Apuntes no matemáticos de economía – Apuntes sobre intervencionismo – Salario mínimo, precios fijados por ley, subsidios

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El salario mínimo y las legislaciones laborales

En otra entrega ya habíamos visto el proceso de formación de precios y su función como vehículo de transmisión de información en la sociedad, los precios en términos de economía conductual, son heurística, atajos mentales que nos permiten formar una idea sobre un bien económico sin tener que incurrir en altos costos de acceso a información. Los intercambios ocurren cuando los individuos, libre y voluntariamente intercambian bienes y servicios cada uno buscando sus propios beneficios y se relacionan contractualmente.

Existen pocos puntos en los que los economistas de distintas escuelas o líneas de pensamiento están de acuerdo. Uno de ellos es sobre los efectos del salario mínimo, que esencialmente no es otra cosa que la imposición de precios mínimos, es decir legislación mediante determinar los precios a los cuales se intercambiarán la fuerza laboral en el mercado. El consenso indica que al fijar un precio mínimo por encima al precio de mercado, se producirá un aumento de la oferta de fuerza laboral en el mercado y a su vez una disminución de la demanda, generándose así el desempleo. Pero veamos un poco más sobre este tema.

El salario mínimo es una rigidez impuesta por la ley en una determinada región geográfica y responde a planteamientos como el siguiente, mencionado por Marx:

Ahora bien; para su conservación, el ser viviente necesita una cierta suma de medios de vida. Por tanto, el tiempo de trabajo necesario para producir la fuerza de trabajo viene a reducirse al tiempo de trabajo necesario para la producción de estos medios de vida: o lo que es lo mismo, el valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de su poseedor. Sin embargo, la fuerza de trabajo solo se realiza ejercitándose, y sólo se ejercita trabajando. Al ejercitarse, al trabajar, se gasta una determinada cantidad de músculos, de nervios, de cerebro humano, etc., que es necesario reponer, Al intensificarse este gasto, tiene que intensificarse también, forzosamente, el ingreso (Marx, El Capital, 1867).

Karl Marx

La existencia del salario mínimo de por sí es una distorsión impuesta en el mercado, es un vestigio de la teoría objetiva del valor, basado en el valor trabajo planteado por los economistas clásicos Smith, Ricardo y Marx. En este apartado trataremos de explicar los efectos distorsivos del sistema de control de precios y salarios, herramienta utilizada desde los tiempos de los Babilonios, siempre con los mismos nefastos resultados. Pero antes debemos plantearnos la causalidad del trabajo. ¿Qué es lo que mueve al individuo a trabajar?

Existen aquellos que recurren al trabajo solamente por urgencia para luego poder volver al estado de ocio anterior, otros consideran que trabajar es preciso para mejorar su nivel de vida, no emitiremos juicios de valor respecto a sus motivos y fines. Lo que ocurre en un mercado libre es que existen inúmeros agentes que ofrecen sus servicios como también otros que demandan esos servicios y los precios se fijan de acuerdo a la ley del mercado, la de imputación de valor antes mencionada, y la fijación de precios por utilidad marginal y heurística de anclaje (Ver Parte primera, apuntes de praxeología, la formación de los precios). Es menester considerar que, si todos los individuos somos distintos, pues la remuneración de cada individuo dependerá de su productividad, la calidad de su trabajo, su capacidad de negociación y otras variables que lo hacen deseables para el que desea contratar sus servicios. Un trabajador puede estar vendiendo empanadas en las calles por lo que percibe unos ingresos de 100 unidades monetarias semanales, para que renuncie a este trabajo y sus 100 unidades monetarias, debe considerar subjetivamente que el trabajo en una empresa le proporcionará mayores beneficios que los 100 percibidos vendiendo empanadas, solo así aceptaría presentarse a trabajar en una empresa. Ese mismo planteamiento se hace el empresario, sus estudios prospectivos lo conducen a tomar la decisión de abrir un negocio X luego de haber comparado las posibilidades de rendimientos que le ofrecen las demás opciones de negocio. Esta es la función empresarial en términos de Israel Kirzner, la perspicacia para detectar oportunidades de beneficio económico. Por tanto, planifica sus ingresos futuros estimados y sus egresos futuros estimados, es lo que Mises llamó de “cálculo económico”.

