El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de adaptación individual – El conocimiento disperso y la soberanía del consumidor

El conocimiento disperso y la soberanía del individuo consumidor

Desde los orígenes del intercambio el que adquiere un bien debe buscar asegurarse al máximo de obtener el conocimiento de la calidad del bien que adquiere. El “caveat emptor” es una locución latina que indica que el cuidado de la compra tiene el comprador, es decir, el comprador en cada compra asume el riesgo de lo que compra, eso se observa cuando aceptamos pagar cantidades monetarias relativamente pequeñas por productos con logotipos de marcas reconocidas pero que reconocemos que son falsas. Lo mismo que cuando compramos un vehículo alemán reconocido o un vehículo chino de marca desconocida. Es el consumidor el que debe asumir el costo del análisis y comparación, para asegurarse una buena compra, con eso notamos también el surgimiento espontáneo de la marca como señal de calidad para facilitar la identificación de un producto de calidad dentro del mercado. Eso obliga a la clarificación de los contratos. Así, en caso de que no se cumplan los contratos (Cada transacción es un contrato), o se genere un hecho de fraude o engaño, ambas partes pueden recurrir a la justicia o en todo caso, e mediano plazo el propio mercado se encargará de desplazar al taimado. Walton Hamilton escribe

“No fue hasta el siglo diecinueve que los jueces descubrieron que Caveat Emptor agudizaba el ingenio, enseñaba a ser autosuficiente, se convertía a un hombre, en un hombre económico, en comprador, y servía bien a sus dos maestros, los negocios y la justicia” (Hamilton, 1931).

Dentro del contexto económico, la libertad adquiere un significado más pragmático, ya que se refiere a que todo adulto es libre de formar su vida de acuerdo a sus propios planes, y no de acuerdo a los planes de una autoridad planificadora centralizada que impone sus planes por medio de la coacción o coerción a todos los habitantes que se encuentran bajo su dominio. Los planes de los individuos como hemos visto ya antes, se adaptan de acuerdo a los planes individuales de los demás, dadas la necesidad de economizar los recursos que se configuran escasos en la naturaleza.

Los fines que conducen a los individuos a la acción son determinados por la escala de valores de cada individuo, y son ellos los que juzgan los medios, así como sus fines, como satisfacientes, independientes de lo que cualquier autoridad o planificador social considere como “verdaderas” necesidades de la masa ignorante.

Los innumerables planes individuales se ajustan y adaptan de acuerdo a la información disponible respecto a los recursos o medios satisfacientes disponibles y la urgencia de las necesidades de cada individuo. Esta información, dada la cantidad de individuos que conforman una sociedad, se encuentra dispersa en el mercado, en la figura de cada individuo y se genera en cada transacción. Como hemos visto, los precios son el vehículo a través del cual se comunican información específica a cada actor del mercado referente a las disponibilidades de medios y la estima que tienen esos medios por los demás agentes.

En este marco, se desarrolla el libre mercado, en el cuál el único soberano o el responsable de conducir los causes de la economía es el hombre común, quien comprando o absteniéndose de comprar decide en última instancia lo que se debe producir, en qué cantidad y en qué calidad. Por tanto, aquellos que sean capaces de servir directa o indirectamente a las masas, dentro de un sistema de recompensas, que es el mercado, por medio del intercambio y la búsqueda de beneficios, serán los que tendrán mayor éxito, pues logran satisfacer los deseos de los individuos de la mejor y más barata manera posible (Mises L. v., 1956). El individuo asume una posición de “soberanía” al poseer el bien más líquido antes de la transacción, y tal “soberanía” se refiere que son innumerables los vendedores de diversos bienes que aguardan ansiosamente ese bien líquido que posee el comprador.

Adam Smith decía que el consumo es el único fin y propósito de toda la producción y en esa línea William Hutt plantea la idea de la soberanía del consumidor en cuando a que la producción es un medio para alcanzar un fin: la satisfacción de necesidades de los consumidores. Y como existen múltiples necesidades que atender y recursos productivos limitados, existe una escasez natural, que es ‘administrada’ por el mecanismo competitivo del mercado. Así la actividad productiva está subordinada a la disciplina de mercado dictada por la competencia y las preferencias de los consumidores, que son los que en última instancia definen la participación y estructura de la oferta de bienes y servicios, a menos que el mercado esté viciado por mecanismos legales que impidan la competencia y participación en el mercado. A esto los institucionalistas consideran como libertad de proceso, sin embargo consideran que también se debe considerar la libertad en términos de factibilidad del logro de oportunidades (libertad de oportunidad) (Diaz, 2018).

