“Historia de un matrimonio” el filme que evidencia el tortuoso proceso de divorcio

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“Hasta en el cáliz del mejor amor encontraréis amargura” es una de las tantas frases proferidas por el célebre “Así habló Zaratrustra”, de Friedrich Nietzsche, y es quizá el mejor inicio para dar algunos pareceres acerca de la película “Historia de un matrimonio”, protagonizada por Scarlett Johansson y Adam Driver, quien, en este filme, demostró que es un actor con todas las letras.

Si es el lector aún no vio la película, recomiendo que detenga aquí la lectura y regrese luego de verla para evitar los “spoilers” y compartir reflexiones acerca de ella con este artículo.

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Esta propuesta de Netflix relata la vida de una joven pareja que decide, por muchos factores, disolver su relación conyugal, que se complica por el hecho de tener un hijo. Sin embargo, la película inicia de forma ideal con ambos narrando las cosas que más admiran de cada uno, instalando en los primeros minutos la idea de que es simplemente una de esas tantas películas diabéticas en donde todo se resuelve al final “porque el amor todo lo puede”.

Pero el director de este filme, Noah Baumbach, no busca caer en lugares comunes y da un baldazo de agua fría al espectador cuando muestra en la siguiente escena a los protagonistas frente a un terapeuta de parejas que buscaba mediar el conflicto.

A partir de aquí comienza a mostrarse el problema de un matrimonio ya agonizante que aún convivía en el mismo departamento pero con evidentes fronteras invisibles e infranqueables, que, a pesar de que incluso trabajaban juntos –ya que él era director de teatro y ella, actriz- la tensión en el aire era tan densa y visible como humo de incendio.

A pesar de que ambos no se guardaban ningún rencor y habían convenido realizar el proceso de forma pacífica y sin abogados, todo esto cambia cuando el personaje de Johansson decide prestar los servicios de una voraz y agresiva abogada experta en divorcios.

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En este punto se grafica de forma explícita el carácter belicoso de los abogados que convierten el proceso en una batalla campal entre las partes, ya que en ese momento, a pedido de los abogados, Driver y Johansson comienzan escarbar en los antivalores y flaquezas de cada uno, escupiéndose todas estas “verdades” ante los jueces.

Pero el clímax de este conflicto se da durante la discusión acalorada a solas entre los protagonistas en donde cada uno expresa lo desdichados que fueron durante el último lapso de ese matrimonio que parecía de ensueño, dando quizá la razón a Nietzsche quien en Ecce Homo garantizaba que “El amor que en sus medios es la guerra, en su fundamento es el odio mortal de los sexos”. Esta es la escena en la que, en mi opinión, Adam Driver superó totalmente todas las expectativas como actor.

Por otra parte, este filme muestra cómo ambas partes se desangran física, psíquica y económicamente en una batalla por la custodia del hijo, siendo los únicos beneficiados en este conflicto justamente los abogados, encarnados por Ray Liotta y Laura Dern.

Sobre ésta última lo elogios quedan cortos por su monumental actuación como abogada audaz y agresiva, y su calidad de actuación llega incluso al punto de odiarla por ser descaradamente oportunista y perspicaz.

Quizá muchos verán esta película esperando que al final todo se resuelva y “triunfe el amor”, ya que es a lo que nos acostumbró la industria. Sin embargo, Baumbach prefirió ejemplificar la situación como realmente lo es: una guerra sin trincheras en donde, casi siempre, el hombre pierde, y el amor como tal, es un elemento efímero e inútil durante los momentos críticos.

Y es esta afirmación de que el hombre es quien tiene la suerte echada en estas situaciones el hecho que refuta totalmente el argumento esgrimido por la abogada de Johansson en una de las escenas que con seguridad será utilizado por el colectivo feminista como slogan: “Enfrentémoslo, la idea de lo que es un buen padre se inventó hace solo 30 años, antes de eso se esperaba que los padres estuvieran ausentes, y silenciosos. Pero la gente no acepta defectos en las madres, porque la base de nuestro judeocristianismo es María, una madre perfecta, y el padre no está, el padre es Dios».

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Justamente porque la figura materna posee un valor y un estándar demasiado alto, es el motivo por el cual es más probable que el padre pierda en un tribunal frente a quien en algún momento intercambió las doradas alianzas; y como de vuelta lo dice Nietzsche: “En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre” (Más allá del bien y el mal).

Independientemente de buscar a quién le corresponde la culpa en la ruptura planteada en esta película, conviene más fijarnos en los estragos que causa todo el proceso legal de los divorcios tanto en los padres como en los hijos, quienes son los que más caro pagan la disolución conyugal.

Dramática por excelencia, esta película tiene la capacidad de que el espectador pueda sentir indirectamente todo ese proceso, y para quienes tuvieron la experiencia del divorcio, sentirse quizás identificados con alguno de los protagonistas.

Adam Driver y Scarlett Johansson brindan en este filme un panorama de la crudeza y lo altamente conflictivo que resulta la muerte del “amor”, que cual estrella al morir, crea un agujero negro que absorbe todo lo que está a su alcance.

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