¡Tenés que dejar el alma y el corazón!

¡Tenés que dejar el alma y el corazón!

La final de la Copa Libertadores, la Súper Final o la Final del Mundo fueron algunos de los nombres que se dieron a este primer desenlace histórico y sin precedentes, en el mundo deportivo del fútbol sudamericano.

Partido que estaba pactado para el día sábado, pero parece que ni Dios quería que se diera, puesto que cayó un diluvio infernal sobre la ciudad de Buenos Aires, que impidió que el match se dispute en la fecha estipulada. Por decisión de la terna arbitral, apoyados por la CONMEBOL, y por respaldo del reglamento, que rige este deporte, el primer juego decisivo pasó para el domingo, donde desde las 16 horas Boca Juniors y River Plate se dieron con todo y sin ningún tipo de piedad.

Para continuar con este análisis, es momento de hablar del duelo estratégico entre Guillermo Barros Schelotto y Marcelo Gallardo; duelo que iba a generar una apertura del juego para quién utilice de mejor manera su capacidad a la hora de leer un partido.

En esta materia, el ganador fue «El Muñeco» Gallardo, que ante el equipo de memoria planteado por Guillermo, decidió cambiar totalmente su esquema al colocar cinco defensores de entrada para lograr taponar a los tres delanteros «xeneizes» que arrancaron el partido.

Debo decir, que no me esperé esta movida de Gallardo y seguramente los mellizos Schelotto tampoco lo hicieron, puesto que los primeros 30 minutos fueron un recital futbolístico para el equipo «millonario», que no pudo plasmarlo en el marcador debido a un portero sensacional como Agustín Rossi, que se defendió de sus detractores con una jornada extraordinaria, al nivel de grandes arqueros de talla mundial.

El equipo de La Boca tuvo una desgracia con suerte, que fue la lesión de Pavón y la movida inteligente, quizás la única de hacer ingresar al «Pipa» Benedetto, un jugador con características totalmente diferentes a las de «Kichan».

Con el ingreso de Benedetto, la línea de 5 defensores de River perdió sentido y lo aprovechó rápidamente Ramón Ábila que con un remate a matar hacia que 50.000 almas sueñen con la tan ansiada séptima Libertadores.

Esto era demasiado injusto y a veces el fútbol si se trata de justicia, ni bien pasó un minuto Pratto, quedó mano a mano con Rossi y no lo perdonó, para poner el 1-1, a favor de los de Núñez.

Tras el tanto de River, se entró al terreno que más le queda cómodo a Boca, cuyos jugadores están más acostumbrados a dejar el alma en cada balón, antes que tener la cabeza fría para pensar y examinar, qué hacer con él.

Antes de finalizar el primer tiempo, Benedetto volvió a romper la paridad en el Templo, que al grito de «Esto es Boca», temblaba de emoción.

En la complementaria, Gallardo se dio cuenta que se estaba jugando a pedir de boca, justamente de Boca Juniors, y decidió cortar con su línea de 5 defensores, que si bien le sirvió al inicio, ya era completamente innecesaria.

Al minuto de dicho cambio, «Las Gallinas» tuvieron su premio, cuándo Carlos Izquierdoz, defensor xeneize en su afán de evitar el empate riverplatense no hizo otra cosa que consumar la igualdad.

Prensa CONMEBOL.

A partir de ahí se vio una situación de puro hermetismo donde ninguno fue capaz de arriesgar, hasta que los Mellizos empujados por el hecho de ser locales y tener gente a su favor metió al terreno al siempre referente Carlos Tévez y casi le funcionó, pero el arquero Franco Armani de River se redimió y salvo de una tercera caída a su arco convirtiéndose probablemente en el héroe de este partido, “salvando la plata” del conjunto millonario.

Ahora, solo pienso en ese juego de vuelta a disputarse el sábado 24 de noviembre si el clima lo permite, seguro Gallardo y los Schelotto pensarán igual. Seguramente será un partido en el que verdaderamente técnicos y jugadores «dejarán el alma y corazón, por el deseo de salir campeón».

Jose Dielma

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