Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre adaptación individual – El Dinero y los Precios

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El dinero, los precios, información y el concepto de economizar

Amberes (Antwerp), estaba sitiada entre 1584 y 1585 por las fuerzas españolas al mando del Duque de Parma, para mantener el dominio de los Habsburgo en los Países Bajos. Naturalmente, al estar sitiada, los alimentos escasean, la oferta ha sido restringida por la guerra, por lo tanto, la ansiedad de los habitantes por asegurarse alimento, hizo con que los precios se elevaran sustancialmente. Los “Padres de la Ciudad de Amberes” reaccionaron como todo líder político, buscando el bien común, aprobaron una ley fijando precios máximos para cada ítem de alimentación y dispusieron severos castigos a quienes intentaran regirse por los precios de mercado. Sitiar una ciudad portuaria es técnicamente una misión extremamente difícil, por lo que los mercaderes podrían seguir proveyendo a la ciudad de maíz, conservas de carne y otros alimentos, siempre y cuando los precios compensaran el riesgo y la dificultad de introducir productos en una ciudad sitiada. Pero ningún mercader se atrevería a asumir riesgos de que sus barcos fueran hundidos para proveer a un mercado que no fuera mejor que cualquier otro a los que se podía seguir suministrando. Es decir, al reducir los precios por fuerza de ley, por costo de oportunidad, los mercaderes renuncian a suministrar a un mercado de alto riesgo y poca paga, para suministrar a otros mercados con poca paga, pero sin riesgos.

La ciudad por su propia estupidez se bloqueó a si misma mucho más efectivamente de lo que pudo haber hecho el Duque de Parma.

Al forzar los precios a mantenerse bajos, se revoca la necesidad de reasignación de recursos y la autolimitación por parte de los ciudadanos. Nadie sentía la necesidad de economizar, así la ciudad siguió consumiendo a niveles anteriores al sitio hasta que las provisiones de alimentos se agotaron abruptamente, lo que ocasionó la rendición de Amberes a las fuerzas españolas en poco tiempo (Robert Schuettinger, 1979).

Este pasaje histórico sirve para ilustrar la importancia de los precios de mercado como información y la necesidad de economizar o reasignar recursos escasos a fines alternativos.

Ahora bien, ya hemos visto cómo se forman los precios en una economía de trueques y con dinero, al ponderar las utilidades marginales, las valoraciones subjetivas y el costo de oportunidad, entonces trasladémonos nuevamente al ámbito del intercambio indirecto para explicar lo que son los precios.

El Dinero y la liquidez

La economía es la ciencia que estudia las acciones humanas en pos de su supervivencia, y hemos visto que el hombre actúa porque está en situación que considera insatisfactoria y así también vimos que para satisfacer sus requerimientos se vale de bienes y/o servicios satisfacientes. Entonces podemos afirmar que se recurre siempre a bienes y servicios por la utilidad que tienen, ya que tales utilidades responden al uso que cada individuo pretende dar a los bienes y/o servicios en consideración. Los bienes y servicios pueden tener múltiples usos alternativos, así una manzana puede servir para alimentarme, para congraciarme con la profesora, para darle de comer a mis cerdos o para intercambiar con otros en una economía de trueque, en efecto, los medios satisfacientes sean éstos bienes o servicios, son valorados por los servicios que el individuo espera que éstos los proporcione, y no dependen solo de los diversos usos que se los pueda dar, sino del orden en que dichos usos se encuentran en la escala de preferencias del individuo en un momento dado.

Uno de los usos que se le adjudica a todo bien es su intercambiabilidad, los economistas clásicos hablaban de valor de cambio, pero en realidad es un uso que se le da al bien, por el cual es valorado. Esta facilidad de intercambiarse es distinta en cada bien, y su graduación se denomina liquidez. Es decir, el grado de liquidez de un bien permite su facilidad de intercambio y esa liquidez se debe a diversos factores como: la divisibilidad del bien, la demanda que hay de ese bien, la facilidad de transporte, el nivel desarrollo del arbitraje, la libertad para intercambiar, etc. Por tanto, existen bienes muy líquidos, bienes poco líquidos como también bienes medianamente líquidos. La liquidez está relacionada con la diferencia entre el precio de adquisición y el de venta de un bien, como trataremos de explicar.

Carl Menger explica que en efecto los bienes no poseen un solo precio, sino dos. Para entenderlo es preciso trasladarnos a un mercado, en el que un comerciante de pescados, adquiere de los pescadores a un precio y los vende a otro precio, es lo que seguimos viendo hoy día en las cotizaciones de las casas de cambio. El comerciante ofrece una cantidad monetaria inferior para aquellos individuos que desean vender su producto y requiere mayor cantidad monetaria de aquellos individuos que desean adquirir los pescados. Es decir, el mercader tratará de comprar más barato para venderlo más caro. Esa diferencia es lo que se denomina “spread”[1], y ese “spread” es distinto y mutable para cada bien, cuanto mayor sea el “spread” (margen) menor será su liquidez y cuando menor sea el “spread” (margen), mayor será su liquidez. La infinidad de intercambios voluntarios es lo que fue conduciendo a los agentes del mercado a encontrar bienes que luego se transformaron en dinero, pues resulta ser el bien más líquido.

Carl Menger

De la tabla podemos observar las ratios del intercambio en donde tenemos:

En el intercambio existen dos participantes que a la vez asumen dos caracteres diferentes. Cuando el pescador recurre al mercader a entregar su mercancía, el pescado, el mercader entrega a cambio otra mercancía, esta mercancía pudo ser cualquier cosa, digamos, sal. Entonces un individuo asume el carácter de “entregador” de pescado y el de “receptor” de sal, y al mismo tiempo, el otro asume el de “receptor” de pescado y “entregador” de sal. De entre ambos bienes aquel que tendrá mayor salida, pues será aceptado por más número de individuos, ira reduciéndose el “spread” entre su precio de recepción y de entrega, pues el mercader utilizará la sal para comprase pan, como también zapatos, cigarros, etc. Entonces, también deseará adquirir más sal para sus transacciones, por lo que la diferencia (spread) entre el precio de adquisición y el de entrega va ir disminuyendo.

A partir de estos conceptos, spread y liquidez, podemos finalmente comprender la figura de comprador y vendedor de un mercado. El comprador en un mercado es aquel que posee el bien más líquido antes de la transacción y el vendedor, por tanto, el que posee el menos líquido. En este razonamiento se basa el concepto de la soberanía del consumidor, pues es el que antes de una transacción, posee el bien más líquido, liquidez esta que adquiere por el deseo que todos tienen de adquirirla para volver a entregarla a cambio de otros bienes.

Ya Jorge Luis Borges decía en “El Zahír” de Aleph:

“…pensé que nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos. Es tiempo imprevisible, tiempo de Bergson, no duro tiempo del Islam o del Pórtico. Los deterministas niegan que haya en el mundo un solo hecho posible, id est un hecho que pudo acontecer; una moneda simboliza nuestro libre albedrío” (Borges, 2003).


Así pues, el dinero es valorado por los individuos, por el uso que se le da, es decir, por los servicios que proporciona. No voy a entrar en los detalles históricos del surgimiento del dinero, puesto que es posible que no tenga inicio definido, pues resultó de la acción humana repetida a cada intercambio interpersonal que se fue realizando a lo largo del tiempo, siendo así, su uso es considerado que fue dándose por orden espontáneo, pero podemos destacar que, en una época antigua, el llamado dinero mercancía, era eso, una mercancía, que era valorada por los comerciantes tanto por sus aptitudes ornamentales (Oro y plata), bélicas (bronce, hierro) y su aptitud como medio de cambio como cualquier otro bien en una economía de trueque, solo que se generalizó su uso por haber logrado la aceptación común para su uso como medio de cambio (Mises L. V., The Theory of Money and Credit, 1953). Hubo un tiempo que precisaron contar con un sello de algún señor feudal como garantía de calidad de la acuñación, papel que posteriormente es asumido por el estado moderno. Posteriormente el dinero que circulaba ya eran notas emitidas por entidades bancarias respaldadas por los depósitos en especie de las mercancías que representaban, de allí derivaron los patrones bimetálicos y el patrón oro, que suponían en última instancia poder recurrir a las entidades emisoras del dinero a retirar su contrapartida en mercancía.

Ludwig Von Mises

William Stanley Jevons menciona que el servicio proporcionado por el dinero no se limita solo a servir como medio de cambio, puesto que también puede ser utilizado como depósito en valor y cómo unidad de cuenta. Depósitos en valor corresponde al servicio de acumulación de valor que se realiza por medio de la acumulación de dinero. Unidad de cuenta corresponde a la expresión monetaria de las valoraciones subjetivas dadas a otros bienes (Jevons, 1896).

William Stanley Jevons

En la actualidad lo que usamos es el dinero “Fiat”, que solo recibe el respaldo de una ley, por lo que muchos economistas ajustan su concepto de dinero a su sentido jurídico de instrumento con fuerza cancelatoria de curso legal y también cabe destacar que existe un monopolio en la emisión de dinero por parte del Estado, en la mayoría de los casos una canasta de reservas en divisas respalda las emisiones monetarias en el contexto internacional. Es lo que llamamos dinero fiduciario.

Solo el uso comercial puede transformar un activo en medio de cambio de uso común. No es el estado, sino la práctica común de todos aquellos que intervienen en el mercado los que crean dinero. Las regulaciones del estado que atribuyen al dinero fuerza cancelatoria, son incapaces por si mismas de constituirse en dinero, si no tiene aceptación general (Mises L. V., The Theory of Money and Credit, 1953), es por eso que en tiempos de desconfianza los hombres de negocio buscan otras divisas o mercancías para tal uso. También podemos mencionar aquí a la Ley de Gresham que dice que la moneda mala desplaza a la buena, y su inversa, la Ley de Thiers es cuando la buena desplaza a la mala, cosa que suele ocurrir como en los casos de dolarización de algunas economías.

El dinero también está sometido a las leyes económicas, así, la ley de utilidad marginal decreciente se manifiesta en el dinero. Recordemos que la utilidad marginal decreciente nos dice que la valoración subjetiva que damos a los bienes dependen del uso que daremos al bien y de la cantidad parcial de la que disponemos, así a medida que aumenta la cantidad que disponemos, lo valoramos de menos, y a medida que tenemos menos cantidad de dinero, pues lo valoramos más, es decir, a medida que tengamos menos, la utilidad marginal de cada unidad monetaria aumenta. Esto se traduce en nuestras decisiones de compra, a medida que dispongamos de menos cantidad monetaria, los demás bienes devienen caros, es decir valoramos más nuestro dinero, o la utilidad marginal de la unidad monetaria que disponemos es superior a la de los demás bienes, por lo tanto, somos más reacios a desprendernos de nuestro dinero. En cambio, si disponemos de mayores cantidades, nuestro nivel de consumo aumenta, es decir, la utilidad marginal de cada unidad monetaria disminuye a medida que aumenta nuestra disponibilidad. Consumimos más porque consideramos que los bienes adquiridos nos proporcionan una utilidad marginal superior a lo que el dinero entregado a cambio nos daría.

Lo mencionado más arriba es un planteamiento puramente teórico de cómo funciona el dinero en un ámbito en el cual el dinero y los sustitutos monetarios tienen emisión limitada, ya sea por la extracción de la mercancía o por la emisión del papel transformado en dinero o por un sistema de coeficiente de depósito a la vista del cien por ciento. Ya que a continuación veremos que la expresión monetaria del valor que otorgamos a un bien será el precio y éste transmite información útil para la coordinación de los intercambios.

Precio

Ahora bien, ¿qué entendemos por precio? Pues en la catalaxia[2], o los intercambios, es la cantidad de un activo del que un individuo se desprende voluntariamente para obtener otro activo que estima poseer mayor utilidad marginal que aquello que entregó. La evolución de los intercambios inter-personales como hemos visto, dio lugar al surgimiento del dinero, que para nuestro concepto de arriba es el activo en cuestión. Por tanto, los actores económicos recurren al dinero para expresar sus valoraciones subjetivas de un bien o servicio determinado. Dado el servicio que proporciona el dinero, como medio de intercambio de aceptación generalizada, podemos interpretar cuanto sigue: Recordando la Ley de Say, de que no existe demanda sin oferta, el individuo que recurre al mercado para ofrecer un bien, está demandando otro bien, en este caso dinero. El comprador pues ofrece dinero a cambio de un bien, pero obtuvo antes ese dinero a cambio de otro bien previamente intercambiado.

En una economía de trueque, se forman innumerables mercados entre un bien y los demás bienes, ya en una economía donde existe el dinero, se reducen los mercados, a bienes a cambio de una sola mercancía, en este caso el dinero.

Son los juicios de valor de los individuos los que determinan en última instancia los precios, así pues, si un comprador valora más el bien a adquirir que la cantidad de dinero a entregar, por costo de oportunidad se define el precio, que sería la cantidad de dinero en posesión al que renuncia en el momento de la compra. Estos precios, que resultan ser registros históricos de las transacciones, como dijimos antes, por efecto ancla, se tornan referencias para las transacciones venideras.

Para comprender la formación de los precios de mercado, es menester incluir a un actor sumamente importante, la figura del empresario. En una sociedad con una profunda división del trabajo que se desarrolla en un ambiente de respeto hacia la propiedad privada, los reiterados actos de intercambio van generando el desarrollo de un mercado cada vez más complejo, y es allí donde aparece el empresario quien logra observar las diferencias de precios que le transmiten información útil, para así de manera prospectiva intentar prever las valoraciones de los consumidores, y en base a eso decide ingresar al mercado ofreciendo bienes y servicios. Ludwig Von Mises explica:

“Cada uno de nosotros, comprando o dejando de comprar y vendiendo o dejando de vender, contribuye personalmente a la formación de los precios del mercado” (Mises L. V., La Acción Humana. Tratado de Economía, 2011).

En un mercado libre, el empresario es incapaz de fijar precios de manera arbitraria, pues necesariamente depende de que los consumidores acaten sus precios sugeridos. El empresario primero estima las posibles valoraciones futuras que los consumidores hagan del bien que pretende ofrecer, ya sea por medios intuitivos o por algún tipo de estudio previo, vía encuestas o similares, en base a eso hace sus cálculos referentes a lo que deberá renunciar para obtener los bienes a ofrecer, si logra con que los precios que paga sean inferiores a los precios que pide, pues obtendrá beneficios pecuniarios. Eso logrará buscando eficiencia y especialización. Es decir, no son los costos los que determinan los precios, son los precios estimados, basados en las posibles valoraciones de los consumidores los que determinan los precios, pues, los costes son en última instancia los precios de los factores. Si no existe una valoración por parte de los consumidores para el pan, entonces difícilmente la harina tendrá un precio, y menos aún el trigo. A medida que los consumidores aprecien el pan, el empresario panadero tratará de adquirir harina generándose así las sucesivas demandas derivadas, y formándose los distintos precios que formarán parte de sus costes. El empresario panadero puede intentar poner precios elevados a sus panes, pero siempre será en última instancia el consumidor el que defina si se acepta o no el precio estipulado por el empresario.

Joseph Salerno indica que la experimentación empresarial en diversas políticas de precios es parte integral de los procesos del mercado. Por lo tanto, en varios bienes o mercados podemos identificar rigideces de precios, pero, los precios que vemos en los supermercados no son aún precio propiamente, sino ofertas, el oferente ofrece ciertos bienes y sugiere la cantidad de dinero que desea por ellos. Pero también vemos en nuestra experiencia diaria con cupones, ofertas especiales por la mañana, ofertas especiales en pizarras de restaurantes, tarjetas de recompensas de supermercados, etc. que también existe flexibilidad. Pero si los precios son rígidos o flexibles es realmente un asunto fuera de lugar. El punto está en que el grado de rigidez o flexibilidad de los precios no está determinado por factores externos objetivos como los costes de menú, sino que es elegido por los empresarios como una de las dimensiones del bien o servicio que ellos aportan al mercado. Los precios son tan rígidos o flexibles como deberían ser. Las políticas de precios empresariales son impulsadas por y se adaptan constantemente a distintos ritmos a las demandas de los consumidores (Salerno, Who is afraid of sticky prices?, 2012).

Joseph Salerno

Los precios destacados, son los únicos que pueden ser captados por nuestros sentidos y cuyo nivel puede medirse. La persona que vende X a cambio de 100$ es porque valora más esos 100$ (que utilizará en algún momento en comprar algo) que el bien X que tiene a la venta. Por otro lado, el consumidor valora más el bien X que los 100$ que tiene en sus bolsillos.

Si el precio elevado es aceptado por gran parte de los consumidores es porque éstos estiman en más las bondades de los panes que la conservación de las cantidades monetarias en sus bolsillos. Ya aquellos que consideran que la utilidad marginal de su dinero es superior a la de los panes, optarán por otros medios de satisfacción por el momento, debido a los precios elevados. Recordemos que cada individuo debe ajustar sus planes constantemente de acuerdo a los planes de los demás individuos. Las ganancias elevadas del primer panadero, llamará la atención de competidores. Otro empresario siguiendo la ley de imitación, y por el método de fijación de precios basado en la competencia (Tirado, 2013), procederá a ingresar al mercado con panes, posiblemente a menor precio para poder competir con el existente, formándose así el sistema de precios, llevando paulatinamente los distintos precios hacia el precio de mercado.

