El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre el orden social – División del trabajo y propiedad privada

División del trabajo, capitalismo y propiedad privada

Si el lector ha llegado a este punto en su lectura, y si la intensión del autor de ser claro en su escritura ha sido lograda, asumo que ya tiene una construcción mental de que la insatisfacción inicia la acción del individuo que lo conduce a buscar su satisfacción y que para ello recurre a bienes y servicios, y que éstos son seleccionados de acuerdo a su escala subjetiva de valores, la cantidad de que dispone y aquello que renuncia en su elección y que éstos bienes seleccionados son producidos en abundancia con la división del trabajo, que permite la especialización de los agentes, que a su vez se potencia aún más la producción de bienes recurriendo a los medios indirectos de producción, ergo, capitalismo, que se basa en ahorro e inversión, y que esta producción responde a las directrices emanadas por los diversos consumidores y sus respectivas urgencias, así también se habrá dado cuenta que los planteamientos praxeológicos explican la lógica de la acción humana, pero no las implicancias del entorno en el que se desarrolla la acción, así hemos visto que existen innumerables variables ambientales, físicas y sicológicas que intervienen en el momento de la toma de decisiones y la acción misma.

Estamos hablando de seres humanos, con características únicas como individuos, pero también con rasgos comunes que hacen a la especie humana, hemos visto la influencia del tiempo, de la incerteza del futuro y del miedo a la muerte, así también vestigios del proceso evolutivo de esta especie humana que logró sobrevivir en el proceso selectivo de la naturaleza, así como las instituciones que la acción humana fue formando en el inexorable contexto temporal y aquellas diseñadas deliberadamente por el ingenio humano. Por lo tanto, como diría Böhm-Bawerk, podemos decir que los hombres aspiran llegar a la felicidad, si bien es la expresión más vaga, para los esfuerzos orientados a producir acontecimientos que sean agradables a nosotros y de alejar aquellos desagradables, podemos decir de otro modo, que buscamos la auto conservación, o la promoción de la vida, que en economía se resume en aspirar a la satisfacción más completa posible de nuestras necesidades. Para el efecto el hombre recurre a los bienes y la cantidad de estos, están limitados por la forma en que se encuentran configurados en la naturaleza, el intelecto humano encuentra la manera de modificarlos y transformarlos en bienes útiles a sus necesidades (Böhm-Bawerk E. v., 1986).

La riqueza en este trabajo debe ser entendida como bienes materiales de carácter económicos, es decir valorados por el uso que el sujeto considera dar al bien, a su accesibilidad y cualidad de ser propiedad de alguien. Pueden ser casas, automóviles, muebles, herramientas, utensilios, vestidos, maderas, barras de cobre, motocicletas, caños de hierro, cables, computadores, plantas industriales, salones comerciales, lámparas, represas hidroeléctricas, silos, teléfonos celulares, alimentos, etc., también tierras y recursos naturales, siempre que el individuo los transforme en bienes usables y accesibles. Si bien las tierras y los recursos naturales no son creaciones humanas, es el humano el que les otorga valor económico. La economía estudia la riqueza como bienes creados por medios económicos para la satisfacción de necesidades humanas. La riqueza entonces se refiere a la cantidad de bienes económicos de los que un individuo o la sociedad disponen.

Desde esta perspectiva, la riqueza no tiene relación directa con dinero o valor monetario (Reisman, 1996). La riqueza entendida por bienes satisfacientes que es producida por un sistema económico es un fenómeno totalmente distinto al valor monetario de esta riqueza. Si más riqueza es producida en su carácter de bienes como: acero, cobre, ropas, alimentos, etc., sin la necesidad de emisión de dinero, éstos continúan siendo riqueza, pero sus precios disminuirán, por utilidad marginal. Del mismo modo, mayor cantidad de dinero y mayor valor monetario puede existir sin que se haya generado riqueza. Por ejemplo, los procesos inflacionarios provocados por las emisiones irresponsables de dinero por parte de las entidades encargadas del monopolio de la emisión de dinero. Así entonces, acciones, bonos, cuentas de depósito, opciones, etc., no son riqueza, son en realidad reclamos o derechos a acceder a riqueza, a plantas, equipos e inventarios de los que emitieron dichos activos, lo mismo va para las patentes y licencias. Si bien adquiere valor monetario, no constituyen riqueza propiamente dicha.

