Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (diría Charly)

Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (diría Charly)

En estos días se publicó en un diario de circulación nacional el trabajo de investigación de la economista Verónica Serafini, en el que analiza el trabajo no remunerado en el hogar (UltimaHora, 2021),indicando que de contabilizarse a precios de mercado llegaría a corresponder al 22,4% del PIB. Me imagino a los chicos de la SET viendo cómo hacer para contabilizar y poder aplicar algún impuesto.

Bromas aparte, la intención en este artículo no es criticar el trabajo de la Sra. Serafini, sino tratar de presentarles la explicación que da la teoría económica a tal situación.

Según Carl Menger y muchos otros economistas e historiadores, los intercambios voluntarios se dieron originalmente en la forma de trueque, permuta o “camba”, lo que llamamos intercambios directos. Pero esta forma de intercambiar padecía del problema de la doble coincidencia que menciona Stanley Jevons, dicho de otro modo, el que posee un pedazo de cerdo y desea un par de zapatos, debe encontrar a alguien que posea zapatos y que esté dispuesto a intercambiarlos por un pedazo de cerdo. A esto, hoy día llamamos “Costes de búsqueda”. Paulatinamente los individuos fueron descubriendo que existían mercaderías con mayor aceptación que otras, por tanto, con mayor circulación, es decir, fluía más fácilmente de mano en mano entre los individuos que intercambiaban, y ésto es lo que Menger menciona como la propiedad de liquidez que poseen los bienes. Nace así, una de las instituciones económicas más importantes hasta ahora, el intercambio indirecto. Algunos individuos empezaron a intercambiar sus bienes por bienes de mayor circulación (o comercializables) lo que les permitía acceder más rápidamente a los bienes satisfacientes que estaban buscando, el éxito de éstos era imitado por otros, y este fenómeno resultó progresivamente en la selección del bien más comercializable entre todos, que pasó a ser el dinero, no estamos hablando del pedazo de papel que llevamos hoy día en nuestros bolsillos, sino de la institución misma de un medio de intercambio indirecto que ha permitido reducir los costos de búsqueda ya mencionado, como también los de pérdida de valor que podrían padecer algunos bienes perecederos, entre otros. Pasa a ser una norma de aceptación general en una comunidad (Sieron, 2019).

Lo mismo podríamos decir de las normas de tránsito, si bien no existe una teoría definitiva que explique el sentido por el que se transita en una calle, es interesante el hecho de que muchas de las normas que hoy día son partes de las leyes de tránsito nacen por una necesidad de reducir costos de espera o de accidentes, ese conjunto de normas es lo que llamamos en economía, instituciones.

En un partido de futbol en la canchita del barrio, no se juegan con las reglas de la FIFA (instituciones formales), se juegan con las reglas pre establecidas del juego en ese barrio o entre los que la practican (instituciones informales), para que pueda tener sentido el juego y evitar costos de desentendimientos, de oportunismos, de tiempo perdido mientras se busca una solución al conflicto que haya surgido ante una agresión física en la disputa del balón, etc.

De hecho, las instituciones surgen buscando reducir costos. En ciertas escuelas de economía, aquellas que surgen de manera espontánea, como el dinero son llamados instituciones orgánicas, u “organismos” y aquellas que son diseñadas deliberadamente son llamados instituciones pragmáticas u organizaciones.

Pero las instituciones pasan a ser asunto de relevancia en el estudio de la economía cuando Ronald Coase escribe su artículo llamado “La naturaleza de la firma”. Coase quería entender por qué existían las firmas o empresas ya que el debate de su tiempo (y hasta ahora) era de quién responde a las preguntas fundamentales de la economía del qué, cómo y para quién. Unos defendían la institución del mercado, es decir, las tácitas reglas del intercambio voluntario entre individuos, la oferta y la demanda y el mecanismo de los precios de mercado que se formaban por la interacción de aquellos manifestando sus valoraciones en términos de dinero, institución que vimos más arriba y así se formaba el proceso de coordinación social. Otros defendían la institución del Estado o la planificación centralizada, en otras palabras, diseñar y aplicar normas institucionales para coordinar el uso de los recursos sin necesidad del mecanismo de precios. La pregunta de Coase era: ¿Si el mercado como proceso de toma de decisiones dispersas es tan eficiente, por qué existen las empresas? Las empresas son organizaciones jerárquicas con planificación mayormente centralizada, que operan en el ambiente descentralizado del mercado (Coase, 1937).

La conclusión a la que llegó fue que, si bien el mercado permite la toma de decisiones descentralizadas por medio del mecanismo de los precios, operar en ese sistema exigía incurrir en algunos costes, y a esos costes los llamó “Costes de Transacción”. Poder usar el mecanismo de los precios para la toma de decisiones, exigía asumir costes de transacción que identificó como a) Costes de búsqueda; b) Costes de contratación; c) costes de coordinación.

Supongamos que un carpintero produce muebles para sus clientes a un precio acordado, pero todos los días debe contratar a uno o dos ayudantes, lo mismo hace con algunas máquinas o herramientas especiales que necesita, todos los días las alquila del propietario para su uso, cada tanto, la máquina que necesita no está disponible por lo que debe buscar a otros sujetos que posean tales herramientas para que los alquile, estamos hablando en este momento de los costes de búsqueda, también pasa lo mismo con los ayudantes, a quienes los contrata hoy y al final del expediente debe pagarlos y recontratarlos al día siguiente, en algunas ocasiones debe buscar otros ayudantes cuando aquellos fueron contratados por otros carpinteros u obreros, puede contratar en algún momento un ayudante que no sepa nada del oficio o incluso que sea un oportunista y que robe alguna herramienta de paso, estamos hablando acá de costes de contratación; nuestro carpintero debe dejar su trabajo cada vez que deba buscar a un ayudante, buscar algún cliente, o algún proveedor de insumos o herramientas, no puede hacer todo solo, en este caso hablamos de costos de coordinación. Por lo tanto, estos costes de transacción son los que conducen al carpintero a crear una institución, una empresa de muebles, por medio del cual logrará integrar a ayudantes y proveedores a la firma, sacándolos del mercado e internalizando los costes en un contrato a mayor plazo, con el cual se obtiene la exclusividad temporal de los factores e insumos necesarios. Entonces lo que hace el carpintero es sustraer agentes y activos del mercado e insertarlos a la firma, dentro de la firma él puede pasar a un ayudante desde el sector de pinturas al sector de ensamblado, sin usar el mecanismo de los precios, en buena medida, las firmas suelen decidir producir internamente los insumos o servicios necesarios para reducir los costos de adquirirlos por medio del mercado. Lo mismo ocurre cuando dos o más personas deciden unirse en sociedad, cada uno aportando sus bienes particulares a la sociedad, formando una firma, con sus propias reglas internas. Los socios lo que hicieron fue, inhabilitar a los demás agentes del mercado el acceso a ciertos bienes al integrarlos como parte de la sociedad o firma (Klein & Sykuta, 2010).

Por la tanto la función principal de las instituciones es reducir los costos de transacción que existen en el mercado, entendiendo mercado como un proceso de intercambios voluntarios mutuamente beneficioso que se da por medio del mecanismo de los precios.

Del mismo modo, los estudiosos de las instituciones percibieron que, si bien, las firmas o instituciones reducen costes de transacción, a medida que se integran verticalmente o aumenta su tamaño, exige incurrir en costes de organización, y es ese coste de organización lo que limita el crecimiento de la firma. Una empresa buscará reducir costos de transacción hasta que los costos de organización igualen a los de transacción que estaban siendo ahorrados. Si volvemos a nuestro ejemplo, a medida que la empresa crece, contrata más gente, y resulta cada vez más costoso controlar el buen funcionamiento de la empresa, verificar si no hay oportunismo, controlar que no se estén robando insumos, etc. Para ello se contratará un capataz, un supervisor, se instalarán cámaras de seguridad, etc., todos costos de organización, y cuando éstos sean ya muy elevados e intransferibles al precio del producto final, se empieza a limitar la expansión de la firma, pasando ésta a reducir su integración vertical con la subcontratación.

Si las reglas de tránsito se formaron para coordinar el tránsito y las personas no las cumplen, significa que los costes de transacción superan la capacidad de la institución, lo que obliga a que se coloquen agentes de tránsito para aplicar multas o sanciones a quienes incumplen, por lo tanto, estamos hablando de costes de organización.

El instrumento institucional por excelencia es el contrato, los contratos sean tácitos o explícitos indican el compromiso de los agentes con las normas institucionales, la desconfianza o los incumplimientos de contratos indican altos costes de transacción que exigen altos costes de organización para hacerlos cumplir.

Entonces podemos observar tanto costes de transacción, cómo costes de organización en una institución pragmática como un ente estatal, los altos costes de transacción obligan al aumento permanente de la burocracia que implica en altos costes de organización, solo que al no estar sometidos al cálculo económico y poder así financiarse vía impuestos, limitar su expansión resulta muy difícil.

La puntualidad es una institución informal que se formó debido a que con ella se logra reducir costos de coordinación, en otras sociedades, aquellos puntuales lograron obtener mejores resultados, lo que les permitía mayores éxitos, luego fueron copiados por otros agentes, consolidándose así tal institución. En nuestro caso (Paraguay), ser puntual implica asumir costos de espera e implican costos de coordinación, que posiblemente debido a la poca competitividad histórica que hemos tenido, ha derivado en la consolidación de la impuntualidad como norma, sin embargo, en estos tiempos donde vamos paulatinamente entrando en competencia con agentes adaptados a otros tipos de instituciones más exitosas, pasamos a notar aquella la impuntualidad como una institución fallida.

Ahora pasemos a analizar una institución muy conocida por todos y que es el motivo de este artículo, la familia. ¿Por qué existen familias? Pues, porque responde a los mismos problemas que los costes de transacción suponen. La institución familiar se forma para reducir tales costes, como de búsqueda, de contratación y de coordinación. Un individuo para sobrevivir debe actuar, para satisfacer sus necesidades y deseos debe encontrar medios satisfacientes y por ello su necesidad de seguir existiendo en el pool genético los conduce a buscar pareja sexual, sus necesidades sexuales serán satisfechas por medio del mercado, buscando día a día y contratando día a día una pareja sexual, sin embargo podrá ser que día a día deba ser diferente, pueda ser más difícil de encontrar una, etc., con los costes que ello implica, además de las posibles enfermedades venéreas y otros inconvenientes que esto pueda ocasionar. Pero también ocurre que ambos están buscando satisfacer otras necesidades como alimentación, vestimenta, vivienda, ocio, etc. Si el individuo sale a trabajar sabe que deberá contratar día a día el servicio de alimentación (pagar restaurante), lavandería, también el de limpieza del hogar, si tiene un vástago, necesitará contratar a alguien para cuidarlo. Todos estos servicios pueden ser obtenidos en el mercado, con los respectivos costes de transacción que ello implica. No obstante, para reducir tales costes, se puede formar una sociedad, que, por cuestiones de necesidad de replicación genética, resulta ser común la sociedad entre un hombre y una mujer, al constituirse en la institución denominada familia, se firma un contrato por el cual ambas partes se retiran del mercado de parejas, y se integran a la familia, asumiendo compromisos ligados a la división del trabajo. Del mismo modo, se internalizan los costes de cocina, lavandería, limpieza del hogar y crianza de los hijos, así como los rendimientos generados por la actividad destinada a proveer medios satisfacientes a la sociedad (familia). Si los costes de transacción de los participantes de la institución familiar son bajos, hay una tendencia hacia la prosperidad, pero si existen altos costos de transacción, como la desconfianza mutua, eso conduce a desgastes en costos de organización, manifestados en el intento de los socios de controlar uno al otro.

En fin, del mismo modo que la firma (empresa) retira recursos del mercado y los internaliza, pasando a no utilizar internamente el mecanismo de los precios, la familia con sede en el “hogar” internaliza factores (en este caso los individuos que hacen a la pareja) y obtienen internamente medios satisfacientes no necesitando recurrir al mercado para obtenerlos y justamente, es por ello que carece de precios de mercado. Es más, fue precisamente para ello que se forma tal institución.

 

Por Victor Ocampos.

 

Bibliografía

Coase, R. (1937). The Nature of the Firm. Economica: New Series, 386-405.

Klein, P. G., & Sykuta, M. E. (2010). The Elgar Companion to Transaction Cost Economics. Cheltenham: Edward Elgar.

Sieron, A. (2019). Legacy of Menger’s Theory of Social Institutions. Sciendo, 145-160.

UltimaHora. (2021, Noviembre 25). ultimahora.com. Retrieved from https://www.ultimahora.com/trabajo-el-hogar-representa-el-224-del-total-del-pib-n2973277.html

 

 

Víctor Ocampos