El Parlante

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Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre intervención – Monopolios

Monopolios

Estudios sobre monopolios podemos encontrar desde los escritos de Adam Smith, quien en los libros IV y V, aborda una cantidad de medidas gubernamentales que interfieren en el comercio internacional, comercio colonial, privilegios de exclusividad para compañías comerciales, medidas adoptadas en el tiempo por autoridades mercantiles y bajo presión de grupos de interés. Sin embargo, fue la escuela francesa encabezada por Cournot, la que desarrolló las primeras teorías sobre los monopolios y oligopolios, planteándolos matemáticamente (Salvadori & Signorino, 2012).

Los “ingénieurs-économistes” franceses de la primera mitad del siglo XIX, desarrollaron las primeras teorías formales sobre monopolios partiendo de la premisa del equilibrio en competencia perfecta que supone que ningún agente tiene poder de manipular precios en un mercado, por lo que se los considera precio-aceptantes. Walras llega a utilizar el concepto de monopolio natural y bienes públicos al referirse al servicio de transporte ferroviario. Cournot desarrollo la Competencia de Cournot, para referirse a los duopolios.

Antoine Agustin Cournot

Pero un monopolio padece también de un problema semántico importante, desde la perspectiva puramente económica tiene un concepto basado en requisitos de competencia perfecta que no se cumplen que veremos a continuación.

La competencia perfecta es un planteamiento teórico que se construye sobre los siguientes supuestos básicos: 1) el número de vendedores y compradores que operan en el mercado es tan grande que ningún agente espera afectar el precio del mercado por su propia acción. En otras palabras, tanto las empresas como los consumidores son tomadores de precios. 2) no existen barreras de entrada y salida, lo que significa que cualquier agente puede entrar o salir del mercado como comprador o vendedor cuando lo considere rentable. La condición de entrada gratuita permite que el número de vendedores y compradores aumente hasta el punto en que ya no sea ventajoso que más agentes estén activos en este mercado. 3) el producto vendido en el mercado es homogéneo. Por lo tanto, las transacciones involucran bienes perfectamente sustituibles para que los comerciantes no tengan que prestar atención a quienes les compran, siempre que los precios sean idénticos y conocidos por ellos (Es decir información completa de todos los agentes) (Gabszewicz & Thisse, 2000).

La mayoría de los economistas coinciden en que las características que deben tener los mercados de competencia perfecta son: 1) que todos los productos deben ser iguales para tener una competencia perfecta. Implica que no hay competencia con respecto a la diferenciación en calidad y estilo. 2) debe tener una gran cantidad de pequeñas empresas para ser considerada perfectamente competitiva, esto excluye la competencia de las compañías para reducir sus costos y obtener una ventaja competitiva sobre sus rivales al lograr economías de escala. 3) debe tener barreras insignificantes de entrada y salida para ser perfectamente competitiva, esto ignora una distinción crucial entre dos tipos de barreras de entrada que uno debe considerar al evaluar si existe competencia: barreras naturales e impuestas por el gobierno. Las barreras naturales, como los altos requisitos de capital, la lealtad a la marca o el conocimiento sobre cómo producir un bien, son parte de la competencia y el comercio voluntario. Las barreras impuestas por el gobierno impiden la competencia y el comercio voluntario y se logran mediante el inicio de la fuerza física. El gobierno los logra impidiendo por la fuerza que algunas empresas compitan. 4) debe existir información perfecta para que una industria sea perfectamente competitiva. La información perfecta implica que los humanos deben ser omniscientes para que exista competencia. No existe la competencia para obtener conocimiento sobre qué métodos de producción usar, la competencia para obtener conocimiento sobre los clientes y la competencia entre empresas para difundir información sobre sí mismos (Simpson, 2010).

Brian Simpson

Brian Simpson justamente cita a Hayek diciendo: Pero competencia perfecta no es una forma de competición alguna, realmente significa ausencia de toda competición. Bajo competencia perfecta, no hay competición para diferenciar el propio producto, ninguna competencia para obtener economías de escala que permita reducir costos marginales o competencia para obtener o diseminar información. No es un concepto válido debido a que no hay nada que ver con la competencia en sí y no existe en ningún lugar en realidad.

Basado en estos presupuestos para la existencia de la competencia perfecta la revolución monopolística de los años 1930 con Joan Robinson y otros se explicaron matemáticamente como sigue (Robinson, 1969):

Robinson consideraba que las empresas monopolísticas a no ser precio-aceptantes, competían entre sí no solo en precios sino también en costos y cantidades de producción, se valió de la curva de ingreso marginal desarrollada por Cournot y a partir de allí, determinó la cantidad de producción que maximiza los beneficios para la empresa monopolista se halla en el punto donde se cruza de abajo para arriba a la curva de costo marginal con la curva de ingreso marginal, esa cantidad se deberá vender al precio que sugiere la curva de demanda cuya pendiente es negativa.

Joan Robinson

Basado en ese presupuesto, Ludwig Von Mises indica que el comportamiento de una empresa monopolista debe reducir sus cantidades ofertadas ya sea destruyéndolas o reteniéndolas para más adelante y solo así forzar a la suba de precios, es decir ser el único oferente de un producto no le permite acceder a precios de monopolio, al que se accede solo restringiendo la cantidad ofertada (Mises, 2011). Pero así como Mises, Mund también indica que eso no es posible sustentar a mediano y largo plazo, pues las decisiones de producción y la producción en si se realizan dentro de un lapso temporal, así, las decisiones de cantidades a producir ya se realizaron anticipadamente considerando el punto donde se cruzan ingreso marginal y coste marginal, por tanto, esa cantidad está supeditada ya a los potenciales precios de mercado que sugiere una curva de demanda con pendiente negativa, cuyos precios también en la economía real no se poseen, se acceden a esa información por prueba y error (Salerno, 2004).

Joseph Salerno

Cuando hablamos de libre mercado, la mayoría de los colegas apegados a la mentalidad intervencionista cultivada en la academia esgrimen argumentos en contra, alegando los peligros de la formación de los monopolios y el poder de mercado que éstos puedan adquirir.

El origen lingüístico del monopolio proviene del griego Monos (uno) y Polein (vender), por lo que podemos decir que etimológicamente se nos sugiere una definición que sería así: único vendedor de cierto bien. Esta definición es por cierto legítima, pero a la vez extremamente amplia, pues considerando que somos individuos con características únicas, somos esencialmente monopolistas. Además, la diferencia conceptual entre un competidor perfecto y uno monopolista según las definiciones de la economía ortodoxa que se encuentra en el manual de economía de Samuelson, radica simplemente en la homogeneidad o no de los bienes transados (Paul Samuelson, 1996).

Paul Samuelson

Por lo tanto, deberemos profundizar más en el análisis para determinar en donde se encuentra el origen del mal, que infunde tanto miedo a los que temen la formación de monopolios, y es que, por lo general, “monopolista” es un calificativo que implica abuso; entonces aplicarlo a la gran mayoría de la población, y hasta a todo el mundo, según la definición propuesta en el párrafo anterior, generaría confusión e incluso sería exagerada.

Entonces para proponer otra definición, Murray Rothbard cita las palabras del gran jurista del siglo XVII, lord Coke:

“Monopolio es el establecimiento u otorgamiento por parte del rey, mediante merced, concesión suya, o de otra manera […] a cualquier persona o personas, cuerpos políticos o corporativos, para la exclusiva venta, compra, fabricación, elaboración o uso de alguna cosa, por medio de lo cual cierta persona o personas, cuerpos políticos o corporativos, resultan restringidos en cuanto a libertades que anteriormente tenían, o entorpecidos en su legítimo comercio”.

Según esta definición, Rothbard concluye que

“monopolio es una merced de privilegio especial que otorga el Estado, por la que se reserva en favor de un individuo o grupo particular cierto campo de la producción. Queda prohibido a los demás el ingreso a ese campo, y los gendarmes del Estado hacen respetar esa prohibición.”

Con esto se percibe con mayor claridad la aversión hacia el monopolio que manifiestan algunos colegas. Pero en efecto, podemos convenir entonces que el monopolio resulta nocivo únicamente cuando está respaldado por un órgano coercitivo que se empeñará en mantener el privilegio de explotación que ese mismo órgano concede con exclusividad.

La elasticidad precio de la demanda es un instrumento matemático que trata de explicar que existen bienes dentro de cierto rango de precios, cuya cantidad demandada posee mayor o menor sensibilidad ante una variación de precios de un bien. El monopolista como cualquier otro individuo trata de satisfacer aquellos requerimientos más elevados en su escala de valor, por tanto, tratará de obtener el mayor beneficio posible con los bienes que suministra al mercado. Es el propietario de los bienes producidos, por tanto, quien puede ofrecer al precio que él considere mejor, asumiendo que la demanda de su bien es inelástica. La demanda se encargará de aceptar su precio, o boicotear, al boicotear, se disuelve la inelasticidad de la demanda. Por tanto, el monopolista se verá ante la necesidad de almacenar su producto esperando que la demanda acepte su precio, o puede inclusive destruirlos, ya que no obtendrá los beneficios que esperaba, pero también puede disminuir sus precios para colocar sus productos. Si la demanda acepta ese precio, convengamos que el monopolista obtiene grandes beneficios, pero recordemos, los que adquieren los bienes lo hicieron por considerar que la utilidad marginal del bien adquirido es superior a la utilidad marginal de la cantidad dineraria entregada a cambio. Este beneficio elevado del monopolista en corto plazo permitirá que otros productores se dediquen a producir esos bienes, aumentando así la oferta de bienes en el mercado, forzando los precios a la baja, o la demanda puede buscar sustitutos para evitar así altos desembolsos. Recordemos que el equilibrio de mercado no se alcanza, o si se alcanza tiene existencia efímera, ya que para que pueda permanecer en equilibrio es necesario que todos los mercados se equilibren, es decir, estaríamos hablando de un mercado inexistente, uno de giro uniforme o estacionario. La dinámica de mercado justamente se da gracias a que no se logra el equilibrio, los desequilibrios son los que permiten la innovación (Rothbard, 2001).

Murray Rothbard

“Ningún monopolista puede ejercer el poder de monopolio si el camino es claro para que otros ingresen al mercado siempre que las ganancias sean tentadoras. La posibilidad siempre presente de competencia potencial tiene el mismo efecto que la competencia real, y el monopolista no puede cobrar un precio que rinda más que los rendimientos ordinarios”. Al igual que la competencia real, la competencia potencial opera «para mantener la elasticidad de la demanda del bien del productor único extremadamente elástica» (Salerno, 2004).

La dimensión óptima de una empresa dada depende de las circunstancias tecnológicas que se presentan, como también del estado en que se encuentre la demanda de los consumidores con relación a la oferta de diversos factores dentro del negocio de que se trate y los demás negocios afines y no tanto. Las decisiones que adoptan los productores y al final los consumidores están relacionados con estas dimensiones de cada rama de la producción, buscando coordinar costos de oportunidad con la demanda del consumidor, los propietarios de los factores y los empresarios buscarán producir aquellos bienes que los permita dentro de su conocimiento limitado, maximizar sus beneficios monetarios, por tanto, están sujetos a errores, los cuales deben corregir cuanto sea posible para evitar o reducir pérdidas. Es la función empresarial dentro de un libre mercado la que deberá determinar la dimensión que considera óptima para la empresa, por medio de su permanente estado de perspicacia y el cálculo económico (Rothbard, 2001).

Los cárteles, las fusiones, las sociedades de capitales y los sindicatos son considerados conspirativos, pero esencialmente son cooperativos. En un mercado libre queda a cargo de los consumidores aceptar sus precios o boicotearlos, por tanto, en ese estado, los monopolios no generan distorsiones.

Las distorsiones se generan a partir del momento en que estas empresas, cárteles, sociedades, o sindicados recurren al aparato coercitivo del Estado buscando protección ante posibles competidores o inclusive obligando por fuerza de ley el consumo forzoso de ciertos bienes o servicios. Es el brazo fuerte de la ley estatal la que impone barreras de ingreso a los competidores, dejando a los consumidores con menores opciones de elección, en algunos casos, ninguna opción.

Aquellos que recurren al estado para imponer leyes antimonopolio tienen dos orígenes. A) Son aquellas empresas que se encuentran posicionados en el mercado y buscan por medio de leyes estatales, crear barreras de entrada para posibles competidores, con lo cual buscarán manipular los precios dentro del rango de precios en que su demanda es inelástica. B) Aquellas empresas que no logran un nivel de competitividad tal como para ofrecer mejores precios de los que ya se encuentran en el mercado (monopolistas), por lo que recurren al Estado para forzar la desintegración de éstos o su debilitamiento por medio de escisiones forzosas, prohibiciones, regulaciones, etc.

En términos generales, el concepto puramente económico de monopolio se enfoca en la cantidad y el tamaño de las empresas en un ramo o industria, considera que a menor cantidad de empresas y mayor el tamaño de éstas, mayor será la posibilidad de imponer precios de monopolios o ejercer el poder monopolista. Pero como hemos visto ese planteamiento abarca demasiado al punto de que cualquier empresa al no someterse a los supuestos de la competencia perfecta, pues pasa a ser competencia monopolística y así se justifica cualquier intervención estatal, que a su vez, resulta realmente en una intervención en la competencia, en el cual existirán algunas empresas que se beneficiarán con la legislación, pasando a ser beneficiarias del monopolio político.

El concepto político de monopolio según Brian Simpson se basa en las restricciones a la competencia impuestas por el gobierno y demuestra que el poder de monopolio solo puede ser mantenido o sustentado por varios pequeños productores o uno solo o unos pocos, pues cualquiera sea el tamaño y la cantidad de las empresas éstas pueden ser protegidas de la competencia mediante legislación gubernamental.

Por tanto, los monopolios adquieren su carácter distorsivo únicamente cuando reciben protección directa o indirecta del Estado, quien protegerá la exclusividad de explotación e inclusive puede imponer el necesario consumo de bienes, ya que puede imponer por ley la obligatoriedad de cumplir requisitos municipales, departamentales o nacionales que necesariamente conduzcan al individuo a adquirir ciertos servicios que gozan del privilegio otorgado por el ente gubernamental, como veremos en los siguiente apartados.

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Gabszewicz, J., & Thisse, J.-F. (2000). Microeconomic theories of imperfect competition. Cahiers d’èconomie politique.

Mises, L. V. (2011). La Acción Humana. Tratado de Economía (Undécima ed.). (U. Editorial, Ed.) Madrid: Unión Editorial.

Paul Samuelson, W. N. (1996). Economía (15 ed.). (L. T. Cortés, Ed.) México: McGraw Hill.

Robinson, J. (1969). The Economics of Imperfect Competition. Cambridge: Palgrave Mac Millan.

Rothbard, M. (Mayo de 2001). Monopolio y Competencia. Revista Libertas.

Salerno, J. (2004). Menger’s theory of monopoly price in the years of high theory: The contribution of Vernon A. Mund. Managerial Finance, 72-92.

Salvadori, N., & Signorino, R. (2012). Adam Smith on Monopoly Theory. Making good a laguna. Munich Personal RePec Archive.

Simpson, B. P. (2010). Two Theories of Monopoly and Competition: Implications and Applications. Journal of Applied Business and Economics.

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