El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Editorial

La ciudadanía paraguaya sigue caminando sobre el fango de la negligencia estatal

Las sombras de una tragedia van creciendo a medida que el gobierno nacional muestra sus uñas de guitarrero para la inacción total, hundidas las inteligencias en el fango de la negligencia estatal, provocan poco a poco en la ciudadanía ese dejo de sospechas y de incredulidad que van mermando la nula o poca esperanza que teníamos para creer al menos, que la fortuna nos sonreiría durante esta pandemia.

Lejos estamos de eso y se debe en gran parte a una capacidad notable para la autocomplacencia por parte de las autoridades de Salud que aparentemente están atadas de pies y manos, sin poder entender a qué destino apuntar, venciendo todos los días la vergüenza y las posibilidades del ridículo monumental, dando manotazos de ahogado a cada presencia ante la prensa nacional, a estas alturas, el ciudadano común se encuentra presa del miedo, del cháke constante, pero he aquí una gran diferencia con respecto a la primera vez que entramos en la cuarentena total, el descreimiento y la iracundia social que va creciendo día a día, a medida que vamos inclinando la curva de contagios hacia los puntos críticos en que el gobierno no quiso entrar desde un primer momento, pero tampoco, a la luz de las acciones de hoy, que pueden ser tamizadas con el cedazo de la crítica observación sobre los hechos y productos de esta pandemia, la ineficiencia gubernamental para apuntar con éxito a las proyectadas políticas públicas que nos puedan ofrecer un respiro, ante la asfixiante realidad que vivimos.

Esta gran rueda de la fortuna que representa este experimento social llamado «cuarentena» en el que el estado ha controlado de manera notable todos los pormenores de la existencia de sus conciudadanos, no es otra cosa que la coacción para la ineficacia, la censura de la libre expresión de las personas de este terruño donde el sentido común es el menos común de los sentidos, si de algo sirve esto, ya que a las pruebas que nos remiten a este ensayo de pensamiento crítico, son innumerables pero solamente algunas, nos imponen una reflexión sobre lo que tenemos y lo que nos hace falta, evidentemente, abunda la corrupción y la negligencia, y lo que nos hace falta, sin dudas, no es nada nuevo ni vamos a inventar la rueda, es políticos de capacidad y con humanidad, que entiendan las vicisitudes de sus votantes, que sean más empáticos con las falencias de los paraguayos en materia de salud, seguridad y educación, una trilogía que merece una observación más profunda, pero que se ha convertido en el siempre enojoso reclamo no oído por esta casta de ladrones que tenemos como gobernantes.

El Covid-19 impactó y sigue impactando la vida de las personas. La salud física se ve deteriorada, y en el mundo, podrían verse más casos de enfermedades mentales en franco aumento en la pospandemia, superando a los males que aquejan físicamente a toda la humanidad.

Este experimento psicológico que “sin querer queriendo” se fue reproduciendo de país en país con actores principales que ofrecieron y todavía ofrecen sus vidas involuntariamente, como conejillos de Indias: ¿Se puede medir en términos aproximados lo que nos arrojará este experimento en un país como el nuestro, donde todos los mejores deseos y los programas más eficaces terminan en intentos fallidos cuando se los aplica?

Podemos hablar de muchas cosas que hacen falta, de lo que se dejó de hacer pero lo que hace falta, fundamentalmente es aplicar la resiliencia, es decir, cómo los paraguayos afrontarán la pospandemia, cómo capearán las dificultades propias de un sistema financiero en calamitoso estado, una economía que no se levantará así nomás, ni con el auxilio de un Estado que en ningún momento de este proceso ha pensado en los menos pudientes.

Paraguay ha soportado epidemias, dos guerras sangrientas, la ira de los dioses por su posición mediterránea que lo convierte en una isla donde nada llega a tiempo y donde todo, a destiempo, fecunda en el fermento intelectual de los habitantes de este charco de incertidumbre en el que nos hemos convertido, y una casta política que ha contagiado del peor de los males a todos por igual, la corrupción y el amiguismo recalcitrante que evita pensar más allá de un presente en el que la mayor preocupación siempre muestra la resultante ignominiosa del aumento considerable de las faltriqueras de sus mandamases antes que la proyección de buenas prácticas públicas para embestir el futuro con seguridad y con un fundamento consciente de nuestras capacidades y de las debilidades que deben ser superadas para activar y administrar con solvencia la cosa pública.

Nuestro país actualmente gracias a estas décadas de deficiencia, desinterés, indiferencia y concurrencia en prácticas clepto-cráticas engendró un producto deficiente, desinformado, poco capacitado, sin preparación, incapacitado, inútil; somos como un árbol que creció torcido y que no presenta ni presentará ninguna resiliencia, ya que si una rama se dobla, se romperá, no soportará el peso del viento o de nuestros ideales, caerá, secándose irremediablemente, no tendrá la posibilidad de doblarse y soportar los embates del futuro y de allí, poder recuperarse rápidamente de la tormenta y lograr la anastomosis adecuada* que provocará el crecimiento de otra rama desde ese punto para fortalecer a todo ese gran árbol.

Evidentemente no podemos estar ajenos a lo que pasa alrededor del mundo, esta pandemia mostró gravemente las falencias no solo de los estados débiles sino de aquellos que se consideraban fuertes, es decir, tanto a nivel mundial, como local, la resiliencia será directamente proporcional al grado de la gestión del riesgo en cada uno de nosotros, y así como en el mundo muchas grandes o pequeñas empresas estarán en la quiebra así también, en nuestro país se recrudecerá esta expectativa y realidad porque no hay una muestra plausible de que el gobierno realmente busque hacer algo eficaz para combatir los efectos negativos del cierre de microempresas y de industrias como la de la carne, que se ve afectada de manera mucho más fuerte que otras, ya que viven de los mercados y sus precios.

Incluso las previsiones más positivas deberían ser negativas. Muchos perdieron sus trabajos, muchos cerrarán sus empresas y muchos ya lo están haciendo, los efectos de la cuarentena inteligente no son los que se esperaban porque la gente tiene menores ingresos y no sale por temor al contagio del Covid-19, y prefieren ahorrar, ¿ahorrar qué?.

En estos momentos, naturalmente, hay una falta de efectivo en las calles, el gobierno muestra intentos de solucionar en parte, esta problemática, pero es insuficiente, tímidamente han conseguido “engatusar” a la opinión pública con una serie de acciones de ayuda financiera a personas en situación de vulnerabilidad, pero se olvidaron de la clase media, de los pequeños empresarios que son los motores del empleo en Paraguay; y es notable, pues, nunca se cerraron las farmacias o los supermercados, quizás las empresas que más posibilidades tienen de sobrevivir, ya que los alimentos y los medicamentos, son la base de la existencia paraguaya, aquí y en China, mientras tanto, la restaurantización demostró su ineficacia, la filosofía de las compras a través de los shoppings también nos mostró su cara tenebrosa, se abrieron por presiones de los empresarios del sector, el gobierno les dio “esa manito” pero la gente no va. Pero la gente no es estúpida, la gente sabe que no podemos obviar lo anterior, nos cuidamos entre todos los ciudadanos, pero el gobierno, no.

Ante el cháke constante del gobierno de llevar a medidas más fuertes, o de caer a la cuarentena total, nuevamente, el trabajador empieza a reír de manera absurda ante la ridícula excusa de culparle al ciudadano por “el relajamiento social” pero sin embargo, desvía su mirada crítica cuando ve las aglomeraciones en los buses chatarra; en todo el país se escuchan voces críticas y de protesta ante la inminencia de la decisión a tomar; pero ante tales circunstancias, ¿Qué mal se puede hacer a una economía que ya murió? ¿Qué daño mayor se puede provocar a un Estado que a estas alturas se endeudó para mejorar el sistema sanitario y que al final solo vive de las donaciones de países como Taiwán que deferentemente, nos regala insumos médicos? ¿En qué país vivimos? ¿Entendemos los paraguayos que los gobernantes con la excusa de la mejora del sistema de salud hayan llevado estos procesos al océano de la corrupción? A estas alturas estamos como al inicio de la cuarentena total, es decir, sin camas suficientes para afrontar una posible crisis, sin insumos médicos que hagan posible un enfrentamiento en igualdad de condiciones con el Covid-19 y con el personal de blanco, ante la omnipotencia de la corrupción, desarmados completamente para ir a la guerra.

Para finalizar quisiera transcribir un artículo muy interesante que recomiendo leer de Scientific American[1] para entender qué pasa en el mundo y qué está ocurriendo en nuestro país, a pesar de los números positivos que tanto Sequera como Mazzoleni se encargan de poner a la palestra de sus grandes hazañas al frente de la cartera de Salud en el Paraguay:

«Las personas se enfrentan a un golpe múltiple: la amenaza de enfermedad, la soledad del aislamiento, la pérdida de seres queridos, las repercusiones de la pérdida del trabajo y la continua incertidumbre sobre cuándo terminará la pandemia. La depresión, la ansiedad y el estrés postraumático sin duda seguirán para algunos. Las líneas directas de salud mental informan sobretensiones en las llamadas, y las primeras encuestas han encontrado altos niveles de preocupación. «Esta pandemia cumple todos los requisitos en términos de los tipos de estresores que van a ser difíciles», dice la psicóloga Anita DeLongis de la Universidad de Columbia Británica, que estudia las respuestas psicosociales a la enfermedad. Las muertes por suicidio de profesionales de la salud que habían estado en el frente médico son recordatorios poderosos de los riesgos. La resiliencia individual se complica aún más por el hecho de que esta pandemia no ha afectado a cada persona de la misma manera. Por todo lo que se comparte (el coronavirus ha afectado a todos los niveles de la sociedad y ha dejado pocas vidas sin cambios), ha habido una gran variación en la interrupción y la devastación experimentada. Considere Brooklyn, un solo municipio en la ciudad de Nueva York. Los residentes que comenzaron el año viviendo o trabajando a unas pocas millas el uno del otro tienen historias muy diferentes de enfermedad, pérdida y navegar los desafíos del distanciamiento social. La rapidez y la recuperación de las personas, las empresas y las organizaciones dependerá de los trabajos, el seguro y la salud que tenían cuando esto comenzó, de si han sufrido problemas o desamor, y de si pueden aprovechar los recursos financieros y el apoyo social. La pandemia ha puesto al descubierto las desigualdades en el sistema de salud estadounidense y la red de seguridad económica. Los negros y los latinoamericanos están muriendo a tasas mucho más altas que los estadounidenses blancos. «Cuando hablamos de condiciones preexistentes, no es solo si soy obeso, es la condición preexistente de nuestra sociedad», dice la antropóloga médica Carol Worthman, de la Universidad de Emory, experta en salud mental global».

Así también, las personas con morbilidades, de la tercera edad y principalmente, los ciudadanos de a pie, que tienen que viajar en los buses chatarra como animales, y los miles de compatriotas en situación de pobreza y pobreza extrema, y aquellas personas en situación de vulnerabilidad serán las más afectadas por esta pandemia, que está amenazando con empezar a desequilibrar de manera violenta el castillo de naipes que construyeron los grandes héroes del Gobierno Nacional y un Ministerio de Salud, que a todas horas, utiliza el “cantinfleo” puro y duro para responder los requerimientos de la opinión pública y que jamás, en estos cuatro meses de cuarentena, ha mostrado una verdadera capacidad de trabajo positivo o de la aplicación de un programa de contingencia que hace aguas por todos lados en la Nave de los Tontos que viaja hacia el fin del mundo, sin ganas, sin preparación y sin capacidad suficientes, que generen en la ciudadanía del país, reales esperanzas.


[1]Denworth, Lydia.The Biggest Psychological Experiment in History Is Running Now – https://www.scientificamerican.com/interactive/the-biggest-psychological-experiment-in-history-is-running-now/?fbclid=IwAR0Kyjz9YYHPySiz7YUXtT5vs6zLo6U99TnrWwPFyealpsDdCQfneW8XTM0

*Múltiples ramificaciones que se dividen y se reconectan para formar otro árbol con mayores facultades para reaccionar comparativamente de manera efectiva ante la adversidad; es decir, como una trenza que une los canales o ramificaciones para hacer más fuerte al individuo.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *