Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre adaptación individual – La pobreza y la preferencia temporal

Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre adaptación individual – La pobreza y la preferencia temporal

EL INDIVIDUO EN ACCION. APUNTES SOBRE ADAPTACION INDIVIDUAL

En la primera parte de este trabajo, he planteado los supuestos, sobre los cuales se basa la causalidad de la acción humana, en las páginas siguientes podremos observar cómo esos supuestos se presentan en cada punto analizado, y cómo tomando conciencia de esa relación causal, se puede educar muchos de nuestros hábitos en pos de un mejor aprovechamiento de nuestros recursos y cómo las intervenciones estatales aún bien intencionadas atentan contra aquellos a quienes pretenden defender.

La pobreza y la Ley de la Preferencia Temporal

Uno de los asuntos que más interesa a sociólogos y políticos es el tema de la pobreza, que, si lo observamos detenidamente, es nada más que la condición natural del hombre. Durante milenios los seres humanos han vivido en extrema pobreza, aún en un mundo de abundancia de recursos, debían hacerse de alimentos con las propias manos, luchar contra depredadores naturales, insectos, enfermedades, malnutrición, entre otras precariedades, lo que conducía a una muerte precoz, tanto la mortalidad infantil, como la propia edad máxima que se alcanzaba en promedio de un adulto rondaban los 30 a 35 años (Vargas, Acerca de la longevidad de los seres humanos, 2000). Tal homogeneidad en la extrema pobreza es un fenómeno común hasta nuestros días en muchas partes del mundo. La historia de la pobreza es prácticamente la historia de la humanidad. Los escritores de la Antigüedad nos han dejado muy pocos testimonios porque lo daban como algo sabido por todos. La pobreza era una situación normal (Hazlitt, La conquista de la pobreza, 1973).

Henry Hazlitt

“Los modernos historiadores, gracias a los descubrimientos realizados, nos describen a la antigua Grecia y Roma como un mundo en el que las casas carecían de chimeneas y donde las habitaciones se caldeaban durante el invierno gracias a la lumbre que se encendía en el fogón o por medio de un brasero colocado en el centro de la habitación; la estancia se llenaba de humo y, consecuentemente, las paredes, el techo y los muebles se ennegrecían hasta quedar cubierto todo con una capa de hollín; la luz era proporcionada por humeantes lámparas de aceite que carecían de extractor de humos lo mismo que las casas en las que se utilizaban. El escozor de los ojos era una consecuencia lógica del humo que se respiraba. Las viviendas de los griegos no tenían calor en invierno, no reunían las condiciones higiénicas adecuadas ni contaban con los servicios más elementales para el lavado y la limpieza.

La escasez de alimentos y el hambre era algo tan crónico que solamente ha quedado constancia de los elementos considerados como trágicos dentro de un contexto de penuria habitual. La Biblia nos cuenta cómo José expuso a los faraones las medidas que había que tomar para combatir el hambre que se cernía sobre el antiguo Egipto. Durante una época de hambre en Roma, el año 436 a. C., miles de personas hambrientas se arrojaron al Tíber. No mejoraron las condiciones durante la Edad Media” (Hazlitt, La conquista de la pobreza, 1973).

La pobreza empieza a ser notada o percibida en el momento en que algunos individuos de un grupo social logran elevar su nivel de vida en relación a los demás, se vuelven más ricos. A partir de entonces encontramos descripciones vívidas de pobreza como en las obras de Charles Dickens, quien fuera testigo de la revolución industrial, pero, explicar la pobreza es simple, no hay mucho que decir sobre ello, es el estado en que estuvo siempre la humanidad. Por tanto, debemos tratar primero de comprender cómo buena parte de la humanidad salió de la pobreza, se volvió rica. Recordando siempre que pobreza y riqueza son términos relativos, siempre existirán más pobres y más ricos, por la diversidad, tanto morfológica, intelectual y actitudinal de cada individuo, motor éste de la propia evolución de la vida.

Como ya hemos visto, las insatisfacciones conducen al hombre a actuar, y la acción ocurre dentro de un contexto temporal, y es la conciencia del tiempo lo que permitió al hombre proyectarse hacia la incerteza del mañana y emprender la acción. Cuando la humanidad vivía en las cavernas vivía en la pobreza material, como cualquier animal, viviendo solo el presente, cazando para comer, actuando al presentarse la necesidad, por lo que dedicaba mucho trabajo para poco resultado, debía esforzarse en buscar alimentos y en protegerse permanentemente. Recién al tomar conciencia del tiempo, pudo empezar a restringir consumo presente, es decir, vivir por debajo de sus posibilidades, trabajar duro para construirse una herramienta y así lograr mayor consumo a futuro como veremos a continuación:

Böhm-Bawerk[1] inicia magistralmente su Teoría Positiva del Capital con un ejemplo simple, un chorro de agua fresca está ubicada a unos 30 metros de la casa de un sujeto, por lo tanto, cada vez que tiene la necesidad de aplacar su sed, éste se dirige hasta el chorro para beberla, llevando con las manos el agua a la boca. Esa decisión la tomó por ser la manera más rápida de satisfacer su necesidad, pero deberá trasladarse hasta el chorro cada vez que tiene sed, y eso es varias veces al día y provoca fatiga. Ahora bien, puede construirse una suerte de balde si recurre a unos troncos del bosque y los ata con fibras vegetales, con eso puede llenar el balde de agua, con lo que tendría una provisión de agua para todo el día, ya no necesitando recurrir constantemente hasta el chorro. Esta resolución implica extender el periodo de la acción, entre el nacimiento de la necesidad y su satisfacción, el beneficio es mayor, pues ya necesitará ir hasta el chorro solo una vez en el día. Inclusive puede surgirle la idea de que, para evitarse el traslado diario hasta el chorro de agua, podría cortar algunos juncos o árboles y construir un pequeño acueducto con el que conducirá el agua desde el chorro hasta su casa, remediando de una vez el problema del agua, pero esto significa extender aún más el periodo de la acción hasta la satisfacción de la necesidad (Böhm-Bawerk E. v., 1986).

En este pequeño ejemplo podemos observar la primera acción, como la de un sujeto cuya preferencia temporal es alta, es decir, busca satisfacer una necesidad de manera inmediata, la segunda acción ya representa una preferencia temporal menor y la última acción representa una pequeña preferencia temporal, es decir, el individuo es capaz de abstenerse de la satisfacción inmediata, para hacerse de medios para lograr una satisfacción futura mucho mayor. La preferencia temporal está relacionada con la extensión del periodo de la acción produciendo bienes por medios indirectos, por lo que se denomina producción capitalista.

“La conclusión que con unanimidad se debe sacar de estos ejemplos es clara: Se obtiene más éxito produciendo bienes de uso, indirectamente que por vía directa. Pero: el éxito mayor puede revelarse en dos modos: en los casos en que se puede conseguir un bien de uso tanto por vía directa o indirecta, se obtiene mejores resultados por vía indirecta, se puede conseguir más producto con igual cantidad de trabajo, o el mismo producto con menos trabajo. Además, se manifiesta en el sentido de que ciertos bienes solo se pueden conseguir por vías indirectas, esto es en el caso, aún mejor, que muchas veces es el único camino para llegar al objetivo propuesto” (Böhm-Bawerk E. v., 1986).

Cuando presenté a la Ley de Preferencia Temporal, comenté cómo Hermann Hoppe considera que esa intensidad en que se manifiesta tiene un componente relacionado al conocimiento del que dispone el individuo en el momento de la acción.

En otras palabras, el individuo postergaría su inmediata satisfacción solo en el caso de que pueda vislumbrar un aumento de satisfacción en el futuro. Así tenemos en el ejemplo arriba, la primera acción que supone alta preferencia temporal, debido a que el individuo no logra ver un poco más allá de la urgencia de su necesidad, recurre a la satisfacción inmediata, en el siguiente caso ya es capaz de verse en un futuro un poco mejor, si extiende el periodo de la acción construyéndose el balde y así llegamos al caso del constructor del acueducto que podemos decir que dado el conocimiento que tiene, logra ver aún más lejos en la obscuridad del futuro y puede extender aún más el periodo de la acción para satisfacer en mayor medida su necesidad.

“La estimación de la preferencia temporal, que varía de una persona a otra y de un momento al siguiente, es siempre positiva y determina la magnitud de la gratificación de la renuncia a consumir, así como el ahorro y la inversión totales” (Hoppe, Monarquía, Democracia y Orden Natural, 2005).

Pero además del conocimiento, otros factores influyen en la preferencia temporal, y estos pueden ser externos, biológicos, personales, sociales, institucionales, etc. Observemos:

Si un especialista meteorológico prevé una inundación o una terrible sequía, la utilidad marginal de bienes futuros crecerá, es decir, nos ponemos a preocuparnos por el futuro, estimamos menos el consumo presente, para aprovisionarnos para la inundación, es decir la preferencia temporal disminuye, y la gente ahorra y valora más la satisfacción futura. Pero una vez que pase la inundación, la preferencia temporal vuelve a elevarse, y la gente vuelve a estimar en mayor medida el consumo presente. Sin embargo, si se estima que la inundación arrasará con todo y aún sus provisiones serán destruidas, pues entonces, la preferencia temporal se elevará conduciendo al individuo a consumir con urgencia lo que esté a su disposición.

El ser humano nace, se desarrolla, crece, se procrea, y muere, cada etapa de su desarrollo biológico influye en su preferencia temporal, así tenemos a un niño cuya preferencia temporal es elevadísima debido a que por limitaciones cognitivas es incapaz aún de percibir su expectativa de vida en un periodo de tiempo largo, ni conoce aún los posibles métodos de producción indirectos, por eso generalmente busca consumir todo lo que tiene a su disposición, en el momento presente, es decir, satisfacción inmediata. En el niño si se justifica el carpe diem, ellos viven al día, de goces instantáneos sucesivos.

A medida que el niño crece y llega a su edad adulta, la utilidad marginal de bienes futuros aumenta, por lo tanto, la preferencia temporal tiende a disminuir, pues el adulto ya consciente de su expectativa de vida, de sus objetivos propuestos para el futuro y de que existen medios indirectos de producción, se ve estimulado a ahorrar e invertir, a prolongar la acción, para la producción y el aprovisionamiento.

Cuando se acerca la vejez, la preferencia temporal vuelve a aumentar, pues el fin del ciclo de la vida induce al individuo a tratar de disfrutar los goces de la vida disponibles antes de partir, es decir disminuye el ahorro y aumenta el consumo, aunque este efecto suele ser neutralizado con la procreación, ya que la posibilidad de ceder a los herederos los beneficios del ahorro, estimula al anciano a extender su provisión para más allá de la duración de su propia vida, manteniendo su preferencia temporal a niveles de su plenitud vital.

El medio ambiente, ya sea físico o social, influyen en cada individuo, por lo que cada uno ajusta su preferencia temporal de acuerdo a sus evaluaciones subjetivas. La manera en que cambia esa preferencia depende entonces de factores psicológicos de cada individuo, así hemos mencionado efectos del entorno físico, como una inundación y al principio de este trabajo hemos mencionado los motivos sociales de seguridad y aceptación que también guían la acción.

Cuadro 1

Si volvemos al ejemplo del chorro de agua, el sujeto que va cada vez que tiene sed hasta el chorro para beber el agua, es más pobre, que aquel que fabrica para su balde y más aún del que construye para su acueducto. Esa pobreza relativa se debe a la diferente preferencia temporal de cada sujeto.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Böhm-Bawerk, E. v. (1986). Teoria Positiva do Capital (Segunda ed.). (L. J. Barauna, Ed.) Sao Paulo: Nova Cultural.

Hazlitt, H. (1973). La conquista de la pobreza. (C. G. Luis Vadillo, Ed.) Leviatan.

Hoppe, H. H. (2005). Monarquía, Democracia y Orden Natural. Madrid: Ludwig Von Mises Institute.

Vargas, L. (Julio de 2000). Acerca de la longevidad de los seres humanos. Natura Medicatrix(59).


[1] Eugen Von Böhm-Bawerk: economista y político austro-húngaro nacido en Brno, vivió entre 1851 y 1914. Fue uno de los intelectuales más críticos del marxismo, y desarrollador de la Teoría del Capital de la Escuela Austriaca de Economía

Víctor Ocampos

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