Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – El trabajo humano.

Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – El trabajo humano.

El trabajo humano, el factor del que somos dueños.

Para la cumplir con el propósito de satisfacer las necesidades que prioriza el individuo, éste debe recurrir a los bienes económicos, éstos están configurados en la naturaleza de distintos modos, a algunos pueden ser accedidos directamente al aplicar la acción, sin embargo, a otros se deben recurrir a las vías indirectas de producción.

Pero nace el hombre sin ninguna capacidad de satisfacer sus necesidades vitales, por lo tanto, queda bajo los cuidados de su familia por varios años, para alimentarse y prepararse para encarar el futuro, es un agente autónomo autopoyético, su autonomía va desarrollando durante sus años de infancia y adolescencia. La autopoyesis[1] se refiere a la capacidad de auto reproducción celular, que ocurre en los cuerpos de los individuos, y para el efecto requiere consumir energía, por lo tanto, necesita alimentarse. En los primeros años esta necesidad es cubierta por la acción de sus padres, luego, asumirá él mismo esa responsabilidad.

Humberto Maturana y Francisco Varela

El ser humano antes de la acción se encuentra en reposo, en ocio, y su necesidad inherente a su naturaleza lo somete a la fatiga del trabajo para obtener el material energético que le permite mantenerse con vida. Todo trabajo es primordialmente una renuncia al raposo, este trabajo puede ser: una lectura para ejercitar la mente, una caminata para la circulación cardiovascular, o tareas parroquiales para estar bien con Dios. Este tipo de trabajo no asume la condición cataláctica del intercambio, es un trabajo introversivo. El trabajo que analizaremos a continuación es aquel trabajo extroversivo[2] que es parte activa del proceso de intercambio interpersonal voluntario.

Las necesidades forman parte integral del proceso biológico, en el caso humano, estas necesidades ya no se reducen a lo puramente energético. Abraham Maslow propuso una jerarquía de necesidades que fueron expuestas en la pirámide de Maslow, donde aparece una escala de necesidades que van desde las básicas o fisiológicas, necesidades de seguridad y protección, necesidades sociales o de afiliación, necesidades de estima o reconocimiento, hasta la necesidad de autorrealización (1).

Abraham Maslow

Como hemos mencionado al inicio de este ensayo, es el individuo quien subjetivamente ordena tanto sus necesidades o requerimientos, como así también los medios con los que pretende satisfacerlos. A estos medios en economía llamamos bienes y servicios. Los bienes y servicios para que sean sujeto de estudio de la ciencia económica deben ser bienes económicos, es decir, además de ser capaces de satisfacer alguna necesidad humana, deben ser de existencia limitada, o escasa. Es la escasez del bien o servicio, lo que le otorga la condición de bien económico.

Por lo tanto, el hombre debe recurrir a la aplicación de su labor sobre la naturaleza para la obtención de esos medios satisfacientes, y dado que son escasos, debe aliviar o mitigar esa escasez tratando de aumentar su productividad, es decir, producir lo máximo en el menor tiempo posible renunciando lo mínimo posible al ocio. La escasez de los medios otorgados por la naturaleza está condicionada por el medio ambiente en el que se desarrolla la vida, siendo así indispensable la intervención del individuo para aumentar su aprovisionamiento.

Todo trabajo extroversivo no genera satisfacción en sí misma, por lo tanto, la fatiga en este caso es un efecto que se pretende evitar. Se recurre a él por los frutos que genera, ya que el resultado servirá de medio satisfaciente.

He ahí pues que el individuo ante la acomodación subjetiva de sus requerimientos, renuncia al ocio para buscarse los medios con los cuales aminorar sus insatisfacciones o mejorar su nivel de satisfacción. En una economía autista el individuo trabaja para recolectar su alimento, o buscar agua, posteriormente a fuerza de buscar productividad, recurre a capitalizar su fatiga, renunciando a una porción de su consumo presente, para fabricarse una herramienta y poder aumentar su productividad. En una economía de intercambio, recurrirá al intercambio para aumentar su satisfacción, dada la división del trabajo y sus beneficios.