William Hutt

El proceso de toma de decisiones, se efectúa de manera racional, a veces de manera intuitiva y otras por medio de cálculos más complejos, ya que son las formas en que la mente responde ante algún estímulo. El cerebro es para el organismo vivo una unidad cibernética, que controla las funciones del organismo y procesa información por medio de sensores, que serían los sentidos, recibe información, tanto del ambiente externo (los sentidos) y del interior del organismo (propioceptores), una vez que recibe esas informaciones las procesa y en base a ello toma decisiones, además en el cerebro humano existe la conciencia, o la mente, el elemento semántico que otorga a la acción la intencionalidad. Pero, la evolución juega un papel fundamental en el estado en que se encuentran los seres vivos hoy y nuestro organismo no logra acompañar los desafíos del permanente cambio del medio ambiente en que se desarrolla. El propio cerebro mantiene rasgos ancestrales del proceso adaptativo de la evolución a la cuál fue sometida, que es transmitida genéticamente. Por ejemplo, el miedo que provocan las películas de terror, como de vampiros u hombres lobos, son vestigios del temor ancestral a los depredadores, esos vestigios se encuentran por ejemplo en el desarrollo de la cualidad de ser “adorables” en los bebés, pues la madre como agente de selección, en caso de hambre extrema, se pudo ver ante la posibilidad de tener que elegir cuál de sus hijos iba a vivir, entonces por selección natural los bebés fueron desarrollando atributos que le permitieran la supervivencia, en este caso la cualidad de adorables. Del mismo modo según los datos proveídos por Denis T. Avery, existe una relación inversamente proporcional entre la productividad y la cantidad de hijos (Avery, 1995), una respuesta a esto propone la psicología evolutiva, pues para nuestros ancestros los hijos eran factor productivo útil para producir alimentos y dar secuencia a la transmisión genética, a lo que debemos sumar la inexistencia de métodos anticonceptivos eficaces, por tanto las familias tenían muchos hijos, la fecundidad era de suma importancia para la supervivencia tanto de la familia como de las tribus, estos hijos numerosos daban mayor probabilidad de que sobrevivieran algunos, dada la alta tasa de mortalidad en esos tiempos, así como también suponían que los hijos cuidarían de los padres cuando éstos llegaran a la vejez. Es decir, son vestigios de esos impulsos mentales de supervivencia lo que se percibe en muchos individuos, generalmente con menos renta que hoy día continúan manteniendo esas altas tasas de fecundidad. Tasa que va mermando a medida que las comunidades se van enriqueciendo.

Dennis T. Avery

Todo lo mencionado es necesario para aclarar que la toma de decisiones es un proceso delicado, la economía en sí, desde la praxeología solo logra explicar cómo se origina el hecho, desde la determinación de un fin, la observación de los medios disponibles, y la acción. Todo el proceso se ve condicionado por las distintas variables que estamos describiendo en este ensayo, y como vimos muchas tienen apelativo psicológico.

Ante tantos condicionantes, el concepto de soberanía del consumidor pareciera ser algo irreal, fantástico, que solo existe en la mente de los economistas liberales. Es que todos estos condicionantes o factores causales de las decisiones pasan mayormente desapercibidos, la mayor responsabilidad está en los agentes, los individuos actuantes, pero, la mayoría de la gente por heurística asume que los empresarios son los grandes responsables de que todo vaya mal, recordemos que los sesgos cognitivos conducen al individuo a asumir posturas basados en información parcial, por tanto, la opinión pública generalmente condena a una empresa que produce tabaco, o una que produce carbón vegetal, condena a los que producen drogas, condenan a fábricas de automóviles que diferencian la calidad de productos para Sudamérica comparados con los que son para Europa, condenan el desmonte de bosques para la pecuaria o la agricultura, critican a las empresas porque el ritmo de vida de los individuos es acelerado, todos los vicios y problemas del mundo moderno se cargan sobre los hombros de las empresas, los empresarios, y por ende los capitalistas, como los grandes villanos de la humanidad. Parafraseando a Bestiat, ¿Pero, y si tratamos de observar “lo que no se ve?”, El productor de carbón corta y quema árboles, porque existen consumidores que quieren carbón para sus braseros o para debajo de sus parrillas de asado, el contrabandista paga coimas para hacer pasar sus mercaderías, porque existen consumidores que prefieren pagar menos por productos de mayor calidad, los productores de drogas o tabaco están allí para satisfacer a los que consumen y pueden pagar por sus productos, las diferencias de calidad entre un vehículo para Sudamérica con uno para Europa se da por la preferencia que los consumidores dan a los atributos de los vehículos, por ejemplo, en Sudamérica se da mayor importancia a la estética que a la seguridad, o porque aranceles aduaneros vuelven prohibitivos la adquisición directa, el consumidor reclama la tala de árboles para el pastoreo bovino o para la agricultura, pero cada día consume aproximadamente 250g. de carne per cápita (OCDE-FAO, 2018), consume leche y otros productos lácteos todos los días, así mismo, se producen cereales y otros granos que sirven de base para la alimentación diaria del consumidor, como para alimentos o componentes de otros productos finales que el consumidor requiere. Algunos reclaman porque un Cristiano Ronaldo gana millones de dólares al año y un biólogo gana pocos miles en el mismo periodo, sin embargo, existen muchos más consumidores dispuestos a pagar por ver los goles o el abdomen del jugador de futbol que los trabajos de un biólogo. Ahora parece más claro el concepto de soberanía del consumidor, Mises inclusive habla de tiranía del consumidor, pues como ya mencionamos en otros apartados, es la decisión del consumidor de comprar o no comprar la que castiga o premia al productor, sea este micro, medio y gran empresario.

Los economistas institucionalistas disienten argumentando que el consumidor no es libre de elegir pues existen instituciones sociales o precariedad institucional que lo impiden. Es decir, transfieren el problema económico a una esfera colectivista, es decir consideran que los problemas económicos se generan en patrones de comportamiento grupal y como tal exigen respuestas colectivas para lo cual necesitan recurrir a un ente planificador central. Por eso insisto en este ensayo sobre la importancia de desarrollar la individualidad del agente, que en esencia es lo que compone un grupo. El hombre como individuo posee una capacidad racional que le permite actuar con independencia de otros hombres. Tiene la oportunidad de amoldarse a los cánones que se atribuyen al conjunto y también la de romperlos (Benegas, 2013).

Alberto Benegas Lynch

Los empresarios y gran parte de los capitalistas en un mercado libre[1] deben su riqueza a los consumidores que favorecen sus negocios, los que prefieren sus productos, y lo perderán inevitablemente en el momento en que otros los suplanten sirviendo al consumidor con mejores productos y menores precios. Siempre y cuando se mantenga dentro del marco del libre mercado. Más adelante veremos cómo los empresarios y consumidores evitan los designios de la libre interacción humana, ergo mercado, recurriendo a la institución que ostenta el monopolio del uso de la fuerza, el Estado.

Por Victor Ocampos

Bibliografia

Avery, D. (1995). Salvando el planeta con pesticidas y plásticos. Indianapolis: Hudson Institute.

Benegas, J. (2013). Libertad, Individualidad y Progreso – (Caminos de la Libertad). (S. Sarmiento, Ed.) Mexico DF: Fomento Cultural Grupo Salinas.

Diaz, G. R. (2018). Soberanía del consumidor y libertad de eleccion en paises en desarrollo. Revista de Economía Institucional, 71-95.

Hamilton, W. (Junio de 1931). The ancient maxim Caveat Emptor. Yale Law Journal, XL(8).

Mises, L. v. (1956). The Anticapitalistic Mentality (The Ludwig Von Mises Institute 2008 ed.). Auburn: Van Nostrand.

OCDE-FAO. (2018). Consumo per cápita de carne bovina. Recuperado el 10 de Agosto de 2018, de https://www.agroindustria.gob.ar: https://www.agroindustria.gob.ar/sitio/areas/bovinos/informacion_interes/informes_historicos/_archivos/000003=Mercado%20internacional%20de%20carnes/000001-Proyecci%C3%B3n%20OCDE%20FAO%20carnes%202014-2023.pdf


[1]                    Mercado Libre, nos referimos a él para indicar la actividad económica que se realiza sin una intervención estatal, sería un mercado sin distorsiones.

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