El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

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Revisar la Independencia del Paraguay

Todo el mundo habla del 14 (y 15) de Mayo como la fecha de Independencia del Paraguay. Se impuso esa versión a través de los años, quizás por falta de estudio profundo sobre el tema, quizás porque era lo más fácil. Pero lo más probable es que haya sido una convención historiográfica de la posguerra de la Triple Alianza (1864-1870).

Sin embargo, el rol de los historiadores no es el de ser meros repetidores de versos y versiones sino el de llevar a cabo constantes revisiones, correcciones y si es necesario, modificaciones contra todo aquello que se haya construido sin cimientos sólidos.

Hay que revisar la Independencia. Aquí señalaremos algunos eventos importantes para el debate sin poner en duda el gran patriotismo de aquellos hombres que hicieron de la Patria su ideal y su máximo anhelo.

1- VIVA LA PEPA.

Napoleón I se hallaba en la cúspide de su poder político y militar en 1807. Mantenía una relación áspera pero de firme hegemonía sobre el Imperio Español, que a la sazón se hallaba debilitada, partidizada, con graves grietas y fracciones causadas por 100 años de desgobierno de la Dinastía Borbón, los «impostados», los «afrancesados» de toda la vida y que en ese momento no dejaban de presentarse querellas entre Rey contra Príncipe Heredero. El reinado de Carlos IV se hallaba profundamente golpeado por las crisis, por las interminables guerras contra Gran Bretaña (aunque tenía en la Francia Napoleónica a un aliado circunstancial) y por el surgimiento de facciones liberales que pedían más y más reformas (como si las introducidas por los Borbones no hubieran sido suficientes… Es que con los liberales y la izquierda nunca es suficiente).

No faltaban facciones que pedían la abdicación de Carlos IV (hasta hubo una conspiración en su contra, el llamado «Proceso del Escorial») y el ascenso al trono de su hijo, al que llamaban «el deseado», Fernando VII. Este había mostrado muchas simpatías hacia las reformas liberales y progresistas, se hizo amigo de sectores de izquierda y veía con buenos ojos muchos de los postulados de la Revolución Francesa. No sabía que, con todo ese «buenísmo bienpensante», estaba cavando la propia tumba de la Monarquía Española…

Abusando de los acuerdos que Francia tenía con España para el «bloqueo continental» contra Gran Bretaña, Napoleón I inicia la ocupación de la Península Ibérica el 18 de Octubre de 1807. Aunque al inicio muchos sectores liberales aplaudieron la medida, pronto cambiarían de opinión y se opondrían a la ocupación: ¡no se podía ser «liberal» y enemigo de Inglaterra al mismo tiempo! ¡Iba en contra de toda consigna y seña, de todo rito antiguo y aceptado del siglo XVIII!

El plan del Gran Corso, sin embargo, se malograría. No esperó que Juan IV de Portugal huiría tan rápidamente hasta sus dominios americanos, ni que la Flota Británica actuaría con tanta decisión para preservar sus cabezas de puente en tierras lusitanas, ni que el pueblo español, el simple y llano pueblo español, se la pusiera tan difícil. De hecho, el «invencible» Napoleón encontraría en España su primera y más dura derrota (junto a lo ocurrido en Rusia) en toda su rutilante carrera.

Pero la cosa no fue tan sencilla para los patriotas españoles, aunque no vamos a entrar a detallar la larga y sangrienta campaña napoleónica en la Península Ibérica. Simplemente señalaremos ciertos aspectos de vital importancia para la Independencia del Paraguay (y el resto de América Hispana) en orden cronológico:

1- Lo ya dicho: Napoleón ocupó España el 18 de Octubre de 1807.

2- Las «Abdicaciones de Bayona»: en los meses de marzo y abril de 1808 se oyeron en toda España los rumores de que el Rey Carlos IV y su heredero el Príncipe Fernando VII estaban negociando secretamente con Napoleón la cesión de sus derechos dinásticos (y quizás bajo extorsión militar entre otros dimediretes y tejemanejes). Los Borbones Postizos en España, una vez más, estaban dispuestos a doblar la rodilla ante los franceses. Los rumores se hicieron cruda realidad el día 30 de Abril, cuando Napoleón se reunió con la Familia Real Española y se confirmaron todas las sospechas. La voz se corrió como reguero de pólvora: ¡Napoleón sería Rey de España! El 1 de Mayo se iniciaron las abdicaciones que concluyeron el día 7. ¡Carlos IV y Fernando VII de España (con toda la familia real, excepto los menores de edad) entregaron la Monarquía Católica de España, la más antigua y legendaria de Europa, a la Dinastía Bonaparte! Poco después, Napoleón pasaría su «Reino de España» a su hermano menor, quien se convertiría en José I Bonaparte, Rey de España. ¡Ah, la tragedia!

«El 3 de Mayo en Madrid», famosa obra de Francisco de Goya representando los fusilamientos ejecutados por los franceses de la «Grande Armée» contra los patriotas españoles. Acababa de iniciarse la «Guerra de Independencia Española» (1808-1814). [Wikimedia Commons].

3- El «Levantamiento del 2 de Mayo» e inicio de la Guerra de Independencia de España. Sí, amigos. España tuvo su propia «Guerra de Independencia» y fue antes de la nuestra (o más correctamente, podríamos decir, también fue la nuestra hasta que nos separamos de ella). Los patriotas españoles se levantaron contra el dominio francés mientras Fernando VII, quien debía ser «Rey de España» (pero abdicó junto a su padre en Bayona) era enviado prisionero al Castillo de Valencay, en Francia. Mientras los patriotas españoles, unidos a los ingleses y portugueses, empezaban a infligir las primeras graves derrotas a Napoleón (liderados por «el Empecinado» Gral. Juan de Martín Díez), el 27 de Mayo de 1808 se creó la «Junta Suprema de España y las Indias» (que congregaba a todas las Juntas del Reino) y luego tomaría el nombre de «Consejo de Regencia de España y las Indias», con sede en Cádiz. A pesar de que Fernando VII había abdicado (y recién regresaría al trono español el 4 de Mayo de 1814), el «Consejo de Regencia» pretendía actuar en su nombre pero se dio el tupé de crear la Constitución Española del 19 de Marzo de 1812 (en el día de San José, Padre Adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo y por lo que fue bautizada «La Pepa»). Era una Constitución liberal en la que la antigua monarquía española, de facto, quedaba extinta. Nacía una nueva «monarquía constitucional» al estilo británico, aunque el Rey de España seguía siendo considerado el monarca, por la Gracia de Dios y de la Constitución. Sin embargo, el cambio más tremendo era que en «La Pepa» se afirmaba que la soberanía residía en la nación española, no en el Monarca. Se afirmaba la separación de poderes y otras lindas frasecitas modernas, liberales…

Esta era la situación del Reino de España cuando estallaron las insurrecciones de Independencia en América… Un verdadero desmadre, una zarzuela tragicómica… Era, en verdad, un «viva la pepa».

2- TEMPESTAD EN EL RÍO DE LA PLATA.

Mientras todo esto ocurría, los criollos del Virreinato de las Provincias del Río de la Plata expulsaban a los invasores ingleses (1806-1807). Pero las noticias del monumental desastre que se vivía en la Península eran totalmente desalentadoras.

Los porteños, siempre alineados a los intereses liberales y filo-británicos, tenían inoculado el germen de la revolución. Habían hecho renunciar al Marqués de Sobremonte y otorgado el cargo de Virrey de las Provincias al ex-gobernador de las Misiones Guaraníes, Don Santiago de Liniers, héroe de la Defensa y Reconquista contra los Británicos.

Uno pensaría que esto obedecía a un profundo sentido de lealtad y patriotismo hispano. Después de todo, el Virrey Liniers había adoptado el título honorífico de «Conde de Buenos Aires» por premio que le otorgaron los monarcas españoles antes de su cobarde abdicación ante Napoleón. Pero en realidad, a los porteños no les interesaba ya seguir obedeciendo a la Corona Española. Desde Europa llegaban noticias de la calamitosa situación en la Península Ibérica. Rey Padre y Rey Hijo habían entregado la soberanía a Napoleón y su hermano Pepe Botella. Se había establecido un Consejo de Regencia (sin autoridad alguna, pues Fernando VII el «Rey Felón» los había desautorizado varias veces, diciendo que los españoles debían su obediencia total a la Dinastía Bonaparte) que pretendía gobernar en nombre de Sus Majestades Católicas en España y las Indias… Desde luego, este «cuento chino» nadie lo compraba… ¡Quién había otorgado ese poder, esa potestad, al Consejo de Cádiz!

José I Bonaparte, Rey de España (1808-1813). Considerado usurpador, la propaganda anti-bonapartista lo apodó «Pepe Botella», a pesar de que accedió al poder por las pusilánimes «Abdicaciones de Bayona» de Carlos IV y Fernando VII de Borbón. Por curiosa coincidencia, la Constitución Española de 1812 promulgada en Cádiz un 19 de Marzo fue también apodada «La Pepa». Un verdadero desmadre que sólo puede describirse como: ¡Viva la Pepa! [Pinterest].

En Mayo de 1810, finalmente, los porteños decidieron actuar. Gritando «Cabildo Abierto» y «Ni el Viejo, ni el Nuevo Monarca», conformaron una Junta de Gobierno que desconoció la autoridad del Consejo de Regencia y de José Bonaparte.

Se hablaba de «Independencia» y aunque al principio se decían leales al Rey Fernando VII, pronto abandonaron esos discursos. El Virrey Liniers empezó a recibir cuestionamientos (sin fundamento alguno) por su condición de nacido en Francia y por supuestas intenciones de plegarse a Napoleón Bonaparte. El Gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, era el principal líder de estos embustes y en 1809 existieron levantamientos en contra de la autoridad virreinal que fueron fácilmente aplastados por el «Vencedor de los Ingleses». Sin embargo, en una maniobra inexplicable por parte del Consejo de Regencia de Cádiz (que volvemos a repetir, no tenía autoridad reconocida alguna a su favor pues Fernando VII había abdicado y jamás les otorgó potestades oficiales), se resolvió la destitución del Virrey Liniers y la designación de Baltasar Hidalgo de los Cisneros.

Así, con todas las de la ley, podemos afirmar que el último Virrey Legítimo de las Provincias del Río de la Plata fue removido del cargo. Desde luego, en Buenos Aires nadie aceptó la designación de Cisneros excepto los liberales, que veían en ella la posibilidad de abrir las puertas al comercio británico. De allí que podemos sospechar, no sin razones, que el Consejo de Regencia en Cádiz es cómplice directo del estallido que habría de ocurrir y que quizás, la «mano invisible» de Gran Bretaña estaba metida hasta el tuétano.

Francisco Javier de Elío reconoció la autoridad de la Junta de Cádiz y aceptó la designación del Virrey Cisneros. Pero el Conde de Liniers, reconociendo fácilmente que todo esto olía a pescado podrido, consideró correctamente que se estaba iniciando una revolución a gran escala en el Río de la Plata. Siguiendo el antiguo plan español, se retiró hasta Córdoba para crear un Ejército Reaccionario y se puso en comunicación con sus principales aliados, entre ellos, el Gobernador del Paraguay y las Misiones Guaraníes, Gral. Bernardo de Velasco.

Sin embargo, la mecha ya estaba encendida. El 14 de Mayo de 1810 se inicia la «Revolución» con las noticias llegadas en buques británicos sobre la caída definitiva de España en manos de Napoleón y la supuesta disolución de la Junta de Cádiz (lo que fue falso). El 18 de Mayo el Virrey de la Junta de Cádiz, Cisneros, pretendió calmar los ánimos pero la situación era insostenible. El Jueves 24 de Mayo, bajo el liderazgo de Cornelio de Saavedra, se impuso la idea independentista. Escribe el Gral. Bartolomé Mitre en su faceta de historiador/historieteador:

«El sol se ponía en el horizonte, al mismo tiempo que una compañía de Patricios mandada por don Eustaquio Díaz Vélez anunciaba a son de cajas y voz de pregonero que el Virrey de las Provincias del Río de la Plata había caducado, y que el Cabildo reasumía el mando supremo del Virreinato por la voluntad del pueblo». [Mitre (1960): p. 383, vol. 1].

