El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Economía Ensayo Especiales

Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre adaptación individual – La pobreza y el individuo

La pobreza y el individuo

Dando continuidad a la entrega anterior sobre pobreza y preferencia temporal me gustaría continuar sobre el punto. Todos hemos evolucionado genéticamente desde algún simio pre-humano arcaico en el que la pobreza era la norma, es decir, consumo presente permanente. Los cavernícolas eran pobres y dada la expansión poblacional y territorial que ha tenido el hombre moderno, éste vivió como parásito de la naturaleza por milenios, cazando y recolectando sin reponerlos, por lo que la “riqueza” o acceso a medios satisfacientes estaba totalmente condicionada a los atributos naturales de su entorno. Hasta que la reproducción humana los llevó a enfrentarse una y otra vez con el problema Malthusiano de superpoblación y escasez. Eso dio lugar al surgimiento de la familia y de la propiedad privada, que justamente permitió pasar de un modo de vida nómada a uno sedentario, donde el individuo empieza a cultivar la tierra para buscarse alimentos. Es la escasez lo que permite al individuo buscar la manera de superar esas limitaciones, exigirse sacrificios como el de abstenerse a consumo presente, aplicar el ingenio para hacerse de herramientas y así obtener mayores bienes de consumo a futuro. Ese es el único camino real desde la perspectiva puramente de la acción humana, por medio del cual se puede salir de la pobreza, es decir, tomando conciencia de la inter-temporalidad de la acción, por medio del ahorro y la inversión se puede obtener riqueza por los medios económicos, es decir, de producción real de bienes satisfacientes.

Más adelante veremos que el mercado en todo el mundo y en especial en países como el nuestro está extremamente intervenido y las reglas del juego no son claras como para favorecer el intercambio voluntario mutuamente beneficioso.

Recordando que la economía no es un juego de suma cero, es decir, el enriquecimiento de un individuo por medio del libre mercado no se da en detrimento de otro individuo, sino más bien, sirviendo o proveyendo al otro los bienes que desea, por tanto, el mercado ofrece la oportunidad al individuo de mejorar su situación, esto es, permite la acción humana intencionada, que, si bien direccionada, secuenciada y ejecutada de acuerdo a los principios básicos que hemos apuntado en la primera parte, es posible ir mejorando el nivel de vida y salir de la situación de pobreza absoluta, recordando que la pobreza relativa siempre existirá en un libre mercado, pues unos serán más ricos y otros menos.

Santos Mercado y colegas explican:

“Cada hombre pobre posee talento y tiene disposición de hacer el mejor esfuerzo para satisfacer sus necesidades, gustos y caprichos; son gentes que quieren prepararse mejor, formar una familia, tener hijos, ayudar a sus padres y familiares colaterales, tener casa propia, automóvil y desean crecer en todos los sentidos. Los pobres no utilizan como pretexto su situación para dedicarse al robo, al asesinato o al despojo, son gente buena. Los pobres no son enemigos de la propiedad privada, más aún, lo poco que pueden tener, lo cuidan con fervor, porque aplicaron gran esfuerzo para conseguirlo. Los pobres tampoco son enemigos de las empresas capitalistas. Por ello acuden de manera inmediata cada vez que se abre una nueva empresa o cuando se solicitan trabajadores. Aceptan y admiten que trabajar para alguien es un mecanismo correcto para obtener, en contraparte, el salario que les permita solventar sus necesidades” (Santos Mercado Reyes, 2010).

Recordemos que la pobreza es la condición inicial de todos los hombres y con el paso del tiempo, algunos consiguen salir de esa situación inicial. En física, la segunda ley de la termodinámica explica que procesos irreversibles ocurren naturalmente en una sola dirección, hacia el futuro, si bien es posible alterar el curso del tiempo, la probabilidad es ínfima. El humano de hábitos modernos se estima que haya surgido hace unos 10 mil años o más y desde antes, el planeta tierra, sigue su curso inexorable alrededor del sol y la vida que se desarrolla en ella, nace, crece y muere, de acuerdo a las leyes evolutivas. El mundo en que vivimos es cambiante, por lo tanto, existen los que nacieron antes de nosotros y aquellos que nacerán después, y cada uno de esos individuos ha recurrido a la acción para la satisfacción de sus necesidades, de acuerdo a sus valoraciones subjetivas de medios y fines, y sus respectivas apreciaciones del tiempo, es decir, su preferencia temporal, respondiendo así a la singularidad de cada individuo, por tanto los individuos llegan a resultados distintos porque son distintos en sus capacidades, apreciaciones, cualidades, etc., y sus descendientes dan secuencia a lo logrado por sus antecesores.

El individuo con precariedades entonces, se encuentra en un estado de insatisfacción y por lo tanto debe actuar, su acción parte de una elección y esa elección lo conducirá por los caminos del mercado, es decir, del intercambio voluntario mutuamente beneficioso o caso contrario, por los caminos de la fuerza, dicho de otro modo, los medios políticos de acceso a medios satisfacientes.

Es él quien decide o decidirá emprender su propia lucha contra su pobreza y su preferencia temporal determinará cómo y cuándo logrará superar sus constricciones vitales. En caso de recurrir a los medios económicos de satisfacción, ergo, mercado, su preferencia temporal, de ser elevada, lo inducirán a consumir la totalidad de sus ingresos inmediatamente, impidiendo así su progreso, esa misma alta preferencia temporal lo induce a no reprimir sus humanos impulsos, deberá entonces ser consciente de la inter-temporalidad de la acción y de que debe esforzarse en dominar su preferencia temporal. Consumir inmediatamente lo obtenido, acortar el cruce de una avenida a través del paseo central, tirar la basura en la calle, preferir salir de fiestas con amigos en vez de estudiar para un examen, pretender reconocimiento inmediato ante alguna acción tanto particular como en el trabajo, buscar un trabajo seguro en lugar de arriesgarse a una aventura empresarial, etc., todas estas acciones están supeditadas a la preferencia temporal del individuo.

El actor ejecuta una acción pretendiendo invariablemente pasar de una situación poco ventajosa a otra más favorable, demostrando así una preferencia por una mayor cantidad de bienes. Cuenta en qué momento del futuro alcanzará sus objetivos, y cuál será la vida útil de los bienes. Se manifiesta así la preferencia universal por los bienes presentes sobre los futuros, satisfacción inmediata a postergada satisfacción. Para tener éxito en mejorar la situación general en la que el individuo se encuentra, necesariamente implica sacrificios de satisfacción inmediata por mediata, y esos sacrificios se aceptan de acuerdo a la preferencia temporal del individuo (Hoppe, Monarquía, Democracia y Orden Natural, 2005).

Cada actor ajusta su preferencia temporal según sus propias evaluaciones subjetivas, que como hemos visto, están influenciadas tanto por los cambios que experimentan a lo largo de su vida biológica, como también a factores externos, psicológicos e institucionales. Hay quien, como los niños, se desentiende de todo lo que no sea el presente y el inmediato futuro, interesándose tan sólo por los placeres instantáneos o apenas diferidos. Esta elevada preferencia temporal puede ser la de un vagabundo, un holgazán, un borracho, un drogadicto, un fantasioso o simplemente la de un vivaracho, que aspira a trabajar lo menos posible para sacarle el máximo partido a cada día (Hoppe, Monarquía, Democracia y Orden Natural, 2005). Algunos de esos aspectos abordaremos en los siguientes apartados.

Hans Hermann Hoppe

En un ambiente de pobreza, la saliencia de la muerte[1] es latente, por lo que algunos individuos desarrollan comportamientos carentes de empatía y con cierto distanciamiento social, la urgencia en satisfacer sus necesidades se ve agudizada por lo que los profesores Andrew Clark y Andrew Oswald denominan teoría de la privación relativa, cuyos estudios demostraron que al contrario de lo que la gran mayoría de los economistas creen, que los cálculos de utilidad o satisfacción generalmente son medidos en términos absolutos, en efecto, los niveles de satisfacción están fuertemente influenciados por los ingresos relativos (Andrew Clark, 1995). Es decir, los individuos constantemente están haciendo comparaciones, creando puntos de referencias (Kahneman, 2002) para compararse a sí mismos y si éstos referentes se distancian en nivel de ingreso o éxito respecto a un individuo, éste individuo se siente menos feliz, los estresores bioquímicos generan frustración, y normalmente la preferencia temporal se eleva, haciendo con que se recurra a medios directos de obtención de medios satisfacientes, que pueden derivar en violencia, criminalidad, depresión, y búsqueda de formas más rápidas de obtención de medios satisfacientes.

Andrew Oswald (Centro), Andrew Clark (Derecha)

Si un comerciante observa que cierto negocio es un éxito, es decir, obtiene ganancias importantes, no tardará en imitar el negocio, pues por efecto imitación, se copia al exitoso, la oferta se desplaza, llevando los precios a la baja. Algo similar ocurre cuando un individuo cuya preferencia temporal es elevada, al observar el progreso de su vecino tratará de alcanzarlo recurriendo para ello a medios más cortoplacistas que no le permiten salir del rezago.

El ambiente en el que se desarrolla la acción de un individuo carente de medios satisfacientes está dado por la inseguridad, y escasez permanente, el esfuerzo a realizar es enorme, pues la urgencia en el consumo está en constante estimulación, ya sea por el hambre, como también su entorno social, cualquier comportamiento que no se adecue a lo que su entorno considere normal, generará rechazo. El que intenta ahorrar, absteniéndose de gastos habituales se lo considera antisocial, existe también el peligro constante de ser asaltado, todo esto influye en acortar el horizonte temporal de la acción y preferir el consumo presente. Por lo tanto, dependerá de una fuerza de carácter elevada para superar estos escollos. Muchos han logrado, generación tras generación, si se encara el incierto futuro con una actitud prospectiva, conscientes de la preferencia temporal, como de la causalidad de nuestras acciones y decisiones, economizando y evitando compararnos con otros individuos. El camino del mercado es el más largo, pero el más sólido para acceder a medios satisfacientes y mejorar la calidad de vida. En esta empresa muchos parten de posiciones mejores ya obtenidas por sus antepasados, intentar hacer con que todos partan desde el mismo punto de partida sería como resetear la historia de cada individuo para que todos tengan “igualdad de oportunidad”. Sin embargo este procedimiento lo que hace es reducir el horizonte temporal del individuo al espacio temporal entre su nacimiento y muerte, lo cual no genera incentivos para el ahorro y la formación de capital.

Para que el individuo con dificultades para combatir su pobreza logre mejorar su situación necesita producir, sea por sus propias manos o buscando un empleo, el mercado estará dispuesto a recibir su producto o su trabajo, si es que el intercambio, la creación de riqueza y la división del trabajo se dinamiza, para ello, el marco legal debe permitir el desarrollo de un mercado verdaderamente libre en el que la iniciativa individual vaya generando riqueza. Porque a medida que la institución gubernamental bajo pretexto del bien común va secuestrando al mercado, el que se encuentra en situación de pobreza pasa a depender y a creer solo en los medios políticos de obtención de riqueza, olvidando que solo los medios económicos generan riqueza real. Como veremos en el capítulo siguiente.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Andrew Clark, A. O. (1995). Satisfaction and comparison income. Paper, London School Of Economics, Centre For Economic Performance, Londres.

Hoppe, H. H. (2005). Monarquía, Democracia y Orden Natural. Madrid: Ludwig Von Mises Institute.

Kahneman, D. (2002). Pensar rápido, pensar despacio. Buenos Aires: debolsillo.

Santos Mercado Reyes, J. A. (2010). Pobreza y libertad Económica. Chapingo: Universidad Autónoma Chapingo.


[1] Saliencia de la muerte: En la teoría de manejo del terror se denomina así a la prominencia de la muerte en la conciencia o la memoria de corto plazo del individuo.

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