En una sociedad desarrollada, bajo el signo de la división del trabajo y la especialización, la humana necesidad continúa motivando la acción. El emprendedor buscando satisfacer sus necesidades hace uso de su creatividad, solvencia, crédito y coraje para producir bienes y servicios que servirán de medios satisfacientes para el consumidor. El consumidor es todo ser humano, que para satisfacer sus necesidades debe consumir los servicios otorgados por los bienes producidos. Accede a ellos ya sea con la aplicación directa de su trabajo a la naturaleza o recurriendo a ofrecer su labor en el mercado, renunciando así al ocio a cambio de fatiga y una remuneración subjetivamente superior a la des-utilidad de la fatiga, que le permitirá acceder a los bienes satisfacientes.

Dentro siempre de los rigurosos límites señalados por la naturaleza, dice Mises, el individuo puede cultivar sus habilidades especializándose en determinados trabajos. Los gastos que tal especialización exige deben ser absorbidos por el interesado, padres, tutores o encargados, esta especialización le permitirá adquirir destrezas o conocimientos con los cuales mejorar o lograr desempeñar específicas tareas. Tal instrucción o aprendizaje especializa al sujeto; restringiendo el campo de sus posibles actividades, el actor incrementa su habilidad para practicar predeterminadas obras profundizando el proceso de la división del trabajo. Las molestias y la fatiga, el desgaste psicológico o emocional, la des-utilidad del esfuerzo exigido por la consecución de tales habilidades, los gastos dinerarios en la educación y formación, todo ello se soporta confiando en que el potencial incremento de los ingresos futuros compensará ampliamente esos mencionados inconvenientes, dicho de otro modo, conscientes de la ignorancia del desenlace futuro de la vida misma, toda acción es una especulación, por tanto, tales costos constituyen típica inversión (2).

Ludwig Von Mises

Nadie se somete al trabajo extroversivo por la alegría que genere la tarea, sino por las satisfacciones mediatas que genera (2). El trabajador al ser hombre libre es dueño de sí mismo en la medida en que su humana condición lo permite y, por lo tanto, de su limitada capacidad productiva, decide renunciar a su descanso para ofrecer su labor en el mercado. El precio de su labor, así como el de cualquier bien o servicio en un mercado, dependerá tanto de la cantidad de trabajadores que ofrecen un trabajo similar, como de la cantidad de empleadores que demandan cierta cantidad de trabajo similar. El trabajador que pretenda mejorar el precio de su labor, debe comprender que se somete a las leyes de la utilidad marginal, así pues, en el mercado, se enfrenta a la competencia de otros trabajadores. En ese contexto, lo que tiene a su alcance es mejorar la calidad del producto ofrecido, es decir, debe buscar desmarcarse de los demás competidores, ofreciendo un servicio de mayor calidad, que puede ser por el tipo de trabajo, por la estética del resultado, la especialización o por la eficiencia.

“El poseedor de la fuerza de trabajo y el poseedor del dinero se enfrentan en el mercado y contratan de igual a igual como poseedores de mercancías, sin más distinción ni diferencia que la de que uno es comprador y el otro vendedor: ambos son, por tanto, personas jurídicamente iguales. Para que esta relación se mantenga a lo largo del tiempo es, pues, necesario que el dueño de la fuerza de trabajo sólo la venda por cierto tiempo, pues si la vende en bloque y para siempre, lo que hace es venderse a sí mismo, convertirse de libre en esclavo, de poseedor de una mercancía en mercancía. Es necesario que el dueño de la fuerza de trabajo, considerado como persona, se comporte constantemente respecto a su fuerza de trabajo como respecto a algo que le pertenece y que es, por tanto, su mercancía, y el único camino para conseguirlo es que sólo la ponga a disposición del comprador y sólo la ceda a éste para su consumo pasajeramente, por un determinado tiempo, sin renunciar, por tanto, a su propiedad, aunque ceda a otro su disfrute” (3).

Karl Marx

En la cita anterior pueden observar la forma que Marx encara una relación de mercado, lo trata como si fuera un “enfrentamiento”. Marx consideraba que el trabajo asalariado, presupone una situación de dependencia y subordinación del trabajador al patrón, que el trabajo es externo al trabajador, no pertenece a su ser, en su trabajo el trabajador se niega a sí mismo, no se siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla una libre energía física y espiritual, su trabajo entonces no es voluntario sino forzado (4).

Pero todo trabajo genera fatiga laboral, y no existe alegría que pueda mitigarla. Sin embargo, la alegría del trabajo se presenta en el resultado de la labor. Ya sea no dependiendo de la caridad de nadie, viendo crecer a sus hijos sanos, gracias a que logra satisfacer sus necesidades con el fruto de su trabajo, o viendo que muchos admiran el edificio construido, o la propia contemplación del resultado del trabajo, o el orgullo de la posición que ocupa en la sociedad o su autorrealización, etc. Esta alegría laboral puede extinguirse debido a las circunstancias que rodean al individuo, como también puede ser aumentada deliberadamente. En esto se especializan los verdaderos líderes, que se encargan de motivar al trabajador. Los empresarios al inicio de la revolución industrial olvidaron las grandes lecciones de los líderes militares, conocedores del alma humana, que lograban insuflar alegría en sus comandados y así lograr grandes triunfos, y dejaron abiertas las puertas al paso de la dialéctica colectivista que, con su discurso de odio, fue desprestigiando la actitud mental del trabajador, transformando la alegría laboral en fastidio y asco.

“El trabajador a quien se ha logrado convencer de que labora, no porque él subjetivamente valora en más la retribución convenida que el placer del ocio, habiéndole sido por el contrario impuesto coactivamente el trabajo al amparo de injusta organización social, no puede menos de odiar su tarea. Ofuscado por esa propaganda socialista olvida que la incomodidad del trabajo constituye inexorable realidad, la cual ni medidas ni ordenaciones sociales de ningún género pueden suprimir” (2).

A medida que más trabaje un hombre, menos tiempo de ocio goza, por lo tanto, el hombre deberá comparar los beneficios que el fruto de su trabajo otorgaría con la des-utilidad del recorte al ocio (5). Es decir, solo trabajará cuando considere que la satisfacción que le proporciona su trabajo sea superior a la insatisfacción de la fatiga inherente al trabajo y la renuncia a la satisfacción del ocio, sea en el ámbito que sea.

Murray Rothbard

El trabajo no es solo una acción de aquellos individuos que buscan empleos en fábricas, campos de cultivo o tiendas, también lo es de todos aquellos que aplican su labor a buscar mejorar sus condiciones de vida, ergo, satisfacer sus necesidades, éstos pueden ser artistas, médicos, artesanos, comerciantes, especuladores, empresarios, etc., todo aquel que cumple una función dentro del contexto de la división del trabajo en un sistema de intercambios voluntarios. Son éstos los que generan riqueza real, es decir bienes y servicios que son valorados por otros individuos y cuyo valor se transfiere de individuo a individuo a cada transacción realizada, es decir, adquieren valor de mercado.

Es importante recalcar un rasgo sicológico importante que se suscita al abordar las relaciones laborales, entre individuos que se consideran según la general apreciación como exitosos y fracasados, el cual es la envidia. Muchas veces, por los motivos de seguridad antes mencionado, el individuo engendra en su ser sentimientos de envidia que mayormente se da por sentimientos de inferioridad, sensaciones de precariedad narcisista y pulsaciones agresivas en la infancia (6).

“Es algo intrínseco a la misma naturaleza humana el no sentirnos satisfechos cuando vemos que otros viven mejor que nosotros” (7)

Hartley Withers

Por tanto, la envidia genera sensaciones de injusticia ante las condiciones en las que nos encontramos en algún punto de nuestras vidas, y esas sensaciones no nos permiten apreciar correctamente la relación causal de las cosas, y en lugar de volvernos más competitivos, muchos buscamos recurrir a medios ajenos a los económicos para acceder a niveles de consumo similares a nuestro sujeto de comparación social. Más adelante abordaremos más sobre el asunto cuando toquemos el tema del orden social.

Venimos al mundo de manera fortuita y en la fortuna yacen las condiciones en las que desarrollamos nuestras aptitudes y actitudes, dado el medio en el que crecemos, así, todos somos diferentes, venimos con talentos, pasiones, virtudes, bellezas distintas, es decir, atributos diferentes que nos permitirán acceder a oportunidades diferentes y por medio de la acción hacernos camino para tratar de mejorar nuestros nivel de bienestar. Y es en el mercado donde se rompe el sistema de castas que otrora cristalizaba el orden jerárquico de la sociedad, pues en el libre mercado (es decir, sin intervenciones políticas), aquellos que mejor satisfagan a los consumidores mediante bienes y servicios de calidad y mejores precios son los que irán mejorando sus condiciones de vida. El orden jerárquico político no corresponde al mercado, pues pertenecer a ese orden no depende de la satisfacción del consumidor.

Si volvemos a rememorar el dilema selectivo, consideremos tener que elegir algunas profesiones como: dentistas, consultores, masajistas, agricultores, profesores, estas labores, no pueden ser escaladas, es decir, existe una limitación en el número de pacientes, alumnos o clientes que puedes satisfacer en un periodo de tiempo. Es decir, tu presencia es necesaria para el servicio que provees, si abres un restaurante también deberás esperar ansiosamente que se llene el local (a menos que sea una franquicia). En estas profesiones, no importa cuánto sea la paga, tu ingreso como dice Nassim Taleb, está sujeto a la gravedad. Tus ganancias dependen en tu esfuerzo continuo más que en tus decisiones. Son trabajos previsibles, dependerán de tu disciplina y sacrificio la otra opción es la del riesgo y la suerte, lo altamente improbable (8). Cada uno de nosotros decidirá cómo aplicar su trabajo con el objeto de satisfacer nuestras necesidades, para ello contamos tanto con el conocimiento de nuestra capacidad, la conciencia de nuestras limitaciones, nuestra capacidad de negociación y la información que recibimos por medio de los precios del mercado.

Nassim Taleb

La economía es una herramienta para aquel que es consciente de sus atributos y limitaciones y pretende hacerse camino a pesar de las dificultades a las que se enfrenta, dentro del marco donde imperan los medios económicos de satisfacción de necesidades, es decir, la producción y el intercambio voluntario.

Por Econ. Victor Ocampos

Bibliografía

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1. Maslow AH. A Theory of Human Motivation. Psychological Review. 1943;(50).
2. Mises LV. La Acción Humana. Tratado de Economía. Undécima ed. Editorial U, editor. Madrid: Unión Editorial; 2011.
3. Marx K. El Capital Londres: Archivo Digital de Fidel Ernesto Vazquez; 1867.
4. Bermudo JM. Del Agora al Mercado S.L. B, editor. Madrid: Bonalletra Alcompas S.L.; 2015.
5. Rothbard M. Man, Economy and State, with Power and Market Rothbard M, editor. Aurburn: Ludwig Von Mises Institute; 2009.
6. Paniagua C. Psicología de la Envidia. Revista de Humanidades Médicas. 2002; 1(1).
7. Withers H. Poverty and Waste. Segunda ed. Murray J, editor. Londres: Eider Smith; 1914.
8. Taleb NN. El Cisne Negro Scolá F, editor. Madrid: Ediciones Paidos Ibérica S.A.; 2007.

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[1]                    Autopoyesis es un neologismo que designa la cualidad de un sistema capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo. Fue propuesto por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela en 1973 para definir la química de auto-mantenimiento de las células vivas

[2]                    Ludwig Von Mises se refiere a trabajo introversivo aquel trabajo que por sí mismo genera satisfacción al actor, por lo tanto, debe considerarse mero consumo, y se refiere a trabajo extroversivo al trabajo que no gratifica por sí mismo, sino por los frutos que éste genera con el intercambio.

Víctor Ocampos

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