La telebasura y el consumismo: Una visión crítica a través del cine de Fellini, Welles y las reflexiones de Pasolini»

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Todo lector probablemente tenga una idea determinada acerca del término «telebasura». Sin embargo, lo que pareciera ser un concepto a priori fácil de definir se vuelve complejo ya que no existe una palabra clara qué nos lleve a distinguir acerca de lo que se considera telebasura y cuál o qué representaría su antagonismo. Para desarrollar este tema tomaremos en cuenta (como punto de partida), el análisis que realizó el filósofo español Gustavo Bueno en su obra titulada: «Telebasura y Democracia”.

Gustavo Bueno. libertaddigital.com

En especial en el hecho de cómo se ha vulgarizado el término de «telebasura». Ya que hasta el día de hoy no existe un consenso nacional o internacional para otorgarle una definición clara a una palabra que guarda en sí misma una carga peyorativa. Salvo las distintas características que le han otorgado determinadas sociedades de acuerdo a sus respectivas escalas de valores.

La ambigüedad de una definición que en parte juega un rol importante en la conformación de la democracia liberal, hace que Gustavo Bueno se tome la molestia de destruir ciertos prejuicios y dar un mensaje claro de responsabilidad a los ciudadanos «cada pueblo tiene la televisión que se merece»[1].

Para continuar con este resumido análisis sobre los medios, pero en especial sobre la televisión. Advierto de ante mano a los dos o tres lectores (incluyendo al editor), que utilizaré algunas referencias del cine clásico; el cine entendido como el reflejo de una realidad atemporal. Y por supuesto algún que otro chiste para despejar toda vanidad que suele brotar en los artículos y ensayos que se dedican a los medios de comunicación, pero cuidado, entiéndase al chiste tal como lo concibió Freud: como un proceso de condensación del inconsciente.

Por ende hay que estar al tanto de su peligrosidad. En la película dirigida por el italiano Federico Fellini «La Dolce Vita» (1960). Observamos al personaje principal Marcelo Rubini[2] quien recorre las calles de Roma, está perdido y su perdición poco o nada tiene que ver con la noción de su camino externo, su perdición y decadencia están en los más profundo de su ser. Rubini contempla la desolación del glamour, de la burguesía italiana la cual se regocija en los excrementos de su decadencia.

Marcello Mastroianni y Anita Ekberg en un fotograma de la película.

Los días pasan y Rubini entiende que su existencia aún no ha tocado un fondo existencial, eso le impide tomar una decisión vital. Ha visto que su amigo Steiner ha llegado a lo más profundo de la conciencia; donde solo habita la angustia.

Entre aceptar la angustiosa existencia y la nada, Steiner ha aceptado lo segundo, llevándolo a cometer un crimen fatal contra su propia familia y posteriormente contra sí mismo. Rubini se teme así mismo, su miedo se comprende, pero su miedo no comprende su talento, que se escapa, se hunde, se evaporiza.

Anita Ekberg, como una estrella estadounidense, baila en las calles de Roma en La Dolce Vita de Federico Fellini.

La conciencia de Rubini está arrojada al mundo, y en este mundo no se siente a salvo, está en peligro, intenta resguardarse en su interior, pero es incapaz de digerir la amargura de una irrealidad que le promete una salvación superficial. Solo tiene un arma para defenderse de los demás pero sobre todo de sí mismo; en su importuno choque con la realidad: la ironía.

Un fotograma de «La Dolce Vita» de Federico Fellini. (Cortesía del Teatro Brattle)

En la escena final de «La Dolce Vita» Rubini observa a lo lejos a una niña quién representa un camino, ya inentendible para el personaje, la niña hace unas señas de mano, Rubini no comprende o simplemente se deja caer, (en la película se arrodilla) en lo que sería la representación simbólica de un acto de mala fe.

La Dolce Vita. Federico Fellini. Fotograma.
La Dolce Vita. Federico Fellini. Fotograma.

Da la espalda a la niña y vuelve a los brazos de la decadencia, de la superficialidad, consciente de que ha tenido la oportunidad de escoger, ha echado su suerte, su existencia, su intelecto al mundo de lo artificial, quizás por miedo, el miedo no es un motor de cambio, es un espejo donde el sujeto se observa y es aparentemente inmovilizado para contemplar un nuevo justificativo que lo impida avanzar hacia lo desconocido o lo que decide ignorar; apelando a un engañoso sentido común.

La televisión representa un campo de batalla donde la principal conquista se enfoca meramente en capturar el «el sentido común del receptor«. Ya sea a través del mundo artificial o llamase «entretenimiento» la cual vulgariza hasta la supuesta seriedad que se debería mantener en un programa destinado a las cuestiones tales como la Política. (Aunque lo de seriedad y política son términos ambivalentes, para no decir antagónicos, en un país gobernado por trágicos payasos que manejan internamente un perverso sentido del humor).

Los programas destinados a la Política por lo general han sido carcomidos por el show. Los espectadores esperan que el conductor destruya a sus corruptos e incultos invitados, con preguntas mordaces que serán respondidas a través de repuestas grotescas, o simplemente a través de un descarado silencio, los televidentes en pleno éxtasis caen en una profunda epifanía; la rabia, la cual se revela con toda su virulencia en las teclas del celular. Llueven los mensajes a través del Twitter.

El programa termina, fragmentos del programa circularán unos día más. De pronto todo se acaba, la indignación en el mundo artificial dura poco o nada, el mar de memes cansa, compartir[3] virtualmente para estar en sintonía con el debate abruma, y más cuando a uno peligrosamente lo pueden tachar de «radical». Porque el único objetivo; al fin y cabo es generar una indignación esporádica, nunca una indignación que se profundice en organización centrada a un determinado cambio. Por ende querido lector; también las emisoras radiales estarán ansiosas de escuchar tus «plagueos».

Pero cuidado, porque los oídos que te escuchan y comparten tu indignación podrían ser los mismos que el día de mañana te condenen a la Inquisición mediática. La visión de Walter Benjamin acerca de la radio, en nuestros días cada vez se hace más lejana y utópica. (Benjamín proyectaba para la radio un futuro construido sobre una base más amplia, una base no gobernada por la «selección» acorde a los intereses del capital o las estructuras de poder establecidas, sino por una corriente más caótica e impredecible de voces.)[4].

Sin embargo, los medios acumulados por un determinado grupo empresarial ligado fuertemente a la Política partidaria, nos hace pensar que las voces alternativas, en algún punto caóticas, se van transformando día a día en voces ordenadas, con un discurso previamente establecido. Y no es que dicha cuestión se proyecte en una categoría casi teológica del «bien o del mal» en ese sentido no existe peligrosidad alguna.

El problema es que ese discurso autoritario, vertical, casi como una elaboración estructural que roza un relato fantástico, e intenta de manera forzada crear una realidad; que no se ajusta en absoluto con la realidad tangible. Casi como si las representaciones de voces, imágenes y palabras describieran a una existencia paralela.

La lucha por el «sentido común del ciudadano» no empieza ni terminará con la televisión. Repasemos brevemente un ejemplo concreto en una época donde aún no existía la radio, ni mucho menos la televisión.

El periodista[5] Amorós García en su obra «fake News«. Nos recuerda un hecho que aconteció en el año 1898 cuando Cuba era en ese entonces una colonia española y su población estaba dividida entre partidarios y detractores de la independencia.

Dicho acontecimiento fue aprovechado por el magnate de los medios de comunicación William Randolph Hearts quién en su periódico el «New York Journal», exigía a sus periodistas que escribieran acerca del conflicto cubano como una encarnizada guerra civil, donde los partidarios por la independencia eran torturados salvajemente. Hearts envió a un dibujante a la Habana para que graficara por medio de su talento los supuestos horrores que sucedían. Pero el dibujante envió una nota afirmando que no ocurría ningún hecho de violencia, sólo la tranquilidad reinaba en aquel país y solicitaba su permiso para volver.

Fotograma. Orson Welles en Citizen Kane. Hulton Archive / Stringer. Detalle

Entonces Randolph Hearts respondió «Yo hago las Noticias. Tú haz los dibujos, que yo pondré la guerra«. La representación de este poder capaz de moldear la realidad de acuerdo al capricho o interés del dueño de los medios de comunicación; la cual a su vez se traduce como la capacidad de ir acumulando y devorando el mercado hacen que la película «El ciudadano Kane» dirigida y protagonizada por Orson Welles no pierda vigencia con el correr de los años.

