El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre el orden social – Paraguay

El orden social en el Paraguay

Desde la revuelta de los comuneros allá por 1714, el peso político se hizo sentir en la colonia española con sede en Asunción. La propia independencia de los estados sudamericanos es un proceso de independencia fiscal, es decir, en lugar de enviar las recaudaciones fiscales a España, pasan a ser administradas tales recaudaciones a nivel local. Tras su independencia el Paraguay, fue administrado con mano dura por el Dr. Francia, cuyo mandato fue extenso y cimentó el uso de la fuerza bruta por parte del Estado para hacer cumplir sus objetivos, sean o no loables. Como dice Trotsky:

“En un país donde el único patrono es el Estado, la oposición significa la muerte por consunción lenta. El viejo principio “el que no trabaje no comerá” ha sido reemplazado por uno nuevo; “el que no obedezca no comerá”” (Hayek F. , Camino de servidumbre, 2017).

Friedrich Hayek

No estoy haciendo juicio de valor sobre la necesidad o inevitabilidad de tal patrón político en aquella época. Tras la muerte del supremo dictador asume Carlos Antonio López quien trata de modernizar el país, pero siempre desde una posición de planificación centralizada y muchísima limitación en cuanto a libertades individuales, la guerra grande se precipita tras su muerte y recordemos que la guerra es el unificador social, es el principal alimento de ese ente abstracto denominado Estado, no es coincidencia que las “políticas” gubernamentales hasta hoy día tengan nombres tales como “guerra contra la pobreza”, “guerra contra el narcotráfico y el lavado de dinero”, “guerra contra la corrupción”, etc. Una vez concluida la guerra grande en 1870 hemos tenido más de 50 presidentes, con duración variada de mandato, solo 9 tuvieron mandato estable, hemos cambiado varias veces nuestra constitución nacional, que supone reglas definitivas para el funcionamiento de una sociedad, en casi todos estos años, la política se ha manifestado en su más cruda versión, el uso de la fuerza o la violencia (Centurión, 2004). Cada grupo de poder ha impuesto siempre su voluntad haciendo uso de su monopolio de violencia, pasando encima de la propia legislación, al punto en que en este país y en muchos de Sudamérica los origines del derecho solo se encuentran en la figura abstracta del Estado. Autocracia y autoritarismo es la constante en el orden vía taxis hegemónico de Paraguay y posiblemente Sudamérica. 

Según Gary Becker:

“Desde principios de siglo, la legislación de los países occidentales se ha expandido rápidamente para revertir el breve dominio del laissez faire durante el siglo XIX. El Estado ya no sólo protege contra las violaciones de personas y bienes por homicidio, violación o robo, sino que también restringe la «discriminación» contra ciertas minorías, acuerdos de negocios en colusión, cruce imprudente de calles, viajes, materiales utilizados en la construcción y miles de otras actividades. Las actividades restringidas no sólo son numerosas, sino que también se extienden ampliamente, afectando a personas en actividades muy diferentes y de diversos orígenes sociales, niveles de educación, edades, razas, etc.” (Gary Becker, 1974).

Gary Becker

Para Becker eso es una “novedad”, pues recién a partir de la segunda década del siglo XX se vuelve a imponer la planificación centralizada en los países donde el laissez faire permitió cierta profundización de la división del trabajo en los años previos. Pero en países sudamericanos, la planificación centralizada era la constante salvo algunos casos particulares.

Douglas North, analiza la evolución histórica de las instituciones de américa latina, comparando las instituciones anglo sajonas e hispanas, las hispanas venden la idea de una constitución como la solución para los problemas del país, pero éstas no están basadas en tradiciones o costumbres, es una imposición legal, es un maquillaje para aparentar y acceder a la acreditación de los demás países del concierto de naciones. Sin embargo el sistema legal e institucional anglo sajón está basado en el tradicional respeto por la propiedad privada y el libre comercio. North considera que los países que logran el marco institucional en el que se desenvuelva una economía de mercado, permiten la profundización de la división del trabajo, que logran mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, como lo resalta permanentemente el doctor Victor Pavón sobre el deterioro institucional de nuestro país y sus consecuencias analizando el enfoque institucional (Pavón, 2017).

