El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Actualidad Economía Ensayo Especiales

Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de adaptación individual – El lado negro del empresario

!Comparte!

El lado negro del empresario (El lobista o cazador de privilegios)

En la cuarta parte de este ensayo estaremos analizando más detalladamente el orden social, de cómo al orden natural de los intercambios interpersonales voluntarios, se le va imponiendo un orden artificial con diseño deliberado. Este orden artificial está basado en la imposición de la fuerza sometiendo a los mercados, se erigen órdenes jerárquicos de carácter político, basados en la fuerza, donde éstos asumen una calidad parasitaria en la sociedad, pues se mantiene mediante la riqueza generada por el mercado.

Estos órdenes jerárquicos de carácter político son los que han sido asumidos en otros tiempos por las aristocracias y hoy día por las oligarquías, es decir un pequeño grupo que ostenta el poder político de un determinado territorio. Estamos hablando de la sociedad del estatus, los individuos procuran estatus, y los aristócratas como los oligarcas o autócratas se elevan a los niveles superiores de estatus por la fuerza, en el caso de los aristócratas, por ley, sus hijos heredan tal estatus, en el caso de los oligarcas o autócratas deben buscarse la manera de mantenerse allí, de perpetuarse en el poder. La riqueza del aristócrata provenía de los impuestos que recaudara de sus vasallos, es decir, es una riqueza parasitaria, pues extrae del productor sin reponerlo, del mismo modo, los oligarcas, autócratas o demás individuos que ostentan el poder político, también asumen una relación parasitaria con la sociedad, pues todo el aparato gubernamental se mantiene por medio de impuestos.

La riqueza de un aristócrata no es un fenómeno del mercado, no se origina del suministro de bienes y servicios al consumidor y no puede reducirse o ser afectado por ninguna acción por parte del público. Proviene de la conquista o de la generosidad de algún conquistador. Solo puede tener un final por medio de la revocación por parte del donante o por desalojo violento por parte de otro conquistador. O quizá se disipe por extravagancia. El señor feudal no provee a los consumidores y está inmune al enojo de la población (Mises L. V., The Anticapitalist Mentality, 2008).

Ludwig Von Mises

Sin embargo, el empresario capitalista debe forjar su riqueza por medio de la producción, sirviendo a los consumidores, proveyendo en cantidad y calidad a mejores precios, descubriendo las necesidades del mercado y canalizando recursos para satisfacerlos. No se eleva en el orden jerárquico por ascendencia sanguínea, o elevación moral o méritos intelectuales. Se enriquece si recibe la aprobación general del público que adquiere sus productos, pero, esta riqueza se desvanece inevitablemente cuando otro individuo lo suplanta proveyendo mejor y más barato a la sociedad. Ningún sistema de castas o de privilegios puede mantenerse inmutable en un sistema de libre mercado, mantenerse en la cima del orden jerárquico exige mejorar constantemente el servicio que se provee a la sociedad.

“Lo que cuenta en el marco de la economía de mercado no son los juicios de valor académico, sino las valoraciones realmente manifestadas por las personas que compran o no compran” (Mises L. V., The Anticapitalist Mentality, 2008).

En un mercado libre, el “cumbiero”[1] es más exitoso que el compositor de sinfonías, el futbolista más que el ingeniero, el vendedor de bebidas más que el panadero, el “macatero”[2] más que el investigador social, el albañil más que el escritor, el electricista más que un oficinista, el “mesitero”[3] más que un contador, etc. Pues su éxito, como dice Mises, se basa en suministrar al consumidor lo que éste más desea. Los individuos pierden sus fondos tan pronto como no los invierten en las líneas en las que satisfacen mejor las demandas del público, en un plebiscito diario repetido en el que, con cada centavo, los consumidores determinan quién debe poseer y administrar las fábricas, talleres, tiendas, transportes y granjas.

