Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – La valoración subjetiva, o, sobre gustos hay algo escrito

Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – La valoración subjetiva, o, sobre gustos hay algo escrito

La valoración subjetiva o “Sobre gustos hay algo escrito”

La acción es necesariamente elección y por lo tanto renunciamiento, toda elección conduce a renunciar a lo demás, y esa elección se realiza mediante un proceso de valoración tanto de medios como de fines.

El concepto de valor es estudiado desde tiempos remotos. El profesor Cachanoski nos indica que ya el propio Aristóteles había abordado el tema considerando que los intercambios para que sean justos, debía haber igualdad entre lo que se entrega y lo que se recibe, por tanto, algunos atribuyen a él el primer análisis de la valoración objetiva (26).

San Agustín consideraba que cada cosa recibe un valor diferente proporcionado a su uso.

Y la Escuela de Salamanca sostenía que el precio de la cosa ha de ser buscado en la común estimación de los hombres. (26)

San Agustín. Fuente Imagen: De The Bettmann Archive, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=263787

Posteriormente, dando secuencia al estudio del valor, en 1776 Adam Smith observa que los bienes pueden tener dos tipos de valor, el valor de uso o el valor de cambio, en su famosa paradoja del valor, expuesta en la comparación del oro y el agua (27), el primero con poco valor de uso, pero gran valor de cambio y el segundo con enorme valor de uso, pero casi nulo valor de cambio. Este enfoque objetivo del valor según muchos analistas generó un estancamiento en el desarrollo de las ciencias económicas, e inclusive, al pretender aplicar el concepto de valor trabajo, para atribuir una valoración monetaria a un bien, se dio lugar al desarrollo de la plusvalía y todo el trabajo de Karl Marx y, por ende, el sustento teórico de la causa marxista.

Adam Smith. Fuente Imagen:
https://www.bbc.co.uk/programmes/w3csvsfb

David Ricardo consideraba que existía un precio de mercado y un precio natural (Teoría objetiva del valor), así al hablar del factor trabajo, consideraba que el precio natural del trabajo, era aquel que le permitiría al trabajador mantener su nivel de subsistencia. Esto se ve muy claro en la siguiente cita:

David Ricardo. Fuente Imagen: De Thomas Phillips. Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19049310

“Si la cantidad de trabajo invertida en los bienes regula su valor de cambio, cualquier incremento en la cantidad de trabajo debe aumentar el valor de aquella mercancía sobre la que se ha aplicado, así como toda disminución debe reducirlo”. (26)

Esta visión de lo que es el valor de los bienes y su precio, continúa la misma línea de razonamiento y llega a su apogeo con John Stuart Mill, quien expone de manera clara y ordenada el pensamiento clásico al respecto y afirma:

“la demanda y la oferta rigen el valor de todas las cosas cuya cantidad no puede aumentarse indefinidamente: sólo que, aun para ellas, cuando son producto de la actividad humana, existe un valor mínimo fijado por el costo de producción”. (26)

En Karl Marx se percibe como en los economistas clásicos, quienes influyeron bastante en su trabajo, algún vestigio de valor subjetivo poco desarrollado, veamos:

La utilidad de un objeto lo convierte en valor de uso. Pero esta utilidad de los objetos no flota en el aire. Es algo que está condicionado por las cualidades materiales de la mercancía y que no puede existir sin ella. Lo que constituye un valor de uso o un bien es, por tanto, la materialidad de la mercancía misma, el hierro, el trigo, el diamante, etcétera. y este carácter de la mercancía no depende de que la apropiación de sus cualidades útiles cueste al hombre mucho o poco trabajo […]. En el tipo de sociedad que nos proponemos estudiar, los valores de uso son, además, el soporte material del valor de cambio. (28)

Karl Marx. Fuente Imagen: De John Jabez Edwin Mayall – Instituto Internacional de Historia Social, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=591288

Sin embargo, cae en el mismo razonamiento circular de los clásicos

“Tomemos ahora dos mercancías, por ejemplo, trigo y hierro. Cualquiera que sea la proporción en que se cambien, cabrá siempre representada por una igualdad en que una determinada cantidad de trigo equivalga a una cantidad cualquiera de hierro, v. gr.: 1 quarter de trigo = x quintales de hierro. ¿Qué nos dice esta igualdad? que, en los dos objetos distintos, o sea, en 1 quarter de trigo y en x quintales de hierro, se contiene un algo en común de magnitud igual. Ambas cosas son, por tanto, iguales a una tercera, que no es de suyo ni la una ni la otra”. (28)

Y añade:

“Ahora bien, si prescindimos del valor de uso de las mercancías, éstas sólo conservan una cualidad: la de ser productos del trabajo”.