Victor Pavón

El país siempre fue administrado como una gran estancia, una vez concluida la guerra de 1864 a 1870, los distintos individuos organizados que ostentaron el poder político en nuestro país, pasaron de revolución en revolución, sangrientos enfrentamientos y golpes de estado que nunca pudieron sentar las bases para el desarrollo de un mercado. Ante esta incerteza absoluta, muy pocos pudieron siquiera pensar en acumular capital, pues corría el riesgo de ser despojado de sus bienes al siguiente cambio de mando. En un trabajo realizado por la CADEP del 2011, se puede observar el historial económico nacional y como prácticamente todo el periodo anterior a la caída de la dictadura del Gral. Stroessner, el país ha sido manejado como una granja, donde poco importaba que se generara riqueza en la sociedad por medio de la producción y el intercambio, pues las bases del poder político se sustentó siempre no con impuestos, sino con arrendamiento o venta de tierras fiscales, ingresos aduaneros, la construcción de Itaipú, y ayuda internacional (Arce, y otros, 2011). En todo ese periodo la población ha sido mantenida como funcionarios o dependientes directos del aparato estatal o si no eran directamente contratados por el Estado, debían jurar lealtad al partido y con eso acceder a algún cargo en alguna empresa privada que estaba de alguna manera enchufada en la red de suministros y logística del Estado. Esto ha impedido que la población desarrolle un carácter competitivo para el ámbito del mercado, formándose así una tendencia generalizada a recurrir a los medios políticos para obtener algún tipo de beneficios o satisfacción. Dicho de otro modo, cómo la clase política nacional siempre ha podido contar con fuentes extra tributarias, nunca ha tenido la menor necesidad de generar un marco institucional para el desarrollo de los mercados o de la libre iniciativa individual de los habitantes del país, solo han logrado ascender a las encumbradas posiciones políticas y a partir de allí “mantener” el funcionamiento prima facie de un estado, sostenido como hemos visto, con “enfermedades holandesas”[1], primero tierras fiscales, luego ayuda internacional y finalmente las binacionales. La figura del emprendedor es casi nula debido a que ha sido absorbido por el ecosistema político, pues si un emprendedor se va enriqueciendo en el mercado empieza a ser observado como un potencial competidor político y se lo debe callar o transformarlo en aliado, sin contar que gran parte de los empresarios del país se formaron sin la necesidad de acumular capital, simplemente accedieron al capital estatal (rentista) para luego emprender, generalmente bajo protección del mismo estado, y la población en general espera la venida gloriosa de algún “tendotá”[2] que guíe sus actividades o que conceda algunas gotas del chorro del que gozan los que logran acceder a los ingresos estatales.

En nuestro país desde sus orígenes se ha considerado digno de aplauso que el ente planificador central otorgue seguridad a sus mandados, tal seguridad según Hayek es siempre a costas de la libertad. La seguridad se refiere a que el Estado debe garantizar salud, educación, empleo, justicia, etc. Lo cual, ha conducido al deliberado menosprecio de todas las actividades que envuelven riesgo económico y el oprobio moral arrojado sobre las ganancias que hacen atractivo el riesgo (Hayek F. , Camino de servidumbre, 2017). Con eso nuestros jóvenes, como individuos que buscan su propio beneficio prefieren una posición asalariada segura en un puesto público que arriesgarse a emprender y encarar la incerteza del mercado y su implacable veredicto dictado por los consumidores. Los jóvenes de nuestro país crecen en un ambiente en el que aquellos que se involucran en el ámbito del orden vía taxis son los que mejoran sus condiciones de vida y por lo tanto son dignos de imitar, se menosprecia la actividad empresarial y más aún se lo califica de deshonroso el éxito empresarial. Los valores de nuestra sociedad nunca han sido alterados para que sean pro-mercado, siempre han sido enfocados al campo político con lo cual los individuos motivados por su búsqueda de beneficios particulares en lugar de buscar la satisfacción del consumidor con lo cual aquel obtiene su beneficio, se dedica a buscar su satisfacción por medios políticos, es decir, basados en la fuerza o violencia o más bien recurriendo proselitismo o militancia mediante, a aquellos que poseen tal acceso legal a la fuerza o violencia. Don Mario Centurión es tajante.

 “Armarse o forrarse, se refiere a que el tipo más “pelado” económicamente, solo tiene que dedicarse a la política para dejar de ser “pelado” y convertirse en alguien inmensamente rico” (Centurión, 2004).

Se prefiere hacer carrera política que intercambiar bienes y servicios dentro del ámbito del mercado, es decir, atendiendo las necesidades de los consumidores y la despiadada competencia con otros individuos que buscan también su propio beneficio, mucho más cuando el mercado está en constante asedio por parte de la legislación.

A la política se recurre por medios directos o indirectos, directos, buscando acceso a algún cargo público en la estructura burocrática del estado, o buscando puestos políticos como concejalía, asesoría, intendencia, gobernaciones, congreso, presidente, ministerios, entes estatales o binacionales, etc. Y por medios indirectos, recurriendo a la representación de los políticos, así, un productor de tomates al ver que el mercado suministra tomates más baratos que él, recurrirá a formar gremios de productores de tomates y buscarán el acceso al favor de un político quien promoverá legislación para proteger a sus representados, no importando las consecuencias que ello implique para los consumidores, así el taxista busca legislación para generar barreras de entradas para potenciales competidores, cualquier chipería que vea una nueva chipería proveyendo al mercado, buscará maneras “legales” de impedir el funcionamiento de la nueva chipería, empresas que logren ser pioneros en el suministro de algún producto buscarán protección estatal para impedir competidores, y este comportamiento no se da solo en el ámbito “empresarial”, se da también a nivel individual. Cualquiera que lea los diarios o que converse con la gente percibirá la permanente necesidad de nuestra gente de exigir legislación, la tiranía de los imbéciles diría Carlos Prallong, como: regular el mercado de medicina privada, regular a los estudiantes brasileños que ingresan al país, pedir al intendente que permita asfaltar una calle, o que me habilite a construir un edificio, aunque esto implique otorgarle al político un piso del edificio. Toda la actividad comercial, o de producción e intercambios en nuestro país está sometida al poder político, ya sea para protegerse de competidores o para consolidarse como monopolios legales.

El mercado es el intercambio voluntario entre individuos y éste se ve permanentemente intervenido y obstruido por el poder político, lo que limita la división del trabajo, la especialización y la eficiencia, que a la postre se traduce en producción de riqueza real. Por lo tanto a medida que veamos al mercado siendo sometido por el poder político, ya sea directamente por el poder estatal o indirectamente mediante medidas de fuerza de colectividades e individuos que buscan proteger por la fuerza sus propios intereses, estaremos siempre limitando la división del trabajo y condenando a nuestros países (Paraguay y similares) a depender exclusivamente del poder político, con todos el infortunio que ello significa, con el discurse que sea o siendo de la orientación política que sea.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Arce, L., Birch, M., Krauer, J. C., Ovando, F., Richards, D., Setrini, G., y otros. (2011). Estado y economía en Paraguay: 1870-2010. (D. Borda, Ed.) Asunción: CADEP.

Centurión, M. R. (2004). El debido proceso y desarrollo: Por qué es pobre el Paraguay? (V. Sánchez, Ed.) Asunción: Servilibro.

Gary Becker, W. L. (1974). Crimen y castigo: un enfoque económico. NBER.

Hayek, F. (2017). Camino de servidumbre. Madrid: Alianza Editorial.

Pavón, V. (2017). Recuperado el 24 de Febrero de 2019, de https://www.elcato.org: https://www.elcato.org/deterioro-institucional-una-mirada-desde-el-pensamiento-de-douglass-north


[1] En economía, se conoce como síndrome holandés, también conocido como mal holandés o enfermedad holandesa, a los efectos perniciosos provocados por un aumento significativo en los ingresos en divisas de un país. Por ejemplo, si país que descubre petróleo tendrá un aumento repentino en las exportaciones de crudo, lo cual elevará sus ingresos gracias a las mayores entradas de divisas. Si estas se destinan en su totalidad a la importación, no habrá efecto directo alguno en la masa monetaria del país ni en la demanda de bienes nacionales

[2] Tendotá sería en traducción directa, Presidente. Pero en el guaraní tiene una connotación de líder o jefe que está a la cabeza de una organización.

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