Verdadera «historieta» por lo demás. Ni Cisneros (nombrado por una «Junta de Regencia» en Sevilla y Cádiz sin potestad alguna), ni los revolucionarios porteños tenían la autoridad para hacer tal cosa. Pero lo importante es señalar que AQUÍ NACE EL MITO DEL 14 – 25 DE MAYO.

Por si nos fuera insuficiente decir esto, señalaremos que el Consejo de Regencia en España desconoció totalmente el acto que estos revolucionarios llevaron a cabo «en nombre de Fernando VII» (la «Máscara de Fernando VII» como se llama en la historiografía kurepí) y nombraron a Francisco Javier de Elío en Montevideo como Virrey Provisorio de las Provincias del Plata en Enero de 1811.

¡De nuevo, un verdadero desmadre! ¡Viva la Pepa!

Por una parte: tenemos al Cabildo de Buenos Aires, que el 25 de Mayo de 1810 se auto-asignó (por el mero hecho de su supuesta capitalidad) el rol de «Suprema Junta Gubernativa del Río de la Plata». Esto, tras haber derrocado al «Virrey de Cádiz» Baltasar Hidalgo de los Cisneros y desconocer al otro «Virrey de Cádiz» Francisco Javier de Elío. Pero todo esto sin tenerse en cuenta que el «Virrey de Cádiz» Cisneros fue quien reemplazó al «Virrey Legítimo de las Provincias del Río de la Plata», Don Santiago de Liniers, quien fue sustituido por la Junta de Sevilla y Cádiz, sin autoridad ni potestad alguna otorgada por el Rey de España para hacer tal cosa.

Entonces, para señalar más ordenadamente:

1- Si la Autoridad proviene del Rey (no tengamos en cuenta para este análisis que Fernando VII abdicó y rehusó dar potestad al Consejo de Regencia de España y las Indias con sedes en Sevilla y luego Cádiz, pidiendo que se coopere en todo con la Dinastía Bonaparte): entonces todos los nombramientos realizados por dicha Junta para el Virreinato de las Provincias del Plata son nulos y de total nulidad (nos referimos a Baltasar Hidalgo de los Cisneros y Francisco Javier de Elío en Montevideo), por lo cual, el único Virrey Legítimo del Río de la Plata era el ex Gobernador de las Misiones Guaraníes, Don Santiago de Liniers, nombrado por la Corona Española antes de que esta fuera usurpada por Napoleón.

2- Si la Autoridad provenía del Consejo de Regencia de España y las Indias , entonces los porteños debían reconocer al Virrey Elío, que se hallaba en Montevideo, designado por dicho Consejo Motivo por el cual, el acto llevado a cabo el 25 de Mayo de 1810 era nulo y de total nulidad, por lo que Buenos Aires debía regresar a la obediencia ante el Virrey que se hallaba en Montevideo.

3- Si la Autoridad provenía de la «voluntad popular» de los representantes de Buenos Aires… Pues «con dos cojones», pero no tenían potestad alguna para imponerla sobre las demás provincias del Virreinato. Al fin y al cabo, estamos hablando de «voluntad popular» y a los liberal-revolucionarios porteños nadie los votó, nadie los eligió, nadie los designó (salvo ellos mismos) como los auto-proclamados líderes de las Provincias del Virreinato.

¿Cuál es la postura del autor de este artículo?

Pues que Santiago de Liniers era el único Virrey Legítimo de las Provincias del Plata; estableció su sede en Córdoba para ejercer la reacción contra la insurrección masónica en Buenos Aires, se disponía a unirse a Bernardo de Velasco y demás realistas para la resistencia… Mientras Fernando VII estuviera vivo, existía la posibilidad de restauración y todo el mundo era lo suficientemente hipócrita en Buenos Aires para afirmar que se actuaba en su nombre… Por ende, el Conde de Liniers era la única autoridad legítima y legal en las Provincias del Plata. Esto, los insurrectos porteños los sabían muy bien… De allí que enviaron a una banda de asesinos (liderados por el Cnel. Domingo French, quien actuó por órdenes de Juan José Castelli, Mariano Moreno y demás «próceres» de la Argentina), lograron apresarlo y lo ejecutaron, junto a sus compañeros, en el «Monte de los Paraguayos» (que la historiografía argentina cambió por «Monte de los Papagayos») el 26 de Agosto de 1810. La excusa (totalmente falsa) fue que Liniers pretendía unirse a Napoleón Bonaparte, pues había nacido en Francia…

Santiago, el Conde de Liniers, último Virrey Legítimo de las Provincias del Río de la Plata, según la apreciación del autor de este artículo. Fue fusilado por los revolucionarios porteños el 26 de Agosto de 1810 en Cabeza de Tigre, Córdoba, antes de que lograra armar un Ejército Reaccionario. [Todo.Argentina.Com].

Con la muerte del Virrey Liniers, toda autoridad legítima del «antiguo régimen» español se extinguía en el Río de la Plata… El «Vencedor de los Ingleses» caía a manos de un revolucionario con apellido «French». ¡Ah, el Destino y sus sangrientas ironías!

A partir de este momento, la Revolución Masónica de Buenos Aires iba a pretender imponer su supremacía sobre el resto de las provincias… ¿Con qué autoridad? ¡La de su puta madre! (Disculpen mi francés).

3- FINALMENTE, NUESTRA INDEPENDENCIA…

Todos estos acontecimientos no eran desconocidos por los aristócratas de Asunción, quienes siempre fueron leales a la Corona Española, que lucharon con y por ella contra los indios del Chaco, contra los Invasores Bandeirantes, contra los mismos Ingleses hacía poco tiempo. Pero poco o nada se podía hacer ante el «fait accompli» de las Abdicaciones de Bayona. Literalmente, en el año 1810 (cuando inician las Independencias en América), no existía una corona legítima en España. Estaba usurpada por Pepe Botella, el hermano de Napoleón Bonaparte.

Esta situación fue ampliamente discutida en el famoso «Congreso del 24 de Julio de 1810» (que debería ser considerado, en honor a la verdad, el momento inicial de la Independencia del Paraguay). Todos los cabildantes, encabezados por el muy respetado Gobernador Don Bernardo de Velasco, resolvieron mantener su lealtad hacia el Rey Fernando VII (a quien consideraban prisionero de Napoleón), pero rechazaron absolutamente reconocer a Buenos Aires superioridad alguna sobre Asunción. Volvemos a preguntar: ¿con qué autoridad pretendían imponerse los revolucionarios porteños? La respuesta, de nuevo, es: ninguna autoridad.

Para tener una idea clara del pensamiento paraguayo durante el «Congreso del 24 de Julio de 1810», debemos leer las declaraciones hechas por el Cabildante Don José Gaspar de Francia, el futuro «Supremo» (aunque no faltan los que afirman que este discurso es apócrifo o ha sido «manoseado»):

«Esta asamblea no perderá su tiempo debatiendo si el cobarde padre o el apocado hijo es el rey de España. Cada uno de ellos ha abdicado dos veces. Los dos han demostrado su débil espíritu y su desleal corazón. Más sea o no sea rey de España uno de ellos, ¿qué nos importa a nosotros? Ninguno de ellos es ya rey del Paraguay. El Paraguay no es patrimonio de España, ni provincia de Buenos Aires. El Paraguay es Independiente y es República. La única cuestión que debe debatirse en esta asamblea y decidirse por mayoría de votos es cómo debemos defender y mantener nuestra independencia contra España, contra Lima, contra Buenos Aires y contra el Brasil; cómo debemos mantener la paz interna; cómo debemos fomentar la pública prosperidad y el bienestar de todos los habitantes del Paraguay». [Vittone (1960), pp. 13-14].

Muchos pretenden interpretar este discurso como «odio a España», pero si tenemos en cuenta todos los acontecimientos que lo rodean, es simplemente una postura de pragmatismo y «realpolitik» por parte del Supremo Francia: en ese momento no había «Corona Española»; los legítimos reyes habían abdicado (y muy cobardemente); José I Bonaparte era el usurpador Rey de España impuesto por su célebre hermano; el Consejo de Regencia actuaba de manera errática, absurda y sin autoridad; los porteños se auto-asignaron el poder y la potestad de imponerse sobre las demás provincias; la amenaza portuguesa siempre estaba presente…

En el Congreso del 24 de Julio, como señalamos, se resolvió desconocer cualquier pretensión de Buenos Aires y se juró lealtad a Fernando VII. Por toda respuesta, los revolucionarios porteños enviaron al Gral. Manuel Belgrano con 2.000 hombres fuertemente armados (aunque si creemos a la historiografía porteñista, a duras penas eran 1.000, poco menos que minusválidos y que nunca dispararon un fusil en sus vidas) para anexar a la Provincia del Paraguay, intento que fue aplastado por el Gral. Bernardo de Velasco y unos 4.000 paraguayos que sólo tenían trabucos viejos y bombardas para combatir (aunque si creemos a la historiografía porteñista, habrían sido 50.000 armados hasta los dientes y que eran la élite del Ejército Colonial español… Bueno, esto último es cierto).

No detallaremos las jornadas de la «Expedición de Belgrano contra Paraguay» (1810-1811). Merece episodios aparte. Sólo diremos que, en contra de los consejos de la oficialidad española, los futuros «próceres» le dejaron volver vivo a Buenos Aires tras su paliza…

De aquí a la noche del 14 de Mayo de 1811 hay un solo salto. Se ha escrito mucho sobre lo ocurrido ese día (que la historiografía paraguayo-mitrista, misteriosamente, lo hizo coincidir con el 14 de Mayo de 1810 en Argentina). Lo cierto y concreto es que, sin derramamientos de sangre, sin efusiones bélicas ni estallidos sociales, se estableció un gobierno provisorio al que hoy se lo llama «Triunvirato». Este Gobierno estaba conformado por tres funcionarios antiguos del Imperio Español: el veterano Gral. Bernardo de Velasco, el Cap. Juan Valeriano Zeballos de la guardia personal del Gobernador y el Dr. José Gaspar de Francia, quien fue Juez de Paz de la Ciudad de Asunción. Velasco siguió siendo Jefe de Gobierno hasta que fue separado del cargo el 16 de Junio de 1811.

Basado en un famoso cuadro de Gullermo Da Ré, el reverso del Billete de Diez Mil Guaraníes presenta como «14 de Mayo de 1811» en Paraguay a una escena que en realidad corresponde al «14 de Mayo de 1810» en Argentina. Chiste gracioso de Juansilvano Godoi, que regaló este cuadro al Gobierno Paraguayo y que a pesar de no ser la «Independencia del Paraguay», sigue siendo presentado como tal en el Palacio de López. [Nódulo.Org].

¡Curiosa forma de empezar nuestra independencia! ¡El Gobernador de Paraguay y las Misiones, Don Bernardo de Velasco, fue nuestro primer Jefe de Gobierno (aunque por poco tiempo)!

Aunque esto podría tener explicaciones más complejas: tal vez los patriotas paraguayos no estaban aún muy convencidos del rumbo que debían tomar ante los acontecimientos en la Península Ibérica y en la misma Buenos Aires. Tal vez no estuvieran bien convencidos de lo que estaban haciendo, quizás mantenían la esperanza de la restauración de Fernando VII en España (al fin y al cabo, en Paraguay se siguió jurando lealtad a la Corona Española mucho después del 14 de Mayo de 1811). Quizás fueran ciertos los rumores de que Don Bernardo de Velasco pretendía convertir a la provincia en un protectorado portugués (aunque no hay documentos que prueben estas afirmaciones). Y por qué no, tal vez el «Triunvirato» de Velasco, Zeballos y Francia pretendía ejercer una resistencia reaccionaria, pretendía aguantar el mayor tiempo posible hasta que se restablezca el antiguo orden en las Provincias del Plata… Pero esas, sin duda, eran vanas esperanzas… Nada podía ser igual después de Napoleón Bonaparte…

Los «porteñistas» Pedro Juan Caballero, Fernando de la Mora, Fulgencio Yegros y demás logran la destitución de Bernardo de Velasco en Junio de 1811, hacen apresar a los «realistas» españoles (aunque luego todos serían liberados) y establecen la llamada «Junta Superior Gubernativa» que además contaría con la participación del R.P. Francisco Xavier de Bogarín y el mismo Dr. José Gaspar de Francia, cuyo rol fue reducido al de mero «vocal». Es esta misma «Junta Superior» la que se comunica con Buenos Aires y anuncia (antes que nadie) la idea de formar una Confederación y enviar a un diputado a los Congresos que los porteños convoquen.

Por aclamación popular, el Dr. Francia fue electo como el susodicho diputado, pero este se negó rotundamente a participar en cualquier charla o asamblea con la «cábala de revolucionarios» de Buenos Aires, abandonando la Junta Gubernativa y diciendo a los «próceres» paraguayos que «hagan lo que quieran» (en España se diría: los mandó a «tomar por culo»). Es importante señalar que el Dr. Francia se opuso a que Bernardo de Velasco fuera derrocado por la Junta Gubernativa…

Los «porteñistas», quizás porque se sentían superados por la situación y por la aclamación popular del Dr. Francia (quien era amado, al igual que Velasco, por todo el pueblo y los soldados rasos) amenazaron con mandarlo a las mazmorras si no aceptaba regresara la Junta Gubernativa y actuar como el diputado electo para los Congresos dirigidos por Buenos Aires. El «Supremo» dijo que volvería, pero con la condición de que él tomaría la decisión de participar o no en dichas charlas. Aceptaron, Francia siguió trabajando en la Junta Gubernativa con gran respeto y favor del pueblo y este decidió no ir a las asambleas de las Provincias del Plata. Es más, logró que nadie fuera…

Finalmente, el 12 de Octubre de 1813, luego de largas deliberaciones con representantes de todo el país, se da nacimiento a la «República del Paraguay», la «primera República del Sur». Don Nicolás de Herrera, el representante porteño que fue enviado a negociar al Paraguay, se encontró con la sorpresa y escribió a los revolucionarios bonaerenses (paréntesis y mayúsculas son míos):

«En mi vida he visto mayor ignorancia ni barbarie… (El Dr Francia), imbuido en las máximas de la República Romana, intenta ridículamente organizar su Gobierno por aquel modelo, me ha dado muchas pruebas de su ignorancia, de su odio a Buenos Aires y de la inconsecuencia de sus principios. Él ha convencido a los paraguayos que su Provincia sola es un IMPERIO SIN IGUAL». [García Mellid (1959), vol. 1 p. 174].

Cabe aclarar que el Dr. Francia no odiaba a los bonaerenses. Sólo despreciaba a la «cábala de revolucionarios» que se apoderó de manera ilegítima de su gobierno. Con esa gentuza, no había posibilidad de unión. Ninguna. Por esa razón, como dijimos, el 12 de Octubre de 1813 se dio nacimiento a la «República del Paraguay». El mismo Dr. Francia junto al Gral. Fulgencio Yegros serían sus presidentes, en calidad de Cónsules.

En efecto, nacía un «Imperio», que heredaría y mantendría las tradiciones de España incluso hasta después de la Guerra de la Triple Alianza… Paraguay era el único heredero legítimo del Imperio Español en el Río de la Plata. El Dr. Francia lo sabía y actuó en consecuencia, evitando todas las tentativas porteñistas, liberal-masónicas. Finalmente, el «Supremo» establecería en el Paraguay un «espléndido aislamiento» (al menos en lo diplomático) en el país y recién durante el Gobierno de Don Carlos Antonio López se haría la proclamación oficial de la Independencia y se obtendrían los acuerdos de reconocimiento diplomático.

Habiendo dicho todo esto, las preguntas que nos hacemos son las siguientes: ¿Por qué seguimos estudiando las Independencias como hechos aislados y no como una cadena de sucesos, de distintas consecuencias para cada país? ¿Por qué no se revisa el rol que cada grupo de «patriotas» cumplió dentro de un contexto histórico más amplio? Es decir, no es lo mismo lo que hicieron los «porteños» en su Independencia que lo que hizo el Dr. Francia al establecer la «República» en 1813. ¿Por qué no se estudia y analiza más detenidamente la situación de la Monarquía Española y el Consejo de Regencia con sus nombramientos espurios y sin autoridad ni potestad? ¿Cuál fue el verdadero rol de Cisneros para el desmembramiento del Imperio Español? ¿Por qué Bernardo de Velasco siguió siendo Gobernador después del 14 de Mayo de 1810? ¿Por qué el Dr. Francia se opuso a su derrocamiento en Junio de 1810 y se resistió a unirse a los Congresos encabezados por Buenos Aires? ¿Por qué festejamos el 14 de Mayo de 1811 como la fecha de nuestra independencia, si evidentemente esto no se condice con los datos históricos ni con los hechos ocurridos? ¿Por qué el 14 de Mayo de 1811 coincide curiosamente con el 14 de Mayo de 1810 en Buenos Aires? Es más, ¿por qué se le da tanta importancia al 14 de Mayo de 1811, que fue una fecha nimia y tras la cual, Bernardo de Velasco seguía siendo Gobernador del Triunvirato? ¿Qué más investigaciones se podrían hacer sobre lo ocurrido el 24 de Julio de 1810, donde empezó la independencia paraguaya del pretendido dominio porteño? ¿Por qué se denomina «próceres» a varios porteñistas?

Por estas y otras tantas preguntas, es justo y necesario hacer una detenida revisión histórica sobre lo que en verdad habrían sido los procesos de Independencia del Paraguay y en todo el Río de la Plata…

4- REFERENCIAS.

Artola Gallego, Miguel (2008): «La Guerra de Independencia: España 1808-1814». Pozuelo de Alarcón, España: Espasa Calpe Editorial.

Cardozo, Efraín (1985): «El Paraguay Independiente». Asunción, Paraguay: Carlos Schauman Editor.

Ezcurra Medrano, Alberto (1941): «La Independencia del Paraguay: Historia de una Desmembración Argentina». Buenos Aires, Argentina: Ediciones Católicas Argentinas.

García Mellid, Atilio (1959): «Proceso a los Falsificadores de la Historia del Paraguay», en dos volúmenes. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Theoria.

Mitre, Bartolomé (1960): «Historia de Belgrano y la Independencia Argentina». Buenos Aires, Argentina: Ediciones Nizza.

Rodríguez Pardo, José Manuel (2011): «La Independencia del Paraguay no fue Proclamada en Mayo de 1811». Asunción, Paraguay: Editorial Servilibro.

Vázquez, José Antonio (1975): «El Dr. Francia Visto y Oído por sus Contemporáneos». Buenos Aires, Argentina: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

Vázquez Rial, Horacio (2012): «Santiago de Liniers». Buenos Aires, Argentina: Editorial Encuentro.

Vittone, Luis (1960): «El Paraguay en la lucha por su independencia«. Asunción, Paraguay: Imprenta Militar, Dirección Publicaciones.

White, Richard Alan (1989): «La Primera Revolución Popular: Paraguay 1810-1840». Asunción, Paraguay: Carlos Schauman Editor.

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