El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre adaptación individual – La función empresarial

La función empresarial, perspicacia y cálculo económico

En microeconomía ortodoxa se nos presenta la teoría de la firma, que es también conocida como la teoría económica de la empresa y define a la organización como una unidad económica de producción que nace y se desarrolla dentro de un mercado, su principal objetivo es la maximización de ganancias. Considera a la empresa como un mecanismo que se sitúa entre el mercado de factores y el de productos, cuya actuación consiste en combinar estos factores para transformarlos en productos; los precios de los factores productivos y de los productos terminados, al igual que la tecnología que emplea la empresa en la producción, vienen dados por la información.

La teoría de la firma se puede estudiar desde distintos enfoques:

• Basados en costos de transacción.

• Costos de coordinación.

• Diseño de tareas y sistemas de incentivos.

• Conocimiento.

• Problema de agencia que surge de la separación entre la propiedad y el control.

Este planteamiento del problema no nos resulta muy útil para este ensayo, pues justamente la tecnología, el capital físico y humano, están “dados” y se desarrolla en un mercado equilibrado, es decir, donde todos los individuos tienen total acceso a la información disponible. Se presume que existen empresas de competencia perfecta que son “precio aceptante” por lo que los ingresos marginales se igualan al precio dado por el mercado, y las empresas monopolísticas que suponen se adaptan a una curva de demanda con pendiente negativa donde la producción y precios óptimos está dada por el punto donde se cruzan las curvas de Costo Marginal e Ingreso Marginal. Pese a esto, en el mercado real, dinámico y cambiante las empresas son efectivamente buscadores de precios que ejercen constantemente influencia en los precios y por tanto siempre operan en mercados imperfectos (McCaffrey, 2018).  También Rothbard insiste en el estudio de la economía cambiante:

Matthew McCaffrey

“Esta construcción es la siguiente: Nos damos cuenta de que el mundo real de la acción es uno de cambio continuo. Las escalas de valores individuales, las ideas tecnológicas y las cantidades siempre están cambiando. Estos cambios tienen que ver con la economía en varias direcciones. Las escalas de valor cambian y la demanda del consumidor cambia de un bien a otro. Las ideas tecnológicas cambian, y los factores se utilizan de diferentes maneras. Ambos tipos de cambio tienen diferentes efectos sobre los precios. Las preferencias temporales cambian, con ciertos efectos sobre el interés y la formación de capital. El punto crucial es el siguiente: antes de que los efectos de cualquier cambio sean completamente resueltos, ya intervienen otros nuevos cambios.” (Rothbard, 2009).

Murray Rothbard

Así pues, la aproximación que pretendo dar en este apartado es más praxeológico, basado no en el equilibrio, sino en el proceso empresarial, y a la empresa como un fenómeno de desequilibrio que permite superar permanentemente el problema malthusiano y permite que la economía sea un juego de suma no cero.

El empresario, el C.E.O. y el capitalista

Ya hemos estudiado el proceso de formación del capital, el origen del ahorro y el interés originario, sentando sus bases en la ley de la preferencia temporal. Por lo tanto, ya tenemos en cuenta que la acción humana intencionada ocurre en un marco inter-temporal. El economista argentino Carlos Bondone considera:

Tiempo económico: el tiempo, en tanto es un bien (cosa útil al ser humano), y en tanto es escaso (para la satisfacción de todas las necesidades), es un bien económico” (Bondone, 2011).

Carlos Bondone

Es el propio tiempo el que nos sugiere la incerteza de un tiempo venidero, es decir, el futuro es incierto, por lo que todos los individuos a medida que toman conciencia de la inter-temporalidad de la acción, logran desarrollar cierta actitud prospectiva, lo que significa que todos asumimos una postura especulativa hacia el futuro, pero esta actitud prospectiva que emana de la ley de preferencia temporal no se manifiesta en todos por igual.

Cabe al individuo proyectar su acción en la incertidumbre del futuro, es un ejercicio individual basado en información disponible, conocimiento acumulado, marco institucional, escalas de valores y preferencia temporal. Es el individuo el que decide actuar, y así trata de alcanzar sus objetivos. De que los logre o fracase es un resultado de una mala estimación o proyección realizada como también variables inherentes a la incertidumbre del tiempo. Y para obtener mejores resultados, es decir, mayores satisfacciones, resulta necesario extender el periodo de la acción, como ya hemos visto, los caminos indirectos de producción son los que mejores resultados nos proporcionan, pero éstos exigen mayores sacrificios.

Hunter Hastings considera que hay dos roles individuales críticos para el dinamismo económico, primero, el rol de consumidor, en el que todo individuo se encuentra en constante estado de insatisfacción, es el que determina qué se debe producir al comprar o no comprar, su decisión es subjetiva, emocional, idiosincrática y mayormente imprevisible. El segundo, es el rol del empresario, que busca satisfacer al consumidor, intenta identificar las soluciones para las insatisfacciones de éste, sacrificando el tiempo, los activos de capital y los ingresos actuales para la producción de esa solución, después de haber realizado el cálculo económico de que el valor presente neto de los flujos de ingresos futuros será mayor que los egresos en los que incurrirá para la producción. El emprendedor soporta la incertidumbre de este proceso (Hastings, 2018).

Hunter Hastings

Haciéndolo simples, Robinson Crusoé supone que los nativos de la isla desean consumir pescado, por lo que procede a sacrificar su consumo presente de pescado para dedicar su tiempo a la construcción de un bote y una red, con la cual después de un tiempo, podrá utilizar para capturar muchos peces, y así dirigirse a la aldea a ofrecer los pescados a cambio de aquello que Robinson Crusoe considere necesario para él. Su decisión parte de la perspicacia con la que detecta el deseo de los consumidores, posteriormente realiza los cálculos para saber si es conveniente realizar tal sacrificio para construir los bienes de capital con los que procederá a la pesca. Con su decisión se enfrenta a la posibilidad de que no haya tantos peces en el río, su bote sufra un desperfecto y se hunda, que algún animal se coma parte de su pesca o que los habitantes de la aldea no valoren sus peces como él se suponía.

La función empresarial ejerce una fuerza coordinadora en el orden social del mercado. En efecto, ésta no sólo crea y transmite información, sino que, lo que es aún más importante, impulsa la coordinación entre los comportamientos desajustados de la sociedad. Toda descoordinación social se plasma en una oportunidad de ganancia que queda latente para ser descubierta por los empresarios o cualquier individuo que asuma ese rol. Una vez que el empresario se da cuenta de esa oportunidad de ganancia y actúa para aprovecharla, la misma desaparece y se produce un proceso espontáneo de coordinación, que es el que explica la tendencia que existe hacia el equilibrio en toda economía real de mercado. Además, el carácter coordinador de la función empresarial es el único que hace posible la existencia de la teoría económica como ciencia, entendida ésta como un corpus teórico de leyes de coordinación que explican los procesos sociales (Soto, La escuela austriaca moderna frente a la neoclásica, 1997).

Jesús Huerta de Soto

Este pequeño ejemplo entraña tres aspectos o roles distintos que se suele confundir al hablar sobre “empresarialidad”[1], no necesariamente deben ser individuos distintos, en el ejemplo, los tres roles son asumidos por Robinson Crusoé, el de empresario emprendedor, el empresario ejecutivo
 o C.E.O. (Chief Executive Officer) y el capitalista.

 El Empresario emprendedor (Entrepreneur)

Es un emprendedor con motivación de retorno económico. Es el que observa o trata de detectar posibles necesidades en los individuos y que le puedan generar beneficios, comparando con cualquier otra opción emprendedora disponible o su propia posición inicial de satisfacción. Asume la función de la perspicacia o “alertness” en términos de Kirzner. El empresario es el que tiene la idea y asume inicialmente el riesgo, como también acepta enfrentarse a la incertidumbre del futuro. La función empresarial, por tanto, estriba en anticiparse con mayor acierto que otros a las futuras demandas de los consumidores de un mercado específico. El empresario despliega su capacidad creativa sobre la realidad que le rodea, basado en la capacidad que todo humano posee de percibir e inter-relacionarse con su entorno, capacidad esta que está manifiesta de manera distinta en cada individuo.

Israel Kirzner

Asume una manera de pensar y actuar orientada hacia la creación de riqueza. Es una forma de pensar, razonar y actuar centrada en las oportunidades, planteada con visión global y llevada a cabo mediante un liderazgo equilibrado y la gestión de un riesgo calculado, su resultado es la creación de valor que beneficia a la empresa, la economía y la sociedad (1014/2006, 2006).

Emprender tiene un origen etimológico en el verbo latino in prehendo-endi-ensum, que significa descubrir, ver, percibir, darse cuenta de, atrapar; y la expresión latina in prehensa claramente conlleva la idea de acción, significando tomar, agarrar, asir. Por lo tanto, empresa es sinónimo de acción y así en Francia el término entrepreneur se utiliza ya desde hace mucho tiempo, en la alta Edad Media, para designar a las personas encargadas de efectuar importantes acciones, de carácter arduo y dificultoso (Soto, Socialismo, cálculo económico y función empresarial, 2005).

