Milagros de la medicina: El extraño caso de Phineas Gage

Milagros de la medicina: El extraño caso de Phineas Gage
Retrato de Phineas Gage (1823–1860), en la que se muestra sosteniendo la barra de hierro que lesionó su cráneo.

Año 1848. Como todos los días, Phineas Gage acudía a la construcción del ferrocarril “Rutland & Burlington Railroad” en Velmont, Estados Unidos, lugar en donde se desempeñaba como constructor. Ese día debía volar unas rocas con explosivos para permitir el paso de las vías del tren.

Primero cavó un agujero estrecho con una barra de hierro para luego rellenarlo con pólvora, detonadores y arena. Segundos después de culminar el procedimiento, la carga explotó de improviso y lanzó contra su cara una barra de hierro de un metro de longitud, que penetró a través de la zona frontal de su cerebro, salió por la parte superior del cráneo y acabó a más de veinte metros de distancia.

Como era de esperarse, atónitos, sus compañeros rápidamente fueron a auxiliarlo. Por la violencia del impacto y observar el resto del cerebro de Cage esparcidos por el suelo, varios de sus compañeros pensaron que el joven de 25 años no sobreviviría al accidente. Sin embargo, el milagro ocurrió: seguía vivo.

Increíblemente, minutos después del accidente, Gage recuperó la consciencia. Subió a un caballo y fue montando hasta la ciudad para ser revisado por un médico. Cuando llegó al dispensario le dijo al doctor: “Doctor, creo que voy a darle bastante que hacer”.

John Martyn Harlow fue el doctor que atendió a Phineas Gage. El galeno realizo un informe respecto a su caso en el cual se puede leer lo siguiente:

“Se afeitó el cuero cabelludo, se retiró un coágulo con tres pequeñas piezas triangulares del hueso frontal, y en la búsqueda para determinar si había cuerpos extraños en el cerebro, pasé el dedo índice de la mano derecha por toda la extensión de la abertura, en la dirección de la herida en la mejilla, que recibió el dedo índice izquierdo de la misma manera, apenas se sentía la introducción del dedo en el cerebro. Aparte de las piezas triangulares ya mencionadas como eliminadas, había otras dos piezas separadas del hueso frontal, la anterior de dos y media por dos pulgadas, y la posterior de una y media por dos pulgadas, dejando el diámetro antero-posterior de la abertura en el cráneo completamente tres pulgadas y media”. Más adelante nos relata que: “a las 7 de la mañana, el día 14, ha dormido un poco durante la noche; parece estar dolorido; habla con dificultad; presenta tumefacción de la cara considerable y creciente. Reconoce a su madre y tío. Sangrado en la boca continúa. Pregunta quién es el capataz en su pozo. No ha vomitado desde la medianoche. Al día siguiente, el día 15, la hemorragia cesó por completo. Durmió bien la mitad de la noche y pudo ver objetos indistintamente con el ojo izquierdo”.

Unas semanas después el paciente tuvo una acumulación en el lóbulo frontal. La dificultad le causó mucha fiebre, no obstante se recuperó al poco tiempo. Como consecuencias físicas, sufrió la pérdida de su ojo izquierdo y una parte de sus lóbulos frontales había desaparecido. A pesar de eso, pudo recobrar la mayoría de sus habilidades mentales y fue declarado íntegramente recuperado en 1849.

Pasó el tiempo. Físicamente, Cage estaba recuperado. Sin embargo sus compañeros de trabajo manifestaron que el joven tuvo un cambio drástico en su personalidad, ya que antes del accidente era un capataz alegre y servicial, y luego, se volvió abusivo, hostil y egoísta.

Las mujeres sabían que debían alejarse de él. El doctor John Harlow, el médico que lo atendió, observó que Gage era «Caprichoso y vacilante. Hace muchos planes de proyectos futuros, pero tan pronto los elabora como los abandona a su vez por otros que parecen más factibles. Posee la capacidad intelectual y el comportamiento de un niño, pero con las pasiones animales de un “hombre fuerte” El doctor Harlow señaló que había sufrido un «cambio radical» y que sus compañeros afirmaban que «ese ya no era Gage».

Al respecto, en su informe médico, Harlow escribió lo siguiente:

“Sus contratistas, que lo consideraron el capataz más eficiente y capaz en su trabajo antes de su lesión, consideraron el cambio en su mente tan marcado que no podían darle su puesto de nuevo. El equilibrio o balance general, por así decirlo, entre sus facultades intelectuales y las propensiones animales, parece haber sido destruido. Es irregular, irreverente, complaciéndose a veces con la más grosera blasfemia (que antes no era su costumbre), manifestando poca deferencia por sus semejantes, impaciente de contención o consejo cuando entra en conflicto con sus deseos, a veces pertinazmente obstinado, pero caprichoso y vacilante, diseñando muchos planes de operación futura, que tan pronto como estén abandonados, a su vez se vuelven más factibles. Un niño en su capacidad y manifestaciones intelectuales, tiene las pasiones animales de un hombre fuerte. Antes de su lesión, aunque no estaba entrenado en las escuelas, poseía una mente bien equilibrada, y era considerado por aquellos que lo conocían como un hombre de negocios astuto e inteligente, muy enérgico y persistente en la ejecución de todos sus planes de operación. En este sentido, su mente cambió radicalmente, tan decididamente que sus amigos y conocidos dijeron que «ya no era Gage”.

Tras la muerte de Gage en 1860, el doctor conservó tanto su cráneo como la barra que había penetrado en él. Más adelante, minuciosos escáneres de rayos X del cráneo han confirmado que la barra de hierro provocó importantes daños en la zona del cerebro conocida como «lóbulo frontal», tanto en el hemisferio izquierdo como en el derecho.

Este accidente no solo cambió la vida de Phineas Gage, sino que también marcó un hito en la ciencia. Hasta ese entonces, el pensamiento dominante consideraba que el cerebro y el alma eran dos entidades separadas, lo que en la filosofía se denomina «dualismo».

Sin embargo, estaba claro que los daños en el lóbulo frontal del cerebro habían provocado cambios abruptos en la personalidad de Gage, lo cual, a su vez, dio pie a un cambio de paradigma en el pensamiento científico:

La posibilidad de establecer vínculos entre zonas específicas del cerebro y determinados comportamientos.

Referencias
– Kaku, Michio. «El futuro de nuestra mente». Nueva York: Doubleday, 2014. Impreso.
– Valencia, Andrés. «Orificios en el cerebro: el curioso caso de Phineas Gage». «Psicomemorias». 17/09/2018. Web. https://www.psicomemorias.com/orificios-en-el-cerebro-el-c…/

Imagen fuente: 

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Phineas_Gage_GageMillerPhoto2010-02-17_Unretouched_Color_Cropped.jpg 

Héctor Giménez

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