Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – La ley de la preferencia temporal

Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – La ley de la preferencia temporal

La Ley de la Preferencia Temporal o, “¿Para cuándo es la vida?”.

Además del costo de oportunidad, la valoración subjetiva y la utilidad marginal, otro componente que incide en el proceso de toma de decisiones del individuo es el tiempo, como veremos a continuación.

Carpe Diem, Memento Mori, o en coloquial paraguayo, “¿Para cuándo es la vida?”.  Estas expresiones o similares a ellas, son temas recurrentes en la literatura universal, en la música y en las tendencias de videos de autoayuda, que poco a poco se va incrustando en el inconsciente colectivo, las personas al razonar, coinciden en que la milésima de segundo exactamente anterior a este momento, ya es pasado y que el futuro no existe, por lo que debemos vivir el presente, ahora. Esta línea de pensamiento a algunos los lleva a desatender el futuro, y considerar que no es necesario preocuparse por ello. Es un comportamiento natural, pero que, si lo exponemos al análisis nos permitirá observar la influencia del tiempo sobre nuestras acciones y cómo la intensidad en la que se manifiesta nuestra preferencia temporal nos puede conducir a consumir en mayor o menor medida.

No nos desviaremos mucho hacia aquello de que la concepción del tiempo en la cultura occidental tiene dos vertientes originarias, una que proviene de los griegos y de casi todas las culturas primigenias, que presenta al tiempo como cíclico, repetible o del eterno retorno, basado en los movimientos de los astros y otra que proviene del cristianismo, que nos presenta al tiempo de manera lineal y finita.

Más bien lo que analizaremos en este apartado es sobre la noción de tiempo histórico-financiero, en la que su transcurrir irreversible muestra una dependencia histórica hacia un imprevisible futuro y donde el cambiante contexto deviene heterogéneo al instante (31).

Aristóteles consideraba al tiempo como la medida del movimiento, considerando un antes y un después, así pues, la Física ha desarrollado a partir de esto, el estudio del tiempo y resaltan tres rasgos del mismo, la extensión (cuánto dura), la continuidad (dimensión del cambio es continuo) y la transición (antes y después) (32).

La visión del tiempo como continuo está dada por la invención del reloj mecánico, que con su división en horas, minutos y segundos nos hace perceptible el paso del tiempo.  El tiempo para Kant[1], como modo humano de representación a priori, era transcendentalmente ideal y empíricamente real porque era anterior al conocimiento de los fenómenos y requisito subjetivo de la representación. El espacio y el tiempo eran como “lienzos” en los que se entendía y representaba la existencia del Mundo.

El tiempo, dice Rothbard, es uno de los fundamentos de la acción humana, es omnipresente, es un medio que debe ser economizado (17).

La acción se desarrolla dentro del contexto temporal, por lo tanto, dada la finitud del ser y su pasar efímero por la vida, el factor tiempo resulta ser escaso y de vital importancia. De ahí deviene que el ser humano buscando satisfacer sus necesidades a la postre infinitas, es inducido por el tiempo (la incerteza del futuro) a preferir satisfacer las necesidades más inmediatas. Es decir, la acción bajo influencia del factor tiempo, estará dirigida a satisfacer el fin más urgente, relegando aquellas necesidades ulteriores a cuando quede satisfecha la primera.

“La ley de la preferencia temporal constituye requisito categórico de la acción humana. Ningún tipo de actuación cabe imaginar en la cual la satisfacción más próxima no sea preferida —invariadas las restantes circunstancias— a la satisfacción más lejana, El propio acto de atender un deseo implica que tal presente gratificación se prefiere a la ulterior satisfacción” (4).

La acción se enfrenta a la incerteza del mañana, por lo que la Ley de Preferencia Temporal es prospectiva, es decir, de cara al futuro, una vez atendida la necesidad que en nuestra escala valorativa resultara más urgente, se prosigue en la búsqueda de la satisfacción de la necesidad siguiente. Es decir, nuestra preferencia temporal condiciona la aproximación a la satisfacción de las siguientes necesidades.

La Ley de Preferencia Temporal se refiere a que el actor prefiere satisfacer sus necesidades o lograr sus objetivos lo antes posible. A igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se prefieren a los bienes futuros”, por tanto solo estaremos dispuestos a posponer en el tiempo la consecución de nuestros fines, a un futuro más lejano, si es que con ello suponemos que existe la posibilidad de alcanzar un fin de más valor. Dicho de otro modo, solo se renunciaría a bienes presentes o consumo presente en el caso de que se pueda obtener bienes futuros en mayor cantidad, o consumo futuro mayor. Lo que sienta las bases para la teoría del capital.

Mises afirma que la preferencia temporal es aquello que diferencia fundamentalmente a la acción humana de la conducta animal, puesto que, consiste en renunciar deliberadamente a una presente comodidad para disfrutar de un beneficio mayor en el futuro. No considera una preferencia absoluta por las cosas presentes a las futuras. Sino, que cada individuo único en sí mismo, pondera de manera diferente la influencia del tiempo sobre sus requerimientos, por tanto, el factor subjetivo de la preferencia temporal se da en la intensidad en que se manifiesta en cada uno. Así tenemos a un individuo “A” cuya intensidad en su preferencia temporal lo induce a satisfacer una necesidad que estima inmediata, por decir, comprarse un par de zapatos nuevos, y otro individuo “B” que, dada la intensidad de su preferencia temporal, le permite renunciar al consumo presente en zapatos, proporcionando liquidez al individuo “A”. En ambos individuos se manifiesta la preferencia temporal, pero el individuo “B”, logra abstenerse al consumo, pero a tal abstención accede bajo la expectativa de percibir en el futuro una compensación a tal renuncia. Esa compensación es lo que se denomina Interés Originario o Natural. Pero no se basa puramente en un pago por la abstención a consumir, sino más bien la diferente valoración de bienes presentes y de bienes futuros.

Ante la imposibilidad de vislumbrar el futuro, el ser humano manteniendo invariadas las circunstancias, prefiere siempre la satisfacción más próxima que la remota, prefiere consumir en el presente a consumir en el futuro, por lo tanto, podemos deducir que estima mayormente los bienes presentes a los futuros. Una concepción distinta indicaría nunca llegar a consumir, es decir, si prefiriéramos consumo futuro en lugar de presente, pues moriríamos de hambre, ya que el futuro se vuelve presente y esto significa que nuevamente se postergaría el consumo para un futuro permanentemente. El individuo se encuentra al nivel de cualquier otro animal al no lograr proyectarse en la incertidumbre del futuro y se dedica a satisfacer sus necesidades en la forma más inmediata posible, de ese modo solo actúa para saciar sus necesidades básicas permanentemente, al sentir hambre, busca alimentos, al sentir sed, busca agua, ante el frío buscará abrigo, pero solo una vez que desarrolle la capacidad de prospectar o verse más allá en el tiempo, será capaz de asumir una actitud previsora y pasará a extender el periodo de la acción, absteniéndose al consumo presente para dirigir su acción hacia la obtención de medios que le proporcionaran bienes futuros en mayor cantidad, aumentando así el suministro de medios satisfacientes, pudiendo de ese modo aprovisionarse para el futuro.

Hermann Hope habla de mayor preferencia temporal para referirse a la urgencia de satisfacer necesidades inmediatas, y menor preferencia temporal a aquella posibilidad de postergar la satisfacción. Y considera que la preferencia temporal está directamente asociada al conocimiento que posee el individuo, tanto del ambiente como de las condiciones en que se desenvuelve. Compara a un niño, que, dada la limitación de conocimiento respecto a la vida, a sus capacidades y su entorno, prefiere consumir todo lo que esté a su disposición hoy, en lugar de reservar el consumo para más adelante, y a medida que crece, va adquiriendo conocimientos que le permiten observar de manera distinta el desarrollo de la vida, y así va adquiriendo una suerte de empoderamiento de su preferencia temporal (33).

En la década del 70 del siglo pasado el sicólogo Walter Mischel de la Universidad de Standford dirigió un estudio de gratificación retrasada (34), conocida como el Marshmellow Test, o prueba del malvavisco, en el cual, a los sujetos analizados, que eran niños y adolescentes, se les ofrecía un pequeño pedazo de malvaviscos, pero se les informaba que, si lograban permanecer sin comer el malvavisco, recibirían después de un periodo de tiempo, una segunda porción del malvavisco. El estudio demostró que, a mayores porciones de malvaviscos, es decir, mayores incentivos, los niños estaban más dispuestos a abstenerse de consumir el primer malvavisco, y cuando no existía esa compensación por tener que esperar para comer, los chicos optaban por comer el malvavisco sin esperar.

Este estudio permite una aproximación empírica de lo que representa la Ley de la Preferencia Temporal, asunto que profundizaremos al explicar el proceso de la acumulación capitalista pura en una economía de mercado no intervenida.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

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1. Alba UNd. Historia del Tiempo en Economía Barcelona: McGraw-Hill Interamericana de España; 1997.
2. Turetzky P. Time London: Routledge; 1998.
3. Rothbard M. Man, Economy and State, with Power and Market Rothbard M, editor. Aurburn: Ludwig Von Mises Institute; 2009.
4. Mises LV. La Acción Humana. Tratado de Economía. Undécima ed. Editorial U, editor. Madrid: Unión Editorial; 2011.
5. Hoppe HH. Monarquía, Democracia y Orden Natural Madrid: Ludwig Von Mises Institute; 2005.
6. Walter M, Ebbessen EB, Raskoff Z. Cognitive and attentional mechanisms in delay of gratification. Journal of Personality and Social Psychology. 1972; 21.

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[1]                    Inmanuel Kant fue un filósofo prusiano (alemán) que vivió entre los años 1724 y 1804. Representante del criticismo y del idealismo alemán.

Víctor Ocampos

2 comentarios en «Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes de praxeología – La ley de la preferencia temporal»

  1. Supongo que hay más temas de por medio, por ejemplo el sentido de satisfacción presente y también por supuesto, la saciedad. No es lo mismo renunciar al consumo actual si, ponele, estás a base de pan y agua, que si ya tenes un conjunto de bienes básicos suficientes, entonces es probable que hasta cierto punto sea muy difícil superar la compulsión a consumir si no se alcanzó aún un nivel de bienestar adecuado. Ahora, sobre «bienestar adecuado» se puede divagar mucho y a juicio individual nunca va a existir UN estado de bienestar en que todos coincidan. De ahí que el promedio social y los paradigmas que dicta la sociedad sean tan o más importantes que la necesidad en sí para estimular el ahorro, la acumulación de recursos y el aumento de los medios de producción.
    Esto no se hace más sencillo cuando el sistema se sostiene en el consumo de bienes perecederos, por lo que existe una maquinaria gigantesca diseñada para que el individuo promedio consuma todo lo que produce o incluso más. Y también, el problema gana más complejidad cuando se trata la posición del individuo promedio en materia de vulnerabilidad y toda la serie de factores que hacen a su bienestar emocional, que en caso de no existir o no ser suficiente, alimenta la ansiedad, los complejos y toda una serie de problemas que tienen generalmente su escape o descarga en el consumo, en la satisfacción instantánea de consumir, de tener algo nuevo, de comer algo rico, de vestir algo lindo, etc.
    Buenísimo el texto Víctor.

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