Si en el plan de negocios de la empresa se menciona un pago de 300 unidades monetarias por semana por individuo, será así porque a ese precio le resulta rentable el negocio, si el trabajo era realizable por una máquina (bien de capital), entonces la empresa invertiría en la máquina, pero luego de los cálculos de rentabilidad de tal inversión en capital fijo, ha llegado a la conclusión de que le será más conveniente ofrecer el pago de las 300 u.m. a algunos individuos para hacer el servicio. Esto atraerá al vendedor de empanadas y a muchos otros a ingresar a trabajar en la empresa. También resulta destacable que el intento de la asignación eficiente de recursos que realiza el empresario lo lleva a analizar la posibilidad de contratar mano de obra calificada o poco calificada, para lo cual debe necesariamente hacer un estudio respecto a los rendimientos marginales de los dos tipos de trabajadores. Es decir, si ofrezco 300 u.m. para, digamos, un montaje eléctrico (trabajo calificado) y se presentan interesados, un electricista y el vendedor de empanadas, el rendimiento marginal del electricista sería mayor que el vendedor de empanadas. Éste último puede forzar la negociación si ofrece sus servicios a un precio inferior, supongamos 130 u.m., el empresario deberá rehacer su cálculo para saber si contratando dos no calificados, los rendimientos marginales de los dos vendedores de empanadas compensarían el rendimiento del electricista, dado que contratar 2 trabajadores poco calificados le costaría 260 u.m. y el electricista 300 u.m. Este ejemplo corresponde a un mercado no intervenido, donde se plantea la posibilidad de negociación del precio de los servicios a contratar. En caso de que nadie se interese por la propuesta de la empresa, ésta se verá ante la necesidad de aumentar su oferta de u.m. por los servicios a contratar, y este aumento podría darse hasta el punto en que le resulte más rentable adquirir la maquinaria para reemplazar la mano de obra, recordando que todo su proyecto productivo se adecua al precio del producto final aceptable para el consumidor.

Sin negociación:

Servicio               Precio                  Rendimiento

Profesional           300             21 puntos por día

Aprendiz               300             10 puntos por día

Se contratará al profesional por su mayor eficiencia.

Con negociación:

Servicio               Precio                  Rendimiento

Profesional           300             21 puntos por día

Aprendiz               130            10 puntos por día

Se podrán contratar dos aprendices, si bien, por rendimiento marginal decreciente el segundo aprendiz a contratar rendirá marginalmente menos, el nuevo precio de 130 u.m. acordado, le permitirá al empresario contratar a 2 aprendices en vez de un profesional.

¿Pero qué es lo que ocurre cuando recurrimos a la implantación de un salario mínimo legal?

Siguiendo nuestro ejemplo anterior, si la ley fija el salario mínimo en 200 u.m., podemos observar que será contratado el profesional en detrimento de los dos aprendices. Ya que el rendimiento del profesional es superior y compensaría pagar 300 u.m. por 21 puntos por día, puesto que sería poco conveniente contratar 2 aprendices que costarían juntos 400 u.m. para obtener un rendimiento de como máximo 20 puntos al día. Entonces, podemos observar que la implantación de un salario mínimo legal, en caso de que el costo de la legalidad permita que se cumpla la ley, se está generando el desempleo de 2 individuos poco calificados, o al menos el deterioro de la calidad del trabajo, al volver a vender empanadas en las calles. Con eso, también se protege al trabajador calificado de la competencia de los menos calificados. Esa es la distorsión más reconocible de la implantación de los salarios mínimos.

El propio Marx, en su “Value, Price and Profit”, explica a John Weston que imponer salario mínimo, así como elevarlo solo generará el aumento del “ejército industrial de reserva” (Marx, Value, Price and Profit, 1969). Si bien el planteamiento de Marx era para convencerlo que estaba mal utilizando la fuerza sindical, enfocándose en aumentos salariales y no en la emancipación del trabajador.

Pero, los salarios mínimos generan otras distorsiones importantes. Una tiene relación con los precios de referencia, o el efecto anclaje (Heurística). El salario mínimo tiende a igualar a todos los trabajadores, sean estos plomeros, auxiliares contables, choferes, pintores, albañiles, estibadores, secretarias, etc. Los precios de referencia actúan (utilizando lenguaje bursátil) como soportes y resistencia a la vez, ya que el salario mínimo es un soporte obligado, pero del mismo modo funciona como resistencia a un aumento salarial. El trabajador deberá demostrar mayor productividad para que el efecto resistencia del precio de referencia (Salario mínimo) pueda ser rebasado y sea percibido por el empresario y así premiar al productivo. Del mismo modo, si alguien con menor rendimiento gana lo mismo que uno con mayor rendimiento, el estímulo para mejorar desaparece, tanto en el de bajo rendimiento como en aquel que era más productivo. Esto se traduce en menor producción, y por lo tanto menor oferta de bienes, lo que a mediano plazo se traduciría en el aumento de los precios del producto final.

Otra distorsión importante ocurre como sigue: Ya vimos que la imposición del salario mínimo genera el desempleo como en el ejemplo de los aprendices. Sin embargo, si el costo de la legalidad permite, se genera una especie de mercado negro o informal de trabajo. Los empresarios contratan a los individuos sin las formalidades legales, y los trabajadores acceden al empleo, pero a precios por debajo del mínimo. Estos empleados en ‘negro” así como aquellos que perciben salarios por encima del mínimo son los que se ven afectados por un aumento del salario mínimo legal, que generalmente responde a un aumento previo de la masa monetaria. Los aumentos de salarios mínimos responden generalmente al aumento de la inflación, pero los aumentos del mínimo generalmente no afectan a los que ganan más que el mínimo, o para aquellos que ganan menos, sin embargo, los que ganan mínimo logran aumentar sus compras, afectando así a las potenciales compras de los que no están bajo el amparo del Salario Mínimo (Tanto por encima como por debajo).

Legislación laboral y flexibilidad laboral

Además de los salarios mínimos que de por sí ya generan distorsiones, están las leyes laborales, originalmente confeccionadas para proteger al trabajador. Por ejemplo, tenemos las cargas del seguro social, tanto para jubilación como para salud pública. Se comprende que se aplican estas cargas por considerar a los trabajadores poco ahorradores o incapaces de prepararse para el futuro, sin embargo, el problema que genera este planteamiento es que los fondos pasan a ser administrados discrecionalmente por los Estados. No me explayaré en este conflictivo asunto del manejo público de fondos privados. Pero resulta interesante estudiar el sistema de seguro social obligatorio, que en efecto funciona de la siguiente manera: los que aportan hoy, sustentan las pensiones de los actualmente jubilados o pensionistas, mientras los aportantes sean suficientes y los jubilados o pensionistas no extiendan más allá de lo planificado su estancia sobre la tierra, el sistema tiende a mantenerse, caso contrario consume cada vez mayores tajadas del presupuesto general de gastos de un estado, transformándose así en un gran esquema piramidal, pero no me extenderé sobre este asunto, trataré de enfocarme en las distorsiones que generan. Las cargas sociales si bien representan fondos jubilatorios obligatorios, representan un costo adicional para las empresas. Es decir, si el pago que ofrecía era de 300 u.m. ahora debo por ley agregar otras 50 u.m. lo que encarece más el trabajo. El punto es que al individuo con la obligación de pagar el seguro social es condicionado a encauzar ese recurso a ese fin, renunciando obligatoriamente a cualquier otro bien que podría adquirir. Es que para el que pretende contratar los servicios, el precio del servicio pasa a ser 350. Si un inversionista se plantea instalar una empresa en un país, se fija en diversas variables que justifiquen la inversión, ellos pueden ser: Rentabilidad, seguridad jurídica, respeto a la propiedad privada, estabilidad monetaria, libertad económica, flexibilidad de las leyes laborales, presión fiscal, etc. Lo que resulta realmente “distorsivo” es que los empresarios para evitarse tanto el 50 u.m. adicional del seguro social, como otras leyes laborales que veremos más adelante, procede a no contratar al trabajador, sino a “subcontratar”, pasando de una “relación contractual de dependencia” a una “situación contractual independiente”. Lo mismo ocurre con el aguinaldo o las vacaciones pagadas. Desde el discurso romántico podemos considerarlos logros sociales, pero desde la perspectiva realista, significan que esos logros se traducen en menos posibilidad de crecimiento en la empresa, mayores precios a los productos finales, etc. El costo real para contratar el servicio no se limita simplemente al salario.

Otras distorsiones de leyes laborales poco flexibles podemos citar el caso por ejemplo de la “Estabilidad Laboral” que protege al trabajador que trabaja ya muchos años (10 años en Paraguay) en una empresa, haciendo con que la “indemnización” sea prohibitiva. Esto genera lo siguiente: El trabajador con antigüedad se relaja una vez que llega a ciertos niveles en la empresa porque considera que ya no tiene puestos que ascender, eso disminuye paulatinamente su productividad marginal, sin embargo, se encuentra blindado ante la competitividad de empleados de menor rango que aspiran ascender. Aparte de eso, están aquellos que aún no llegan a los 10 años, por lo que ya es casi habitual que alguien con 8 o 9 años de antigüedad empiece a pensar en cambiar de trabajo, pues es consciente de que será afectado por una liquidación de haberes, puesto que al tener una antigüedad inferior a 10 años resulta más económico rescindir el contrato con el trabajador. Pero si el afectado es un trabajador de 45 años, ya resulta más difícil conseguir ser recontratado a esa edad.

Problemas como los expuestos arriba son los que imponen rigidez en el mercado, tanto en los precios de los bienes como en los salarios. Los ciclos económicos son más duros por la falta de movilidad laboral o flexibilidad laboral. Resalto aquí que esto no es una oda a reducir salarios, simplemente estoy apuntando los problemas que se generan. El trabajador debe ser consciente de que está ofreciendo su producto en el mercado, debe sacarse de la cabeza la idea de que las empresas tienen la obligación de contratarlo. Al ofrecer su producto debe asumir una postura de negociador, como cuando pide mejores precios por sus tomates en el mercado. Del mismo modo el empleador que piense que puede obtener altos rendimientos pagando muy poco se equivoca, pues el empleado regulará su rendimiento de acuerdo al pago que recibe. Allí está el origen de los conflictos laborales, cuando tanto el empleado como el empleador creen que puede taimar al otro. Ambos buscan sus propios beneficios, pero con alta preferencia temporal, sin embargo, una vez que entendemos cómo funciona la preferencia temporal sabemos que lo que beneficiará a ambos es la clarificación y cumplimiento de los contratos. Eso significa que el trabajador contratado debe rendir conforme a lo acordado y el empleador debe pagar en tiempo y forma conforme a lo acordado. Caso contrario continuaremos desarrollando Kakonomía[1] en lugar de economía.

Otros precios fijados por ley

Como ya hemos visto, los precios transmiten información que encienden la perspicacia del individuo y la función empresarial y conduce al mercado a la satisfacción de las necesidades y la generación de riqueza o bienes más requeridos por la sociedad, así como también evitan el despilfarro de recursos en la producción de bienes poco requeridos. Ahora bien, los precios de mercado se forman esencialmente por medio del intercambio interpersonal. Sin embargo, en una economía intervenida los encargados de la ingeniería social de los países suelen cometer algunas agresiones a la libre acción humana y la función empresarial. Una de estas intervenciones es la fijación de precios por ley. El salario mínimo es un ejemplo de precios mínimos fijados por ley, otro ejemplo de ello puede darse cuando el estado pretende imponer un precio mínimo al algodón, buscando proteger al productor algodonero. El resultado de esta distorsión es que algunos simplemente dejarán de comprar algodón, otros no cumplirán la ley, aparte de constituirse en un ancla, caso los precios de mercado empiecen una tendencia alcista, pero también puede ocurrir de que si ese precio “mínimo” es muy elevado, conduzca a otros productores, (de tomates por ejemplo) a desviar su producción habitual hacia la producción algodonera, generando un exceso de producción incentivado por excesivos precios fijados por ley, y en contra partida se generaría una escasez de tomates, elevando el precio de éstos. Pero veamos lo que ocurre con los precios máximos. Los precios máximos son también imposiciones legales, que aparentemente buscan proteger a los menos favorecidos, limitan los precios a la suba, como ya vimos el caso de la intervención en los precios de una ciudad sitiada y cómo ésta tuvo que ceder ante la escasez que ello provocó (Ver Parte 2, apuntes sobre adaptación individual). Los precios máximos son los principales responsables para el desarrollo de un “floreciente” mercado “negro” o informal.

En la vigencia ideal de las leyes del mercado, oferta y demanda coinciden. En el momento en que el gobierno decreta un precio más bajo [que la definida por el mercado (un precio máximo)[2]-], la demanda pasa a ser mayor, y la oferta continúa sin cambios. En consecuencia, el suministro existente no será suficiente para satisfacer la demanda por el precio fijado. Una parte de la demanda dejará entonces de ser atendida. El mecanismo del mercado, que normalmente aproxima demanda y oferta por los cambios de precios, cesa de funcionar. Los consumidores que quieren pagar el precio oficial se quedan con las manos vacías, porque los primeros compradores o aquellos que conocían personalmente los vendedores habrían comprado el stock completo (Mises L. V., Uma crítica ao intervencionismo, 2010).