Dentro de este contexto, el empresario capitalista se enfrenta a la incerteza del futuro como todos los individuos y deben estar en constante estado de alerta para descubrir necesidades o mejorar las técnicas de producción a fin de mantener el flujo de ingresos de su empresa. Es decir, en el libre mercado, la competencia y la incerteza del futuro son una constante para el empresario capitalista, así como para cualquier individuo. El libre mercado se gesta en la continua interacción de innumerables individuos que generan y transmiten información a cada transacción realizada. Pero desde el advenimiento del orden artificial o político edificado en la figura impersonal del Estado, representado antes por un monarca y hoy por la clase política, el orden espontáneo del mercado, como lo dice Mario R. Centurión, pasa a ser cautivo del orden artificial político. Al mercado se le tiene cautivo y el acceso a él se obtiene por medio de concesiones, permisos, autorizaciones, venias, privilegios, etc. Y la riqueza generada en ella también es confiscada en calidad de impuestos, bajo argumentos de redistribución. El poder político como monopolista legal del uso de la fuerza, puede intervenir en el mercado de acuerdo a sus necesidades y caprichos, naciendo así en el empresario, la necesidad permanente de intentar agradar a la clase política para obtener el acceso al mercado, es decir, para poder producir. En el caso paraguayo, desde que el Dr. Francia confiscó los bienes de la Iglesia y luego en 1848 don Carlos Antonio López confisca las propiedades de los 21 pueblos originarios, el Estado Paraguayo se apropia de todas las tierras dentro del límite de sus fronteras pasando a otorgar licencias de explotación y posterior venta, regalo, expropiación, etc. De acuerdo al humor de la autoridad de turno (Bosio, 2006).

Por lo tanto, el empresario-capitalista pierde identidad como tal, pues pasa a ser un cazador de privilegios, un lobista, que se enfoca ya no en descubrir y satisfacer necesidades de los consumidores, sino en edificar una relación simbiótica con el poder político, buscando favores y privilegios, alejándose de la competitividad del libre mercado, acercándose cada vez más al poder político (Centurión, 2004).

Mario R. Centurión

Bestiat nos explica cómo funciona esta relación simbiótica entre empresarios y estado, pero parasitaria para la sociedad en su conjunto, en su clásico ejemplo de la petición de los fabricantes de velas. Éstos emiten una petición a los diputados donde los menciona como los grandes protectores del productor local, y explican que sufren la competencia de un proveedor de luz del exterior, éste proveedor es el sol, por tanto, durante el día, los productores de velas se ven afectados en sus ventas, pues la gente no compra velas, entonces solicitan a los diputados su intervención pidiendo que todas las casas sean prohibidas de abrir sus ventanas y puertas, y todas las entradas de luz externa en los edificios sean selladas. Los argumentos que exponen para convencer al legislativo son admirables, con las casas cerradas, necesitadas de luz artificial, las ventas de las velas aumentarán, por lo tanto, también las de cera, de resina, el de fósforos, etc., toda la economía se verá incentivada (Bastiat, Obras Escogidas, 2009).

Frédéric Bestiat

El empresario solicita la intervención del gobierno para proteger su industria, bajo argumentos de protección a trabajadores o la producción nacional, para el efecto el estado emitirá leyes que regulen el comercio para proteger a un pequeño grupo de beneficiarios en detrimento de todos los consumidores que anhelan pagar menores precios, que podrían obtener con el libre comercio.

Este proceder del empresario, ya no es el del libre mercado, ya se aleja de la función empresarial que impulsa el desarrollo económico del libre mercado. El empresario empieza a aliarse al poder público, buscando leyes que lo protejan de la competencia, en la misma actitud operan: Sindicalistas, que forman un cártel de empleados, blindándolos de la competencia de otros obreros que desearían trabajar por menores precios; ligas o gremios de transportistas que negocian con el Estado subsidios o concesiones; Gremios de productores que piden subsidios o leyes proteccionistas para transformar en actividad ilegal el intercambio entre individuos que residen en lados distintos de las fronteras nacionales; grandes corporaciones de supermercados que exigen mayor dureza al Estado en su “lucha contra el contrabando”; grupos empresariales que hacen lobby para que se aumente la carga tributaria en algunos sectores; Importadoras que piden al Estado gravar compras por internet; propietarios de hospitales que exigen una reglamentación llena de requisitos que se transforman en barrera de entrada para nuevos competidores, encareciendo el servicio de salud; etc. Todos estos ejemplos son de fallos del Estado, no del mercado. La gran mayoría de estas intervenciones son solicitadas por empresarios que encuentran en la cercanía del poder político la manera de protegerse de la incertidumbre del futuro y la competitividad del mercado, pasando el costo a los consumidores. En contra partida, los que ostentan el poder político esperarán una retribución, ya sea en donaciones de campaña proselitista u otro tipo de apoyo.

Como ven, el Estado o los individuos que ostentan el poder político tienen de rehén al mercado. Todo el aparato gubernamental se dedica a la producción de legislación para regular y controlar, todas con argumentos “loables” pero que solapadamente tienen la función de privilegiar a un sector. Estas reglamentaciones dificultan el acceso al mercado a competidores menos cercanos al poder político. Por ejemplo, para un individuo que adquiere para su vehículo, e intenta ejercer el servicio de taxi, debe pasar por una serie de reglamentaciones que resultan de por si onerosas, pero que, además, requiere extrema paciencia, pues las firmas de los burócratas cuestan caras y tardan en estamparse. Si un empresario desea hacer una gran inversión en una ciudad, debe necesariamente comunicar a las autoridades de esa ciudad, quienes cuan buitres se hacinan sobre la carroña, aparecen con reglamentaciones que deberán ser cumplidas para su autorización. Con eso, se obtiene la información privilegiada de tal emprendimiento, y esa información es vendida por los funcionarios para otros “empresarios” cercanos al poder, quienes serán los que reciban los pedidos para emitir sus propuestas presupuestarias para la construcción del emprendimiento. Con esto, se forma un enmarañado de tráficos de influencia e información privilegiada por el que el “empresario” ya no se interesa en suministrar al consumidor, sino en obtener favores de los que ostentan el poder político, degenerando así la función empresarial, estigmatizando a todos los emprendedores-empresarios-capitalistas.

Mantenerse en la cima del orden jerárquico natural del mercado exige mucha dedicación, sacrificio y constante reinvención e innovación, y además enfrentarse a riesgos afines del negocio, como también a la incerteza latente del futuro.

Como hemos visto en el apartado anterior el capitalista debe decidir dónde invertir el capital acumulado, y cada inversión en el mercado significa un paso dado en la obscuridad del futuro, si compra acciones asume el riesgo de que el precio de tales acciones caiga, como también de que a final del ejercicio la empresa en la que invirtió no genere utilidades para la distribución de dividendos, o si adquiere títulos de deuda, corre el riesgo de que esa empresa quiebre y pase por procesos largos de liquidación, haciéndole perder capital. Entonces como el capitalista también es un individuo como cualquier otro, se manifiesta en él la aversión al riesgo (Kahneman, 2002).

Daniel Kahneman

“Justamente la incerteza del mañana es lo que hace con que buscando satisfacer la aversión al riesgo, recurrir a depender del estado” (Mises L. V., La Acción Humana. Tratado de Economía, 2011).

Aquí nace el verdadero leviatán. El Estado, o sus representantes, van auto-asignándose funciones como: infraestructura, seguridad, educación, salud, comunicaciones, etc. Y como tiene a todos esos sectores bajo su potestad, tiene el poder de dar su “bendición” a quién les parezca mejor. Las concesiones para las obras de infraestructura son el botín más preciado de todos. Son cantidades siderales de dinero que deben ser invertidos en infraestructura cuya financiación se realizará por medio de desahorro o financiación, es decir, a la larga con impuestos o inflación. Los “empresarios” se dedican a coquetear con los políticos, o suman políticos a sus filas de accionistas buscando beneficiarse con el privilegio de ejecutar la construcción o la explotación de un negocio. Por ejemplo: Si encuentra petróleo en el subsuelo de tu propiedad, dejará de ser tuyo, el Estado deberá otorgar la licencia de explotación a un “feliz” privilegiado, que obtenga tal privilegio, claro, por medio de transparentes llamados a licitaciones donde los requisitos exigidos son diseñados a la medida del lobista más eficiente.

Este actuar errante del empresario convertido en lobista es lo que permitió a Karl Marx llegar a la conclusión de que existe una relación de explotación entre todos los capitalistas y los obreros. Y es este mismo argumento, sumado a otros como el nacionalismo o el medio ambiente, los argumentos esgrimidos contra el libre mercado. Esto es aprovechado nuevamente por la jerarquía política para aumentar sus atribuciones y por lo tanto la financiación del aparato gubernamental.

A medida que el Estado crece, más debe financiarse con impuestos, la parafernalia informativa se dedica a despotricar contra los empresarios justificando así un aumento de la presión fiscal, generalmente se apunta a los grandes empresarios, para una redistribución de la riqueza. Sin embargo, este proceder solo apunta a los micros y medianos empresarios del libre mercado, o a la población menos favorecida. Los grandes empresarios que no hayan dejado el país debido a la carga impositiva buscarán transformarse en proveedores del estado, recuperando así parte de lo expoliado. Ese es el sistema en el que subsiste el mercado y en el cual la figura del capitalista queda ofuscada por un manto obscuro de clientelismo o corporativismo político, como dice el economista institucionalista Douglas North:

“La corrupción era la forma de mantener una cierta estabilidad institucional. Nadie se escandalizaba. Era la norma, no la excepción. Y ocurría más o menos lo mismo en el resto de la estructura del Estado. Casi todos los funcionarios que tenían acceso a un presupuesto oficial se quedaban con un porcentaje o encarecían los servicios al público de acuerdo con algún empresario privado favorito que les pagaba una coima. El contrato social era ese: la clase dirigente política y económica se repartía una parte sustancial de la renta. A cambio de ese maridaje non sancto había paz” (Montaner, 2011).

Douglas North

Este ambiente distorsionado del mercado es lo que North denominó “Sociedades de acceso limitado”. Y es ahí donde se erige y se desenvuelve el “crony capitalist”[4] o capitalismo de amigos. Este individuo es el que financiará campañas políticas para tener un referente en la “sociedad de acceso limitado” desde donde tratará de obtener los beneficios del clientelismo. Esto se traduce para el resto de la sociedad, simplemente en consumo de capital y por ende pobreza. Pues todo tendrá que ser pagado, si no por esta, por las generaciones venideras, vía impuestos o inflación.

Por Victor Ocampos

Bibliografia

Bastiat, F. (2009). Obras Escogidas (Segunda ed.). (F. Cabrillo, Ed.) Madrid: Unión Editorial.

Bosio, B. G. (2006). Recuperado el 20 de Noviembre de 2018, de abc.com.py: http://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/decreto-de-carlos-antonio-lopez-del-7-x-1848-901174.html

Centurión, M. R. (2004). El debido proceso y desarrollo: Por qué es pobre el Paraguay? (V. Sánchez, Ed.) Asunción: Servilibro.

Kahneman, D. (2002). Pensar rápido, pensar despacio. Buenos Aires: debolsillo.

Mises, L. V. (2008). The Anticapitalist Mentality. (L. V. Institute, Ed.) Auburn: D. Van Nostrand Company.

Mises, L. V. (2011). La Acción Humana. Tratado de Economía (Undécima ed.). (U. Editorial, Ed.) Madrid: Unión Editorial.

Montaner, C. A. (Setiembre de 2011). Keynes y la Corrupción. El Cato.


[1] Cumbiero: músico que se dedica al estilo musical denominado cumbia, estilo muy popular en latino-américa

[2] Macatero: vocablo utilizado coloquialmente en Paraguay para denominar al individuo que vende mercaderías a crédito, de manera informal.

[3] Mesitero: Los propietarios o usuarios de los puestos de ventas que se extienden por las calles del microcentro de Ciudad Del Este.

[4] Crony capitalist: Capitalismo clientelista, es un término que describe una economía supuestamente capitalista en que el éxito en los negocios depende de una estrecha relación entre los empresarios y los funcionarios gubernamentales.

!Comparte!

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *