Otros apuntes – Monopsonios y el mercado laboral con Estado

Otros apuntes – Monopsonios y el mercado laboral con Estado

Un monopsonio se da cuando un mercado es dominado por el comprador, y como ya vimos al analizar los monopolios, en un libre mercado, por ser un proceso dinámico, el monopsonio tendría existencia efímera.

A menos que recurra al Estado para obtener alguna regulación que le permita mantener su posición de único comprador, como fue el típico caso de la Coca Cola y la Harrison Narcotic Act, en el que la importación de Cocaína pasa a ser regulado, para lo cual el Estado emite licencias de monopolio (Monopsonio en este caso) para que Merck & Co., Inc. y Maywood Chemical Works sean las únicas que puedan importar dicho producto, uno de ellos pasa a ser el proveedor del extracto no narcótico, que se utiliza como saborizante de la Coca Cola.

Solo con el apoyo del brazo armado de la ley, es posible que un monopsonio, así como un monopolio se mantengan en la dinámica del mercado. Pero, en este apartado quiero apuntar a la suerte de monopsonio laboral en el que se transforma el Estado en Paraguay. Sin precisar datos estadísticos, todo Estado cae en la imposibilidad del cálculo económico.

Es decir, al no estar sujeto a las leyes del mercado, el Estado impone precios ajenos al juego de oferta y demanda, tampoco está sujeto a la necesidad de obtener ganancias para progresar, simplemente hace erogaciones, y si el presupuesto se excede, pues se compensa con los instrumentos que tiene a su disposición, tales como: endeudamiento, impuestos o emisiones inorgánicas de dinero fiat.

Es por eso, y dado el tamaño del Estado, que, en el caso paraguayo en el mercado laboral, absorbe aproximadamente el 20% de la fuerza de trabajo. Se transforma así en el mayor empleador del país, pero, como lo explica la Public Choice Theory, el objetivo de una institución pública no es servir a un consumidor, es decir, no se somete a la soberanía del individuo consumidor.

No necesita ofrecer mejores servicios a mejores precios para permanecer activo, no procura la eficiencia como medio para obtener mayores beneficios, pues técnicamente no quiebra, solo cae en déficit fiscales, por lo tanto, la división del trabajo no se desarrolla a plenitud en las esferas públicas. Peor, se entorpece el flujo de información y el suministro de servicios por medio de procesos desgastantes e innecesarios, para justificar la contratación de funcionarios que a la postre representan votantes para las elecciones venideras.

Estos funcionarios votantes, cuentan con familiares que también votarán. Así, en Paraguay el promedio de salarios pagados por el sector público duplica a los del sector privado (166). No solo eso, el nivel de exigencia en el sector público es mínimo, pues todo el funcionariado tiene protección de la ley del funcionariado, así como de los innumerables sindicatos que forman grupos de presión para exigir mayores salarios y mejores condiciones a su empleador, el Estado, recordando que los individuos buscan su satisfacción y por tanto caen bajo la influencia de la ley del menor esfuerzo. La distorsión que genera esto en el mercado es similar al de un sindicato en un mercado laboral.

Los “logros” del sector público en materia de salarios o beneficios, deben ser absorbidos por los que prestan servicios en el sector privado. Además, por efecto imitación, aquellos que observan a funcionarios mejorando sus niveles de ingresos, conscientes de los beneficios adicionales que gozan y además la poca exigencia en cumplimientos de horarios o la dureza del trabajo mismo, tratarán de imitarlos, buscarán permanentemente formar parte del funcionariado, así tenemos a ingenieros que se forman con el objetivo fijo en ingresar a empresas públicas o autárquicas como las binacionales, lo mismo con médicos, maestros, economistas, abogados, etc. Todos anhelan ser parte del Estado.

Sin embargo, para que el sector privado que opera bajo las reglas del mercado, otorgue dichos salarios y beneficios, debe necesariamente servir a los consumidores de una manera tal que éstos estén dispuestos a pagar elevadas sumas por tales servicios con lo que se podría aumentar los salarios y beneficios de los trabajadores, pues los incentivos para el empresario surgen de la posibilidad de lucro que nace en el mercado por una demanda insatisfecha.

En contrapartida el Estado no se somete a tales leyes, y puede ofrecer mejores condiciones o aceptar presiones sindicales holgadamente, pues la factura de ello se lo volverá a cargar al sector privado y a toda la población por medio de impuestos.

Víctor Ocampos

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