Este precio de mercado es en realidad el precio histórico registrado en el pasado más inmediato, y solo sirve de referencia para el actor, a fin de estimar cuáles serán los precios en el futuro.

En lo que respecta al tema de los precios, Menger los compara con olas que se mueven en el océano, en economía, tales olas son generadas por el deseo de los seres humanos.

“Si se levantan las esclusas de dos masas de agua en reposo, pero situadas a distinto nivel, se precipitan las olas, hasta que la superficie vuelve a quedar igualada. Pero estas olas son tan sólo un síntoma de la acción de aquellas fuerzas que llamamos gravedad e inercia. A estas olas se asemejan también los precios de los bienes, síntomas del equilibrio económico de la posesión de bienes entre las distintas economías. Pero la fuerza que los empuja hasta la superficie del fenómeno es la causa última y universal de todo movimiento económico, es decir, el deseo de los hombres de satisfacer de la mejor manera posible sus necesidades, de mejorar su situación económica” (Menger, Principios de Esconomía Política, 1871).

Cuando los individuos definen la escala valorativa de sus fines, deben buscarse los medios para lograrlos y éstos medios son escogidos de acuerdo al conocimiento o creencia que el individuo tiene de su capacidad satisfaciente. Del mismo modo en una economía en que los medios son intercambiados por dinero, las distintas valoraciones de los individuos permitirán el surgimiento de distintos precios para un mismo bien, sin embargo, si el suministro de dicho medio (bien o servicio) se mantiene constante, la interacción de los distintos individuos en el mercado, conducirán a la formación de un solo precio para ese medio en el mercado. Es lo que los economistas llaman precio de equilibrio, cuya existencia puede ser efímera pues depende de infinitas variables que afectan a las valoraciones de compradores y vendedores.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Borges, J. L. (2003). El Aleph. Buenos Aires: Alianza Editorial.

Garrison, R. (2001). Time and Money (First ed.). (T. &. Group, Ed.) New York: Routledge.

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Hayek, F. (1986). Estudios Públicos: El mensaje de Adam Smith en el lenguaje actual. Recuperado el 9 de julio de 2018, de www.cepchile.cl: https://www.cepchile.cl/cep/site/artic/20160303/asocfile/20160303183410/rev23_hayek.pdf

Jevons, W. S. (1896). Money and the mechanism of exchange. New York: D. Appleton and Company.

Kirzner, I. (1960). The Economic Point of View. Kansas: Institute for Humane Studies.

Menger, C. (1871). Principios de Esconomía Política (1983 ed.). (M. Villanueva, Ed.) Viena: Unión Editorial (Madrid).

Mises, L. V. (1953). The Theory of Money and Credit. (J. E. Batson, Ed.) Auburn: Mises Institute.

Mises, L. V. (1968). Socialismo (Tercera castellana ed.). (L. M. Oca, Ed.) Buenos Aires: Western Books Foundation.

Mises, L. V. (2011). La Acción Humana. Tratado de Economía (Undécima ed.). (U. Editorial, Ed.) Madrid: Unión Editorial.

Robbins, L. (1932). An Essay on the Nature and Significance of Economic Science. London: Mc Millan & Co. Ltd.

Robert Schuettinger, E. B. (1979). 4000 Años de Controles de Precios y Salarios (Primera ed.). (T. H. Foundation, Ed.) Buenos Aires: Atlántida.

Rothbard, M. (2009). Man, Economy and State, with Power and Market. (M. Rothbard, Ed.) Aurburn: Ludwig Von Mises Institute.

Salerno, J. (Marzo de 2012). Who is afraid of sticky prices? Quarterly Journal of Austrian Economics.

Sautet, F. (2000). A Entrepreneurial Theory of The Firm. (F. o. Economy, Ed.) London: Routledge.

Tirado, D. M. (2013). Fundamentos de Marketing. (S. 74, Ed.) Castelo de la Plana: Universitat Jaume.


[1] Spread: anglicismo utilizado en la jerga financiera para indicar la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta de un bien.

[2] Según Ludwig Von Mises, la Catalaxia es la parte de la Praxeología que estudia los intercambios interpersonales.

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