El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – apuntes sobre intervención – La inflación

La inflación

Ya en la entrega anterior hemos aprendido el funcionamiento del sistema de reservas fraccionarias y las implicaciones del monopolio de la oferta monetaria, ahora veremos su consecuencia más funesta.

El dinero en sus albores correspondía a bienes de uso que por mayor facilidad de colocación u aceptación en el mercado fue adquiriendo preponderancia como medio de cambio. Sería como que un productor de zapatos acepta como pago media bolsa de maíz, no porque necesite para su propio consumo la media bolsa, sino porque el maíz puede ser más fácil de intercambiar por otros bienes, que sí son necesarios para el zapatero de nuestro ejemplo. Ya hemos visto que, por la acción humana y la iteración de las acciones a “prueba y error”, el oro asumió ventajosa posición como medio general de intercambio, tanto por su estima como bien de uso, como su durabilidad, escasez y su habilidad de ser fraccionable. A partir del momento en que un bien de uso industrial como el oro adquiere el uso adicional de medio de cambio, la demanda por él aumenta, lo que a efectos del mercado eso se traduce en que se está dispuesto a entregar más bienes a cambio de porciones del precioso metal. Ya hemos visto en el apartado anterior que las entidades bancarias cayeron en la mala práctica de aumentar la masa monetaria por medio del uso del tantundem como si fueran préstamos a plazo que reciben del público. Ese aumento de cantidad dineraria se traduce en mayor disponibilidad de dinero y por ende demanda de otros bienes, que a mediano plazo generará la apreciación de los demás bienes en relación a la valuta utilizada como medio generalizado de intercambio. Ludwig Von Mises indica:

Cualquier variación de las existencias dinerarias forzosamente ha de modificar la distribución de los bienes económicos entre las diversas personas y entidades. La cantidad de dinero disponible en el mercado sólo puede aumentar o disminuir mediante previo incremento o restricción de las tesorerías de personas determinadas (Mises L. V., La Acción Humana. Tratado de Economía, 2011).

Ludwig Von Mises

Es decir, la oferta monetaria debe darse de acuerdo al nivel de ahorro de los individuos. Sin embargo, cuando los individuos erigidos en autoridad necesitaban contratar mercenarios para la guerra o adquirir bienes de lujo para sus palacios, y éstos importaban en cantidades monetarias superiores a lo recaudado vía impuestos, se empezó a hacer la “vista gorda”, o asentir e incentivar la práctica bancaria de utilización del depósito irregular, pidiendo a los bancos que les sean prestados esos fondos, posteriormente se recurrió a aleaciones con cada vez menor cantidad de oro en ellos, tratando de pagar las deudas por medio de estas nuevas monedas, sin necesidad de cargar explícitamente a los habitantes con nuevos impuestos. A esto se lo llamó señoreaje y lo denominamos hoy día “emisiones inorgánicas”. Es decir, el aumento de la masa monetaria sin el respaldo de ahorro previo, lo que, si bien no es el único detonante, es el principal causante del fenómeno de la inflación. La cantidad de dinero que se ofrece en el mercado aumenta, por lo que por utilidad marginal genera una disminución en el valor o estima que se tiene por el dinero, lo que conduce a entregar mayores cantidades dinerarias por cierta cantidad de bienes.

Cabe resaltar en este punto que, en la mayoría de los textos académicos de uso corriente, se menciona que los costes que genera la inflación son los de menú y los de suela de zapatos, al tener que trasladarse más veces a las tiendas para comprar alimentos antes de que vuelvan a subir o para cambiar el importe del ingreso a monedas más estables y la remarcación constante de precios en los supermercados, restaurantes, etc. Que suponen un gasto adicional innecesario. Pero la inflación distorsiona la información, ya que los bienes aumentan de precio de manera inicua, tanto por los diferentes puntos de influjo de la nueva masa monetaria, como por características propias de los bienes, lo cual genera entonces una distorsión en los precios relativos de los bienes, lo cual dificulta la tarea de economizar y por tanto la asignación eficiente de los recursos (Mankiw, 1985).

La política monetaria puede causar inflación, y ésta como lo advirtió Irwing Fisher, afecta a las tasas reales de interés, esto a su vez, en una economía intervenida por impuestos, genera distorsiones fiscales importantes como: A) “Deslizamiento en los tramos impositivos” cuando la carga fiscal es progresiva, la inflación eleva el nivel de ingreso y el individuo se encontrará en un rango superior y por ende la carga fiscal pasa a ser mayor, sin que se haya generado un aumento de renta real. B) “Tratamiento fiscal de las ganancias de capital”, al comprar un activo por 100 y luego por efectos inflacionarios lo vendemos por 200, el fisco entiende que se obtuvo una utilidad de 100, por lo que la carga fiscal se impone sobre ese importe, sin tener en cuenta los efectos inflacionarios sobre los saldos reales, es decir, el rendimiento real, ajustado a la inflación es menor, pero el fisco carga sobre los saldos nominales. C) “Tratamiento fiscal de la renta procedente de interés” cuando una economía padece de inflación, las tasas nominales se distancian de las tasas reales de interés (efecto Fisher), pero la carga fiscal recae sobre las tasas nominales. Es decir, si tenemos tasas nominales de 10% y una inflación de 8%, el rendimiento en términos reales será de 2%, sin embargo, una presión fiscal de 25% aplicado sobre la tasa nominal, asciende a 2,5%, por lo tanto, el efecto «distorsivo» nos conduce a una pérdida de o rendimiento negativo de -0,5%. La distorsión provocada por la inflación induce a los agentes a actuar en corto plazo, resulta imposible pretender ahorrar y por tanto se consume capital a ritmos cada vez mayores.

Irving Fisher

La palabra “inflación” está relacionada con el volumen inflado de los bienes de cambio, o la mala calidad de los mismos, así se podían pagar deudas con tabaco de mala calidad en Virginia, con vacas engordadas con sal y agua en España, monedas de oro, con más hierro que oro, etc. En efecto, inflación se aplicaba originalmente en la economía moderna solo a la cantidad de dinero. Significaba que el volumen de dinero estaba inflado, extendido en exceso. No es una simple pedantería insistir en que la palabra solo debería usarse en este sentido original. Usarla para querer decir “un aumento en los precios” es desviar la atención de la causa real de la inflación y del remedio real para ella (Hazlitt, Business Tide: The Newsweek era of Henry Hazlitt, 2011).

Henry Hazlitt

Antiguamente, los gobiernos inflaban recortando y envileciendo la moneda. Luego descubrieron que podían inflar más barato y rápido sencillamente generando papel moneda en una imprenta. Esto es lo que pasó con los assignats franceses en 1789 y con el “Silver Dollar” que aparece un año antes de la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Hoy el método es un poco más indirecto.

Henry Hazlitt explica cómo funciona el procedimiento en los Estados Unidos:

Nuestro gobierno vende sus bonos y otros pagarés a los bancos. Al pagar, los bancos crean “depósitos” en sus cuentas, de las cuales el gobierno puede tomar dinero. Un banco a su vez puede vender sus pagarés públicos al Banco de la Reserva Federal, que los paga, o bien creando un crédito de depósito, o bien imprimiendo más billetes de la Reserva Federal y pagando con ellos. Así es como se fabrica dinero (Hazlitt, Business Tide: The Newsweek era of Henry Hazlitt, 2011).

Pero la inflación no es únicamente efecto de un simple aumento de oferta monetaria, como dijimos antes, existen otros detonantes, por ejemplo, la desconfianza en las políticas monetarias del país, puede conducir a los individuos busquen protección bajo el amparo de divisas fuertes o comprar bienes anticipándose a una devaluación futura de la moneda (Pérdida de poder adquisitivo). Los precios de los bienes pueden ascender en anticipación a lo que los individuos consideran pueda ocurrir. Una guerra (Sea bélica, política o comercial) o una posible sequía o inundación puede generar un aumento de los precios debido a que se teme que se enfrenten a una mayor escasez, lo que sería un aumento de la “demand to hold”, o demanda para retener. Un déficit fiscal no es necesariamente inflacionario si es pagado por medio de ahorro público previo. Lo que genera inflación es pagar la deuda aumentando la masa monetaria.

La inflación en términos generales es el aumento en el volumen del dinero y el crédito bancario en relación con el volumen de bienes de la economía, no se manifiesta únicamente en la cantidad de dinero que se entrega a cambio de bienes de consumo, pues el flujo de crédito o dinero adicional puede ser direccionado a veces a bienes inmuebles, generándose burbujas inmobiliarias o en otros casos en el precio de activos bursátiles. Es dañina porque deprecia el valor de la unidad monetaria, aumenta el coste de la vida para todos ya que esa nueva masa monetaria no ingresa homogéneamente a todos los ámbitos de la economía, algunos acceden a mayores cantidades monetarias antes que otros, lo que hace con que aquellos puedan acceder a más bienes a menores precios, que posteriormente irán en aumento para cuando la nueva masa monetaria llegue a los demás. La inflación impone lo que es en la práctica un impuesto a los más pobres con un tipo tan alto como el impuesto a los ricos, disipa el valor del ahorro pasado, desanima el ahorro futuro, distribuye riqueza y rentas al azar, estimula y recompensa la especulación y el juego a costa del ahorro y el trabajo, deteriora la confianza en la justicia de un sistema de libre empresa y corrompe la moral pública y privada.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Hazlitt, H. (2011). Business Tide: The Newsweek era of Henry Hazlitt. Auburn: Ludwig Von Mises Institute.

Mankiw, G. (Mayo de 1985). Small Menu Costs and Large Business Cicles: A Macroeconomic Model of Monopoly. The Quarterly Journal of Economics, 100(2).

Mises, L. V. (2011). La Acción Humana. Tratado de Economía (Undécima ed.). (U. Editorial, Ed.) Madrid: Unión Editorial.

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