“Por tanto, un valor de uso, un bien, sólo encierra un valor por ser encarnación o materialización del trabajo humano abstracto. ¿Cómo se mide la magnitud de este valor? Por la cantidad de «sustancia creadora de valor», es decir, de trabajo, que encierra. Y, a su vez, la cantidad de trabajo que encierra se mide por el tiempo de su duración, y el tiempo de trabajo tiene, finalmente, su unidad de medida en las distintas fracciones de tiempo: horas, días, etcétera”. (28)

2000 años de estudios sobre el valor, fueron según Ludwig Von Mises, un despilfarro, pues la cuestión del valor fue recién resuelta con el advenimiento de los economistas de la posteriormente llamada Escuela Marginalista de la Economía. Tanto el inglés William Stanley Jevons y el Francosuizo León Walras, desarrollaron la teoría de la utilidad marginal decreciente, base del razonamiento de la Teoría Subjetiva del Valor, pero dándole un enfoque matemático, en cambio, fue el abogado austriaco Carl Menger, considerado como el fundador de la Escuela Austriaca de Economía, quien presenta al mundo de manera sistematizada el concepto del valor subjetivo, como vemos a continuación:

Carl Menger. Fuente Imagen: https://en.wikipedia.org/wiki/Carl_Menger

Hay quienes atribuyen esta igualdad a las cantidades de trabajo empleadas en la obtención de dichos bienes, otros a los costes de producción — que se suponen iguales—. Se discute incluso, en esta perspectiva, si se entregan unos bienes por otros porque son equivalentes o si los bienes son equivalentes porque se entregan unos por otros, cuando la verdad es que esta supuesta igualdad del valor de dos cantidades de bienes (entendida en un sentido objetivo) no existe en parte alguna. (23)

Y continúa diciendo:

Si los bienes intercambiados han pasado a ser equivalentes, en el sentido objetivo de la palabra, a través de la mencionada operación de intercambio, o lo eran ya incluso antes de la operación, no se ve por qué ambos negociadores no habrían de estar dispuestos a deshacer inmediatamente el cambio. Pero la experiencia nos enseña que, en este caso, de ordinario, ninguno de los dos daría su asentimiento a tal arreglo. (23)

“Así pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia. Y así, es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto”. (23)

El valor económico mismo tiene existencia ontológicamente subjetiva, ya que su propia existencia depende de la estima que el sujeto asigna a algo, así también, epistémicamente el valor económico depende del conocimiento del sujeto, pues este conocimiento es el que ubica los bienes económicos como potenciales medios satisfacientes en su escala individual de valores y cada individuo posee escalas de valores distintas de acuerdo a sus fines.

Los bienes y servicios solo son valorados por su uso, y cuando hablamos de economía, hablamos de recursos escasos que pueden tener usos alternativos, es decir, podemos usarlos como medios directos de satisfacción, ya sea para consumo final, o puede ser como materia prima para producir uno u otro bien, o también puede ser usado para intercambiar.

Por tanto, la teoría subjetiva del valor arroja por tierra la idea de que los objetos tienen valor en sí mismos. Considera que es el hombre quien estima los objetos, y por consiguiente les otorga valor, de acuerdo a sus necesidades y la cantidad que disponga de esos medios.

Los economistas institucionalistas consideran que los recursos o bienes “no son”, “sino se hacen” (They are not, the become).

Detalle del Palacio Belvedere. Viena. Austria. Fuente Imagen:
https://newmillenniumwealth.com/what-is-austrian-economics/#prettyPhoto/0/

Murray Rothbard explica:

“Los actores humanos valoran los medios estrictamente de acuerdo con su valoración de los fines que ellos creen esos medios pueden servirles a alcanzar. Obviamente, los bienes de consumo son clasificados en valor, de acuerdo con los fines que los hombres esperan tales bienes satisfarán”.

Y concluye:

“La fuente original de valor es el ordenamiento por rango de los fines que hacen los actores humanos, quienes luego imputan valor a los bienes de consumo y así sucesivamente a los bienes de producción de diferente orden, de acuerdo con su capacidad esperada de contribuir a satisfacer los fines” (17).

Así, cuando un individuo considera que un bien o servicio, tiene las cualidades necesarias para mejorar su nivel de satisfacción, ese bien o servicio adquiere valor, pues el individuo la estimará como bien satisfaciente. A partir de ese momento entra en juego la disponibilidad de ese bien o servicio, pues si la cantidad disponible es grande, se estimará mayormente las unidades más cercanas al consumo inmediato, disminuyendo la estima para aquellas unidades marginales. Aquí nos debemos sumergir en el concepto de Utilidad Marginal que desarrollaremos en otro apartado.

Para no extendernos demasiado sobre el asunto, lo arriba expuesto implica que un individuo aprecia un bien porque lo considera capaz de elevar su nivel de satisfacción y por la limitación en la cantidad de que disponga. El agua es un bien que permite satisfacer al individuo, si este individuo vive en un oasis en el medio del desierto y el manantial de donde extrae el agua, provee suficiente agua como para satisfacerlo diariamente a él, y a muchos más, ese bien, no importará en mucha valoración y es capaz hasta de derrochar cantidades ingentes de agua, pues la cantidad de la que dispone es grande, en cambio, si por algún motivo el manantial empieza a secarse, he de que el individuo empezará a racionar su uso, pues el valor que adquiere el bien empieza a elevarse, tanto por su utilidad como por su escasez (23).

En el idioma inglés es interesante la diferente significación de “wants” y necessity (needs), pues la acción humana procura alcanzar aquello que el individuo se propone, aun siendo quizá considerada por otras como innecesarias. Friedrich Von Wieser explica que es la satisfacción de nuestros requerimientos (wants) lo que en primera instancia realmente nos importa, la satisfacción es aquello que realmente deseamos y es merecedor de deseo: y como no deseamos el bien propiamente sino la satisfacción que nos proporciona, solamente los valoramos por esta satisfacción, entonces el valor de los bienes deriva del valor de nuestros requerimientos (wants) particulares. (29)

Entonces, en el mercado, ¿qué es lo que determina el valor de los bienes?

¿Sus costos? No, alguien puede incurrir en altísimos costos pero si los consumidores no demandan el bien o servicio en cuestión, quiere decir que no ha logrado la estima de los individuos, por lo que el precio es 0. ¿El trabajo? Lo mismo, si no hay demanda, puede haber mucho trabajo, pero, no define la estima que los individuos puedan dar al bien. ¿La estética? lamentablemente una entrada a una disputa de lucha libre puede ser más cara que un CD de música de Mozart. ¿Y la técnica? Tampoco, un libro altamente técnico es menos valorado que un libro de autoayuda.

Valorar algo en el mercado es optar entre una cosa y otra, y ese acto de elegir es una acción individual, pues son las personas las que eligen. A eso llamamos valor subjetivo en el mercado. Claro que podemos estar en desacuerdo con esas valoraciones; podemos decir que las personas “deberían” elegir más ciertas cosas y no otras, pero ello no explica el valor de los bienes en el mercado. El valor en el mercado tiene que ver con lo que las personas subjetivamente eligen para comprar y vender, La utilidad marginal es la construcción que subyace en la valoración del individuo.

La teoría subjetiva del valor, sirve de sustento para el desarrollo de una teoría de la formación de los precios, una vez que comprendamos tanto el costo de oportunidad y la utilidad marginal decreciente que veremos a continuación.

Es esta apreciación subjetiva de los bienes lo que permite el intercambio voluntario mutuamente beneficioso, ya que tanto el que entrega un bien, como el que la adquiere están recibiendo un beneficio, caso contrario, no se efectuaría el intercambio.

Bibliografía

x

1. Cachanosky JC. Historia de las Teorias del Valor y del Precio ESEADE , editor. Buenos Aires: ESEADE; 1994.
2. Smith A. La Riqueza de las Naciones Braun CR, editor. Edimburgo: Titivillus; 1776.
3. Marx K. El Capital Londres: Archivo Digital de Fidel Ernesto Vazquez; 1867.
4. Menger C. Principios de Esconomía Política. 1983rd ed. Villanueva M, editor. Viena: Unión Editorial (Madrid); 1871.
5. Rothbard M. Man, Economy and State, with Power and Market Rothbard M, editor. Aurburn: Ludwig Von Mises Institute; 2009.
6. Wieser Fv. Natural Value Smart W, editor. Glasgow; 1893.

x

Víctor Ocampos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *