmos

APUNTES SOBRE EL ORDEN SOCIAL

Al inicio de este trabajo había mencionado que existen dos maneras de satisfacer las necesidades humanas, una por medios económicos y la otra por medios políticos. En los apartados anteriores traté de explayarme sobre conceptos de microeconomía desarrollada en el marco de un libre mercado, es decir, un mercado sin distorsiones impuestas por algún organismo coactivo. Posteriormente me explayé sobre las distorsiones a las que es sometido el mercado por las acciones del Estado buscando así aclarar lo que es mercado y lo que es Estado, buscando así llamar vuestra atención al nivel de intervención en el que se desarrolla la economía en casi todos los países.

En esta última parte me gustaría arriesgarme intelectualmente al entrar en un asunto complejo, pues voy a abordar el marco ambiental en el que se desarrolla la acción humana, puesto que, dado el desarrollo de las sociedades humanas, éstas fueron instrumentando una organización social que les permitiera la convivencia pacífica entre individuos, por tanto, fueron dotándose de un marco jurídico y el establecimiento de jerarquías que de alguna manera rigen las conductas de los habitantes de una zona geográfica.

El orden social

En la economía, entendida como la acción humana dirigida a la supervivencia dentro de un ámbito social con limitación de recursos, se conduce necesariamente a la cooperación, por medio del intercambio de bienes y servicios. Como hemos observado, esa cooperación permite el desarrollo de la división del trabajo, que a su vez se desarrolla mejor en un marco de libre mercado, pues la iniciativa privada permite un mejor aprovechamiento del conocimiento disperso en la sociedad y, por ende, una mejor asignación de recursos en pos de la prosperidad, donde el consumidor por medio de sus adquisiciones indica el camino de cómo deben ser utilizados esos recursos. Como consumidores, tomando decisiones podemos en efecto dictar los designios de los productores que buscan satisfacer las necesidades ajenas, en pos de su propio beneficio. Es decir, para obtener su propio beneficio necesariamente debe enfocarse en satisfacer las necesidades de los consumidores. Esto es el modo económico de lograr la satisfacción de las necesidades humanas.

En el marco del libre mercado, diferentes individuos interactúan y aquellos que mejor logran adaptarse a las condiciones en los que se desarrollan, reduciendo su preferencia temporal, asumen una postura proactiva y alerta ante la posibilidad de obtener beneficios. La propia acción del hombre es de por sí especulativa, pues a cada acción o decisión estamos encarando la incerteza del futuro y toda acción puede llevarnos al éxito o al fracaso. Así entre los individuos, aquellos que logran satisfacer mejor en cantidad y calidad a los consumidores se vuelven exitosos y adquieren estatus, y para mantener su estatus en un marco de libre mercado deben necesariamente seguir adaptándose y satisfaciendo a los consumidores de la mejor manera posible.

Es interesante observar la existencia de órdenes jerárquicos que se forman en todos los ámbitos de las organizaciones humanas y así también el ordenamiento institucional que se genera con ello. En un muy interesante trabajo, Steve Levitt y Stephen Dubner nos explican los pormenores de una organización de narcotraficantes, en el capítulo sugestivamente denominado “Por qué la mayoría de los narcotraficantes siguen viviendo con sus madres” y asocia a todas las actividades humanas, como escritores, actores de Hollywood, deportistas, etc., en los cuales solo unos pocos son los que logran destacarse y asumir las encumbradas posiciones del orden jerárquico (Levitt & Stephen, 2003). En las siguientes entregas trataré de exponer mi apreciación sobre el tema y espero que sea de vuestro agrado. Tanto en el ámbito del mercado, como en el ámbito político se generarán órdenes jerárquicos, pero recordemos que el mercado es un ámbito de juegos de suma no cero y la política es un ámbito de juegos de suma cero.

Steven Levitt y Stephen Dubner

En la cultura griega al principio de los tiempos todo era Caos y el orden da origen al Cosmos. Friedrich Hayek indica que los antiguos griegos distinguían dos tipos de órdenes, el espontáneo al que llamaban Cosmos y el orden artificial construido por un ente planificador y regulador, al que denominaban Taxis. El Taxis en el ámbito económico es el orden estructurado por los medios políticos, es decir una economía planificada desde una administración central o autoridad. El Cosmos corresponde al orden del mercado, que sin una planificación centralizada va desarrollando sus propias normas imitando el proceso evolutivo genético biológico, indeterminista, y aleatorio, por ensayo y error en un orden espontáneo, del mismo modo que se considera la evolución de la vida, del lenguaje humano, del dinero, del derecho, entre otros.

“Por orden debemos describir como un estado de cosas en el que una multiplicidad de elementos de diversos tipos están tan relacionados entre sí que podemos aprender de nuestro conocimiento de una parte espacial o temporal del todo para formar expectativas correctas sobre el resto, o al menos las expectativas que tienen una buenas posibilidades de probar correcto” (Hayek, 1973).

Friedrich Hayek

Y Adam Ferguson ya decía que el orden social es:

“El resultado de la acción humana, pero no la ejecución de algún diseño humano”.

Es decir, todas las sociedades tienen un orden social que existe sin que necesariamente haya sido creado deliberadamente. Por tanto, el orden social puede formarse y seguir en continua transformación por orden espontáneo, pero también es posible interferir en el orden espontáneo e imponer una organización social deliberadamente planificada.

Ahora bien, estas reglas que son establecidas por orden espontáneo vía prueba y error por los distintos individuos que interactúan en pos de su propio beneficio, no son ajenos a factores evolutivos de ascendencia biológica. Todas las sociedades se organizan de manera jerárquica, las que son formadas vía cosmos y las que se forman vía Taxis. Es decir, en una sociedad con organización social basada en el orden espontáneo, que asume la búsqueda de satisfacción de necesidades por vía del libre mercado, también estará organizada jerárquicamente. Ludwig Von Mises considera al mercado como una real democracia en el que cada céntimo gastado es un voto otorgado al empresario que mejor provee a la sociedad, éstos empresarios deben su éxito a la estima que recibe de los consumidores, por lo tanto el éxito económico establece una jerarquía social de carácter natural pero, esta jerarquía es inestable, pues depende de la capacidad de adaptación de los mismos a los cambios en los gustos y necesidades de la heterogénea composición de los consumidores.


Para seguir el hilo de la organización jerárquica, permítanme recurrir a algunos argumentos de carácter biológico-evolutivo que respaldan la formación de jerarquías en una sociedad de orden espontáneo y en una diseñada.

Orden social vía Cosmos. Jerarquía y bioquímica

Douglas Madsen de la universidad de Iowa en su investigación denominada “Una propiedad bioquímica relacionada con la búsqueda de poder en humanos” nos dice:

“La disposición para buscar poder en el ámbito social está vinculada en esta investigación a un marcador bioquímico, la serotonina total en la sangre. Este hallazgo constituye la primera evidencia sistemática de cualquier propiedad bioquímica en los seres humanos que diferencia a los buscadores de poder de los demás” (Madsen, 1985).

Douglas K. Madsen

Una vez superado los niveles evolutivos primitivos, los humanos fueron desarrollando formas de competencia menos “físicas” porque resultaban costosas, lo que posiblemente nos condujo a los intercambios, como hemos visto en la primera parte de este ensayo. La jerarquización que se genera en el ámbito del libre mercado puro, se genera por medio del éxito en el suministro de satisfacción a la sociedad, una vez constituida la jerarquía, se forma un tipo de dominación. El más exitoso desde la perspectiva económica tiene mayor éxito también en el ámbito afectivo, por tanto, la búsqueda por la dominación se debe ajustar a las normas del orden espontáneo del mercado, aclarando que por mercado se entiende como no solo un lugar físico o virtual donde mercaderes profesionales realizan intercambios al amparo de un marco institucional que de cierta manera garantice el cumplimiento de contratos (Hicks, 1984), sino más bien nos referimos al propio proceso de interacción humana por medio de intercambios de propiedades sobre bienes escasos, realizados voluntariamente, por ser mutuamente beneficios, caso contrario no se realizarían los intercambios, donde cada uno de los miles de millones de individuos que habitan este planeta, generan información y adquieren conocimiento parcial en cada transacción realizada, todos los días, a cada instante.

