¿De qué hablamos cuando hablamos de Inflación?

¿De qué hablamos cuando hablamos de Inflación?
Según estimaciones del BCP la inflación interanual a julio llegaba a 5,2%, con un acumulado de 2,7%, lo que posiblemente se traduciría en una inflación acumulada de aproximadamente 6,1% para fin de año. Esto sería la primera vez que la inflación supera la meta de 4,5% del Banco Central, desde que se aplica ese sistema para la política monetaria.
Todo muy interesante, pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Inflación?
Las tasas porcentuales que menciono al inicio son variables medibles por aproximación, son cambios detectados en las variaciones de precios de una canasta de bienes que conforman el IPC (Índice de Precios del Consumidor), también existen otros índices de precios que se utilizan y además se puede “medir” la variación de los precios al comparar el PIB a valores corrientes comparándolos a valores constantes de un año base, a lo que se llama “Deflactor del PIB”.
De este modo se pasa a interpretar la inflación como el nivel general de los precios, si sube el nivel de precios se dice que hay inflación, y pueden ser moderadas, galopantes o hiperinflación de acuerdo al grado de dificultad que manifieste la autoridad monetaria para lograr mantener algún nivel de credibilidad en la “valuta” (moneda) de uso oficial.
¿Pero cuál es el motivo para subir los precios? Como diría Thomas Sowell, los precios no suben por avaricia de los vendedores, ya que si en algún momento baja el precio no significa que haya una disminución en el nivel de avaricia. Por lo tanto, otra debe ser la causa. Es de consenso que la inflación puede ser multicausal, ya que en una economía que depende demasiado de un solo factor productivo como el petróleo, una suba en el precio del crudo, puede iniciar un proceso inflacionario, otros economistas, en especial de países periféricos como el nuestro, consideran que una suba de la divisa norteamericana puede producir efectos inflacionarios debido a la dependencia en importaciones, y así se exponen varias posibles causas del proceso inflacionario.
No obstante, al apuntar a múltiples causas, se minimiza la causa primera, aquella que había sido bautizada como inflación. Podríamos escudriñar en la historia para determinar que la inflación proviene del hecho de alimentar a las vacas con agua y sal para “inflarlos” y luego llevarlos al mercado para pedir más dinero a cambio de ellas, pero la esencia es la misma a la que realizaban los señores feudales al deteriorar la calidad de la acuñación de las monedas disminuyendo la cantidad de oro en ellas sin cambiar su denominación, a esto también se lo llamó “señoreaje”.
La escuela monetarista es la primera en desarrollar este concepto al asociar precios con la cantidad de dinero en circulación. En su versión más simple, supone que la relación entre la cantidad de dinero que la gente quiere mantener y el valor de las transacciones que realizan cada año (o la inversa de esta relación, llamada velocidad de circulación) es fija, mientras permanezcan constantes, el nivel de precios será directamente proporcional a la oferta de dinero e inversamente proporcional al volumen físico de producción. La escuela de Chicago es la que moderniza la teoría y sugiere entonces un banco central responsable que administre la oferta monetaria de acuerdo a las variaciones del PIB, para así mantener estable el nivel de precios.
Sin embargo, estamos hablando de inflación del dinero y por ello es importante mencionar el concepto de dinero, en especial el desarrollado por Carl Menger, en el que hace un estudio minucioso de su evolución como institución social, el proceso por el cual, desde los tiempos del trueque, una u otra mercancía alcanzaba el nivel de dinero al ser “monetizado”, dicho de otro modo, al ser aceptado por los participantes del mercado como medio de cambio de uso general.
Esas mercancías deberían ser durables, transportables, divisibles y en especial, deberían ser de fácil aceptación por los participantes, al punto en que se podrían manifestar valoraciones de otras mercancías en términos de aquella mercancía. Así tenemos la sal, el tabaco, las ostras, y finalmente los metales como el oro y la plata. Recalcando que como dice Mises en su obra Teoría del Dinero y el Crédito: no es la fuerza legal de una autoridad la que otorga fuerza cancelatoria a un pedazo de papel, sino, la aceptación como tal por parte de los usuarios.
Lo mencionado en la estrofa anterior resulta importante cuando se empieza a criticar a la teoría monetaria, pues ésta considera que la inflación es un fenómeno monetario. Los economistas que consideran que la inflación es multicausal no aceptan tal aseveración. Sin embargo, los bancos centrales cuentan con “Instrumentos de Regulación Monetaria” para tratar de controlar la oferta y circulación de dinero, con el explícito objetivo de mantener la inflación a raya.
No obstante, cuando la inflación se “sale de las manos” de los bancos centrales, se argumenta de que, si fuera monetario, frenando o restringiendo la oferta monetaria, la inflación debería poder controlarse. Es en ese momento cuando debemos tener en cuenta de que estamos hablando de una mercancía que funge como dinero, los agentes que participan en el mercado lo monetizan o dejan de monetizarlos paulatinamente a medida que pierden la confianza en la “valuta”, empezando un proceso inflacionario que por lo general no tiene vuelta atrás. Los agentes empiezan primeramente a dejar de usar como depósitos en valor, recurriendo a divisas, otros a adquirir inmuebles o acciones, etc.
Una política monetaria que inyecta liquidez al sistema de manera excesiva, necesariamente tiende a generar una suba de precios y esa suba puede manifestarse en el precio de los inmuebles, en el precio de títulos bursátiles, en divisas o finalmente en el IPC.
Por ello es que resolví escribir este pequeño artículo para poner atentos ojos sobre el aumento de masa monetaria que se está viviendo en todo el mundo desde hace unos años, también en nuestro país, con el objetivo de evitar una recesión o de reactivar la economía, quizá esté manifestándose ahora en los indicadores mencionados al inicio de este artículo.
En USA se observa finalmente una manifestación del deterioro de su “valuta”, debido al aumento de masa monetaria y la expansión del crédito en su IPC, con una inflación considerada histórica del 5,4%
Si bien considero que la banca matriz y su equipo técnico son lo suficientemente solventes intelectualmente como para percatarse de las posibles causas de la inflación y su potencial solución, al manifestarse en todo el mundo, resulta importante volver a hacer un análisis del concepto mismo de inflación en su acepción monetaria, ya que solo se suele mencionar el aumento de costos de combustibles o de la logística, prácticamente descartando la posibilidad de un origen monetario de la inflación, mucho más cuando tenemos a nuestro alrededor ejemplos de los vecinos en los cuales los agentes del mercado ya han empezado el proceso de desmonetización de sus monedas.

Víctor Ocampos