La trilogía Berlinesa: El renacer de David Bowie

La trilogía Berlinesa: El renacer de David Bowie

Sin lugar a dudas, una de las etapas más memorables en la vida de David Bowie fue la de lo que se conoce en la historia de la música: La trilogía de Berlín, una serie de tres obras maestras grabadas por Bowie con la colaboración de Brian Eno, Tony Visconti entre otros, en la década del 70.

La fase histórica de la Trilogía berlinesa de Bowie es más que compleja para el Duque Blanco, tanto a nivel personal como a nivel artístico. Acosado por problemas legales y sobre todo de drogas, el Berlín de ese tiempo constituyó una fuente de inspiración para el artista, plasmado en ese inmortal tríptico formado por los álbumes Low-Heroes y Lodger, grabados entre 1977, 1978 y 1979.

Bowie e Iggy Pop, en Berlín. | JR

Los antecedentes de esta trilogía vanguardista y experimental fueron más que complicada, si bien en 1975 Bowie estaba ultra consolidado como un rock star, el autor de Starman, habla de esos días como “los más oscuros de mi vida”. Su disco Station to Station lo tenía por todo lo alto de la escena musical cosechando gran éxito de crítica y de ventas.

Sin embargo, él artísticamente, se encontraba sumido en la adicción a la cocaína y otras sustancias, que lo estaba deteriorando física y mentalmente. La prensa conventillera no dudaba un segundo aprovechando la fama y personalidad egocéntrica de Bowie en invitarlo a cualquier programa de la época o entrevistarlo para ver si no sacaba provecho de alguna declaración desacertada o alucinada del cantante para criticarlo durante la semana.

David Buckley en su obra “David Bowie, the definitive story” escribía que Bowie no tenía ni un recuerdo de la grabación del álbum Station to Station, debido a su adicción astronómica a la cocaína. Para rematar, Bowie, estaba en plena batalla legal con su abogado a quien culpaba porque su música no fue utilizada en la película El hombre que cayó a la Luna, del cineasta Nicolas Roeg, en la que había actuado y protagonizado.

Foto: el cantante pop británico David Bowie en concierto en Earl’s Court, Londres, durante su gira mundial de 1978. Crédito: Evening Standard / Getty Images

Otras versiones menos simplistas puntean otros detalles no tan conocidos y hasta complejos, algunos señalan que la llamada trilogía de Berlín que marcó de nuevo el resurgimiento del moribundo Bowie ni siquiera se realizó en Berlín, pero esos detalles no serán analizados profundamente en este espacio.

Basta y sobra recalcar que no solo Bowie y Eno participaron, sino también otros artistas como su amigo Iggy Pop con quien colaboró en The Idiot también grabado en Berlín, el ya mencionado Visconti, sino también los guitarristas Robert Fripp y Adrian Belew quienes más tarde formarían una sociedad llamada “King Crimson”. De hecho, solo “Heroes”, fue grabada completamente en Berlín.

David Bowie en 1977 durante un viaje a Japón para promocionar el álbum The Idiot producido por Bowie, de Iggy Pop, que acababa de ser lanzado. Foto por Masayoshi Sukita

En fin, la previa de la trilogía de Berlín tenía a un David totalmente descontrolado, deteriorado físicamente, fuera de control, sin arraigo ante el constante cambio de domicilio fijo viviendo de ciudad en ciudad, separado de su mujer Angela Barnett (la Angie de la canción de los Rolling Stone) y cambiando constantemente a gente de su entorno que no dudaban en entablarle cualquier demanda, siendo comidilla de la prensa ante declaraciones racistas, totalitarias y fuera de lugar de una persona a quien sus personajes ya lo estaban consumiendo de forma negativa.

Ante la cantidad de problemas personales que estaba experimentando, en 1976, toma sus maletas y va en principio a radicarse en Suiza, donde comienza a dedicarse compulsivamente a la pintura y gastando fortunas en arte contemporáneo, de hecho Bowie fue uno los mayores coleccionistas de arte contemporáneo de la historia. Desde ahí comenzó a conectarse con una importante urbe de la Europa Central: Berlín.

David Bowie en 1977 durante un viaje a Japón para promocionar el álbum The Idiot producido por Bowie, de Iggy Pop, que acababa de ser lanzado. Foto por Masayoshi Sukita

Berlín, si bien una ciudad fraccionada desde la SGM, entre este y oeste, conservada una bullente actividad cultural con la cual es conocida hasta ahora. Allí, Bowie se interesó más en el arte, en la música clásica y en nuevos sonidos como el krautrock, el art rock y el avant-gard, sobre todo a su nueva obsesión musical: Kraftwerk. Este renacer espiritual, creativo y artístico hizo que vaya a radicarse en Berlín con su amigo Iggy Pop quien también pasaba por problemas de adicción parecidos.

A pesar de todos los problemas relatados, Bowie era Bowie, así de simple, además de ser el artista más prolífico, versátil y paradigmático, era un referente, era quien popularizaba todo y tenías que escucharlo.

Si había una súper estrella musical en los 70s, era ese “fascista lunático”, todos prestaban más atención a sus recomendaciones que a las revistas especializadas. En medio de todo el caos personal y contextual que le aquejaba, dio vida junto a Eno, Visconti y otros lo que lo catapultaría como uno de los artistas más grandes del siglo veinte.

En 1987, el cantante David Bowie tocó en un concierto en Berlín Occidental, cerca del Reichstag. La actuación fue tan ruidosa que una multitud masiva se congregó en el lado este del cercano Muro de Berlín para escuchar mejor su actuación. Podía escuchar a los alemanes orientales detrás del telón de acero, cantando. Fuente de la Imagen: https://www.wearethemighty.com

LOW

Iniciamos en orden cronológico: la primera publicación de esta trilogía fue Low en enero de 1977. Este álbum está embebido en sonidos electrónicos que generaron ambientes y atmósferas, como se ve plasmado en canciones como Speed Of Life), o A New Career In A New Town. La música de Low se inspiró en gran medida en el sonido Krautrock (Art Decade). El uso continuo de líneas de sintetizador y los ritmos a veces tribales rememoran, por ejemplo, el Motorik de Neu!.

Por su parte las líricas en esta producción recogen tanto los estragos de un Bowie adicto a la cocaína en los Estados Unidos, como un sentimiento de claustrofobia (Sound And Vision) que referencia su estadía en una ciudad delimitada por un muro; todo retocado con fragmentos de magia negra (Alesteir Crowley).

Tony Mascia, Corinne Schwab, David Bowie, Iggy Pop, Pat Gibbons, Berlin, 1976. Por Andrew Kent

El álbum inicia con Speed Of Life, canción que da las coordenadas de lo que será el constante uso de sintetizadores en todo el álbum. La letra de esta canción fue descartada a última hora. A continuación va Breaking Glass, que narra en tono anecdótico el trastabillar conductual a causa de las adicciones del artista. What In The World, que incluye la voz de Iggy Pop, y que, se dice, inspiraría el sonido del videojuego Pac-Man. Sound And Vision es una canción que parte de una claustrofobia que cede a la Agorafobia, muy autobiográfica.

Aparece entonces la nostálgica Always Crashing In The Same Car, que cuenta una historia real de un Bowie conduciendo un Mercedez en círculos a toda velocidad, en el jardín de un hotel (se dice que Jasmine hace referencia a Iggy). Be My Wife tal cual, es una declaración de amor eterno, entre la poderosa entrada del piano y el riff predominante interpretado por el mismo Bowie. A New Career In A New Town, o la sensación de cambio de vida en un continente nuevo. En este tema, es interesante el uso de la armónica que sería calcada en I can’t Give Everything Away de su último álbum, Black Star.

Bowie con el elenco de «Just a Gigolo» en el Festival de Cine de Cannes en 1978.

Warzawa (de la cual tomaron su primer nombre antes de ser Joy Division) y Art Decade ambas instrumentales, esta última rinde tributo al Arte Deco. Weeping Wall otra instrumental, en la que se evoca la miseria del Muro de Berlín. Cierra Subterraneans, una triste melodía que nos dirige a unos coros victorianos, a la voz de Bowie y finalmente, al sonido de un letárgico saxofón. Con esta última canción él quiso resumir la angustia de la gente que quedo separada a lado y lado del muro.

La primera escucha de este álbum inquietó profundamente a sus fanáticos 40 años atrás (aún hoy), sobre todo en su natal Inglaterra, porque el sonido fue radicalmente revolucionario y no se tenía conocimiento amplio que lo que estaba sucediendo en Alemania musicalmente (años después se popularizó el sonido del Krautrock y esto fue gracias a estos tres álbumes) para poder hacer las referencias necesarias.

Debbie Harry y David Bowie detrás del escenario durante la gira The Idiot, 1977. Foto: Chris Stein

El álbum tampoco recibió una recepción muy positiva por parte de la crítica. Fue solo a través del tiempo que adquirió su relevancia para el mundo de la música (recordemos también que toda la trilogía, a excepción de un par de tracks, no es para nada radio-amigable).

La influencia directa de este álbum se nota a gritos en el Kid A de Radiohead, el Evil Heat de Primal Scream, el Achtung Baby de U2 (grabado en Berlín) y sobre todo en el The Down Ward Spiral de Nine Inch Nails (por citar algunos ejemplos), ya que estos artistas, siguiendo la enseñanza de Bowie, botaron las instrucciones de sus sintetizadores y crearon un caleidoscopio de sonidos que resultaron en verdaderas obras de arte.

Iggy Pop, Cyrinda Fox, David Bowie y Lisa Robinson en The Ocean Club, Nueva York 1977
Foto: Bob Gruen

HEROES

De acuerdo a la cronología de publicación, prosiguió Heroes (con solo un par de meses de diferencia). El álbum arranca con Beauty And The Beast, una de las canciones en que mejor conjugó los sonidos nuevos con los de antaño. Suena a continuación, Joe The Lion, una canción tributo al artista Chriss Burden (quien se clavó a un Volkswagen), otra canción nuevamente atada al sonido Krautrock.

Inmediatamente después: Heroes, una de las mejores canciones del artista y una de las canciones a las que se les ha hecho más versiones en la historia de la música. Contiene una hermosa letra que narra el amor de una pareja que se reunía a cada lado del muro. Esta es la canción más emblemática y la mejor de la trilogía, sin lugar a dudas: mitad Krautrock, mitad guitarra perpetua; un himno por donde se le vea. Son Of The Silent Age, bellísimamente delimitada por el sonido del saxofón y una oscura voz de Bowie interrumpida por un coro mucho más amigable.

Blackout es una referencia tanto a los bloqueos de artista, como a los colapsos nerviosos que, en aquella época, lo enviaron al hospital; todo conducido por una marcha de sonido casi Industrial.

A continuación suena V-2 Schneider, el tributo a Florian Schneider y obviamente a Kraftwerk, pero que también trae a la memoria algunas escenas de la película Cristina F (la cual contiene varias canciones de la trilogía). Una de las más oscuras de este álbum y de toda la trilogía es Sense Of Doubt, macabra y desoladora y la muestra de la increíble versatilidad de Bowie para crear ambientes siendo novato en la composición con sintetizadores exclusivamente.

Sumada al sonido instrumental, prosigue Moss Garden, mucho más iluminada y con una línea de tonada oriental. Completa este pasaje oscuro-claro-oscuro Neuköln, nuevamente con una aparición constante de saxofón y que se dice, fue inspirada por la sensación de la guerra fría que advirtió en los berlineses. Finaliza el álbum, The Secret Life Of Arabia, que es un extraño giro como cierre del mismo.

Esta canción parece un outtake de Young Americans remezclada para ajustarla al álbum que resulto sonar muy bien y que de cierta forma ha sido infravalorada. Heroes es creo el álbum más emblemático de este periodo, quizás por incluir una de las mejores canciones ambientadas en Berlín que se conozcan en la historia de la música contemporánea.

Heroes. David Bowie en 1977 durante un viaje a Japón para promocionar el álbum The Idiot producido por Bowie, de Iggy Pop, que acababa de ser lanzado. Foto por Masayoshi Sukita

LODGER

Finalmente Lodger lanzado en 1979. El álbum se inaugura con la hermosa Fantastic Voyage, que tiene la misma secuencia de coro de Boys Keep Swimming (este es un uso muy común en el rock progresivo). Luego aparece African Night Flight que es eso precisamente, una canción a ritmo de expedición en África, con un gran toque de intriga narrada velozmente.

Move On, nuevamente sobre el deseo de viajar, de escapar y el sentimiento de claustrofobia. Yassassin (larga vida en turco) es un hibrido entre música reggae y música turca producida por Toni Visconti. Con un ritmo rápido, va a continuación Red Sails, con la misma temática errante y más específicamente con un anhelo de regresar a casa. DJ fue otro de los sencillos de Lodger y otra famosa canción del artista.

DJ también es una crítica y apología al mismo tiempo a la profesión, que contiene un majestuoso solo de Adrian Belew (King Crimson) y que fue inspirada por la forma de interpretación vocal de David Byrne (Talking Heads). Look Back In Anger va a continuación, con la presencia constante de Carlos Alomar y cuyo video está ambientado en El Retrato De Dorian Gray de Oscar Wilde. Esta es una canción bellamente coordinada por el ritmo rápido y un coro que sirve de espejo a la voz de Bowie cantando sobre el “Angel de la Muerte”.

David Bowie 1977. Mike Maloney

El octavo track en este álbum es la genial Boys Keep Swinging, que habla sobre la juventud, tanto de su vanidad y su fatuidad como de su esplendor, con un ritmo totalmente contagioso y con una esmerada producción. Es bien recordado el vídeo en el que vemos a un Bowie andrógino mientras decae, que se intercala con un otro, elegantemente presentado que baila y canta. Continúa Repetition, con ritmos que luego serían recurrentes en canciones de bandas de New Wave. El álbum es cerrado por Red Money, que contiene el ritmo de Sister Midnight usado por Iggy Pop para su álbum The Idiot.

Lodger, a pesar de ser parte de la trilogía y de su olor a Berlin, se siente como un álbum de música del mundo, de canciones inspiradas en diversos lugares o anhelantes de diferentes coordenadas.
Los biógrafos han señalado que este es el “Sgt. Pepper” de Bowie, un álbum conceptual que describe a este inquilino como un trotamundos sin hogar fijo, siempre observado y deseando ir a otros lugares que le den inspiración para lo nuevo.

David Bowie 1977. Mike Maloney

Con estos tres álbumes, más el directo “Stage” (1978), Bowie volvía a presentarse como el “Profeta del rock”, abriendo otra época en la música. Época que olfateaba como el adelantado que era. La idea de seguir el patrón de los álbumes con el lado A de canciones y lado B de instrumentales Bowie ya quería descartarla porque intuía lo que venía, se había adelantado nuevamente y presentía que para enfrentar la década de los ’80 había que añadir letras como las que después veríamos en su siguiente trabajo “Scary Monsters” y que le abrirían la puerta a un nuevo escenario musical, del cual nuevamente se adueñaría con otra reinvención.

Bowie y su Trilogía de Berlín es definitivamente la experimental transición de un héroe de la música.

Detalle. David Bowie en 1977 durante un viaje a Japón para promocionar el álbum The Idiot producido por Bowie, de Iggy Pop, que acababa de ser lanzado. Foto por Masayoshi Sukita

Fuentes:

  • Music Radar Clan; 
  • “El renacer de David Bowie: Cómo se hizo la Trilogía de Berlín?” de Pablo Retamal; para “Culto”;
  • “Bowie y la Trilogía de Berlín” de Macarena Polanco, para “Nación Rock”;
  • “David Bowie: ´Trilogía de Berlín´” de Fernando Guerrero, para “Crazy Minds”.

Diego Giménez

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