John Hicks

Todas las organizaciones sociales tienen roles de poder, es decir, roles que les permiten a sus titulares ejercer una influencia mayor sobre el proceso de asignación. Esto es obvio en el gobierno en corporaciones privadas y en ejércitos, pero también es cierto para las camarillas sociales y las pandillas callejeras. De hecho, para la mayoría de las personas, casi todas las luchas por la influencia tendrán lugar en ámbitos como por ejemplo, en la escuela, en el lugar de trabajo, en los grupos de estudio y en las arenas sociales en general (Madsen, 1985).

Las sociedades complejas anidan jerarquías, es decir, tiene constantes juegos de poder más pequeños dentro de los más grandes que también están dentro de otros más grandes. Comprender el movimiento de todos los juegos requiere un examen sobre la búsqueda de poder en todos los niveles.

Los estudios de Madsen, Michael McGuire, Michael Raleigh y Gary Brammer de la UCLA Medical School, sobre la relación entre estatus y serotonina, indican que la búsqueda de poder está directamente relacionada con la cantidad de serotonina presente en la corriente sanguínea, dicho de otro modo, las jerarquías naturales se forman por la búsqueda de poder dentro del círculo social, que está relacionado con la serotonina en la sangre. Los estudios indicaron gran concentración de serotonina en los individuos dominantes de los grupos analizados y bajos niveles en los que aceptan la jerarquía. Sin embargo, existen otros individuos que constantemente intentarán confrontar la posición dominante del que ocupa la posición jerárquica más elevada dentro del grupo social.

Un estudio publicado por la Dra. Denise Cummins indica que la relación íntima entre el estatus social y las respuestas neuroendocrinas es claramente evidente en los humanos modernos. Usted puede creer que no le importa mucho pensar sobre el estatus, dice Denise, pero su sistema endócrino muestra lo contrario. Los cambios en el estatus producen grandes cambios en los niveles hormonales. Por ejemplo, después de los juegos competitivos, los ganadores masculinos suelen mostrar niveles elevados de testosterona en relación con los perdedores. Esto es cierto incluso cuando la competencia implica poca acción física, como en las competiciones de ajedrez o concursos en tiempo de reacción. Las mujeres ganadoras tienen niveles más bajos de cortisol (una hormona secretada por las glándulas suprarrenales en respuesta a estresores físicos o sociales) que las mujeres perdedoras. Uno no necesita ni siquiera participar en el juego para mostrar los efectos; los niveles de hormonas en los fanáticos que miran el juego son similares a los del equipo que ellos apoyan. Las respuestas neuroendocrinas que evocan los juegos competitivos humanos son, por lo tanto, esencialmente las mismas que las respuestas observadas en concursos de rango en otras especies. De hecho, a menudo es difícil para los competidores y fanáticos recordar que estos concursos son, después de todo, solo juegos. Fisiológicamente, se sienten como algo real: una competencia competitiva entre rivales que determinará dónde nos encontramos en la jerarquía y, por lo tanto, cuáles son nuestras probabilidades de supervivencia a largo plazo (Cummins, 2006).

Denise Cummins

El status está directamente relacionado con tu habilidad para sobrevivir, para reproducirte y cuidarte a ti mismo, a tus hijos y familiares. Recordando que, a partir de un cierto tiempo, debido a una situación de escasez aguda y superpoblación dada la frontera de posibilidades de producción de la época, la humanidad se vio en la necesidad de pasar de una sociedad recolectora-cazadora a una sociedad agrícola-criadora, formándose el concepto de familia y propiedad privada.