George Reisman

La riqueza, así como los bienes de capital, adquieren valor monetario en el mercado, el continuo proceso de compra-venta conlleva registros históricos de precios que sirven para conducir el proceso productivo hacia aquellas necesidades más urgentes como también a estimar la valoración monetaria futura de los bienes y servicios. Es el mercado, que como vimos se desarrolla por orden espontáneo, el encargado de generar y transmitir información acerca de las necesidades, urgencias y disponibilidades de bienes y servicios satisfacientes, guiando así a los individuos dispersos en la sociedad a dar uso eficiente a esa información parcial de la que disponen para lograr sus objetivos, profundizando cada vez más la división del trabajo y por ende la generación de riqueza.

No debemos confundir la división del trabajo con el simple aumento de pasos para la ejecución de una tarea. Como ya he explicado en la primera parte de este ensayo, la división del trabajo corresponde a dividir las tareas tanto en el proceso productivo individual como en el proceso global de producción, con el expreso objeto de aumentar la eficiencia productiva por medio de la especialización, lo que permite la producción de bienes satisfacientes en mayor cantidad y menores sacrificios. División del trabajo no es lo que ocurre por ejemplo en una oficina municipal, que para la confección de un registro de conducir uno debe presentarse a la oficina municipal, luego es derivado a un auxiliar quien toma apuntes para de allí acompañarte hasta otra oficina donde debes aguardar, para que otro funcionario tome nuevamente apuntes y luego te derive hasta otra oficina donde te toman una fotografía, y luego a otro despacho y finalmente después de un largo proceso se te entrega el documento. Esto es un efecto totalmente opuesto a la división del trabajo, pues, es en realidad ineficiencia y despilfarro.

La economía pues, estudia la producción de riquezas, entendida como bienes y servicios disponibles para la satisfacción de necesidades, dentro del sistema de división del trabajo. Pero hemos observado que la acción humana se realiza dentro del marco del orden social establecido, que pueden ser por orden espontáneo (Cosmos) representado por el mercado como también puede ser por orden artificial (Taxis) representado hoy día por la política de los estados nacionales de los países. La división del trabajo no existe ni funciona automáticamente, depende de las leyes e instituciones que los países adoptan, así pues, existen países cuyas políticas van restringiendo la división del trabajo, frenando su producción de riquezas y otras que aplican políticas liberales que permiten la división del trabajo y por lo tanto mayor productividad o generación de riqueza (Reisman, 1996).

El mercado entonces como derivado del orden espontáneo permite la división del trabajo y ésta es posible profundizar por medio del proceso de acumulación capitalista. Los bienes de capital son aquellos bienes producidos por el hombre mediante la extensión del periodo de la acción, recurriendo a lo que Böhm-Bawer denominó, vías indirectas de producción, que permite mayor producción, previo ahorro o sacrificio de consumo presente, que ya vimos, depende de la intensidad de la preferencia temporal que se manifiesta en los individuos. Los bienes de capital permiten el aumento de la productividad del trabajador, por ende, mayor capacidad de producir riquezas, que como hemos visto será valorada monetariamente por los consumidores. La organización de la producción, la observación de oportunidades, la búsqueda de financiación, la toma de riesgos, la disminución de los costos de transacción es asumida por núcleos ordenados jerarquizados verticalmente, a los que llamamos firmas o empresas. Estas empresas se desarrollan con financiación, es decir, acceso a recursos previamente ahorrados por los individuos que han renunciado momentáneamente a consumo presente, así tenemos la figura de los financistas. El financista, el empresario y los trabajadores cumplen una labor en la división del trabajo y cada uno de ellos es valorado en el mercado por las mismas leyes aplicadas a los bienes y servicios. Es decir, la utilidad marginal y por lo tanto la valoración subjetiva.

Mises y otros autores utilizan la palabra capitalismo para referirse a un marco social y jurídico en el que se desarrolla la acción humana, este marco está compuesto por la propiedad privada, que parte desde la propiedad individual del propio cuerpo y de los bienes económicos, el libre mercado, que permite el intercambio de propiedad y por ende la formación de precios, por lo tanto, transmisión de información, que nos lleva a la división del trabajo y el proceso de acumulación capitalista que profundizará la división del trabajo. El “unhampered market” o mercado no intervenido es aquel que se desarrolla en el marco jurídico basado en orden espontáneo, con el derecho basado en el iusnaturalismo o el consuetudinario que nacieron para buscar reducir los costos de transacción en el mercado, (Échenle un vistazo a las dificultades que existen para la realización de una actividad comercial en el marco de positivismo legal), en él los individuos buscan mejorar su nivel de vida por medio del intercambio voluntario y aquellos que sirven mejor a la sociedad proveyendo en cantidad y calidad aquellos bienes más valorados por los individuos son los que asumen las más altas posiciones jerárquicas en este orden social, sin embargo, al no ser intervenido, el mercado permite una jerarquía inestable, dado que las preferencias de los consumidores son cambiantes, la jerarquía está a merced de los consumidores. Es decir, el orden jerárquico es disputado por cada individuo por medio de los intercambios constantes y la búsqueda individual de su mayor satisfacción. Esto ocurriría en un mercado completamente libre, pero eso no existe en el mundo real, ya que como hemos observado el orden social es una mezcla de orden espontáneo y orden diseñado, por lo tanto, el mercado hoy día es un híbrido, trata de conducirse por sus cauces naturales, pero recibe constantemente distorsiones e intervenciones de los legisladores erigidos en planificadores sociales, Bruno Leoni expone:

La legislación actual parece ser un remedio rápido, racional y de gran alcance contra todo tipo de maldad o inconveniencia, en comparación con las decisiones judiciales, la solución de disputas por parte de árbitros privados, convenciones, costumbres y otros tipos de ajustes espontáneos similares por parte de los individuos. Un hecho que casi siempre pasa desapercibido es que un remedio a través de la legislación puede ser demasiado rápido para ser eficaz, demasiado imprevisible para ser totalmente beneficioso y demasiado directamente conectado con las opiniones e intereses de un puñado de personas (los legisladores), sean quienes sean, para ser, de hecho, un remedio para todos los interesados. Incluso cuando todo esto se nota, la crítica generalmente se dirige contra estatutos particulares en lugar de contra la legislación como tal, y siempre se busca un nuevo remedio en estatutos «mejores» en lugar de algo completamente diferente de la legislación (Leoni, 1972).

Esto genera una sobre oferta permanente de legislación, bajo pretextos de desequilibrios de mercado, fallos de mercado, falta de reglamentaciones debido a cambios tecnológicos o institucionales o cualquier situación que sea presentada por quien sea para que se emita legislación, utilizando para su respaldo los instrumentos políticos a disposición, como los grupos de presión, opinión popular u otros que a la postre van dificultando el proceso de división del trabajo y a su vez alejando a los agentes de las prácticas competitivas del mercado, buscando mayor afinidad a los que ostentan el poder político, recurriendo a lobbies o intercambio de favores para acceder a mejores condiciones o protección, consolidándose una jerarquía artificial que se sustenta siempre con la cercanía al poder político. Tenemos entonces dos ecosistemas, el del mercado, en el cual el éxito depende del intercambio de propiedades privadas para la satisfacción del consumidor y por otro lado el del ámbito político que se basa en el suministro de legislación, que responde a grupos políticos y por lo general va en detrimento del libre uso de la propiedad privada.

La propiedad privada como unidad de medida del orden social

Si existe un punto crítico entre los medios económicos y los medios políticos de satisfacción de necesidades, éste es la propiedad privada, pero trataré de explicar a qué me refiero cuando hablo de propiedad privada y de cómo fue formándose el concepto en el contexto evolutivo de los círculos sociales de la humanidad.

