Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – El ahorro y la formación de capital

Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – El ahorro y la formación de capital

El Ahorro y la formación de capital.

Una de las más conocidas fábulas de Esopo , “El Grillo y la Hormiga”, nos cuenta que mientras la hormiga cargaba los frutos de su trabajo a su nido, el grillo se pasaba cantando y bailando y le decía a la hormiga: “Amiga, deja ya de trabajar, falta mucho para que el verano termine, cuando llegue el invierno preocúpate”, a lo que la hormiga responde: “No tengo nada en contra tuya, disfruta del verano, pero también ocupa parte de tu tiempo en prepararte para el invierno”. Al llegar el invierno ya sabemos el final de la historia. Esta fábula trata de enseñar la importancia de preocuparse para las etapas difíciles que nos puede deparar el futuro, similar a la parábola de José en la Biblia que, al prever 7 años de vacas gordas, recomendó prepararse para 7 años de vacas flacas.

El medio ambiente en el que se desarrolló la evolución del ser humano lo proveyó vía prueba y error, de conocimientos para ir encarando los desafíos que le arrojaban las vicisitudes de la vida, dando lugar a la previsión, el arte de prepararse para la incertidumbre del futuro. Y dada las limitaciones en las cantidades de los bienes satisfacientes que la naturaleza le provee, tanto por el propio medio ambiente en el que vive como por sus propias condiciones físicas para el trabajo, el hombre gracias a su intelecto hubo que recurrir a la adopción de algunos elementos de la naturaleza para transformarlos por medio de su trabajo en herramientas que lo auxiliaran a aumentar su productividad y poder de esa manera, aumentar su satisfacción y aprovisionarse mejor para los tiempos difíciles.

La riqueza material de una sociedad no está basada en su “nivel de ingreso”, sino más bien en la disponibilidad de bienes y servicios capaces de satisfacer sus necesidades o requerimientos, esta disponibilidad de bienes y servicios está dada por la división del trabajo, puesto que a mayor división de las tareas, mayor la eficiencia y por lo tanto la productividad, esto es explicado por el propio Smith en las primeras páginas de su obra maestra (1).

Adam Smith

Esa división del trabajo permitió aumentar la productividad de cada trabajador y por lo tanto la cantidad de bienes y servicios disponibles en la sociedad. Cuando más desarrollada la sociedad, más profunda es la división del trabajo. Sin embargo, esa productividad no sería posible sin la intervención de las herramientas, las maquinarias y el intelecto para aplicar el conocimiento y la creatividad a la producción de los bienes y servicios.

Muchos economistas suelen recurrir a un modelo simplificado para explicar sus postulados, utilizando al personaje de Robinson Crusoé . A continuación, utilizo una adaptación del ejemplo utilizado por Rothbard.

Para buscarse alimentos en la isla que cree desierta, Robinson Crusoé aplica su trabajo, durante todo el día trata de recolectar frutas para poder alimentarse mínimamente, y así al día siguiente volver a repetir la extenuante labor. Finalmente se da cuenta de que, si logra hacerse de una herramienta, llámese vara o gancho, podrá obtener mayores alimentos en menos tiempo, es decir, aumentar su productividad, por lo tanto, cada día dedica parte de su tiempo para buscar el árbol indicado, cortarlo, darle forma, conseguir algún otro gajo arqueado, hacer las tiras para unir el gancho a la vara etc. Considerando que no tiene herramienta alguna, esto requerirá mucho tiempo, por lo tanto, cada día utiliza una parte de su tiempo en la recolección de alimentos y renuncia a otra parte de lo que sería su tiempo para buscarse comida, para dedicarlo a la fabricación de su gancho. Es decir, renuncia al consumo presente de una parte de su alimento (tiempo dedicado a la obtención del alimento), esperando obtener un consumo futuro mayor. Esta es la base del capitalismo, el renunciar al consumo presente para con eso obtener un consumo futuro mayor, es lo que llamamos ahorro (2). Ya lo decía Mises:

Murray Rothbard

Preciso es restringir el actual consumo, siempre con miras a mejor abastecer el futuro, no ya tan sólo para acumular nuevos capitales, sino para conservar simplemente el existente. El ahorro supone siempre un acto de privación, de abstinencia; un dejar de lado satisfacciones que en otro caso cabría haber disfrutado (3).

Ludwig Von Mises

Los hombres aspiran llegar a la felicidad, si bien es la expresión más vaga, para los esfuerzos orientados a producir acontecimientos que sean agradables a nosotros y de alejar aquellos desagradables, podemos decir de otro modo, que buscamos la auto conservación, o la promoción de la vida, que en economía se resume en aspirar a la satisfacción más completa posible de nuestras necesidades. Para el efecto el hombre recurre a los bienes y la cantidad de estos, están limitados por la forma en que se encuentran configurados en la naturaleza, el intelecto humano encuentra la manera de modificarlos y transformarlos en bienes útiles a sus necesidades. Ahora bien, la mano del hombre es incapaz de transformar por sí misma la arena en anteojos, o un árbol en ductos de agua, es más, el paso de una sociedad de recolectores-cazadores a una de agricultores-criadores corresponde también a un cambio de paradigmas que lo explica Böhm-Bawerk:

La producción, que camina por los sabios caminos indirectos, no es otra cosa sino aquello que los estudiosos de economía política denominan producción capitalista, es decir la producción realizada con la ayuda de otros objetos, del mismo modo, que la producción que va directamente, usando solo las manos, al objetivo, es denominada producción sin capital. A su vez, el bien de capital no es otra cosa sino el conjunto de productos intermediarios que surgen en las diversas etapas individuales que hacen la vía indirecta de producción (4).

Eugen Von Böhn-Bawerk

Las vías indirectas de producción, nos indican que el periodo de la acción es extendido en el tiempo para lograr una satisfacción mayor, para aumentar el suministro de agua, en lugar de ir directamente a la fuente, primero se debe construir un acueducto y para ello se procede a transformar árboles o la tierra para poder lograr el fin propuesto, lo mismo ocurre si pretendemos aumentar el suministro de comida, en lugar de recolectar y cazar los frutos de la naturaleza, procedemos a estudiar y aprender la manera de plantar y producir nosotros mismos nuestros alimentos, separando las semillas, sembrando, regando, etc., ambos corresponden a la extensión del periodo de la acción, así nos encontramos nuevamente con el concepto de la preferencia temporal.

El tiempo es un bien escaso y por lo tanto debe ser economizado, dada la efímera existencia del individuo, éste es inducido por el tiempo a procurar satisfacer sus necesidades más inmediatas de la manera más rápida posible. Entonces utilizamos mayor preferencia temporal para referirnos a la urgencia de satisfacer necesidades inmediatas, y menor preferencia temporal a aquella posibilidad de postergar la satisfacción.

La preferencia temporal es lo que permite el ahorro, así tenemos a los individuos con baja preferencia temporal, que son capaces de abstenerse del consumo inmediato, permitiéndose fabricar herramientas con los cuales podrá acceder a mayor consumo de bienes satisfacientes en el futuro. Es decir, el individuo renunciará a la satisfacción inmediata una vez considerada la posibilidad de que el beneficio futuro sea superior al consumo presente. Con el surgimiento del dinero metálico, este sacrificio de consumo presente se transformó en ahorro, que permitió la acumulación de dinero y el desarrollo de la banca, dando paso al desarrollo del proceso de ahorro e inversión que es la esencia del sistema capitalista, en su acepción puramente económica, no política. La diferente valoración que existe entre bienes presentes y bienes futuros es el componente esencial de lo que denominamos interés.

El interés pagado por el empleo de bienes duraderos y el abonado por créditos de consumo es, como todo interés, consecuencia del mayor valor atribuido a los bienes presentes que a los futuros (Mises). La valoración individual subjetiva de los bienes futuros en comparación a los bienes presentes es lo que da origen al interés propiamente, y la incertidumbre del futuro asocia al riesgo con el interés, pero no es parte original del mismo.

El ahorro es la base de la formación del factor capital, físico y humano, por lo tanto, es preciso sacrificar el consumo presente de una parte de los ingresos y acumularlos para mayores beneficios posteriores. Individualmente este proceso sirve como un respaldo en caso de que en el futuro pueda pasar por dificultades. Ese ahorro individual sumado al torrente de los demás ahorros, permite la formación de capital, al hablar de formación de capital me refiero a la valoración de mercado de bienes de capital y capital humano.

El proceso de ahorro y capitalización es realizado tanto por individuos como por empresas, todo aquel que encara la vida, está especulando, pues el futuro es incierto, los ingresos que el trabajador percibe lo debe ahorrar o capitalizar para aumentar su productividad a futuro y con eso mayores ingresos, el agricultor el zapatero, el contador, etc., todos renuncian a cierta porción de consumo presente para especializarse en su actividad como cualquier empresario, del mismo modo, si la apuesta da indicios de no resultar de acuerdo a lo esperado, rápidamente se debe buscar la adaptación a la nueva realidad. El empresario también, buena parte de sus ingresos debe capitalizarlos para evitar el deterioro de sus bienes de capital, o para mantenerse a la vanguardia y de ese modo seguir competitivo en el entorno del mercado y si los resultados financieros indican que los ingresos futuros proyectados no se ajustan a la realidad, pues debe tomar decisiones para cambiar la dirección en la que se dirige el negocio. Estas maniobras son menos traumáticas si están respaldados con ahorros. Pero en el mundo moderno el ahorro y la capitalización se realizan utilizando monedas de curso forzoso, suministrados por los Estados, quienes al poseer el monopolio del mismo, generalmente manipulan la oferta de dinero modificando las tasas de interés generando estragos en el sistema de precios y por ende en la información sobre la cual los individuos toman sus decisiones.

Bibliografía

  1. Smith A. La Riqueza de las Naciones Braun CR, editor. Edimburgo: Titivillus; 1776.
  2. Rothbard M. Man, Economy and State, with Power and Market Rothbard M, editor. Aurburn: Ludwig Von Mises Institute; 2009.
  3. Mises LV. La Acción Humana. Tratado de Economía. Undécima ed. Editorial U, editor. Madrid: Unión Editorial; 2011.
  4. Böhm-Bawerk Ev. Teoria Positiva do Capital. Segunda ed. Barauna LJ, editor. Sao Paulo: Nova Cultural; 1986.

Víctor Ocampos

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