Fotograma. Ciudadano Kane.

En ella vemos al Magnate Kane (personaje que a su vez está basado en la figura de Randolph Hearts, quien dicho sea de paso prohibió toda mención de la película en sus periódicos).

La fotografía de Ciudadano Kane es singular.

El Magnate intenta construir una carrera en el mundo de la opera a su segunda esposa Susan Alexander, en un acto de pura egolatría del señor Kane quien utiliza a su esposa como un mero símbolo de poder; Kane intenta probarse a sí mismo a través de la creación artística de Susan Alexander, hasta qué punto es capaz de ajustar la realidad a su capricho.

Fotograma. Ciudadano Kane.

Si Hearts era capaz de convencer al culto público de la ópera, ya no habría obstáculos en su camino. Pero las malas noticias no tardaron en llegar, Matisti el profesor de canto de Susan Alexander llega a la conclusión de que la mujer no está apta para las exigencias de la ópera.

Genialidad en el montaje y en la previa, solo posible en la mente de un verdadero icono del cine, Orson Welles.

El maestro no esconde su preocupación con respecto a las opiniones, siente que su prestigio ésta en peligro. A lo que Charles Foster Kane concede al señor Matisti una respuesta tristemente espectacular «¿le preocupa lo que la gente pensará? Puedo ilustrarlo un poco. Soy una autoridad en lo que la gente pensará”. Los días del señor Kane acaban en la profunda soledad del poder. ¿El Internet, el factor democratizador del pensar?

Una película atrapante para la época en la que se produjo y estrenó. Todo un hito para el cine americano.

El futuro de nuestro sentido común; quizás ya responda a la TV. Sin embargo no creo en la teoría que se viene predicando hace más de veinte años, la cual se basa en anunciar constantemente la muerte de la televisión. En esta línea de pensamiento coincidido con lo que afirma Sartori[6] «Así como la radio no ha sido anulada por el televisor, no hay razón para suponer que la televisión será anulada por Internet«. Se podría también hacer un análisis sobre el único medio de comunicación que ésta en crisis: el periódico. Por el contrario, dicha reflexión la dejaría para otra ocasión.

Giovanni Sartori. El Español.

Ahora bien, ¿es el internet un medio fiable de información? A priori uno diría que sí. Sin embargo al profundizar las redes nos daremos cuenta que estas se mantienen más cerca de la errancia que de la información, como bien lo define el filósofo José. P. Feinmann:

«Es el reino de la errancia. Nadie se detiene en nada. Es una navegación infinita hacía una meta incansable e incognoscible en medio de un universo Virtual dentro del que nada significa nada. Este escamoteo del sentido, este aplanamiento de todo lo existente (todo está en internet), está imposibilidad de construir verdades en un universo que todo lo ahoga con la información, con ir de un lado a otro, con el vértigo insensato de links, es la esencia del homo interne«[7].

José Pablo Feinmann. elortiba.org

El «Homo interne» como lo define el filósofo, llega a su máxima expresión en su comportamiento en las redes sociales. Para quienes creen que el futuro del Internet representa una descentralización del poder de los magnates de los grandes medios tradicionales, (me hacen pensar que dicha ingenuidad esta tan cerca como la de un nutricionista ofreciendo dieta vegana a Hannibal Lecter).

Solo basta «googlear«[8] para enterarse quién domina las grandes plataformas que nos ofrecen la internet. Y tras las revelaciones hechas a través de «WikiLeaks», nos damos cuenta que ya no somos solo nosotros quienes observamos lo que acontece en nuestras pantallas, como pasa en la TV. También somos observados.

No olvidemos las grandes novelas del siglo pasado acerca de las distopías, hoy están más cerca de ser realidad, tal es el caso de lo que nos advertía el novelista George Orwell en sus obras; en especial en la de «1984» donde desplegaba una crítica al totalitarismo estalinista.

Sin embargo, hoy las grandes vigilancias ya no se dan desde el comunismo, las descargas «gratuitas, correos electrónicos, redes sociales» todos nuestros movimientos están vigilados y nos conocen más de lo que nosotros mismos nos conocemos.

Julian Assange. BBC.com

Si antes había un señor Kane con nombre y apellido, con rostro humano, trajeado, mirada firme y fría, dando indicaciones de «aquí para allá». Hoy detrás de las redes se manejan los anónimos del poder quienes pueden violar sin problemas nuestra «supuesta privacidad».

Si no tuviste tiempo de conocerte a ti mismo, no te preocupes; a través de tu comportamiento en la red y de las recomendaciones ellos sabrán quien eres, hasta se tomarán la molestia de ofrecerte una pareja que encaje con tus gustos, un círculo de amigos que comparten tus mismos principios. Black Mirror no está lejos y Julian Assange lo sabe.

Black Mirror .cnet.com/news/

Unos niños de la calle observan maravillados aquel local gastronómico donde venden «cajitas de felicidad».

Hay una gran cantidad de familias que están consumiendo «felicidad» en asientos incómodos que cumplen la misión estratégica de que una vez saciada el hambre de felicidad, desalojen rápidamente el lugar para que de ese modo otras personas ingresen a ingerir la dosis vital de nuestro tiempo, (como diría el antropólogo Roger Bartra[9]: «Nuestra era no es viral, ni bacterial, sino qué es neuronal. Nos aquejan todo tipo de males como la depresión, el desgaste ocupacional, el déficit de atención, existe una enorme violencia neuronal«).

Roger Bartra. lideresmexicanos.com

Una señora se compadece de los niños y les ofrece disfrutar de unas hamburguesas. Rápidamente el guardia actúa y pide a las tres criaturas que coman fuera del local. La señora atónita ante la situación, reclama al guardia de que estos niños tienen derecho de comer dentro del local ya que ella se ofreció a pagarle la cena. Esta noticia fue difundida en las redes sociales. Ya que en la TV, que recibe gigantes ingresos económicos, estas noticias carecen de relevancia nunca es bueno dejar mal parado a un socio comercial o (político).

Últimamente los programas con tinte argentino han inundado los canales de aire paraguayos. Y es que se copia lo peor de la TV argentina y encima, de la peor forma, sin capacidad crítica ni desarrollo de guiones adecuados a la realidad paraguaya. Lastimosamente este tipo de programas pornográficos son la causa común de las masas menos favorecidas intelectualmente, o más bien, es lo que los medios de comunicación venden al televidente, telebasura, pornoTV en su estado más puro. Comentario del Editor del artículo. Imagen: Baila Conmigo Paraguay. Telefuturo.

En las redes sociales sin embargo se encendió un gran debate. La gran masa de las redes sociales no analiza la situación de fondo, sale enfurecida en contra de las criaturas, decía uno de los tantos internautas «así se le acostumbra, todo gratis, hasta que crecen y cuando se dan cuenta que nada es gratis en la vida te apuñalan«.

En el fondo a nadie le importa analizar la situación de precariedad en la que viven estos niños, todos salen furiosos ya que estos chicos ya no representan a una determinada inocencia idealizada, al estar excluidos de la sociedad son «salvajes». Y a los salvajes nadie los puede comprar ni vender políticamente[10], por ende no son rentables para los pañuelos azules o verdes.

La televisión paraguaya es un gran meme de basura que distancia al televidente de la realidad y lo envuelve en un embotamiento pernicioso sin capacidad crítica, las novelas turcas o brasileñas, por nombrar algunas, inundan la «caja de los tontos», y parece, que irá en aumento. Reflexión del editor del artículo. Imagen: Baila Conmigo Paraguay. Telefuturo

Son salvajes que pueden molestar, incidentar el único momento donde personas de niveles económicos altos, medios y bajos están disfrutando de la «felicidad» mientras enfocan sus bellas sonrisas para la infaltable foto del Instagram. En los párrafos anteriores analice a un personaje de la «La Dolce Vita«. No quiero salir aún del cine italiano sin recordar a Pier Paolo Pasolini; un cineasta que reflejó mejor que nadie a los marginados de la Sociedad.

Pasolini observó cómo el consumismo se volvía un totalitarismo mucho más eficaz que el totalitarismo fascista de principios del siglo 20, el cual, Pasolini conocía muy bien. La bestia negra del pasado estaba muerta y enterrada. Seguir atacando a un cadáver físico y político como Mussolini o sus adherentes ya no tenía sentido, una caja cuadrada nacía en la sociedad italiana y en el mundo, los militantes ya no necesitaban salir a las plazas a escuchar los encendidos discursos del duce y los consejos de los jerarcas de la Iglesia Católica.

Pier Paolo Pasolini. Youtube

Esta nueva bestia era recibida por la Sociedad desde dentro de las casas, en las más profunda de sus intimidades y a todas horas; construyendo a un nuevo ser político; el cual se proyectará a través de palabras ajenas en la cual el receptor pronto las adoptará con total naturaleza, creyendo que se trata de sus propias palabras, sus propias ideas[11]. Y los «no» actos, o dependiendo de la coyuntura política.

Los dueños de la caja sabrán cuando es bueno sacar a los jóvenes al frente del cañón y cuando convendrá hacer política desde un burdo llamado de «no politizar» lo que a ellos no les conviene. La publicidad construye idealismos de plásticos y cajitas de felicidad que tienden a crear «buenos Consumidores, no así buenos ciudadanos» palabras del propio Pasolini.

Es un marco de supuesta tolerancia donde reina por encima de las diferencias el lema marketinero «Love is love«. No existe lema más totalitario que aquella frase que pretenda homogeneizar culturalmente toda diferencia a través de un poderoso «todo», entrando casi en el plano metafísico de lo «uno» divino del neoplatonismo de Plotino que nos absorbe en su divina generosidad.

Programas de mala calidad o malas copias realizadas por canales paraguayos que venden basura a precios irrisorios, lo barato cuesta, a la larga, caro. El embrutecimiento de las masas que observan este tipo de programas televisivos sin ningún valor cultural real, es evidente. Comentario del Editor del artículo. Imagen: Baila Conmigo Paraguay. Telefuturo.

Ya no importa tu orientación sexual, tu religión, tus creencias políticas, seáis todos unidos, todos somos iguales, todos en el nombre de las hamburguesas y las cajitas de felicidad que verás al diario en tu pantalla de TV o la del celular. «Es una tolerancia falsa, porque en realidad ningún hombre ha tenido que ser nunca tan normal y conformista como el consumidor; y en cuanto al hedonismo, oculta evidentemente una decisión de ordenarlo todo con una crueldad que la historia no ha conocido nunca[12]El coito, el aborto, la falsa tolerancia del poder, el conformismo de los progresistas”*[13].

Cuando Pasolini ya tiempos atrás nos advertía acerca de la falsa tolerancia del poder, de la elite económica, (y más aún un hombre que sufrió en carne propia la expulsión del partido comunista italiano por su tendencia homosexual, sufrió persecución por parte de la Iglesia católica la cual intentó censurar sus obras cinematográficas), de igual manera muchos tendían a criticarlo y a tomarlo como un puritano fascista e intolerante (ya saben cuál era su posición con respecto a las revueltas estudiantiles del 68*[14]). Cuando era en realidad todo lo contrario; un antifascista adelantado a su tiempo y por ende un incomprendido.

Pier Paolo Pasolini. revistavanityfair.es

Algún obtuso pese a todo afirmaría que estos párrafos son un elogio a la intolerancia. Sin embargo debemos entender que la tolerancia es una cuestión más compleja que la simplicidad de atar números de ganancias y moldear toda diversidad a partir de un hedonismo cómodo.

Un ejemplo concreto es que en pleno auge del feminismo de principios del siglo pasado, las tabacaleras aprovecharon para duplicar sus ganancias financiando movimientos feministas que permitieran normalizar el derecho de las mujeres a fumar[15]. De ese modo las ganancias se duplicaron al derribar los prejuicios machistas. Sin embargo todo tiene un costo; cuando la diferencia sea amorfa, in-maleable, y no representes un simple cálculo de ganancia, lo más probable es que uno sea condenado al ostracismo social y sea atacado por la intolerancia del consumismo.

Pier Paolo Pasolini no fue un profeta, fue un testigo del inicio de la decadencia consumista. Si Marx teorizó acerca de la fase final del comunismo; el consumismo neocapitalista lo cumplió de una manera más burda y decadente; en un mundo que se resume en pornografía, yoga, libros de autoayuda, pastillas de todos los colores y con el lema de unidad total «Love is Love«.

Por Fernando Escobar

Bibliografía y breves reflexiones acerca del artículo


[1]Bueno, Gustavo. Telebasura y democracia. Fundación Gustavo Bueno 2002 (pág. 225) Posdata: prefería usar a modo de inicio los ensayos de Sartori. Pero no es bueno abusar con los bastones. O como lo dirían los españoles de manera jocosa: «los pollas viejas”. En la Fundación Gustavo Bueno, sus discípulos mismos, editan y publican sus obras hasta el día de hoy.

[2]Marcelo Rubini es interpretado por el gran actor Marcelo Mastroianni.

[3]Me indignó. Te indignas. Nos indignamos. Me gusta. Compartimos. Olvido. ¡Hasta la próxima indignación siempre!

[4]El acontecimiento citado fue extraído de la obra: «Fake News». Autor: Marc Amorós García.

[5]El fragmento pertenece al libro lleva por título «Radio». De la editorial Akal; la cual realizó una recopilación de guiones para la radio escritas por el filósofo Walter Benjamín.

[6]Sartori, Giovanni. «Sociedad teledirigida». Taurus, año 1999

[7]Feinmann, José Pablo. Filosofía política del poder mediático José Pablo Feinmann, 2013 Editor digital: Spleen. Estas reflexiones acerca del sentido común y los medios de comunicación, (para quienes deseen profundizar y sacar sus propias conclusiones), se perfeccionan a través de la pluma del excelente e infravalorado ensayista argentino.

[8]El término acuñado por los internautas modernos que hace referencia a la búsqueda de información con solo un click que “te lleva a las fuentes”, a pesar de que no sabemos realmente si son fuentes confiables, ya que accedemos apenas al 1 o 2 por ciento de todo lo que Internet contiene. El resto se encuentra en la Deep Web, monitorizada siempre por la CIA y el FBI.

[9]Obra: Melancolía Moderna. Autor: Roger Bartra. En realidad aún siguen siendo funcionales al sistema. Tal como nos los recuerda Michel Foucault «cuanto más delincuentes existan más crímenes existirán, cuanto más crímenes haya más miedo tendrá la población y cuanto más miedo haya en la población más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanentemente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica porque los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo, se conoce tanto espacio a la criminalidad».

[10]Pasolini, Pier Paolo: Escritos corsarios. Este texto fue publicado en español por Monte Ávila Editores (Caracas, 1978; traducción de Hugo García Robles) y posteriormente por Planeta (Barcelona, 1983; traducción de Mina Pedrós). En el 2009 ha sido publicada una tercera traducción a cargo de Juan Vivanco Gefaell en Ediciones del Oriente y el Mediterráneo. (Pág. 56)

[11]Pasolini, Pier Paolo (fragmento). «Nada personal«. Primera edición: poesía argentina. Año de la edición 2014. Vais con retraso, hijitos. Y carece de toda importancia que aún no hubierais nacido… Además, los periodistas de todo el mundo (incluidos los de las televisiones) os lamen –todavía, creo, se dice así en la jerga universitaria— el culo. Yo no, amiguitos. Tenéis cara de hijos de papá. Que la buena casta no engaña. La misma mirada maligna. Sois miedosos e irresolutos y estáis desesperados (¡magnífico!), pero también sabéis cómo ser prepotentes, desafiantes y seguros: prerrogativas pequeño-burguesas, amiguitos. Cuando ayer en Valle Giulia os liasteis a mamporros con los polizontes, ¡yo simpatizaba con los polizontes!

[12]Ibíd.

[13]Ibíd.

[14]Más información lo encontrarán en el excelente de artículo de Susan Watkins. Titulado ¿QUÉ FEMINISMOS?

[15]Debía terminar con algún tipo de conclusión. Pero prefiero no hacerlo, ya que ello derivaría a plantear al menos un tipo de solución. Y siendo sincero, mi optimismo está de vacaciones en Siberia o quizás en Guantánamo. Con respecto a los primeros Párrafos acerca de «Cada pueblo tiene la televisión que se merece», recordemos a Spinoza cuando decía que «todos los filósofos aciertan en lo que afirman y yerran en lo que niegan«.

Un pueblo no se merece que todos los canales nacionales tengan dos dueños, (sabemos el jueguito del presta nombre que se da en nuestro país). Hasta hoy me genera escalofríos aquella publicidad de un canal nacional; «Gracias a vos que nos permitís entrar en tu hogar«. Si nos pusiéramos las gafas de Jhon Nada protagonista de la película dirigida por Carpenter «They Live«. Quizás lo que veríamos sería algo así como «entraremos a tu hogar quieras o no, porque si cambiás de canal el contenido igualmente será el mismo«.

Slavoj Zizek en su documental (guía perversa de la ideología, y del cine) analiza la película mencionada llegando a la conclusión «es el orden invisible que sostiene tú aparente libertad. Ves la dictadura en la democracia.»

Si Marx definió en su momento a la religión como opio del pueblo; no es precisamente porque el opio sea algo malo de por sí. Al contrario, quizás en algún punto nos ayuda a relajarnos. La religión hasta el día de hoy nos cobija para soportar mejor la idea de que somos seres finitos. Creer en una trascendencia espiritual nos brinda un relajo que nos permite soportar mejor las injusticias terrenales.

La televisión y las redes sociales han aparecido para arrebatarle la exclusividad del relajo a la religión. Si hoy hablamos de «transcendencia» ya nadie lo relacionaría con la espiritualidad. Más bien la asociarían con la manera en la que nos movemos en las redes sociales, cuya trascendencia llegaría a su máximo apogeo con la palabra «influencer«.

El objetivo de los mass media siempre ha sido «Doña Rosa». Concepto básico que maneja todo estudiante de la comunicación; la cual hace referencia a través de un nombre, el contenido que debe consumir el «común» de la población, es decir: Leguaje sencillo que roce la vulgaridad. Héroes de látex que salvan al mundo virtual, mientras el real arde en llamas. Si en el siglo pasado las propagandas de los totalitarismos eran evidentes, el gran éxito de las democracias liberales es ocultar las órdenes de las élites financieras.

La libertad, lejos de tener un valor cómodo y barato que se pueda encontrar y consumir en cualquier sitio comercial. Visión tan miserable pero intelectualmente rentable para aquel japonés que ni vale la pena mencionar, («trasnochado Hegeliano» como lo recuerda cariñosamente Onfray*). Y comercialmente rentable para la CIA, vale la pena no olvidar. Nos empuja a buscar a la libertad como algo mucho más complejo de encontrar, y quizás con un resultado hasta doloroso cuando llegáramos al menos a estar cerca de sentirla.

*Esta crítica de Onfray se encuentra en «Teoría del Viaje». Al terminar de leer lo eliminé de mi biblioteca virtual, ya que me pareció un libro muy flojo en comparación a otras obras del autor mencionado, por lo que recomiendo no leerlo si no se tiene suficiente empeño crítico. Pero se me quedó su despiadada crítica al japonés Fukuyama.Francis Fukuyama (Chicago, Illinois; 27 de octubre de 1952) es un politólogo estadounidense de origen japonés. El Dr. Fukuyama ha escrito sobre una variedad de temas en el área de desarrollo y política internacional. Su libro “El fin de la Historia y el último hombre”, publicado por Free Press en 1992, ha sido traducido a más de 20 idiomas. Su libro más reciente es “Los orígenes del orden político” –The Origins of Political Order-, publicado en abril de 2011. El segundo volumen fue publicado en noviembre del 2014, cuyo título es Political Order and Political Decay. Entre otros libros de su autoría se encuentran: America at the Crossroads: Democracy, Power, and the Neoconservative LegacyOur Posthuman Future: Consequences of the Biotechnology Revolution y Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity. El fin de la Historia y el último hombre (The End of History and the Last Man) es un libro de Francis Fukuyama de 1992. Fukuyama expone una polémica tesis: la Historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría.

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