Cuando el individuo es desafiado de alguna manera, según los especialistas en psicología evolutiva, el cerebro activa el nervio autónomo que estimula la salida de dos hormonas, el cortisol de la corteza suprarrenal y la adrenalina de la médula suprarrenal. La adrenalina nos afecta de inmediato al aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y al movilizar las reservas de energía almacenada. El cortisol funciona más lentamente, reponiendo los suministros de energía a través de la grasa almacenada, sería como “tratando de calmar los ánimos”. Colectivamente, la cascada de eventos que ocurren en el sistema neuroendocrino se conoce como «estrés». Si la situación de estrés se extiende, se vuelve crónico y tanto la adrenalina como el cortisol pueden provocar efectos perjudiciales que se manifiestan en una alteración y movilidad del nivel de grasa, desbalances hormonales, problemas para dormir, enfermedades cardiovasculares, alteración del humor, y alteración de la reactividad neuro endócrina.

El nivel de estrés se mide evaluando la cantidad de cortisol en el torrente sanguíneo, y los estudios presentados en el trabajo de la Dra. Cummins indican que adultos y niños de un estatus socio-económico menor típicamente muestran mayores niveles de cortisol comparado con aquellos de mayor estatus socio-económico, es decir, tienen mayores niveles de estrés.

El estatus parece mejorar el acceso sexual masculino aun cuando a las mujeres se les da (relativamente hablando) más opciones en la materia. Por definición, los hombres de mayor estatus tienen acceso y control de mayores recursos que los hombres de menor estatus y, la reproducción femenina está limitada por el acceso a los recursos necesarios para apoyar el embarazo, la lactancia y el cuidado de los jóvenes. Esto hace que los hombres de alto estatus sean más deseables para las mujeres que los hombres de bajo estatus.

Por tanto, la relación competitiva genera estatus y se manifiesta en ambos sexos, los varones invierten menos en la transmisión genética, lo que les permite simplemente copular y retirarse, pero las hembras al embarazarse se considera que hacen mayor inversión en la procreación, llevando a civilizaciones pasadas a practicar la poligamia, generalmente con el macho dominante, con estatus y por ende acceso a recursos, disponen de muchas hembras y las hembras por un análisis de costos, prefieren compartir el macho dominante para asegurarse recursos, en lugar de optar por otro macho de menor estatus. Por eso la búsqueda de poder se manifiesta de manera distinta en ambos sexos. De ese modo la competitividad femenina se presenta de manera más sutil, dado el alto nivel de inversión que supone el embarazo, induce a la mujer a evitar la confrontación directa o “agresión física” común en los machos, formándose una búsqueda de poder por medio de “agresión relacional”, ya que una confrontación directa puede determinar la expulsión del círculo social, las hembras luchan por el poder buscando aislar socialmente a la rival. En ambos sexos el quedar relegado a niveles inferiores de estatus genera frustración y estrés, que se conectan con las reacciones emocionales de rabia o depresión (Cummins, 2006). En términos económicos, insatisfacción.

Es allí donde el individuo desplazado para buscar satisfacer sus necesidades se encuentra ante la disyuntiva de buscar el camino de la economía de libre mercado con sus leyes y jerarquías formadas por orden espontáneo del Cosmos, tratando de producir bienes y suministrarlos en el mercado para con ello lograr mayor acceso a otros bienes satisfacientes, buscando de ese modo confrontar el estatus de los otros individuos, o buscar el camino político o Taxis, diseñando las leyes de acuerdo a un orden artificial.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Cummins, D. (2006). Recuperado el 30 de Agosto de 2018, de Research Gate: https://www.researchgate.net/publication/228380735_Dominance_status_and_social_hierarchies

Hayek, F. (1973). Law, Legislation and Liberty. Londres: Routledge.

Hicks, J. (1984). Una tería de la historia económica. Buenos Aires: Edicions Orbis S.A.

Levitt, S., & Stephen, D. (2003). Freakonomics: A rogue economist explores the hidden side of everything. New York: Harper Collins e-book.

Madsen, D. (Junio de 1985). A Biochemical Property Relating to Power Seeking in Humans. American Polítical Science Review(79).

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