La acción humana intencionada, que es el campo de estudio de la economía persigue precisos fines y objetivos, y para ello recurre a los medios, que por definición han de ser escasos. Los fines y los medios jamás están dados, son el resultado del ingenio humano, de crear, descubrir o simplemente darse cuenta de cuáles son los fines y los medios relevantes para el actor. Una vez definido cuáles son los fines que merecen la pena intentarlo, así como los medios de los que dispone, los incorporan unos y otros en un plan de acción que luego lo lleva a la práctica en un acto de personal voluntad.

Daniel Kahneman considera al emprendedor como un individuo en el que se manifiesta el sesgo cognitivo del optimismo:

“La falacia de la planificación solo es una de las manifestaciones de un sesgo optimista omnipresente. Casi todos los humanos vemos el mundo más benigno de lo que realmente es, nuestras capacidades más estimables de lo que realmente son, y los fines que perseguimos más fáciles de lograr de lo que realmente son. También tendemos a exagerar nuestra capacidad para predecir el futuro, lo cual fomenta un optimista exceso de confianza. Por sus consecuencias para las decisiones, el sesgo optimista puede muy bien considerarse el más destacable de los sesgos cognitivos” (Kahneman, 2002).

Daniel Kahneman

En este punto estoy abordando un asunto de estudio de la psicología, que Kahneman resalta:

“El optimismo es algo normal, pero algunos afortunados son más optimistas que el resto. Quien está genéticamente dotado de un sesgo optimista, casi no necesita que le digan que es una persona con suerte, se siente ya afortunado… Son normalmente alegres y felices y, por ende, populares; se recuperan de los fracasos y las penurias, las posibilidades de que caigan en una depresión son reducidas, su sistema inmunitario es más fuerte, cuidan más de su salud, se sienten más sanos que otros, y de hecho la longevidad es más probable en ellos.” (Kahneman, 2002).

Por eso el papel que desempeñan los optimistas en nuestras vidas es desproporcionado, sus decisiones marcan una diferencia, buscan desafíos y se arriesgan. Subestiman las contingencias, malinterpretan riesgos, creen que son prudentes, pero no lo son, su confianza en el éxito futuro alimenta su actitud positiva y los ayuda a obtener recursos de otros, levanta la moral de los empleados y contribuyen así al dinamismo de una sociedad capitalista de libre mercado, aunque los más arriesgados terminen desilusionados. Son el motor del capitalismo. Y aquellos que fracasan son los mártires optimistas, fracasan, pero señalan el camino a competidores más cualificados y eficientes.

Frank Knight considera que el emprendedor realiza una estimación de la demanda futura que se quiere satisfacer, estimación de los resultados futuros de las acciones que intentan satisfacer esa demanda, evaluación de la exactitud de las estimaciones y la probabilidad de alcanzarlas, y selección del plan que se considera tiene mayor probabilidad de éxito. El emprendedor se enfrenta a la incertidumbre, impulsando el desarrollo y promoviendo la innovación y por tanto no encaja en el planteamiento estático de la economía tradicional. Knight ve en el empresario a la persona que no teme asumir los riesgos no asegurables de la producción y tiene, pues, un papel esencialmente dinámico que busca su beneficio en un mercado igualmente dinámico. Dichos beneficios dependen, especialmente, de ese mercado y de su habilidad emprendedora (Edwin Tarapuez Chamorro, 2008). Recordando que el emprendedor asume una postura de permanente estado de alerta, búsqueda y descubrimiento de oportunidades de negocios.

Frank Knight

La función empresarial, consiste principalmente en la toma de decisiones en entornos de incertidumbre tratando de anticiparse al futuro de un proceso de mercado, descubriendo nuevas oportunidades y obteniendo con eso un beneficio empresarial. La figura del empresario es un elemento esencial de una economía de mercado sobre la que se articula un orden social. La actitud prospectiva empresarial sólo fecunda en una economía competitiva de libre mercado.

El empresario ejecutivo (C.E.O.)

Este rasgo de la actitud empresarial se refiera a aquella capacidad del individuo de materializar o intentar hacer realidad las ideas, proyecciones o planes del emprendedor, es el que debe combinar las informaciones que son creadas o descubiertas por los emprendedores. Asume la visión Taylorista[2] de los principios normativos de organización. Es el que lleva a cabo el cálculo económico en la construcción interna de la organización y en base a ello toma decisiones de planificación, organización, dirección, coordinación y control. Es el que asume la postura maximizadora, pues debe encargarse de la asignación eficiente de recursos de acuerdo a la información suministrada por la estimación del emprendedor y el propio mercado. No se enfrenta a una curva de demanda dada, el emprendedor lo guía a descubrir su propia demanda, y en base a los cálculos de pérdidas y ganancias debe actuar para reducir costos y maximizar utilidades, es decir, buscar eficiencia en la asignación de recursos, sean insumos, capital físico, capital humano, proyección de mercado, disciplina financiera, formar su red de contactos, negociar con proveedores y clientes, contratar capital, trabajadores, promover la marca, etc.

Es el elemento coordinador de una organización, define los métodos o indica la necesidad de fijar métodos y procesos, facilita el flujo de información dentro del organización para evitar desperdicios y aumentar la eficiencia productiva, puesto que este empresario responde a los requerimientos del propietario del capital. Es decir, su fin es coordinar las acciones de diferentes individuos buscando crear valor, aumentar las ganancias o disminuir las pérdidas para aquel que está financiando el emprendimiento.

Un aspecto fundamental en el proceso productivo es su proyección inter-temporal, producir un bien consume tiempo, desde que se inicia la producción del bien hasta su conclusión, por ejemplo, un automóvil. Para ello debemos recordar nuevamente el ordenamiento de los bienes económicos según Carl Menger, denominando bienes de primer orden a aquellos cercanos al consumo final, en este caso el automóvil y pasando a segundo orden, tercer orden, y así sucesivamente diferenciando las distintas etapas productivas hasta llegar a la propia extracción del mineral con el que se realizará la aleación que finalmente se convertirá en un automóvil después del largo proceso de fabricación.

La función empresarial aparte de coordinar las distintas etapas, se encarga de adelantar los pagos con bienes presentes o reclamos de bienes presentes (billetes) a los factores originarios, es decir trabajo y tierra, en forma de alquiler de planta industrial, mineral de aluminio, electricidad, diseñador, soldador, técnico industrial, jardinero, vidrios, dispositivos de freno, embragues, etc. Para que una vez concluido el proceso de producción y la respectiva venta del bien producido en cada etapa de producción pueda obtener sus ingresos, esperando que esos ingresos sean superiores a los adelantos efectuados.

Es la figura del empresario que más se ajusta al modelo matemático, el individuo que debe tomar decisiones de asignación eficiente de recursos dados de acuerdo a costos y beneficios esperados. Sin embargo, estas decisiones estarán basadas en la información descubierta continuamente por los empresarios emprendedores (Soto, The Austrian School: Market Order and Entrepreneurial Creativity, 2008).

Por Victor Ocampos

Bibliografía

1014/2006, L. (2006). Recuperado el 14 de Noviembre de 2018, de mincit.gov.co: http://www.mincit.gov.co/publicaciones/16931/conceptos_y_definiciones

Bondone, C. (2011). Teoría del Interés: En retrospección desde la teoría del tiempo económico. (C. Bondone, Ed.) Buenos Aires.

Edwin Tarapuez Chamorro, J. A. (Marzo de 2008). Knight y sus aportes a la teoría del emprendedor. Estudios Gerenciales, 24(106).

Hastings, H. (2018). Recuperado el 6 de Noviembre de 2018, de mises.org: https://mises.org/es/wire/8-rasgos-del-empresario

Kahneman, D. (2002). Pensar rápido, pensar despacio. Buenos Aires: debolsillo.

McCaffrey, M. (2018). The economic theory of Costs: Foundations and new directions. (M. McCaffrey, Ed.) Abingdon: Routledge.

Rothbard, M. (2009). Man, Economy and State, with Power and Market. (M. Rothbard, Ed.) Aurburn: Ludwig Von Mises Institute.

Soto, J. H. (1997). La escuela austriaca moderna frente a la neoclásica. Revista de Economía Aplicada, V(15).

Soto, J. H. (2005). Socialismo, cálculo económico y función empresarial (Tercera ed.). (G. M. S.A., Ed.) Madrid: Unión Editorial.

Soto, J. H. (2008). The Austrian School: Market Order and Entrepreneurial Creativity. (E. Elgar, Ed.) Cheltenham: Edward Elgar Publishing Limited.


[1] Empresarialidad: Lo que la literatura anglosajona denomina entrepreneurship y cuya traducción literal al castellano, aún no es reconocida por la RAE, requiere de cierta clarificación de un concepto que engloba al menos tres dimensiones: el empresario, la función empresarial y la creación de empresas.

[2] Frederick Taylor: Ingeniero estadounidense considerado un pionero en el campo de la administración, por ser el primer exponente teórico formal en abordar la complejidad inherente de los procesos productivos. Su obra principal fue “Principios de la Administración Científica”.

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