Platón: Enemigo de la sociedad abierta

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Los más célebres pensadores no son ajenos a cometer errores, como lo haría cualquier humano. Platón, una de las figuras más ilustres, cometió muchos ataques contra la libertad y la razón, pocas veces contrarrestados por la enorme influencia de su nombre. Si de alguna manera los que defienden la civilización siguen por la senda equivocada solo se puede vislumbrar un resultado trágico y fatal para la misma humanidad; para empezar quisiera utilizar las palabras expuestas por el mismo filósofo griego.

“De todos los principios, el más importante es que nadie, ya sea hombre o mujer, debe carecer de un jefe. Tampoco ha de acostumbrarse el espíritu de nadie a permitirse obrar siguiendo su propia iniciativa, ya sea en el trabajo o en el placer. Lejos de ello, así en la guerra como en la paz, todo ciudadano habrá de fijar la vista en su jefe, siguiéndolo fielmente, y aun en los asuntos más triviales deberá mantenerse bajo su mando. Así, por ejemplo, deberá levantarse, moverse, lavarse, o comer, sólo si se le ha ordenado hacerlo. En una palabra: deberá enseñarle a su alma, por medio del hábito largamente practicado, a no soñar nunca actuar con independencia, ya tornarse totalmente incapaz de ello”. (Platón de Atenas)

El Historicismo

La creencia de que lo científico o lo filosófico, como así también todo conocimiento más trabajado de la vida social en general debe basarse en la interpretación de la historia humana. La doctrina historicista central afirma que la historia está regida por leyes históricas específicas cuyo descubrimiento podría permitirnos profetizar el destino del hombre.

Entre los renombrados podemos encontrar a Hegel y Marx, que se avocaron a examinar las cosas desde un plano más elevado. De esta manera ven al humano como un simple peón, un engranaje más dentro de la maquinaria del desarrollo humano. Y deducen que lo verdaderamente importante en la Historia son las Grandes Naciones y sus Líderes o podría ser también las Grandes Clases, o las Grandes Ideas.

El historicismo de Platón

Para comprender a profundidad al filósofo debemos situarnos en el contexto correspondiente, ya que su vida se vio marcada por guerras y luchas políticas. Tras la caída de la vida tribal de los griegos, Atenas, la ciudad natal Platón pasó por una tiranía. Durante la juventud del mismo, el gobierno democrático de Atenas se vio envuelto en una guerra mortal con Esparta, que había conservado muchas de las leyes y costumbres de la antigua aristocracia tribal. La Guerra del Peloponeso duró, 28 años.

Platón nació durante la guerra y tenía 24 años cuando la misma terminó. Los resultados de la contienda fueron terribles epidemias, hambre en su último año, la caída de la ciudad de Atenas, guerra civil y un gobierno de terror denominado corrientemente como el Gobierno de los Treinta Tiranos, aunque la vuelta de la democracia no trajo tregua a Atenas ya que el mismo Sócrates seria juzgado y ejecutado.

Teniendo todo esto en cuenta, analizaremos las ideas de Platón: se puede resumir que la experiencia social del mismo se basaba en la ley del desarrollo histórico. Todas las cosas que se encuentran en continua transformación y como resultado todo se corrompe a medida que el cambio se concreta.

Platón expone en su dialogo  El Político: nuestra edad ha sucedido a otra de oro, la edad de Cronos, en la cual el propio Cronos gobernaba al mundo y los hombres nacían de la tierra; en la nuestra, la edad de Zeus, e! mundo ha sido abandonado de la mano de los dioses y librado a sus propios recursos, por lo cual la corrupción es cada vez mayor en su seno.

Para el ateniense, el estado perfecto seria aquel que no pasa por cambios y corrupción, es por eso que en la concepción Historicista de Platón el hombre –basado en la moral del mismo-  debía ser capaz de detener la corrupción de la humanidad.

En su obra, La Republica, la forma de sociedad original o primitiva y al mismo tiempo la única que se asemeja a la forma o Idea de estado, es un reinado de los hombres más sabios y más parecidos a los dioses. Como él lo llamaba, la Timocracia, el gobierno de los nobles que aspiran al honor y la fama. Después de este modelo sigue la oligarquía, gobierno de las familias ricas, a continuación, la democracia; el gobierno de los hombres libres y por último, la tiranía.

El plan de Platón no era buscar una utopía, sino reconstruir el estado existente, darle vida al padre del estado espartano, que no era por cierto una sociedad de clases, más bien era un estado con esclavitud y –en consecuencia- el estado platónico perfecto se basa en una clase más rígida. El estado perfecto es un estado de castas.

El fin de la guerra de clases no se elimina mediante la abolición de las clases, sino mediante el otorgamiento de un poder a la clase gobernante que no pueda ser enfrentado. Solo al gobierno se le permite portar armas, sólo ellos tienen derechos por naturaleza y sólo ellos reciben educación.

El estado perfecto de Platón permite tres clases: los guardianes, sus auxiliares armados o guerreros, y los artesanos. Aunque solo existen dos castas, la militar –compuesta por los magistrados educados-  y los súbditos, desarmados y sin educación.

Lo que busca Platón al dividir la clase gobernante en dos es concentrar el interés exclusivamente en los gobernantes. Los trabajadores y comerciantes no le interesan en lo absoluto, de hecho el mismo filósofo prohíbe legislar para la gente de clase ordinaria.

La actitud del pensador griego es realmente muy antihumanitaria, aún para aquella época y más en una sociedad donde la esclavitud era tremendamente cuestionada por los atenieses es doblemente loable la actitud de sus ciudadanos al no sucumbir ante la idea autoritaria de uno de sus más grandes intelectuales. Una visión no muy alejada de muchos amantes de la intervención estatal y el alzamiento de masas por encima de la libertad individual y así como empecé citando una frese de Platón, una visión antidemocrática, cerraré esta crítica con otro gran pensador.

 “Si bien sólo unos pocos son capaces de dar origen a una política, todos nosotros somos capaces de juzgarla”. (Pericles de Atenas)

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