El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Actualidad Anarquismo Liberal Economía Educación Ensayo Especiales

Apuntes no matemáticos de economía – apuntes sobre intervención – Ejemplos de monopolios 2

!Comparte!

Siguiendo con los ejemplos de monopolios que son resultados de la acción estatal presentamos a continuación, a la propiedad intelectual y a las obras públicas.

Patentes y derechos intelectuales

Las patentes son un conjunto de derechos exclusivos concedidos por un Estado al inventor de un nuevo producto o tecnología, susceptibles de ser explotados comercialmente por un período limitado de tiempo, a cambio de la divulgación de la invención. ¿Pero en qué se basa la legislación para promover estos monopolios?

El principal argumento a favor es para evitar el “robo” de la propiedad intelectual. Pero veamos a qué nos referimos cuando hablamos de propiedad intelectual.

“Los derechos de propiedad intelectual son derechos sobre cosas intangibles—ideas expresadas (derecho de autor), o incorporadas en una aplicación práctica (patentes)” (Kinsella, Contra la propiedad intelectual, 2001).

Stephan Kinsella

Los derechos de propiedad se refieren al derecho legal del uso exclusivo de un bien y a la exclusión de otras personas de su posesión, uso o control. Es decir, es de uso privativo, es enajenable. Un individuo que adquiere una pala de otro individuo, excluye a todos los demás de la posibilidad de uso del bien adquirido (A menos que lo entregue por su propia voluntad en cuyo caso, queda él despojado de la posibilidad de uso). Esto es vivenciado con bienes tangibles, Sin embargo, en el campo de las ideas, es decir de bienes intangibles, no se produce la exclusión en el uso. Si un individuo A inventa una canción, en el momento en que un individuo B lo imita, el individuo A sigue poseyendo la capacidad de cantar su canción. Como lo explica claramente Kinsella.

“Si invento una técnica para recolectar algodón, si alguien lo recolecta de esa manera no me quita la técnica. Todavía tengo mi técnica (y mi algodón). El uso del otro no excluye el mío: ambos podemos usar mi técnica para recolectar el algodón. No hay escasez económica ni posibilidad de conflicto acerca del uso de un recurso escaso. Por tanto, no hay necesidad de exclusividad” (Kinsella, Contra la propiedad intelectual, 2001).

Dado el origen, justificación y función de los derechos de propiedad, éstos son sólo aplicables a los recursos escasos, debido a los potenciales conflictos que se originan de las disputas entre individuos por el acceso o uso de bienes cuya existencia momentánea es limitada. Pero como hemos visto, las ideas no son excluyentes, por lo tanto, no son escasos.

“Una función de los derechos de propiedad es, después de todo, evitar conflictos al poner al corriente a terceros acerca de los límites de la propiedad. Los límites deben ser necesariamente objetivos y determinables intersubjetivamente: deben ser visibles. Sólo si los límites son visibles pueden ser respetados y los derechos de propiedad sirven a su función de permitir evitar conflictos. Sólo si esos límites son a la vez visibles y objetivamente justos (justificables) puede esperarse que se adopten y cumplan” (Kinsella, Contra la propiedad intelectual, 2001).

En el campo de las ideas no existen tales límites y como dijimos no son excluyentes, por lo tanto, no pueden ser considerados propiedad privada. Siguiendo este razonamiento podemos percibir que la legislación tanto de protección de derechos intelectuales como también las patentes de invención, son fallos del Estado, que otorgan a los beneficiarios el monopolio exclusivo de la reproducción (Derechos de copia o “Copyrights”). Distorsionando así el mercado, ya que productores de softwares, reproductores de películas, editoras de libros, patentes farmacéuticas, o de agroquímicos etc. Se transforman en monopolios, exactamente de acuerdo al concepto que hemos aprendido sobre monopolios como privilegios, permitiéndose así grandes ganancias con la protección del Estado.

Profundizando más el análisis, si una farmacéutica combina moléculas de elementos químicos y resultan en una medicina, al patentarla, prohíbe a otros individuos de imitar la fórmula. Es decir, se invade la propiedad de otro individuo que posee los mismos elementos químicos, pero debido a una patente ahora no puede combinar a su gusto sus propios bienes.

“No tenemos que tener un “derecho de copia” como parte de un grupo de derechos para tener derecho a imponer una forma o disposición determinada a un objeto de nuestra propiedad. Por el contrario, tenemos derecho a hacer todo lo que queramos en y sobre nuestra propiedad, siempre que no invadamos los límites de la propiedad de terceros” (Kinsella, Contra la propiedad intelectual, 2001).

Solo los medios escasos y tangibles son pasibles de conflictos interpersonales, por lo que solo a ellos son aplicables las normas de propiedad. Patentes y derechos del autor son monopolios injustificables otorgados por la legislación del Estado.

Pero algunos utilitaristas sostienen que el “fin” de favorecer más innovación y creatividad, justifica los aparentemente inmorales “medios” de imponer legislación referente a la protección de derechos intelectuales y patentes. Algunos inclusive consideran que eso permitió el desarrollo de la industria farmacéutica, informática o cinematografía. Daron Acemoglu y James Robinson aseguran:

“Esto cambió después de la Revolución Gloriosa. El gobierno adoptó un conjunto de instituciones económicas que ofrecían incentivos para la inversión, el comercio y la innovación. Se refuerza firmemente los derechos de propiedad, incluidas las patentes que otorgan derechos de propiedad para las ideas, lo que proporciona un gran estímulo para la innovación” (Acemoglu & Robinson, 2012).

Daron Acemoglu y James Robinson

Las leyes de propiedad intelectual son una distorsión en el mercado, pues aseguran protección estatal, transformándolos en monopolios, cuyas características son las de proveer un servicio a un precio superior al que se conseguiría en un mercado de competencia libre, limitando así la soberanía del consumidor, pues las opciones de éste se ven reducidas por la ley.

Además, insiste Kinsella, los estudios econométricos no demuestran concluyentemente ganancias netas en riqueza. Quizá hubiera incluso más innovación si no hubiera leyes de patentes, quizá hubiera más dinero disponible para Investigación y Desarrollo (I+D) si no se tuviera que gastar en patentes y reclamaciones.

Monopolio de las obras de infraestructura

Henry Hazlitt aborda el tema de las obras públicas con el título de “Los beneficios de la destrucción”, e inicia su abordaje citando a Bestiat y su falacia de la ventana rota, que narra la historia de un vándalo, gamberro o patotero que arroja una piedra a la ventana de vidrio de una panadería, la gente del pueblo se acerca y lamenta la ventana rota, pero uno sale y dice, pero quizá no sea tan malo eso, ya que el panadero tendrá que mandar reparar una ventana con lo que el vidriero se beneficiará, con ese ingreso posiblemente adquiera productos en el mercado, beneficiándose así la economía. Imagínense cuán positivo es que existan vándalos que rompan cosas para que la economía sea estimulada

. Error, estamos enfocándonos en lo que se ve, pero no en lo que no se ve, el dinero que será gastado en reparar la ventana, pudo haber sido gastado en un traje nuevo para el panadero, generándose el mismo estímulo económico, sin que la economía haya perdido una ventana (Hazlitt, Economía en una lección, 1946).

Henry Hazlitt

En pocas palabras, lo que gana el cristalero lo pierde el sastre.

Solo observamos lo que se ve, en el caso del ejemplo sería la relación cristalero-panadero, pero omitimos del análisis lo que no se ve, que sería la potencial relación panadero-sastre. Este tipo de sofismas, bajo mil disfraces, es el que más ha persistido en la historia de la Economía, mostrándose en la actualidad más pujante que nunca.

Todo, absolutamente todo lo que obtenemos, aparte de los dones que nos regala la naturaleza, debemos pagarlo, (“no existe almuerzo gratis” decía Milton Friedman). Pero muchos economistas insisten. ¿Se halla parada la economía? ¿Somos un país atrasado? ¿Hay desempleo? Todo se puede solucionar si el Estado gasta para subsanar las deficiencias. La preocupación fundamental de los que se hallan en las posiciones de planificación centralizada es el desempleo, esa latente preocupación fue posiblemente el que condujo el razonamiento de Keynes al escribir su obra como se observan aquí:

“el ingreso nacional depende del volumen de ocupación, es decir, de la cantidad de esfuerzo real dedicado a la producción, en el sentido de que hay una correlación única entre los dos”.

“Hemos visto que cuanto mayor sea la propensión marginal a consumir, mayor será el multiplicador y, en consecuencia, más grande la perturbación que producirá sobre la ocupación un cambio dado en la inversión” (Keynes, 1943).

John Maynard Keynes

A lo que Hazlitt critica:

“Aseguran que el Gobierno puede gastar y gastar sin acudir a la imposición fiscal; que puede acumular deudas que jamás saldará puesto que «nos las debemos a nosotros mismos»”.

Con esto, el Estado se auto-atribuye el monopolio de las obras públicas. Recordando la potencial externalidad positiva que producirían tales obras, por lo que deben ser incentivadas. Como el mercado no suministra en el ritmo que los planificadores sociales consideran ideal, y como los burócratas, no se ajustan a las limitaciones presupuestales del cálculo económico de un empresario privado, por tanto, planean y ejecutan monumentales obras de infraestructura, sean rutas asfaltadas, puentes, teatros, edificios públicos, monumentos, etc. pero, por cada guaraní gastado en la ruta habrá un guaraní menos en el bolsillo de los “contribuyentes”. Si el puente cuesta un millón de dólares, los contribuyentes habrán de abonar un millón de dólares, y se encontrarán sin una cantidad monetaria que de otro modo hubiesen empleado en las cosas que más necesitaban.

Todo ese gasto materializado en obras convence a la mayoría, pero lamentablemente lo que no se ve es lo que pudo haber generado en la economía el uso que cada individuo podría hacer de tales importes. Se contemplan los viaductos, los puentes, las rutas, pero no las casas que podrían haberse construido, o la mejor nutrición de los habitantes, o una mejor educación que cada individuo puede realizar de acuerdo a su particular escala de valores. También solo se ve a los trabajadores en obras públicas, pero no se observa la escasez que se genera en el sector privado de electricistas, albañiles choferes, etc.

Pero no nos detendremos en este aspecto de la distorsión creada por la intervención estatal. Pues nos interesan otras distorsiones que generan las obras públicas en la economía.

Los ciclos económicos generalmente son creados por un exceso de oferta de dinero en el mercado, que reduce la tasa de interés, tornando inversiones antes poco rentables, en inversiones rentables, conduciendo al empresario a malas inversiones que a mediano plazo se ven truncados debido a que las tasas de interés se normalizan y las inversiones dejan de ser rentables. Generándose así el ciclo económico. Tras el derroche generado por la facilidad del crédito, se ingresa en un periodo de resaca financiera, lo que conduce a una recesión o depresión.

Los estamentos gubernamentales no dudan en apuntar la falla del mercado, ocultando del público sus maniobras en el mercado de dinero y del crédito, realizados desde el banco central. La recesión económica conduce al paro, por tanto, la tasa de desempleo aumenta y se trae a colación los argumentos keynesianos que justifican la intervención estatal. Es decir, se construyen obras públicas para el solo efecto de absorber desocupados y de ese modo reactivar la economía, pues los planificadores sociales, embebidos de Max Weber y Keynes, consideran que el aparato estatal puede ser manejado a modo de una gran empresa privada con una eficiente burocracia, por tanto, los datos econométricos de las variables macroeconómicas proporcionan superficiales reportes sobre la salud de la economía nacional y los conductores de la nación actúan en consecuencia. Ya veremos cuando analizamos la burocracia los efectos de este proceder.

Se cae en la imposibilidad del cálculo económico en una economía centralizada, y fundamentalmente los graves problemas del manejo del conocimiento disperso en la sociedad. Al no existir el estímulo del lucro, el precio deja de ser un problema, los déficits no son considerados fracasos y generalmente se los premia con mayor presupuesto. El costo de todo ello es repasado a la sociedad, que una vez más observa cómo parte de sus ingresos cada vez valen menos, ya sea por más impuestos que deben pagar para cubrir los gastos de la obra pública o con más inflación, en caso de que se haya procedido a emisiones inorgánicas de dinero para el pago de deudas.

Las obras de infraestructura de uso colectivo, como hemos mencionado en el caso de los faroles, que generan externalidades positivas, históricamente fueron de propiedad privada, del mismo modo empresarios e individuos privados, han realizado apertura de calles vecinales, rutas internas, tendido eléctrico, puentes, etc. Absorbidos los costos por sus propios bolsillos para beneficiarse ellos y con ellos terceros. Inclusive cuando se pretende realizar rutas asfaltadas privadas, se ofrece ejecutar tales obras a cambio de incentivos fiscales, pero les son negados, argumentando que tales obras son prerrogativas gubernamentales.

Por tanto, volvemos al punto de que se genera un fallo del Estado, pues no se le permite al mercado solucionar el inconveniente. El Estado y todo su aparato burocrático se encarga en interminables pujas políticas y conflictos de intereses inherentes del ámbito político, encontrar financiación y realizar llamados a licitación para la concesión de las obras. Llevándonos nuevamente al lobby y la puja por privilegios. Tales distorsiones y sus consecuencias en una economía mixta son cargadas por la opinión pública al mercado.

Por ser una empresa “privada” la que inicia una obra y no la concluye o no entrega en plazo o excede el presupuesto inicial. Cuando en realidad es el Estado y su imposibilidad tanto de cálculo económico y de manejo de conocimiento disperso el que genera las distorsiones y sus nocivos efectos. Además de esto, una distorsión casi imperceptible a simple vista, pero de efectos durísimos a mediano y largo plazo es la destrucción de la capacidad de ahorro de la población. Todo el edificio Keynesiano está basado en el gasto.

El Estado interviene en el mercado por medio de regulaciones, manipulaciones en el sistema financiero y gasto público. La respuesta Keynesiana a los ciclos económicos es la inversión pública, es decir, cuando la economía se estanca, para evitar el paro, el Estado debe aumentar el gasto público para de esa manera absorber la mano de obra ociosa, inyectar dinero al mercado y volver a reactivar la economía. Pero lo que supone este procedimiento es incentivar el gasto, y el gasto no es necesariamente producción.

Para poder realizar los gastos, el estado debe recurrir al sistema financiero nacional o internacional, una vez que accede a los préstamos, se procede a las contrataciones y los vicios que ello implica, pero, no solo eso, el problema del conocimiento disperso se plasma con construcciones de aeropuertos en descampados desiertos, pistas monumentales para desfiles militares que no se utilizan, computadoras y vehículos que terminan deteriorándose almacenados en depósitos. Es decir, se incentiva al gasto, y como el gasto del Estado se financia con impuestos, el Estado gasta para reforzar su sistema de recaudación, lo que, en el sector privado, se traduce en el aumento de la preferencia temporal, fenómeno similar se observa cuando se realizan emisiones inorgánicas de dinero, con el fin de pagar déficits fiscales.

Ambos elevan la preferencia temporal y por lo tanto induce a los individuos a gastar sus ingresos en medios satisfacientes instantáneos, destruyendo así la capacidad de ahorro o capitalización.

Se apuesta por el consumismo que es el componente esencial del multiplicador Keynesiano, pero se relega a segundo plano el capitalismo, basado en el ahorro previo y posterior inversión.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Acemoglu, D., & Robinson, J. (2012). Why Nations Fail: The origins of power, prosperity and poverty. New York: Crown Publishing.

Hazlitt, H. (1946). Economía en una lección. Nueva York: Harper.

Keynes, J. M. (1943). Teoría general de la ocupación el interés y el dinero (Primera ed.). (E. Ornero, Ed.) Mexico: Fondo de Cultura Económica.

Kinsella, S. (2001). Contra la propiedad intelectual. (M. B. Uribe, Ed.) Auburn: Ludwig Von Mises Institute.

!Comparte!

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *