El impuestazo, o un disparo al propio pie

El impuestazo, o un disparo al propio pie

Según la publicación periodística con la que amanecimos hoy, el equipo económico ya tiene todo listo para la aplicación de la Ley del Impuestazo, que básicamente pretende una tasa mayor para el Impuesto a la Renta Empresarial (Iracis), elevar la tasa máxima del Impuesto a la Renta Personal (IRP), eliminar algunas exoneraciones y unificar en 10% la alícuota del Impuesto al Valor Agregado (IVA), entre las principales medidas. (www.abc.com.py, 2018)

Presumiblemente son indicaciones del FMI, la de consolidar la base tributaria para que el Estado pueda cumplir mejor con sus funciones. Sin embargo, nuestro país es un país con poquísima acumulación de capital, es decir, poca propensión a ahorrar, solo 16% del PIB (www.bancomundial.org/, 2018), lo que nos hace dependientes del ahorro externo, que serían las inversiones extranjeras que como país en desarrollo necesita atraer.

Sin embargo, en un país sin mucha seguridad jurídica, con una ANDE deficiente que no garantiza el suministro constante de energía, con leyes y reglamentaciones poco claras ávidas de diversas interpretaciones, que sirven de caldo de cultivo para las chicanas jurídicas a fin de dificultar la vida de un inversionista extranjero o nacional, el único atractivo real del que disponemos es la baja presión fiscal. Pero, no sé si por presión exterior (FMI) o por simple necesidad de cubrir los gastos corrientes de un estado paquidérmico se quiere despojar al país de su único «atractivo» para el ahorro externo.

El arte de la Economía consiste en considerar los efectos más remotos de cualquier acto o política y no meramente sus consecuencias inmediatas (Hazlitt, 1946).

Creo que medidas como la que los «planificadores» están tomando, están pensados a corto plazo, me imagino que es para «aumentar» el «flujo de caja» del Estado, y así éste, poder acceder a mayores créditos internacionales y «finalmente» lograr calificación internacional de inversión, que es la “tierra prometida” por los grandes profesionales burócratas de las entidades supranacionales como el Banco Mundial y el FMI.

Pero… Aumentar la presión fiscal, y luego aumentar el gasto público, ¿acaso no son recetas ya conocidas por nuestros vecinos?

Así que considero, que con esas medidas lo que se logrará es, primero, perder el «atractivo» para la inversión extranjera que necesita el país, dado que no tememos capital acumulado, debido a nuestra poca propensión a ahorrar, luego, a la larga, castigaran a los de menores ingresos, a quienes la carga fiscal se les transferirá y, además, aquellos quienes tienen la posibilidad de ahorrar, se verán desincentivados a ello, conduciéndoles al consumo.

A medida que más aumenta el tamaño del Estado, (esto es, presión fiscal, endeudamiento, empleados públicos, etc.), más se reduce la preferencia temporal de los habitantes, pues tanto los impuestos como emisiones monetarias inorgánicas para pagar deudas, desincentivan el ahorro, lo que nos hace depender permanentemente del ahorro externo.

Reisman dice, La economía estudia la producción de riquezas dentro del sistema de división del trabajo, pero la división del trabajo no existe ni funciona automáticamente, depende de las leyes e instituciones que los países adoptan, así pues, existen países cuyas políticas van restringiendo la división del trabajo, frenando su producción de riquezas y otras que aplican políticas liberales que permiten la división del trabajo y por lo tanto mayor productividad.

Tanto las reformas fiscales propuestas como las regulaciones que el estado aplica, dificultan constantemente la creación de riquezas en un país que necesita crearlas para salir de la pobreza y aun sabiendo que el ahorro nacional está dado por el ahorro privado y el público, en nuestro país, el «ahorro público» es un des-ahorro, pues esos fondos son canalizados de tal manera que el Estado los utiliza de manera ineficiente, tanto en salarios altos a quienes poco producen o pagando obras sobre-facturadas de poca calidad.

Particularmente creo que este paquete de medidas fiscales, es un tiro al propio pie, cuando la comunidad internacional empezaba a admirar al Paraguay justamente por tener mejores índices de libertad económica que nuestros vecinos, asfixiados por un enmarañado tributario, inflación y gasto público insostenible.

Ahora, empezamos a querer imitar a nuestros vecinos, justamente en sus peores vicios.

Víctor Ocampos

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