Ludwig Von Mises

Esto nos conduce a tratar el tema de los subsidios que producen los mismos efectos distorsivos de la imposición de precios.

Subsidios

Ante las imposiciones de precios límites por fuerza de ley se generan reclamos de una parte de los sectores afectados quienes por medio de lobbies buscan presionar al gobierno para considerar su posición. Estos generalmente conducen a los subsidios. No discutiremos aquí la manera en que se realizan los cálculos para el subsidio, y si, sus efectos.

Los subsidios son considerados como estímulos otorgados por el ente interventor de una economía hacia un grupo de individuos, una empresa o sector, a fin de aumentar el consumo o la producción de bienes. Podemos analizar un caso típico de nuestro país, que es el subsidio al transporte público. Como el sector se encuentra intervenido, los precios son fijados por algún estamento gubernamental, llámese Municipalidad, los precios al público son calculados de manera a que no impacte directamente en la canasta básica de la gente, y la diferencia entre el precio cobrado al pasajero y el precio que la empresa de transporte considera la que le permite mantener a la empresa funcionando, es absorbido por el Estado. Es decir, se le transfiere el costo a toda la sociedad. Como el transporte se rige vía itinerarios exclusivos otorgado vía autorización por el ente regulador, se forma un monopolio. Por tanto, un monopolio que se mantiene con subsidios. Es decir, lo más lejano a la competitividad del libre mercado. Sus efectos distorsivos podemos observar en el pésimo servicio otorgado por una empresa que técnicamente difícilmente quiebre, pues goza de doble protección. Y por tanto observamos cada vez más motocicletas en las calles que a su vez generan mayores accidentes de tránsito y su correspondiente costo de tratamiento.

Otros ejemplos de subsidios vemos en el país vecino Brasil, el gobierno decidió estimular la producción de Etanol, subsidiando la producción de maíz, con esto, muchos productores han reencauzado recursos destinados a la producción de otros rubros, como por ejemplo trigo, para la producción de maíz, lo cual provoca escasez en el mercado de trigo, es decir, aumento del precio del trigo y de los productos que corresponden a esa cadena productiva (McMaken, 2008).

Es decir, la mayoría de las intervenciones, suponiendo que son efectivamente bien intencionadas generan distorsiones en la información que reciben los agentes del mercado y se incurre en malas asignaciones de recursos afectando otros mercados. Cuando se percibe el desenlace generalmente ya es tarde para determinar precisamente la responsabilidad de las asignaciones equivocadas. Thomas Sowell comenta:

“Los seres humanos van a cometer errores, ya sea en el mercado o en el Gobierno. La diferencia es que la supervivencia en el mercado exige admitir esos errores y cambiar de estrategia si no se quiere ir a la quiebra. Pero la supervivencia en política exige negar los errores y mantener las malas políticas echando la culpa a los demás” (Sowell, Ideas Sueltas, 2009).

Por Victor Ocampos

Bibliografía

Marx, K. (1867). El Capital. Londres: Archivo Digital de Fidel Ernesto Vazquez.

Marx, K. (1969). Value, Price and Profit. (E. Marx, Ed.) New York: International Co.

McMaken, R. (2008). Recuperado el 29 de Octubre de 2018, de https://www.mises.org.br/: https://www.mises.org.br/Article.aspx?id=100

Mises, L. V. (2010). Uma crítica ao intervencionismo (Segunda ed.). (A. Franco, Ed.) Sao Paulo: Instituto Ludwig Von Mises Brasil.

Sowell, T. (2009). Ideas Sueltas. Recuperado el 29 de Octubre de 29, de Libertad Digital: https://www.libertaddigital.com/opinion/thomas-sowell/ideas-sueltas-47960/


[1] Kakonomía: Concepto desarrollado por la filósofa italiana Gloria Origgi y el sociólogo Diego Gambetta. Etimológicamente sería “economía de lo malo”. Se refiere a la conformidad con los mediocre. Un acuerdo tácito entre las partes para no exigirse demasiado, es decir, renunciar a la excelencia y abrazar lo mediocre. Es una complicidad contra la eficiencia.

[2] Aclaración del autor respecto a la cita de Ludwig Von Mises

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