El Parlante

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Pareto, Pigou, los fallos del mercado y los fallos del Estado

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Un mercado por ser interacción humana, no puede ser del todo perfecto, ya que se caracteriza por el principio de no agresión, que se gesta en condiciones marcadas por la escasez, por lo que no se producirán ciertos bienes o servicios que solo podrían producirse y proporcionarse si se permitiera la agresión o producción forzosa, directa o indirecta (Hoppe, Economía y ética de la propiedad privada, 2005).

Hans Hermann Hoppe

Pero el argumento habitual en favor de la intervención estatal es esa imperfección, a lo que denominan los fallos del mercado, todo este constructo se desarrolla dentro del enfoque matemático dado al estudio de la economía, que favorece el estudio de utilidades y preferencias en números cardinales, con lo cual se desarrollaron conceptos tales como curvas de restricción presupuestal, equilibrio del consumidor, curvas de indiferencias, que combinados en una caja de Edgeworth las mencionadas curvas para dos individuos nos proporcionarán las curvas de contrato que se dan en los puntos en que ambos individuos maximizan sus utilidades sin perjudicar al otro. Lo que se considera un óptimo de Pareto.

En el planteamiento matemático, en un plano de coordenadas cartesianas, las curvas de indiferencia representan las distintas combinaciones de dos bienes que otorgan igual nivel de satisfacción a un individuo, las curvas son convexas al origen y cuándo dichas curvas estén más alejadas del origen se considera mayor nivel de satisfacción. La maximización de la satisfacción está limitada por la curva de restricción presupuestal, que muestra las cantidades que se pueden adquirir de dos bienes distintos, su pendiente está determinada por los precios relativos de los bienes. El punto en el que roza tangencialmente la curva de indiferencia a la curva de restricción presupuestal representa la máxima satisfacción posible del individuo. Posteriormente se simplifica el mercado a una situación de intercambio entre dos individuos, para lo cual se construye una caja Edgeworth, que no es otra cosa que dos planos cartesianos colocados en oposición uno con el otro, para poder observar el contraste de las curvas de indiferencia de ambos individuos y así determinar el óptimo de Pareto en el punto en el cual las curvas de indiferencia de ambos individuos se rozan tangencialmente, dando así origen a la curva de contrato, ese punto también se dice que corresponde al punto en el que la relación marginal de sustitución del individuo A es igual a la relación marginal de sustitución del individuo B. Este punto simboliza el equilibrio de un mercado, en el cual ambos individuos han logrado maximizar sus utilidades sin perjudicar al otro.

Vilfredo Pareto
El equilibrio paretiano formando una curva de contrato.

El gran inconveniente de esto es que las curvas de restricción presupuestal no permiten llegar a tal equilibrio, por lo tanto, siempre existirá un desequilibrio en el mercado, pues éste solo tiende hacia el equilibrio, es decir, como el mercado es un proceso inter-temporal, estará permanentemente en falla, que como hemos visto, es lo que permite la función empresarial, la innovación, la división del trabajo y por tanto el desarrollo económico, sin embargo, desde la perspectiva de los teóricos estatistas, el no poder llegar al equilibrio general, o no lograr el óptimo de Pareto, justifica la acción del Estado. Para corregir tales fallas, pues, pasa de lo positivo a lo normativo, dando juicio de valor al considerar el equilibrio como la mejor situación posible, por tanto, “debemos buscar” tal equilibrio. Jeffrey Herbener dice:

“El enfoque de la falla del mercado ha tenido una vida mucho más larga y perniciosa. Toma nota del hecho de que los sistemas de mercado reales nunca alcanzan un equilibrio general perfectamente competitivo; y, por lo tanto, nunca son Pareto Óptimo, y mucho menos en el punto de felicidad de la maximización del bienestar social. Por lo tanto, varios tipos y grados de intervención gubernamental pueden justificarse como movimientos hacia el óptimo de Pareto” (Herbener, 1997).

Jeffrey M. Herbener

Por tanto, el mercado o la interacción permanente entre individuos no permiten llegar al equilibrio general deseado por algunos teóricos por lo que se interviene el mercado, el Estado como monopolista legal de la coacción, interfiere mediante leyes y reglamentaciones el quehacer cotidiano de los individuos. Las justificaciones para tales intervenciones son varias, y los denominados fallos del mercado son: La información incompleta o asimetría de la información; bienes públicos y las externalidades.

La asimetría en la información es lo que los críticos del mercado insisten a menudo en que los sistemas del mercado permiten a los vendedores aprovecharse de los compradores, porque a los que están en el lado de la demanda les falta el conocimiento especializado que poseen los proveedores. Joseph Stiglitz afirma que las economías de mercado sufren de una ineficiencia inherente y una injusticia potencial debido a la existencia de “información asimétrica”. Este planteamiento se basa en el supuesto de equilibrio pretendido por los teóricos del equilibrio, que consideran la “competencia perfecta” como la ideal, cuyo mundo sería un mundo en el que cada agente es insignificante, y todos poseen conocimiento completo al realizar las transacciones. Sin embargo, hemos visto que el mercado es un proceso dinámico de descubrimiento de conocimiento, de necesidades y de oportunidades, información ésta, trasmitida por el mecanismo de los precios. Además, la posibilidad de “injusticia” o de mala fe es castigado por el propio mercado, pues los bienes de búsqueda, es decir aquellos en que con observar el producto a ser adquirido puede percibirse que lo que el vendedor afirma carece de verdad, se lo castiga al no adquirir el bien. Y los bienes de experiencia, aquellos que solo se detecta algún mal funcionamiento con la experiencia, el mercado desarrolló un sistema de garantías, debido a que el mercado es un proceso continuo, al vendedor le interesa la satisfacción del cliente, si pretende mantenerse competitivo. Eso no significa que el mercado no esté habitado por individuos con alta preferencia temporal, que pretende beneficios cortoplacistas, como ya hemos mencionado en apartados anteriores.

En cuanto a las externalidades, nos referimos a ellas cuando en una relación inter-personal además de los dos agentes, terceros son afectados por sus transacciones. Para que el proceso de mercado pueda desarrollarse, necesario es que las acciones se ajusten al derecho, el cual, así como el mercado, se formó por medio de la reiterada interacción humana, es decir, se forma por orden espontáneo. Los derechos de propiedad bien definidos son los que permiten el desarrollo armonioso del libre mercado. Solo una definición clara y una defensa eficaz de la propiedad privada permitirán al individuo gozar los beneficios de sus acciones como también asumir los costes que ellos generen. Pues si los derechos de propiedad no se encuentran bien definidos o no se protegen eficazmente, el mercado produce más de lo que técnicamente debería, pues al no contabilizar los costes debido a la indefinición de propiedad se produce en demasía. Por ejemplo, un matadero provee carne vacuna al mercado, mientras el precio aceptado por los consumidores esté por encima de los costes fijos como las instalaciones y los costes variables como mano de obra y ganado en pie, seguirá produciendo, es decir, hasta que la curva de costo marginal cruce de abajo para arriba a la curva de ingreso marginal. Pero este matadero arroja sus desechos en el arroyo cercano, contaminándolo, es decir, este matadero decide arrojar sus desechos al lecho del arroyo en lugar de hacerse cargo de los desechos, instalando un sistema de tratamiento de desechos y efluentes. Lo que ocurre en este ejemplo es que el matadero está externalizando el coste del tratamiento de efluentes a toda la comunidad, en caso de que no pudiera externalizar esos costes, sus costes marginales aumentarían disminuyendo así su cantidad óptima de producción. Esto es lo que se denomina una externalidad negativa. Está maximizando sus utilidades perjudicando a terceros, es decir, ya no es un óptimo de Pareto. Como vemos, el problema de las externalidades existe debido a una indefinición de la propiedad.

Pero también se pueden generar externalidades positivas, en el que una acción beneficia no solo a los implicados en las transacciones sino también a terceros, quienes gozan de las utilidades sin pagar por ellas. Por lo tanto, ocurre lo contrario, como las personas disfrutan de utilidades sin pagar por ellos, se considera que el mercado está produciendo de menos, pues existen individuos que están dispuestos a pagar más por tales beneficios, es decir la curva de ingreso marginal podría ser más elevada, con lo cual, para alcanzar el óptimo de Pareto se debería producir más. El ejemplo clásico es el de los faroles, y el debate entre Samuelson y Coase (Lindberg, 2009), los faroles instalados en la entrada de los puertos, sirven para guiar a los barcos y evitar colisiones con arrecifes o rocas. Sin embargo, al no poder internalizar todos los beneficios, es decir, excluir a aquellos que se guían por los faros, pero no pagan por ella, se considera que se genera una externalidad positiva. Estas externalidades positivas que genera significan que, si se pudieran internalizar tales beneficios, sería mucho mayor la cantidad de faros, con lo que se llegaría al óptimo de Pareto. Pero como no se logra, pues se instalan menos del óptimo.

Ambos casos son asumidos como fallos del mercado, y, por lo tanto, el Estado debe hacerse cargo. Pigou es el que trata de encontrar una solución al problema, y propone la aplicación de impuestos al que genere externalidades negativas y subsidios al que genere externalidades positivas. Sin embargo, este planteamiento nace por la misma intervención estatal y su incapacidad de definir y proteger la propiedad. La tragedia de los comunes de Garrett Hardin (Hardin, 2017) nos explica que las propiedades comunales, al ser de todos, es de nadie, pues los individuos no tienen los estímulos necesarios para su cuidado, esto se refleja en las calles sucias, o parques llenos de basura, en el asfixiante humo fruto de la piromanía de nuestra gente que limpia su propiedad y externaliza el costo de recolección de basura, al recurrir a incinerar sus desechos, expulsando humo al aire, que es propiedad comunal.

Arthur Pigou

Una definición clara y una defensa contundente de los derechos de propiedad son los que evitarían que se generen los argumentados fallos del mercado. Pero como veremos, las economías dominadas por los entes planificadores, han decidido transformar en bienes públicos todo aquello que consideran superficialmente imposibles de excluir en su uso.  Recurren a la intervención del Estado para corregir los “fallos”, cuando en efecto lo que producen son serios y crónicos fallos del Estado, algunos de ellos veremos en las siguientes entregas.

Por Victor Ocampos

Bibliografia

Hardin, C. S.-G. (2017). Recuperado el 7 de Diciembre de 2018, de https://www.youtube.com/watch?v=7CYuA3sW2KQ&t=148s

Herbener, J. (1997). The Pareto Rule and the Welfare Economics. Review of Austrian Economics, 10(1).

Hoppe, H. H. (2005). Economía y ética de la propiedad privada (Segunda ed.). (J. A. Soler, Ed.) Las Vegas: Miseshispano.

Lindberg, E. (2009). The market and the lighhouse: Public goods in historical perspective. Economic History Society Annual Conference, Warwick University. Warwick.

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