Fútbol paraguayo, campeón mundial en tristeza y amargura

Fútbol paraguayo, campeón mundial en tristeza y amargura

Son estas las sensaciones con las que todo futbolero paraguayo, que se precie de ser fanático del deporte rey, le toca vivir periódicamente después de cada partido internacional de la selección paraguaya o de cualquier club, que tenga aspiraciones reales o imaginarias sobre el éxito en la clasificación y en las copas en las que participa.

Este es el caso del recientemente finalizado combo de las eliminatorias sudamericanas para el mundial de Rusia 2018, en el cual, como se viene haciendo costumbre desde Brasil 2014, nos animaremos a ser hinchas fanáticos del seleccionado de nuestros gustos, mirando por TV lo que podría haber sido al menos, la “excusa” para viajar a país tan lejano y pintoresco.

Del partido ante la selección venezolana de fútbol, en donde nuestra selección quedó incapaz de toda chance para ir al mundial de Rusia 2018 bajo sus propias fuerzas futbolísticas no queda nada, más que seguir creyendo que el cuerpo de dirigentes podrá, a través de esta experiencia negativa, considerar posibles rutas para la mejora sustancial de nuestra participación internacional, pero posiblemente, el que escribe estas líneas, sufre de extremo optimismo con respecto al futuro, porque en el presente observamos aplausos de periodistas entendidos y dirigentes sucesivos, prestando su voz de aliento al Chiqui Arce, para que con su actual cuerpo técnico vuelvan a tomar las riendas de la albirroja, como si nada haya pasado, como si la eliminación de dos mundiales consecutivos no signifique bajo ningún sentido la capacidad de autocrítica por los rotundos fracasos deportivos.

Cuando todo parecía que la pesadilla de no ir a un mundial se acababa, nuestros hombres volvieron a fracasar, y esto hace posible la continuidad de este ensueño horrible que nos hará sufrir aún más al comenzar el mundial y no ver nuestros colores y escudos en las calles de Rusia. 

Fue una clasificatoria bastante compleja, ante todo muy pareja, con resultados impensados, equipos históricamente marginados con altas chances de clasificar, muchas emociones como lo fue en la última fecha donde 5 seleccionados peleaban por 2 plazas directas y un repechaje, un Brasil inseguro a mitad de camino hasta que llegó un tal Tité, que hizo despegar el alto potencial futbolístico de los de la verde-amarela. Y ahí estaba la selección paraguaya, que por momentos te hacia creer que las malas rachas terminaban, con triunfos imposibles, fechas históricas que marcaban un antes y un después en las estadísticas mundiales pero que rápidamente eran desechadas por la mala pata en el estadio Defensores del Chaco que en pasados procesos representaba la inexpugnable hazaña para todas los equipos extranjeros que venían a tratar de quitarle un puntito a la aguerrida y siempre confiable en defensa, selección nacional. 

Anteriormente los seleccionados visitantes entraban y salían con temor y temblor de nuestro principal coliseo futbolístico, hoy cualquiera viene y nos mete 3 o 4 goles, es una pena, una vergüenza pero a pesar de todo el público siempre apoyó incondicionalmente.

Quién diría que en nuestro primer partido de clasificatorias ganaríamos de visitantes ante Venezuela, quién iba a pensar que al seleccionado argentino derrotaríamos y en su propio país, (algo completamente no factible desde que comenzaron los partidos oficiales entre los dos países), tan sólo díganme, quién imaginaba que a la selección chilena que venía de ser bicampeona de América y de forma consecutiva, devoraríamos y por goleada en su propio estadio, sí, de visitantes fuimos casi imparables.

De local fue otra la historia, empatamos dirigidos por el técnico argentino Ramón Díaz con Brasil luego de ir ganando 2 a 0, Perú nos goleó 4 a 1, Colombia nos ganó 1 a 0, empatamos con Argentina 0 a 0 dominando todo el partido y sin poder marcar el gol, fatídicamente, controlando todo el partido, fuimos faenados por el equipo uruguayo que encontró los goles de manera casi milagrosa y en el último combo de partidos oficiales cuando todo hacía presagiar la gran hazaña de nuestros jugadores, por quiénes nadie daba absolutamente nada, y en quiénes depositaba su confianza, una fe ciega extraordinaria el técnico Chiqui Arce con la gran victoria en Barranquilla en un partido de infarto volvimos a caer en nuestra mediocridad, en nuestra falta de ideas, en la falta de una estrategia acorde a lo que necesitábamos en el campo de juego y con un Director Técnico falto de la ambición que nos mostró en Colombia. 

Perder ante Venezuela no es malo, lo malo es ver un equipo con casi la mitad de los jugadores cambiados, es cierto, algunos por tarjetas amarillas y por lesión, pero viendo que se le cambiaba al mejor central del fútbol brasileño, Balbuena, para que en su reemplazo ingrese a completar su historia personal a Paulo Da Silva, como uno de los jugadores con mayor participación oficial y que a la postre, apenas comenzado el segundo tiempo, saliendo lesionado, quitándonos la posibilidad de un cambio factible que pueda iluminar la caverna donde hundimos nuestras intenciones mundialistas. 

Fueron partidos sumamente importantes que si ganábamos o empatábamos al menos 2 de ellos quizá hoy era otra la historia. El mismo bálsamo de exteriorización de los afanes apasionados de los hinchas paraguayos, que ha terminado en un doloroso adiós es la estrepitosa derrota del seleccionado sub-17 en el mundial de la India ante EE.UU., que demostró una vez más, que a los apurones, o sin suficiente preparación física y mental, todo ello agudizado por una prensa deportiva expectante y con ansias de olvidar la pena tan nueva de la eliminación que al final termina en rotundo fracaso. 

Vamos a los mundiales a participar y ganar experiencia, no a competir en igualdad de condiciones para luchar por el título de campeón mundial. Algo que pudimos conseguir de alguna forma con la medalla de plata en Atenas 2004 con esa generación gloriosa dirigida por Jara Saguier que sorprendió a propios y extraños. 

Finalmente cuándo más creíamos y más apoyábamos, más decepcionados salíamos. Una de cal y otra de arena como dice un famoso comentarista deportivo.

Queda de más decir que la tuvimos tan cerca, pero tan cerca. Esto es fútbol señoras y señores donde los más vivos, con mayor coraje, son los que triunfan. Lamentablemente no tuvimos ni lo uno ni lo otro, la oportunidad pasó frente a nuestros ojos pero nos la arrebataron sin pena ni gloria, desprovistos de esa garra guaraní que tanto se encargaron de repetir los periodistas deportivos por aquellos fatídicos días.

Algunos buscan culpables apuntando directamente al director técnico albirrojo, Francisco Arce, quien es el principal responsable de que Paraguay no haya estado en el mundial del 2014 y en la próxima a disputarse en Rusia. Otros que lo apoyan por haber levantado una nueva pero irregular camada de jugadores en la selección, otros directamente culpando a la organización de la APF (Asociación Paraguaya de Fútbol). No se tuvo un equipo fijo, improvisaciones en todas las líneas, falta de carácter y horrores técnicos. Dirigentes que no conocen el oficio o jugadores de los empresarios deportivos. En fin, una suma de haberes que es incontable, resultan en las críticas de toda la afición deportiva.

No sabemos qué depara el futuro a la selección, lo que todos deseamos es que inmediatamente se tomen cartas en el asunto, ante todo, recuperar esa garra característica, recuperar el respeto, la “mística” deportiva como decía ODD.

Lastimosamente, tal y como están las cosas, en el fútbol paraguayo, manejado por dirigentes deportivos sin ambición real de llevar a Paraguay a los primeros lugares del mundo, lo más probable, es que sigamos con la tristeza y la amargura, generalizada para el próximo proceso mundialista a no ser que se hagan los cambios correctivos con tiempo, aprovechando al máximo nuestras virtudes y trabajando día a día para dejar atrás nuestras falencias.

Imagen: Gentileza EFE. 

Por Silas Rodríguez

El Parlante

2 comentarios en «Fútbol paraguayo, campeón mundial en tristeza y amargura»

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