Economía, Crematística y Bien Común

Economía, Crematística y Bien Común

Esteban Serafini (columnista invitado)*. Síguelo en Twitter: Iustinianus @57R4705


La economía es la ciencia que estudia la producción y la distribución de bienes escasos llamados «bienes económicos» en una determinada sociedad.

La crematística es el arte por el cual un individuo acumula bienes económicos para sí mismo.

Es inmediatamente visible la diferencia entre las dos ciencias. Mientras la crematística se concentra en la búsqueda de la riqueza por parte del individuo, la economía se encuentra orientada a cumplir las necesidades de una determinada sociedad.

1- Características de la crematística:

La crematística no tiene un contexto social de aplicación, y por tanto no son relevantes las normas morales. En esta ciencia no existe un parámetro para juzgar el hecho de que alguien se dedique a vender drogas, excepto la eficacia de este método para lograr el objetivo de enriquecerse. El método será más eficaz conforme menos impedimentos tenga.

Surge entonces un concepto de la libertad dentro de la crematística que se define como: la habilidad de elegir entre diferentes opciones. Esta habilidad es maximizada cuando no existen impedimentos externos al momento de elegir.

Cualquier límite al momento de elegir entre varias opciones es entonces una disminución de la libertad crematística. Si a una persona se le prohíbe vender drogas, vender esclavos, dedicarse a la usura, robar o producir pornografía, se le están restando posibilidades de volverse rico.  Desde el punto de vista crematístico, se le está robando la libertad. 

En esta ciencia, entonces, el valor fundamental es la libertad crematística. Cualquier imposición externa que limite la capacidad de elección es considerada inmoral. Cualquier institución de naturaleza social que limite la capacidad de elección de los individuos es inmoral: el estado, la Iglesia, la familia, la tradición, las costumbres, etc. 

2- La visión liberal:

La visión liberal sobre la economía es de naturaleza crematística: se concentra en cómo el individuo acumula bienes sin preocuparse en cómo esto puede afectar a la sociedad. El razonamiento es ir de lo particular a lo general: si los individuos se enriquecen, la sociedad se enriquece y es capaz de satisfacer sus necesidades.  

Esta teoría considera al orden social como emergente en forma espontánea de la combinación de los intereses personales de los individuos que la componen. Utiliza como ejemplos la división de labores, el intercambio, y el aparente egoísmo que los motiva.

El economista británico Adam Smith (1723-1790), considerado padre de las teorías económicas modernas. [Imagen: Facebbok].
El economista británico Adam Smith (1723-1790), considerado padre de las teorías económicas modernas. [Imagen: Facebbok].

«No es por la benevolencia del carnicero, el cervecero o el pastelero que podemos esperar nuestra cena, sino por la atención a su propio interés», dice Adam Smith, quien demuestra tener el mismo problema que el pez que busca definir el concepto de «agua»: en ocasiones resulta muy difícil observar los principios fundamentales en los que se basa nuestra experiencia, debido a que los damos por sentados. Nos pasamos toda la vida con la nariz dentro de nuestro campo visual, y nos acostumbramos tanto a ella que no notamos su presencia. 

3- La nariz de Adam Smith: 

La nariz que no ve Smith es el orden social. Para que exista una división del trabajo y en consecuencia el intercambio dentro de un determinado grupo de personas es necesario que estas personas conformen una sociedad. Esto es: que tengan cierto grado de comunidad en su lenguaje, historia, cultura y normas morales.

Si en una isla desierta se lleva a cinco hombres de culturas y lenguajes distintos, no serán posibles ni una división de labores ni un intercambio de bienes. Para que sucedan estas cosas, es necesario que los hombres desarrollen antes un lenguaje común, aunque sea un lenguaje de señas y que definan, aún en forma muy vaga, un objetivo común. Esto es los hombres deben formar una sociedad antes de pretender dividir labores o intercambiar mercancías. 

La sociedad, entonces, es anterior a la división de labor y al intercambio de bienes. Es su condición necesaria, y por tanto no surge a partir de éstos.

Una sociedad, si bien puede surgir y organizarse en forma autónoma, siempre debe regirse por la moral, o lo que es lo mismo, la razón práctica. Si una sociedad no se rige por la razón práctica, no puede desarrollarse y termina colapsando. Una sociedad que acepta inmoralidades como el asesinato no se puede sostener, termina convirtiéndose en un grupo de individuos en guerra constante, sin posibilidad de cumplir un objetivo común.

Lo mismo es aplicable a inmoralidades tales como la usura o la esclavitud. Las consecuencias sociales de rechazar la razón práctica siempre son negativas. Es posible para un estado fuerte mantener cierta semblanza de cohesión social durante un tiempo (el imperio romano tardó siglos en derrumbarse) pero, si el tejido social es dañado en forma suficiente, la sociedad está condenada al fracaso. 

 4- Economía. Orientada a la sociedad:

A diferencia de la crematística, la economía se encuentra orientada a satisfacer las necesidades de los individuos dentro de una sociedad.  Para satisfacer dichas necesidades es necesario que la sociedad exista, y para que una sociedad exista en forma continua en el tiempo debe incentivar ciertos comportamientos y desincentivar otros entre los individuos que la componen. La sociedad debe regirse por la moral, que es lo mismo que la razón práctica. 

No es posible separar lo económico del ámbito de lo social. La economía está orientada el bien social, y por tanto debe guiarse por la razón práctica. Pretender separar la economía de su rol social inevitablemente daña al tejido social, y en consecuencia afecta la economía.  Un ejemplo es la esclavitud en los EEUU. El uso de mano de obra esclava traída desde África en las plantaciones norteamericanas fue una decisión tomada divorciando lo económico de lo moral. Las consecuencias sociales y económicas de esta decisión fueron gravísimas y continúan, de una forma u otra, hasta hoy en día. 

La economía liberal basada en la crematística no es sostenible. Colapsa bajo el peso de sus contradicciones internas. La división del trabajo y el intercambio tienen como precondición la existencia de una sociedad, y en consecuencia, la existencia de normas sociales basadas en la ley moral.  

5- Pensamiento mágico. De la nada nada surge: 

Un principio termodinámico es que la entropía nunca disminuye naturalmente. Un sistema no se ordena a sí mismo, sino que se debe aplicar trabajo para ordenarlo. De la misma forma, una colectividad sometida únicamente a las pasiones de los individuos que la conforman no se convierte por sí misma en una sociedad. Es necesario que los individuos controlen sus pasiones en aras del bien común. 

Finalmente, el orden no surge por sí mismo del caos; la nada nada engendra. Para avanzar en el conocimiento de una ciencia, es necesario dejar de lado el pensamiento mágico y utilizar la razón, que es la herramienta que nos regala Dios para descubrir y conocer el mundo.


*Esteban Serafini es ingeniero mecatrónico, con experiencia en el sector privado en el ámbito de servicios y seguridad.

[Las opiniones vertidas por los columnistas pertenecen exclusivamente a quienes las escribieron. El Parlante Digital se deslinda de toda responsabilidad por ellas].

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