“La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos en lo imposible.” (ARTHUR C. CLARKE).

Introducción.

En esta primera parte trataremos de brindar algunas precisiones sobre los vocablos, conceptos, productos y actividades que forman parte de MUNDO-CRIPTO como se denomina el conjunto de sujetos e infraestructura relacionada con los productos criptográficos.

A partir de la irrupción de las monedas digitales, se forma todo un entorno cripto amplio y diverso alrededor de estas, en el que la tecnología y el open innovation avanzan constantemente, produciendo novedades de una manera disruptiva.

El tema de los productos criptográficos se encuentra hoy por hoy en la palestra, y sobre todo en pleno desarrollo tecnológico y, dado lo nuevo de este fenómeno que representan, se cometen algunas imprecisiones, en particular, en cuanto a los conceptos, alcances y cuestiones legales.

Así, por ejemplo, vocablos como “moneda digital, monedas virtuales, criptomonedas y cripto-activos” comúnmente son expresiones utilizadas indistintamente como si fuesen sinónimos, cuando en realidad presentan diferencias técnicas, prácticas y legales.

En el siguiente punto empezaré por aclarar algunos asuntos terminológicos en esta materia. Sin perjuicio de ellos, adelantamos al lector que, para hacer referencia a productos digitales que emulan al dinero estatal la denominación que se utiliza con más referencia es el término CRIPTOMONEDA.

Sin embargo, y haciendo un paréntesis, a esta altura la diversificación de activos digitales que emplea la tecnología de encriptación es tan profusa que en ocasiones el uso de tal vocablo de manera genérica e indiscriminada no responde con rigor a las características del producto digital al se intenta hacer referencia.

Po su parte, en las distintas e incipientes regulaciones jurídicas es frecuente encontrar que son llamadas “monedas virtuales”. Aun así, hay una línea institucional – seguida por organismos internacionales como la GAFI, y que empieza a tener correlato legislativo-, en donde se promueve abandonar el uso de este término y reemplazarlo por uno más genérico: CRIPTOACTIVOS.

También quiero explicar que, cuando en este artículo sobre el tema use la expresión monedas digitales, estaré haciendo referencia a los productos digitales intangibles que se utilizan como medio de cambio en la economía real y que por esa razón tiene una relevancia jurídica.

Monedas digitales.

En general, se denomina moneda digital a un producto informático que cumple funciones de medio o instrumentos de cambio y que se caracteriza por ser intangibles.

En este contexto, una moneda digital no tiene existencia en el mundo físico de las cosas, sino que pertenece al mundo online, por cuanto es una creación de la tecnología que tiene por finalidad ser utilizada para intercambiarse por productos y/o servicios.

A su vez, la expresión «moneda digital» es un fenómeno genérico en el que quedan incluidos tanto instrumentos con fines de pago que se utilizan en una economía real, así como también abarca token o fichas que se utilizan con la misma finalidad, pero en la economía virtual.

En otras palabras, moneda digital es una denominación que se utiliza tanto para designar monedas virtuales, criptomonedas (tales como bitcoin, y las demás alcoins, ether classic, Aave, dash, waves y avalanche), stablecions (moneda digital “colateralizadas” o “no colaterarizadas”, es decir, respaldadas o no con otro valor) y otros productos emitidos por sujetos privados (descentralizadas); así como para hacer referencia a las monedas digitales de los bancos centrales estatales (centralizadas).

En este primer capítulo efectuaré una taxonomía de las monedas digitales emitidas por sujetos de derecho privado. Y dejaré para más adelante el análisis sobre las monedas digitales estatales.

Monedas virtuales.

Las monedas virtuales son un subtipo de moneda digital, pero, como su nombre lo indica, son virtuales. Es decir, lo que caracteriza a las monedas virtuales es que sólo tiene valor en un entorno virtual específico. El contexto típico en el que tienen existencia estas unidades de cuenta es en los videojuegos, y son sus creadores quienes las controlan.

Su utilidad se encuentra dentro de un entorno concreto creado por un juego online y tienen valor y tienen valor en la interacción con otros jugadores a partir de las reglas fijadas por los desarrolladores de cada videojuego, por lo que no tienen trascendencia económica en el mundo real.

Según el diccionario de la real academia española vocablo VIRTUAL tiene tres acepciones. Refiere que, etimológicamente, deriva del latín medieval “VIRTUALIS”, y este, a su vez, deriva del latín “VIRTUS”, que significa poder, facultad, fuerza, virtud. Así, en su primera acepción, expresa que es un adjetivo que significa que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce en forma presente. Frecuentemente se usa en contraposición a efectivo o real, y en la tercera acepción explica que, en física, indica “que tiene existencia aparente y no real”.

En razón de estas acepciones, el vocablo virtual, en el caso de las monedas, pareciera hacer referencia a lo opuesto a valor efectivo o real. Por lo tanto, no tiene valor patrimonial ni entidad jurídica para producir efectos en el derecho. Por eso podría decirse que, en las monedas digitales la expresión virtual es utilizada para designar las monedas que no tienen valor efectivo en la vida real.

Entonces las monedas virtuales, serían un tipo de moneda que opera en complejas economías virtuales, pero solo dentro de una comunidad virtual y específica. Los creadores o desarrolladores de los videojuegos son quienes las controlan y definen las reglas de su uso. Generalmente, los jugadores, por logros o avances en el juego, obtienen en recompensa dinero virtual, con el que realizan operaciones y transacciones, tales como compra de herramientas, equipamiento, mejorar las cualidades y calidades de los personajes con el fin de adquirir habilidades para mejorar la performance del juego y así pasar el siguiente nivel.

Aun en su esencia virtual, se podría afirmar que estas monedas virtuales tienen puntos de contacto con la economía real puesto que, en algunos videojuegos, la suscripción o membrecía que permite ser parte de la comunidad y posibilita jugar online ‒si bien en principio de pagarse con dinero real‒ también prevé la posibilidad de que el jugador pueda abonarla con monedas virtuales que generan a partir del juego mismo. A la inversa, utilizan dinero real (en algunos casos) para comprar objetos virtuales que solo sirven para el videojuego.

Aun así, se diferencian de las criptomonedas por cuanto las monedas virtuales no son convertibles, es decir, no se pueden cambiar por dinero de curso legal, ya que no existe un mercado para ello. Solo son trasferibles en un entorno virtual, el de los videojuegos. Incluso la administradora del videojuego, para evitar la existencia de un mercado negro o no oficial en el que los participantes intercambien las monedas virtuales por dinero, establecen aplicación de sanciones como, por ejemplo, suspensiones o exclusiones del videojuego y/o el decomiso de monedas virtuales que todavía tenga en su poder el usuario.

De todas maneras, hay que reconocer que el uso de la plataforma virtual en la práctica tiene un uso arraigado en la que se emplea frecuentemente para hacer referencia a algo que no es corpóreo o material, sino digital.

Es por eso que, sobre todo en la legislación extranjera, se habla de monedas virtuales sin valor comercial ‒que serían aquellas a las que hicimos referencia en este apartado‒ y monedas virtuales con valor comercial, para designar aquellas monedas que tienen relevancia económica y son canjeables por dinero de curso legal ‒obviamente, son estas últimas las alcanzadas por la regulación jurídica‒, por cuanto tienen efecto en la economía real de las personas, y sobre todo en las transacciones comerciales.

Criptomonedas.

Decimos que “moneda virtual” es utilizada en muchos casos como sinónimo de criptomoneda lo que, desde el punto de vista del purismo del lenguaje, no correspondería. Vimos que el adjetivo virtual es un antónimo del real y las criptomonedas existen digitalmente, tienen un valor económico patrimonial y son cambiables por dinero de curso legal.

Aun así, insistimos en que, en diferentes regulaciones, se utiliza la expresión monedas virtuales para referirse a las criptomonedas. En un punto esto es así, por cuanto las primeras referencias reglamentarias o disposiciones jurídicas en el derecho comparado las denominaban de tal manera para diferenciarlas del dinero estatal o real.

Las criptomonedas son una categoría o subtipo de monedas digitales y se diferencian de las monedas virtuales en el hecho de tener un valor comercial al poder realizar transacciones en el mundo real. Es un activo digital e intangible que se utiliza como medio de intercambio económico, es decir, se utilizan como medios digitales de cambio.

Los emisores son sujetos de derecho privado. Su rasgo distintivo de origen es que nacieron bajo el concepto de emisión y gestión de las transacciones de manera descentralizada. Todo el proceso se realiza por fuera del sistema financiero tradicional; no cuentan con ningún tipo de respaldo gubernamental. Su aceptación depende exclusivamente de la confianza, y su valor lo rige el juego de la oferta y la demanda; de ahí que una de sus características sea la VOLATILIDAD de la cotización de su precio.

Son INTANGIBLES; existen digitalmente y trascienden las fronteras territoriales. Por eso son trasnacionales y se caracterizan generalmente por no tener autoridad central que regule el sistema.

Las criptomonedas, debido a que no tienen materialidad, implican que su tenencia y almacenamiento se tenga que hacer en billeteras que también son digitales y pueden ser intercambiadas por dinero de curso legal.

Otra de las características de las criptomonedas que la diferencia de otras monedas digitales es la construcción tecnológica que utilizan, son monedas encriptadas, de ahí el adjetivo cripto. También se denominan criptodivisas.

El origen de su denominación tiene por fuente el idioma inglés; se utiliza el término CRIPTOCURRENCY, cuyo equivalente, al traducirse al español, puede ser tanto criptomonedas como criptodivisas.

Etimológicamente, cripto procede del griego ‒KRYPTOS‒, que significa escondido, oculto o secreto. En el caso de estas monedas digitales, uno de sus rasgos característicos es el uso de la técnica de criptografía con el objetivo de dar seguridad a las transacciones. Para eso se recurre a métodos de encriptación, cripto puede decirse que equivaldrá a protegido. Por ello se afirma que la criptografía es un medio de transmitir informáticamente, de manera segura, información que transita por canales inseguros, como lo es la red de internet.

En el Diccionario de Cambridge inglés–español, se traduce CRYOTOCURRENCY como criptomonedas o criptodivisa y se define como “UNA MONEDA DIGITAL producida por una red pública, en lugar de cualquier gobierno, que utiliza criptografía para garantizar que los pagos se envíen y se reciban de forma segura”.

Bitcoins y Altcoins.

La primera criptomoneda en surgir fue el bitcoin y, por ser pionera, es el paradigma de las demás criptomonedas. Se convirtió en el primer medio de cambio emitido por personas humanas con vocación de transformarse en el dinero digital.

La denominación bitcoin abarca tanto la unidad de cuenta como un complejo sistema tecnológico digital. Se abrevia como BTC. Cuando se utiliza la letra B mayúscula Bitcoin, se hace referencia a la plataforma o red en su totalidad. En cambio, cuando se escribe con la letra b minúscula bitcoin se alude a cada unidad entera de cuenta digital.

El bitcoin asomó como primera criptomoneda en el año 2009 y desde allí fueron siguiendo otros productos criptográficos que intentan imitarla, así como también superarla. Se desconoce a ciencia cierta la verdadera identidad de su creador o desarrollador, por cuanto quien lo hizo utilizó el pseudónimo de SATOSHI NAKAMOTO.

Su aparición se ubica en el contexto económico posterior a la explosión de la burbuja del mercado inmobiliario estadounidense, que dio lugar a la crisis de la hipoteca subprime (más conocida como crisis hipotecaria norteamericana del año 2008), que se originó en Estados Unidos con la caída de LEHMAN BROTHERS y cuyo efecto expansivo ‒a partir de los llamados activos tóxicos‒ se propagaron a diferentes países, y ocasionaron una gran crisis en el sistema financiero y económico mundial.

En ese contexto en que Nakamoto, 31 de octubre de 2008, publicó un artículo titulado “BITCOIN: un sistema de efectivo electrónico usuario a usuario” –también conocido como el “libro blanco de Bitcoin” ‒. En este documento, lo primero que aparece bajo el título es ese alias o seudónimo, un correo electrónico y un dominio bitcoin.org, que se había registrado en agosto del mismo año.

Ese documento lo publica en una lista de correos denominada metzdowd.com, utilizada por los partidarios del movimiento originado a fines de los ochenta, conocido como cypherpunk. Este movimiento ha sido catalogado como antisistema. Sus adherentes expresan “defender la libertad y la privacidad”, su filosofía hace del uso de la criptografía una herramienta de cambio social y político. De esta manera, en su manifiesto proclaman la defensa de la privacidad y el anonimato a través del uso de la criptografía.

La lista de los correos a las que se envió el código fuente de bitcoin nació después de 1990 y hubo varios proyectos de diferente índole por parte de sus miembros relacionado con la creación de dinero criptográfico, por eso muchos consideran que fueron inspiradores y fuentes mediatas de la tecnología subyacente en bitcoin.

En ese “libro blanco de Bitcoin”, se esboza la idea de lo que poco después sería la primera criptomoneda. Allí describe y expone sobre una versión puramente electrónica de dinero que permitiría que los pagos en línea fuesen enviados directamente de un ente a otro sin tener que pasar por medio de una institución financiera para ser gestionado.

Posteriormente, en enero de 2009, aparece el bloque génesis de la cadena de BITCOIN y, seis días después, se da a conocer el software. Esto implicó el nacimiento de la primera criptomoneda basada en la cadena de bloques –BLOCKCHAIN-, que funciona como un medio de registro de las operaciones y transacciones.

La fecha de la creación y la postura ideológica o filosófica subyacente en la creación de BITCOIN queda en evidencia por la información almacenada o grabada en ese bloque génesis ‒también llamado primer bloque o bloque 0‒, donde quedó grabado el titular del periódico británico THE TIME, del día 3 de enero del 2009, en el que hacía referencia a que el canciller de ese país estaba considerando un segundo programa de rescate de la banca.

Bitcoin buscó desde un principio crear un sistema por fuera del Estado, al que lo cuestionaba no sólo en su rol de proveedor de dinero, sino también por fuera de las entidades financieras y los depósitos en bancos comerciales, ya que los pagos se liquidan dentro de su red digital sin intermediarios.

El código que ideó SATOSHI NAKAMOTO lo publicó como un código abierto y público. Entonces, cualquiera es libre de utilizarlo y modificarlo. Optar por utilizar un código abierto tiene por fin dotar de transparencia y garantizar que pueda controlarse que no sea modificado arbitrariamente. En el caso del Bitcoin, actualmente existe todo un sistema con una red de pagos y software específico. Incluso cuenta con cajeros automáticos propios distribuidos en distintos países.  (en octubre del 2013, empezó a funcionar el primer cajero automático de bitcoins en Vancouver, Canadá.).

A partir del Bitcoin, se inició todo un desarrollo del mercado de las criptomonedas, y surgieron otras que se denominan alternativas o altcoins (en inglés). Es de destacar en este punto cuán importante son los activos intangibles que se generan a raíz de la     propiedad intelectual para la innovación de este mercado específico, como la tecnológica criptográfica y la cadena de bloque (BLOCKCHAIN).

Es decir, con el término «altcoins» se hace referencia a todas las otras criptomonedas que surgieron posteriormente al «bitcoin». Dentro de tal término quedan incluidas criptomonedas como, por ejemplo, bitcoin cash ‒una derivación o bifurcación del proyecto original bitcoin‒, ya que los desarrolladores crearon una nueva criptomoneda utilizando como base el protocolo original del bitcoin. También son altcoin aquellas monedas digitales que tienen su propio código fuente diferente al del bitcoin. Tal es el caso de ether, la criptomoneda del sistema Ethereum, su principal competidora. Aun así, Bitcoin y Ethereum presentan diferencias adicionales. En el caso de Bitcoin, su instauración tuvo por fin crear un sustituto del dinero estatal; en cambio, Ethereum es una plataforma multipropósito.

De esta manera, en el mercado de las criptomonedas, coexisten bitcoin y altcoin, que son todas las criptomonedas que surgieron después del Bitcoin, pero se estructuran con el fin de que sean utilizadas como monedas digitales.

En cuanto a la cantidad de monedas digitales, si bien el mercado de las criptomonedas está dominado por unas pocas (las bitcoin y las altcoins, ether, ripple(XRP), litecoin y dash), existen muchísimas más. Como no hay un registro centralizado, no es posible saber con exactitud cuáles son todas las que realmente existen. Lo que se puede hacer son estimaciones. Pero, así como surgen nuevas monedas digitales, otras desaparecen: no todas logran tener el éxito esperado.

En general, se hace referencia a un sitio web especializado en donde se puede consultar la información sobre cuáles son las monedas digitales que se negocian en el mercado, que se denomina CoinMarketCap.

En cuanto a la estructura de las criptomonedas, el arquetipo de descentralización máxima es Bitcoin. Sin embargo, dada la evolución y diversidad de criptomonedas, no todas cuentan con el mismo grado de descentralización. Mencionamos, a modo ilustrativo, el caso de Ripple, creada por Ripple labs, una compañía que maneja de forma exclusiva el código y suministro de la moneda digital.

Esta moneda digital (ripple) tiene más bien las características de una red de pago, por cuanto se enfoca en el desarrollo de pagos internacionales sin bancos intermediarios. Es uno de los verticales o característica de un producto del mundo fintech. Cuenta con una red propia denominada “Ripplenet”. Desde el 2015 varios bancos (como el Santander, el unicredit, el UBS, la Royal Bank of Canada) aceptan el protocolo Ripple para enviar y recibir transacciones. Por eso hay algunos que no la consideran una verdadera criptomoneda. Los que defienden la moneda aseguran que no está centralizada. Aun así, presenta un mayor grado de concentración en comparación con la descentralización de criptomonedas como bitcoin o ether.