El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Cultura Reseña

Realidad, Exilio y Utopía

Un punto de vista bastante crítico sobre el Paraguay y su gente, y hasta duro consigo mismo fue la presentación del poeta Jorge Kanese en el marco del Décimo Simposio Internacional de Humanidades de la Universidad del Norte en el Gran Hotel del Paraguay, durante la segunda sesión denominada: “Realidad, Exilio y Utopía”.

El poeta Jorge Kanese en la mesa de la Segunda Sesión del día jueves 8 de agosto durante el Décimo Simposio Internacional de Humanidades de la Universidad del Norte. De izquierda a derecha: Jorge García, Jorge Kanese, Gabriel Ojeda, Rodolfo Sosa y Héctor Giménez. Foto: Luz Gaona.

Un conjunto de emociones en mi persona generó dicha charla del poeta Kanese, que trasmitía pesimismo al hablar de su experiencia, de lo que vivió como una de las víctimas de la dictadura Stronista, pero aún así conservaba su humor…un humor negro.

En su oportunidad tocó varios temas (fue el primero en hacerlo al intentar esbozar de alguna forma entendible todo el proceso del “Teatro Primigenio: del autoexilio a la Tierra Sin Mal”, formado por el Maestro Wal Mayans, difícil por cierto), pero el que más recuerdo fue el de Paraguay y su situación actual.

El director Wal Mayans. Foto: Dani González.

Kanese expresó su opinión diciendo: “Paraguay es un país Morboso”; luego explicó que el país en sí no es morboso, sino el paraguayo y tuvo una interesante prosecución en la que recalcó mediante una radiografía próxima a la juventud, porqué no salimos de este panorama. 

Me gustó el comentario más que nada por la honestidad y la rebeldía con la que lo dijo, sin importarle la opinión popular. También comparto la idea. Los habitantes de este país no sólo tienen morbo, sino también, y como parte de nuestro ADN, el machismo y la victimización constante, hechos que hacen improbable el crecimiento y progreso de nuestra sociedad.

Por otro lado, la segunda ponencia se desarrolló con el título: “El autoexilio de Emil Cioran en Francia”.

Emil Cioran. Wikipedia.

El profesor Jorge García, habló sobre la biografía del filósofo y literato de origen rumano, comentó entre algunos datos notables, que es un fatalista empedernido y desmoralizado por antonomasia. Cioran prefería ser un vividor a ejercer un oficio, porque decía: “He accedido a sufrir una relativa miseria con tal de preservar mi libertad«. Le gustaba pasear en bicicleta, de hecho lo hizo por toda Francia.

Entre otras cosas el profesor mencionó algo bastante peculiar, dijo que al filósofo le gustaba ir a los cementerios, caminar entre las tumbas y ver las fotos de las personas que ahora reposan en sus ataúdes. Me quedé sorprendida con la motivación tan peculiar que compartía. Ya que para muchas personas sería algo tétrico y no tan “normal”. A mí en lo personal me resultó interesante, de cómo el ser humano puede llegar a motivarse.

Rodolfo Sosa hablando sobre la esclavitud digital. Foto: Luz Gaona.

Simplemente la idea de transformar un lugar tan triste para algunos en una motivación para otros, representa un buen ejemplo de lo que deberíamos buscar como personas, algo que nos anime a seguir batallando por la vida.

En la parte final de esta sesión se habló de “La esclavitud digital: el autoexilio de la realidad”, en la que dos jóvenes compañeros de la Academia Literaria de la Universidad del Norte expusieron sobre las redes sociales, y de cómo éstas, encadenan a los jóvenes.

Héctor Giménez en parte de su exposición sobre esclavitud digital. Foto: Luz Gaona.

Somos dependientes de un celular o una computadora. Nos define como persona la cantidad de likes que tenemos en una publicación o una foto compartida con extraños. Jugamos a ser “influencers” cuando lo único que influenciamos es la vanidad, a ser materialistas y prejuiciosos. A criticar cuerpos, vidas, caras, gestos, y un sinfín de cosas más.

Byung-Chul Han, filósofo de origen surcoreano. Getty Images

Y ahí entra otra duda… ¿hasta qué punto mostraremos nuestra vida privada o cuerpos, al alcance de todos? ¿Hasta cuándo dejaremos que las ganas de tener likes o compartidos nos ganen?

Ésa ya sería materia para otro artículo.

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