El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre intervención – Ejemplos de monopolios

“Utilidad pública” Monopolios naturales.

Los monopolios naturales, según el planteamiento matemático se da en economías de escala en las que los costos marginales son siempre inferiores a los costos medios, lo cual le permite al monopolista obtener beneficios extraordinarios al limitar su producción a la cantidad indicada por el cruce de las curvas de coste marginal e ingreso marginal.

Explicado brevemente, se dice que emerge un monopolio natural cuando la tecnología de producción, por ejemplo, costos fijos elevados, provoca que los costos totales en el largo plazo declinen al aumentar la producción. En tales industrias, dice tal teoría, un solo productor eventualmente será capaz de producir a un costo más bajo que cualquier otro par de productores, por lo tanto, creándose un monopolio “natural”. El resultado, serán precios más altos si más de un productor sirve a ese mercado, ya que los costos fijos en los que deberán incurrir los nuevos competidores son demasiado elevados. Además, una competencia podría causar inconvenientes al consumidor debido a la infraestructura redundante que pueda realizarse, como autopistas, doble cañería para el suministro de agua, doble tendido eléctrico, etc.

Pero antes, es preciso comprender al mercado como un sistema de intercambios voluntarios de innumerables individuos que forman un proceso dinámico de competencia y rivalidad, tanto entre productores como consumidores, y ese proceso, por tanto, ocurre en un contexto inter-temporal, así, siempre existirá un monopolista en el suministro de algún bien, durante algún lapso temporal, es más, la propia función empresarial que existe mediante los constantes desequilibrios del mercado, se basa en descubrir posibilidades de beneficios, es decir crea, información nueva. Por tanto, el primero en detectar tal información se erige como monopolista al ser coyunturalmente el único en proveer el servicio o los bienes para la satisfacción de la necesidad detectada. Las ganancias que obtiene el monopolista, atrae a más competidores que suministrarán al mercado con bienes similares. Las permanentes fuerzas en competencia e inclusive competencia potencial, hace imposible a un monopolio natural en un libre mercado puro (Dilorenzo, 1996).

Thomas Dilorenzo

La producción a escala es lo que permite reducir costos de producción, por lo que se logra suministrar masivamente a precios accesibles a los consumidores. El mercado es un proceso económico permanente. El mundo necesita abundancia de bienes y los demanda baratos, para ello, es necesario recurrir al empleo de capital a escala. La concentración de capital no excluye a pequeños capitalistas fuera del mercado, sino que los integra en un sistema de producción más complejo. Si un mercado competitivo deja de serlo, se debe analizar cuál fue el motivo. Si la presencia de un solo proveedor es resultado de ofrecer precios más bajos a los consumidores, pues no puede ser asumido que la competición ha sido desbaratada, pues el mercado es un proceso permanente. Históricamente todas las compañías que suministraban bienes de utilidad pública, como suministro de energía eléctrica, servicios de telefonía, TV cables, suministro de gas, etc. Fueron en el libre mercado competitivas y solo se formaron monopolios puros bajo la bendición estatal. Según el estudio de George T. Brown,     “The Gas Light Company of Baltimore”, un estudio sobre el monopolio natural, cuenta que la compañía se dedicaba al suministro de iluminación de la ciudad por medio de ductos de gas, y debía luchar permanentemente con nuevos competidores que ofrecían el servicio a precios menores, hasta que entonces cambia el foco de su competencia, en lugar de tratar de mejorar las condiciones del suministro a los consumidores, direcciona sus esfuerzos al lobby, buscando así protección política, quienes empiezan a producir legislación que impide el ingreso de nuevos competidores al mercado. Y empiezan a emitir concesiones de explotación por 25 años. Lo interesante de esta historia, es que aún con la protección legal, la erección de barreras de entradas no impidió el advenimiento de las lámparas eléctricas de Thomas Edison, quien desplazó a la Baltimore del mercado.

El problema de la duplicación excesiva como dice Harold Demsetz

“El problema de la duplicación excesiva de sistema de distribución es atribuible a la falla de las comunidades de ponerle un precio apropiado al uso de estos recursos escasos. Es derecho de utilizar vías de propiedad pública es el derecho de usar un recurso escaso. La ausencia de un precio para el uso de estos recursos, un precio lo suficientemente alto para reflejar los costos de oportunidad de alternativas como un tráfico ininterrumpido y vistas no obstruidas, llevará a su sobreutilización. La asignación de un precio apropiado para el uso de estos recursos reduciría el grado de duplicación a niveles óptimos” (Demsetz, 1973).

Harold Demsetz

En efecto los monopolios naturales son más bien fallos del Estado, por el problema de la imposibilidad del cálculo económico, pues los gobiernos no tienen como fijar precios a sus recursos escasos, ya que al ser propiedad pública el suelo debajo del cual son tendidas las cañerías de agua, o de gas, etc., no se pueden formar precios de mercado.

Que la competencia de libre Mercado fue el origen del monopolio de la telefonía en el inicio del siglo XX es una de las mayores mentiras ya contadas en la profesión de economía, dice Dilorenzo. El libre mercado no falla, es el Estado el que falla al no permitir la libre competencia pues confecciona un entramado esquema para beneficiar a alguna compañía a expensas de los consumidores y potenciales competidores.

“…es ampliamente creído que “el interés público” sería mejor promovido por medio de concesiones de privilegio especial a personas privadas y corporaciones, en muchas industrias. Esto incluye patentes, subsidios, tarifas, concesiones de tierra para ferrocarriles, franquicias monopolísticas de utilidad pública, etc. El resultado final fue monopolio, explotación y corrupción política (Dilorenzo, 1996).

Por tanto, el temor al monopolio natural generó un problema aún mayor, el del monopolio otorgado por medios políticos, no aquel obtenido mediante el suministro de servicios a precios competitivos que permitieron a una sola empresa mantenerse cómo monopolista, temporariamente dentro del dinámico proceso del libre mercado.

En lo que se refiere a “utilidad pública”, Grey registró que entre 1907 y 1938 que la política de monopolios creados y protegidos por el estado pasó a establecerse firmemente sobre una significativa porción de la economía y pasó a ser un ícono de la moderna regulación de utilidad pública, desde entonces, el estatus de “utilidad pública” pasó a ser el puerto seguro de todos los aspirantes a monopolistas a quienes les resultaba muy difícil, muy costoso o muy precario asegurar y mantener su negocio solo por medio de la acción privada” (Dilorenzo, 1996).

Trabas y concesiones de exclusividad

Como ya he mencionado antes en el apartado sobre monopolios naturales, para todos los bienes o servicios de utilidad pública, desde el advenimiento del “cientifismo”, han sido asumidos por el Estado la responsabilidad del suministro. Donde existe Estado, toda la propiedad es colectivizada bajo un ente y los consumidores pasan a ser beneficiarios de las concesiones que otorguen los gobernantes. Por tanto, todos los servicios que deben someterse a los dictámenes de un ente político, pasa a operar ya en los medios políticos.

La competencia ya no se da en el servir mejor al consumidor, sino en obtener licencias de explotación. Tal explotación queda limitada a lo que dispongan los planificadores sociales o el político encargado, restringiendo de ese modo la oferta de los bienes y servicios. Por ejemplo, las telecomunicaciones en Paraguay, dependen completamente de las entidades públicas encargadas de la reglamentación e inclusive del suministro del servicio. Tanto de CONATEL como COPACO dependen internet, y a partir de ellos es distribuido por las empresas privadas, que deben competir por la limitada oferta que hacen los entes públicos.

Eso se traduce en elevados costos de internet, y servicio lento. Por lo tanto, atraso y subdesarrollo. Las posibilidades de negocios y de mayor productividad con la agilidad de la información se ven truncadas. Las vías alternativas que el mercado encuentra son buscar conectarse con proveedores de países vecinos.

La propiedad de la tierra se limita a la superficie y unos pocos metros por debajo como por encima de la superficie, cualquier usufructo tanto en profundidad como en altura debe contar con autorizaciones del Estado, de ese modo, si es detectado la existencia de minerales, ya sean hierro, oro, plata, bronce, petróleo, uranio, titanio, etc., son de propiedad Estatal. Su explotación queda exclusivamente a criterio del Estado, y éste tiene el poder de otorgar concesiones o derechos de explotación a quienes considere merecedor. El proceso de obtención de tales concesiones o derechos se basa en la capacidad de lobby ya antes mencionado.

Siguiendo la secuencia del planteamiento anterior, el transporte urbano colectivo de pasajeros en casi todas las ciudades de Paraguay también es una actividad restringida. El transporte colectivo, es denominado transporte público, porque es una atribución auto-asignada del Estado que recurre a la subcontratación de empresas privadas para la provisión del servicio. Es decir, solo el Estado puede proveer el servicio, las empresas privadas solo podrán hacer si obtienen la autorización correspondiente de aquel.

Este procedimiento se basa en que agentes gubernamentales son los que se encargan de fijar las rutas o itinerarios, las tarifas, tipo de vehículos y otros tipos de regulaciones que servirán de barrera de entrada para potenciales competidores. Además, estos agentes gubernamentales son los encargados de emitir concesiones o la exclusividad de itinerarios, por medio de negociaciones, es decir, nuevamente los empresarios privados deben asumir postura de lobistas para poder obtener las concesiones. El problema se distribuye a toda la población cuando el Estado decide subsidiar el servicio. Allí se consuma definitivamente la relación parasitaria, ya que las empresas ya no dependen del buen servicio que suministren sino de los subsidios que reciben del Estado.

El transporte público de libre competencia supone que cada individuo puede proveer el servicio ya sea en su propio auto, camioneta, furgoneta u ómnibus, formándose así un mercado competitivo donde se beneficia al individuo, sin embargo, el problema persiste ya que la plataforma sobre la cual se opera el servicio es sobre espacio público, debiendo así el emprendedor adquirir espacios para sus paradas de donde recolectaría a sus pasajeros. La desregulación del transporte puede conducir a la formación de un servicio de transporte mejorado, donde el foco sea en la congregación de pasajeros, que puede ocurrir por medio de sistemas pre-pagos en horarios picos y servicios abiertos en horarios de menor flujo. La regulación y el monopolio de las concesiones es lo que dificulta el desarrollo de otras opciones.

Además del transporte colectivo, ocurre fenómeno similar con el servicio de taxis, quienes ocupan espacios públicos para sus paradas previo pago de un canon a las municipalidades. El servicio también está altamente regulado y depende de autorizaciones municipales para su funcionamiento. Es decir, es un servicio subcontratado por el estamento gubernamental a cargo. Estas regulaciones también visan en teoría proteger al consumidor, sin embargo, funcionan como barreras de entrada para otros servicios más eficientes y baratos. Ocurre lo mismo con los “transportes alternativos”, que hacen “paso”[1], o transporte universitario. Los transportistas unidos en asociaciones imponen un pago por el “derecho” de proveer el servicio, además de sus propias reglamentaciones internas.

Lo interesante entre los que asumen la función de proveedores de servicios de transporte es que todos ellos tratan de blindarse contra la competencia por medio de asociaciones o uniones, sindicalizándose para presionar al organismo gubernamental para imponer mayores barreras de entrada a posibles competidores, como aumento de reglamentaciones, altos costos para las autorizaciones, etc. Con lo que a la postre el consumidor es quien recibe la carga del mal servicio y del precio. Todos estos procedimientos simplemente se alejan del concepto de libre mercado, pues se imponen restricciones a la libre competencia y la búsqueda de mayor eficiencia. Como en todo, el mercado encuentra su propio camino, las avenidas de las ciudades se van colmando de cada vez mayor cantidad de vehículos, motocicletas y bicicletas, con sus respectivas cargas de polución y accidentes.

En todos los casos similares a los mencionados para la “opinión pública” la culpa recae en el mercado o en los empresarios. Sin embargo, ninguno de estos monopolios puede permanecer activo sin una legislación que lo proteja y lo mantenga como tal, y en algunos casos ni siquiera podrían formarse sin la venia correspondiente del Estado.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Demsetz, H. (Febrero de 1973). Industry Structure, Market Rivalry, and Public Policy. The Journal of Law and Economics, 16(1).

Dilorenzo, T. (1996). The myth of natural monopoly. The review of austrian economics, 9(2).


[1] Paso: servicio proveído por el “pasero”, que se refiere al transporte de compradores y mercaderías a través del paso fronterizo entre países.

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