El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Educación In Memoriam

Los puntales de la educación para Sir Ken Robinson: la mejor forma de recordar a este coloso

Quería compartir con ustedes el pensamiento de Sir Ken Robinson[1] con respecto a la escuela del futuro y si consideramos que el futuro es hoy, Paraguay con creces se está quedando de nuevo, en el pasado.

Sir Ken Robinson nos dejó el día de hoy, desafortunadamente; no pudo ganarle la batalla al cáncer y desde El Parlante queremos dejar en claro que su gran enseñanza de vida no debe quedar en el olvido, pues, Ken, con su peculiar sentido del humor fue un luchador desde niño, demostrando a propios y extraños el valor de la pasión en todos los emprendimientos que desarrollemos como base para el éxito en la educación, una tarea de ayer, hoy y siempre, el verdadero éxito, se consigue con la pasión y el compromiso, dando el máximo esfuerzo para conseguir la meta; la mejor forma, sin dudas, de recordar a este coloso que ahora forma parte de la eternidad.

Una de sus charlas más francas ha sido la que llevó adelante en la plataforma TED[2] que ha sido compartida por millones de usuarios en todo el mundo; esto debería ser una obligación para los docentes de todo el país, absorber un poquito de esta experiencia de este intelectual inglés. En el final de esta nota estaré compartiendo el link para que puedan ver completo el programa de la conferencia. La síntesis que podemos entresacar a grandes rasgos es la siguiente:

Sir Ken Robinson

Los puntales de la educación para Sir Ken Robinson deben ser…

Primero: Robinson considera que la creatividad tiende a ser igual o más importante que la propia alfabetización en la educación. Actualmente el sistema educativo, (estadounidense o inglés) establece una serie de categorías de excelencia basada en el conocimiento de matemáticas, o humanidades, así, proclive a despreciar la creatividad, el sistema educativo baja a un nivel inferior a ésta, provocando de esta manera la indiferencia hacia los propios talentos o capacidades de los niños, jóvenes e incluso adultos, que cuentan con formar parte de la solución y no de los problemas.

Segundo: Los niños y jóvenes buscan el establecimiento de su propio sistema de ensayo y error, se sabe exactamente tanto en colegios como universidades, qué le puede gustar al profesor o qué no le gusta, de esa forma se pueden pasar las asignaturas, porque el error se castiga con el aplazo. Se estigmatiza a los que cometen errores ya que demuestran “su inutilidad”. Se teme equivocarse porque provoca el famoso quiebre burlón, es decir, se teme “pelar” básicamente por la sorna posterior, si dejan de experimentar, ensayarse y fallar, probando con ello su capacidad para enfrentar la adversidad se tiende a colocar al estudiante en una situación en la cual terminará por acceder a la solución siguiendo una receta aprendida de memoria, que lo pondrá en situación peligrosa al embarcarse en la faceta laboral y ante la vida misma.

Robinson expresa que el sistema educativo sataniza el error manteniendo la creencia de que son negativos para el desarrollo de las habilidades del niño o joven, así, lo único que se logra es ir extirpando de a poco la capacidad imaginativa para crear, la creatividad se pierde en un lodazal profesional, aumentando la eficiencia del individuo que saldrá al campo exterior profesional pero disminuyendo su eficacia para enfrentar problemas que se le puedan presentar y para los que no tendrá a mano, tan fácilmente, la receta de la solución. Sir Ken expresa[3]: “Nuestro sistema educativo se basa en la idea de habilidad académica. Y hay una razón. Cuando todo el sistema fue inventado. En el mundo, no habían sistemas educativos antes del siglo XIX. Todos surgieron para llenar las necesidades de la industrialización. 

Así que la jerarquía se basa en dos ideas. Número uno, que las materias más útiles para el trabajo son más importantes. Así que probablemente te alejaron gentilmente de las cosas que te gustaban cuando niño, con el argumento de que nunca ibas a encontrar un trabajo haciendo eso. ¿Cierto? No hagas música, no vas a ser músico; no hagas arte, no vas a ser un artista. Consejo benigno, y hoy profundamente equivocado. El mundo entero está envuelto en una revolución. 

Y la segunda idea es la habilidad académica, que ha llegado a dominar nuestra visión de la inteligencia, porque las universidades diseñaron el sistema a su imagen. Si lo piensan, todo el sistema de educación pública en el mundo es un extenso proceso de admisión universitaria. Y la consecuencia es que muchas personas talentosas, brillantes y creativas piensan que no lo son, porque aquello para lo que eran buenos en la escuela no era valorado o incluso era estigmatizado. Y pienso que no podemos darnos el lujo de seguir por este camino”. 

Con ello quiere clarificar que mucho tiempo hace que los niños y jóvenes son obligados a trabajar y preparar su cerebro dentro del sistema educativo para colocar ciertas materias por encima de otras, debido a su capacidad para lograr con ellas, el “éxito profesional, el dinero, la vida feliz”, pero se dejan de lado las artes, es más, se consideran a ellas como fundamentalmente, hobby y no, como una forma de profesión que pueda lograr lo que la industria “necesita y consume”. El teatro o la danza son prácticamente proyecciones de una incapacidad mental para poder enfrentar el entorno para la solución de problemas específicos y no para realizarse como ser humano, se ve todo ello, como algo no necesariamente negativo, pero sí, como algo que no nos llevará a ninguna parte.

El aprendizaje en las universidades por ejemplo, está basado en priorizar las habilidades para el trabajo futuro, es decir, especializado, de manera industrial, como un esclavo ahora preparado y capacitado para a cambio de dinero, producir para el empresario. No se transforma el conocimiento humano en una red que aúne esfuerzos en pos de la consecución de ciudadanos más aptos para soportar los embates de la vida, las desgracias y tragedias personales, sino para producir, a toda costa, incluso de sí mismo, esta imagen requiere una gran reflexión, no estoy hablando en contra de la industria ni de las empresas, simplemente estoy mostrando lo que Robinson entendió perfectamente, ahora necesitamos otro sistema, un programa que abarque todo el bagaje que hará posteriormente a un ser humano, pasible de ser explicado en su integralidad y no, en su especialidad. Éste sería su tercer principio.

En cuarto lugar estaría su crítica abierta y bien encaminada sobre las famosas habilidades curriculares académicas, ya que ellas, para él, no son sinónimo de inteligencia sino de amoldarse perfectamente a un sistema parasitario que crea el elemento esencial para la simbiosis futura entre individuo/obrero – empresa/colectividad, ya que salirse de estos parámetros implicarían una catástrofe personal basada en una conducta antisocial, o enmarcada dentro de una incapacidad para relacionarse con el mundo que desea que te encuentres dentro del cuadrante que define tu éxito o fracaso como profesional pero nunca el sentirse bien, haciendo lo a uno le gusta, y viviendo de esta forma una vida plena en función de nuestra salud mental y física y no en función de la producción. La escuela, colegio o universidad valora la nota y no al individuo, se prioriza el destaque en ciertas materias sobre otras eliminado de esta manera el impulso al aprovechamiento del talento innato en el niño o joven. La colectividad significa supresión de la individualidad bajo cualquier aspecto.

Así es que, muchas empresas ahora están entendiendo que todo personal de servicios u obrero necesita de una diversidad de propuestas para realizarse como funcionario de la empresa, construyendo complejos deportivos, invirtiendo en el crecimiento humanista del trabajador, participando en cursos, charlas o conferencias de auto-superación, artes, entre las que están el teatro, la música y el baile, incluso en la Universidad Nacional de Asunción se puso al tapete de la Extensión Universitaria[4] que no debería ser solamente en el campo de la especialidad sino también, abierta a las artes anteriormente citadas que pueden lograr en funcionarios, docentes y estudiantes resultados singulares en la posterior participación de los mismos en el campo profesional.

Siguiendo con este punto se consigue que el monstruoso pulpo gigante de la educación supere con creces el establecimiento de una inclinación natural a desenvolverse en este ámbito basados en las habilidades naturales del individuo, porque hasta ahora, es difícil que cualquier persona pueda descubrir sus verdaderas capacidades, de la noche a la mañana es imposible encontrarlas, y se necesita tiempo para pulirlas, una vez encontradas. Nuestro sistema educativo es un entorno de carácter parasitario que enseña a los niños y jóvenes a crecer con una amplitud de miras orientada a proveer al sistema estatal o privado de talentos sin capacidad crítica, sin pensamiento crítico, sin aspiraciones para transformarse a sí mismos, para transformar sus respectivos entornos, tanto familiares como profesionales y sociales.

Hemos tenido 30 años de una transición a la de-forma educativa y desde allí, se ha trazado el camino torcido de la inadecuación a las nuevas tecnologías, la respuesta válida a los nuevos desafíos de desarrollo porque pensamos más que nada en producir buenos agentes de consumismo y defensores del conformismo, conducta autodestructiva que nos ha llevado a esta realidad que es tan criticada por la ciudadanía en general y los medios de comunicación.

Pero para encontrar o aislar estos talentos naturales se necesitan prodigios circunstanciales que no piensen en completar planillas o producir informes burocráticos, sino gente enfocada en los niños y los jóvenes y en la enseñanza, propiamente dicha. Por eso siempre se sostiene que la práctica hace al maestro pero si éste, se enfrasca todos los días y fines de semana en completar planillas y dedicar enteramente su fin de semana en la proyección de las obligaciones burocráticas que son innumerables, poco o nada podrá transmitir que sea de relevancia para nuestros hijos y nietos y para la gente en general.

Así, Robinson habla de la revolución que se necesita en la educación, ya no de una evolución, los cambios superficiales forman parte de las reformas que con bombos y platillos son anunciadas por los diferentes gobiernos en nuestro país, una de aquellas buenas estructuras organizativas que intentaron mejorar el estado de salud de la educación pública en Paraguay se dio con el anuncio del Ministro Riart (en la época del inefable Obispo Lugo) de la vuelta a las bases de la educación en la que se dedicaría mucho tiempo y dinero de los contribuyentes a hacer real la educación en los niveles más pobres y en las escuelas rurales.

El resultado de todo este análisis científico de la educación de acuerdo a los patrones nacionales, o dicho de otra forma, de acuerdo a nuestra realidad nacional, fue un mensaje de texto enviado por celular en que se le deseaba una vida profesional fructífera fuera de la función pública, ya que estaba despedido.

Robinson alienta la desarticulación de las ideas preconcebidas, de los sesgos que son parte del mecanismo cerebral de las autoridades que piensan linealmente, dejar de lado el pensamiento de que todo lo que sirve es simplemente ir pasando de cursos y priorizar la concentración máxima en la mejora de las habilidades naturales de los seres humanos. Así, la educación se convierte en orgánica, personalizada en el talento, no en la colectividad, sino en la individualización, algo impensable para nuestro cerrojo de mediocridad que oculta cualquier posibilidad de pensar en la verdadera transformación de la educación en Paraguay en todos los niveles. El objetivo debe ser primero, eliminar el concepto de inteligencia que tenemos, y apoyar el desarrollo de la misma para olvidar el pasado, ese modelo mediocre asentado en lo estandarizado y dogmático que no puede cambiarse porque “no existe otro modelo que lo pueda superar”.

En Paraguay apenas estamos llegando a los inicios de la revolución industrial, no pensamos en cómo desarrollarnos como sociedad sino solo como productor de alimentos, no en generar energías renovables sino en consumirlas hasta que la OPEP diga basta o nuestros vecinos no nos quieran vender más, nos concentramos demasiado durante muchas décadas en querer mejorar la calidad de nuestros productos pero no para nuestro propio consumo sino para estandarizarnos a nivel mundial pero ¿para qué?, para de alguna forma industrializarnos y poder exportar más y más, pero qué hace el Estado con los impuestos que provocan esas exportaciones, nada absolutamente. Sólo planea seguir con los modelos repetidos, no en afianzar una visión ejemplificadora y transversal al sistema educativo nacional pues no se elige a los mejores sino a los representantes de las facciones políticas presentes en el gobierno de turno.

Es más, no les interesa y les conviene que los niños y jóvenes lean cada vez menos o tengan nula capacidad de interpretar una lectura y extraer una idea central, por decir algo mínimo. Robinson explica que nuestra educación actual está afirmada sobre la base de la comida rápida, mientras más rápido podamos quitar profesionales mejor estamos en salud educativa, con ello, la comida basura, la educación basura termina por contaminar todo y provocar la miseria en la que nos encontramos actualmente con este maldito sistema educativo que tenemos que soportar que beneficia a los mediocres por sobre los talentosos. No proponemos rutas para que el sistema crezca de manera saludable y continua sino todo lo contrario, de un plumazo o vertemos poco o demasiado veneno a la vez, para matar las alimañas y éstas, tienen la capacidad de mutar para seguir escalando en el mundo sistémico patógeno que actualmente representa el MEC.

El sistema educativo explota erróneamente el cerebro de los niños, adolescentes y jóvenes, en vez de convertirlos en mejores personas, en agentes positivos para la sociedad los convierten en personas depresivas que ven, con un resquebrajamiento considerable del espíritu y en consecuencia, con una visión pesimista de que todo este sistema podrido jamás cambiará lo que los ubica frente a su destino que elegirá entre quedarse y aggiornarse al sistema o salir del país para buscar nuevos rumbos. Nuestros niños y jóvenes estudian para cumplir una función social, no para ser mejores personas, ese chip mental debe cambiarse.

Por último de entre todas las cosas que podemos leer o escuchar en Robinson está la de la pasión por la enseñanza o la pasión por hacer las cosas que nos gustan. Si no nos gusta enseñar, no enseñemos, puede causar un gran daño en el niño y joven esta actitud. Uno debe hacer lo que le gusta. No se cansará, no perderá su tiempo, será feliz pero para ello, el sistema educativo debe crear las condiciones adecuadas tanto para los docentes como para los estudiantes.

En este punto el experto inglés nos dice: “Hay que crear un movimiento en educación en el cual la gente desarrolle sus propias soluciones con el apoyo de un currículo personalizado”[5].

Si no hacemos lo que nos apasiona estamos convirtiéndonos en un virus que contagiará al resto de los que puedan entrar al sistema y proporcionará el caldo de cultivo esencial para seguir repitiendo como loros lo que aprendemos de memoria en los libros de texto y lo que escuchamos de otros, ser repetidores nos transforma en seres incapaces de mirar hacia los lados de la realidad, solo nos ubica como observadores en un frente común que no tiene solución y que termina por destruir los sueños de los niños en las escuelas y de los jóvenes en los colegios y universidades del país.

Dejemos de lado el sentido amanuense de nuestra educación pero para ello, debemos librarnos primero, de los grandes escollos, que somos nosotros mismos y nuestra forma de pensar, que creemos, siempre es la mejor, sin escuchar la de los demás porque no la consideremos “válida”.

Dejemos de festejar nuestras carencias y pongámonos a trabajar todos, para el progreso de la Nación.


[1]En este sentido puede ser leído el libro Escuelas Creativas: La revolución que está transformando la educación. Grijalbo. Está en línea así que pueden bajar el PDF aprovechando la cuarentena.

[2]Sir Ken Robinson: ¡A iniciar la revolución del aprendizaje! Subtitulada Link: https://www.ted.com/talks/sir_ken_robinson_do_schools_kill_creativity

[3]Ibíd.

[4]En Estados Unidos las distintas universidades tienen sus programas de Extensión Universitaria muy desarrollados, Edward Albee, un gran dramaturgo del siglo Veinte surgió efectivamente en el movimiento “Off Broadway” llevando adelante su desarrollo artístico en la Universidad. Lastimosamente, las Unidades Académicas cada vez cuentan con menor presupuesto para llevar adelante estos programas lo que repercute negativamente en la formación integral, uno de los pilares del nuevo Estatuto creado en la UNA, tras el famoso movimiento UNA NO TE CALLES.

[5]Sir Ken Robinson: ¡A iniciar la revolución del aprendizaje! Subtitulada Link: https://www.ted.com/talks/sir_ken_robinson_do_schools_kill_creativity

Fuentes:

1file:///C:/Users/OJEDA/Downloads/Escuelas_creativas_La_revolucion_que_est.pdf

2https://www.ted.com/talks/sir_ken_robinson_do_schools_kill_creativity

3https://www.ted.com/talks/ken_robinson_how_to_escape_education_s_death_valley/transcript?language=en#t-72416

4https://www.youtube.com/watch?v=VBPyj0F6TeQ

5https://www.ted.com/talks/sir_ken_robinson_bring_on_the_revolution/transcript?language=es#t-1030862

6file:///C:/Users/OJEDA/Downloads/Dialnet-CalidadEInnovacionEnEducacionPrimaria-679237.pdf

7file:///C:/Users/OJEDA/Downloads/Dialnet-ElElementoDescubrirTuPasionLoCambiaTodoKenRobinson-6349299.pdf

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