El derecho a la propiedad de medios satisfacientes, sean estos cercanos o lejanos al consumo (bienes de consumo final o medios de producción), deriva del derecho de auto-propiedad, es decir, el derecho a sí mismo, a su cuerpo y a su actividad, este derecho generalmente denominado derecho negativo se refiere a que todo individuo tiene derecho a buscar su plan de vida sin que para ello deba generar una obligación a terceros, lo que no se permite es iniciar violencia contra otros individuos, este planteamiento está basado en una perspectiva objetivista basado en la ética y también en una perspectiva utilitarista racional. Pero no me extenderé mucho al respecto. Hans Hermann Hoppe basándose en Rothbard, plantea el marco legal basado en el principio de no agresión y el derecho a la auto propiedad, al espacio que ocupa el individuo y luego a la apropiación de aquello que no ha sido apropiado previamente por otro, el intento de apropiación de propiedad ajena es inicio de violencia que forma parte de la línea argumental de su ética argumentativa (Hoppe, Libertad o socialismo, 2009).

Cuando decimos que uno tiene derecho a hacer ciertas cosas, queremos decir esto y solo esto, que sería inmoral que otro, solo o en combinación con otros, le impida hacerlo mediante el uso de fuerza física o su amenaza.

James A. Sadowsky nos dice: Supongamos que de varias formas realizo mi actividad sobre bienes materiales no humanos que no tienen previamente propietario. ¿Con qué derecho me detiene alguien? No hay más que dos posibles justificaciones: o bien tiene derecho a dirigir mis actividades usando violencia (en otras palabras, me posee) o bien posee los bienes materiales en cuestión. Pero esto contradice las suposiciones que ya hemos llevado a cabo: que todo ser humano se auto posee y que los bienes materiales en cuestión no tienen previamente propietario. Este hombre afirma poseerme a mí o a la propiedad que creo haber adquirido. El único factor abierto a discusión es si el otro hombre había adquirido pacíficamente el terreno antes que yo. Pero plantear esta pregunta es conceder el derecho de propiedad privada, que es lo que tratamos de establecer (Sadowsky, 1966).

James Sadowsky

El derecho de auto propiedad implica el derecho a poder entregar propiedad, ya sea gratis o a cambio de otra cosa. Igualmente, si un individuo puede entregar su propiedad, entonces por la misma razón puede recibirla una persona. Uno es el corolario del otro. Todas las objeciones a la riqueza heredada son ataques al derecho de un hombre a entregar su propiedad. Esa posibilidad de intercambiar propiedades es lo que da origen al mercado, es decir al intercambio voluntario, que se realiza únicamente si es mutuamente beneficioso, dada la valoración subjetiva de los individuos.

Sin embargo, como ya hemos visto en los apartados anteriores, el orden social basado en diseño deliberado que podemos llamar basado en política se ha ido imponiendo al orden espontáneo desde el momento en que la humanidad fue capaz de generar excedentes de producción. Este orden artificial debe ser sustentado por medio de la entrega de los excedentes de producción a los que ostentan las jerarquías superiores del mencionado orden. Esa apropiación de los excedentes también dio paso a la apropiación completa de las propiedades, los señores feudales asumen la propiedad de las tierras y buscan legitimación divina, luego se procede a la expoliación constante en forma de impuestos, por el derecho a permanecer en las tierras del señor feudal. La tierra y los que la habitan pasan a ser propiedad del “soberano”, que en una monarquía se personifica en un Rey, príncipe o algún individuo al que se le unge como tal. Posteriormente esta figura será reemplazada por el Estado, que representará los intereses del público. Y con ello se intensifica la dicotomía de propiedad privada y propiedad pública. 

No profundizaré sobre las teorías del Estado en este trabajo, pero lo que trataré de plantear es la estructura jerárquica hibrida de orden espontáneo y el orden deliberado, basado en la propiedad. Si bien puede ser pretensioso, lo que planteo es aplicar simplemente como herramienta para facilitar la comprensión, la estructura gráfica a continuación.

En este caso particular, trataré de usar la estructura gráfica nada más que para hacerme entender, partiendo de un utópico estado de propiedad privada absoluta a otro de propiedad pública absoluta.

Lo que se grafica en la escala de colores que van del rojo (propiedad pública) al verde (propiedad privada), es la representación de la intensidad en la que la propiedad privada es desposeída por medio de expropiación, impuestos, regulaciones e intervenciones que impiden su libre usufructo.

La idea es simplemente relacionar la posesión de propiedad y la división del trabajo, ya que hemos visto que, en el entorno del mercado, el intercambio de propiedades tiene dos dimensiones, una económica que se plasma en el traspaso de los bienes de unos a otros y una jurídica que se plasma en la transferencia del derecho de la propiedad, eso es lo que permite el desarrollo del sistema de precios. Este sistema de precios es lo que transmite información y esa información permite mayor división del trabajo. Tanto en un sistema de total propiedad pública, como en uno de total propiedad privada pueden existir tanto un proceso productivo basado en sacrificio de consumo presente para consumo futuro posterior, ergo capitalismo puro, como también división del trabajo. Sin embargo, a medida que se restringe el usufructo privado de la propiedad, la coordinación del proceso económico recae sobre un agente único, generalmente el Estado. Es lo que se considera planificación centralizada cuyo instrumento fundamental es la legislación. La planificación centralizada puede recurrir a la producción de bienes de capital para aumentar la productividad del trabajo humano así como también puede organizar la división del trabajo, sin embargo, se chocará con graves problemas en lo que respecta al uso de la información dispersa en la sociedad, la falta de incentivos para la producción y búsqueda de opciones satisfacientes y el problema del único punto de falla que sugiere que el error de un equipo planificador afecta a la totalidad de los habitantes de un plano geográfico, siendo que cuando la organización del sistema económico recae en los innumerables agentes de propiedad privada, cada agente individual utiliza de manera más eficiente la pequeña fracción de conocimiento e información parcial que se encuentra dispersa, reducen los costos de transacción al coordinar cada uno según su conveniencia, en una suerte de pequeños nichos de planificación desperdigados en toda la estructura social, creando un orden espontáneo con su interacción permanente. Es decir, se forman innumerables puntos de falla y cada agente individual asume la responsabilidad del error. La motivación del emprendedor, que es su propio beneficio, lo conduce a innovar constantemente permitiendo un desarrollo mayor de la división del trabajo gracias a esa búsqueda constante de posibilidades de obtener beneficios.

Un extremo, el de la propiedad colectiva, sugiere como dice Mises, un tipo de economía “estacionaria o de giro uniforme” donde las preferencias y necesidades de todos los individuos permanezcan constantes o al menos con muy poca variación, el otro extremo, el de propiedad privada sugiere lo que Schumpeter llamó “destrucción creativa” (Schumpeter, 1983), pues se basa en la individualidad, la competencia, la innovación y las innumerables variables que eso supone para cualquier pretensión de centralizar la planificación.

El orden vía cosmos que dio lugar al intercambio voluntario mutuamente beneficioso o mercado, padece en todo el planeta de la intervención del orden vía taxis. Aquel construye sus jerarquías en base a los medios económicos de producción de riqueza, éste construye sus jerarquías en base a juegos políticos de poder. En el mercado se desarrolla la competitividad en un marco de división del trabajo, eficiencia y productividad para satisfacer las exigencias cambiantes del consumidor, en la política se desarrolla un proceso competitivo entre minorías organizadas por obtener cuotas de poder, y dependen exclusivamente de lo que produzcan aquellos que se desenvuelven en el ámbito del mercado. Ambos órdenes jerárquicos rivalizan, pero solo el orden vía taxis tiene el monopolio del uso de la violencia. Es por eso que algunos encuentran en el acercamiento al poder político el camino para el acceso a niveles jerárquicos en ambos órdenes, pero que con eso limitan la división del trabajo, la eficiencia y la competitividad en el ámbito del mercado que a largo plazo se traduce en pobreza, pues incide lenta pero permanentemente en la productividad y actitud prospectiva de los habitantes de una región geográfica.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Böhm-Bawerk, E. v. (1986). Teoria Positiva do Capital (Segunda ed.). (L. J. Barauna, Ed.) Sao Paulo: Nova Cultural.

Hoppe, H. H. (2009). Libertad o socialismo. (U. S. Quito, Ed.) Quito: Colección Libertad.

Leoni, B. (1972). Freedom and the Law. Los Angeles: Nash Publishing.

Reisman, G. (1996). Capitalism, a treatise on Economics. Ottawa: Jameson Books.

Sadowsky, J. (Abril de 1966). Private Property and Collective Ownership. Left & Right. A Journal of libertarian thought, II(3).

Schumpeter, J. (1983). Capitalismo, socialismo y democracia. Tomo 1 (Hyspamerica ediciones ed.). Buenos Aires: Orbis S.A.

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