El amor positivo: Relaciones que buscan aceptación virtual

El amor positivo: Relaciones que buscan aceptación virtual

Nada mueve más las redes sociales que un “amor verdadero”, testimonios publicados con frases románticas y fotos “espontáneas” –muy trabajadas por cierto- que presentan a una pareja viviendo las dulces mieles del “amor cortés” en pleno siglo XXI.

En la era de la sociedad de la transparencia, como diría el filósofo Byung-Chul Han, la realidad, que está compuesta por la positividad y su contrapartida, la negatividad; se elimina esta última para dar paso a una abrumadora positividad que elimina todo contraste, que lo equipara todo en “un infierno de lo igual”.

El amor positivo de las redes sociales elimina toda negatividad, toda contradicción, todo componente natural que se oponga a la idea de un amor en el que los conflictos no existen porque “en el amor verdadero no existen sombras”.

Han menciona que en la sociedad de la transparencia se “domestica” al amor, se lo convierte en un producto que solo tiene que generar “placer” y consumo. Sin embargo, la ausencia del “aditivo vivificante de las contradicciones”, como menciona, termina quitando su vitalidad, generando solo amoríos pasajeros, en gran medida.

El amor positivo de las redes sociales se muestra cual sombra en la caverna platónica. Vemos una representación del ideal proyectado por la luz de la sociedad positiva que redefine las relaciones conceptualizándolas con parámetros hedonistas, pues el amor positivo sólo puede – o sólo debe- generar placer y sentimientos positivos. El dolor y el sufrimiento son indeseables. Una relación que genere alguna negatividad –no hablamos de violencia aquí, vale aclarar- es una relación “imperfecta” que no puede generar “me gusta». Ignora el amor positivo al efecto pedagógico de las contradicciones, llámese dolor o sufrimiento, para el desarrollo humano.

En este punto, Friedrich Nietzsche dice en “Más allá del bien y el mal” (1886) que “La disciplina del sufrimiento, del gran sufrimiento […], su inventiva y valentía en el soportar, perseverar, interpretar, aprovechar la desgracia, así como toda la profundidad, misterio, máscara, espíritu, argucia, grandeza que le han sido donados al alma: ¿no le han sido donados bajo sufrimientos, bajo la disciplina del gran sufrimiento?”

Han explica que en la actualidad todos somos sujetos cuantificables, que nos exponemos en el torrente virtual de las redes sociales para cotizarnos a través de la moneda del “me gusta”. Todas nuestras acciones giran en torno a la búsqueda de la aprobación del pulgar levantado virtual del césar llamado Facebook o Instagram. Son las redes sociales a través de la cuantificación del “me gusta” la que definiría finalmente qué tan positiva es nuestra relación o incluso nuestra vida.

Pero más allá de esa constante aprobación de las relaciones positivas, el filósofo surcoreano hace hincapié en una condición muy importante y excluyente en toda relación, a saber, la confianza.
Han manifiesta que la confianza se mueve en un terreno medio que linda entre el saber y el no saber. El hecho de desconocer ciertas cosas del otro es justamente lo que finalmente habilita a la existencia de una confianza como tal. Sin embargo, en la sociedad de la transparencia, como se elimina todo factor negativo, se extirpa el no saber y solo queda el saber; el absoluto saber.
En una sociedad en la que “lo sabemos todo” no existe lugar alguno para la confianza, y como la sociedad de la transparencia no acepta vacíos de información, se propicia el control. A falta de confianza nace el control absoluto. Tan solo pongámonos a pensar lo que sucede en una pareja acostumbrada al absoluto control propiciada por las mismas redes sociales. Una vez que se genere algún obstáculo para la información, nacen los conflictos. En la época de las relaciones transparentes, hablar de confianza es hablar de mitología.

“La sociedad positiva tampoco admite ningún sentimiento negativo. Se olvida de enfrentarse al sufrimiento y al dolor, de darles forma. Para Nietzsche, el alma humana agradece su profundidad, grandeza y fuerza, precisamente, a la demora en lo negativo”, explica Han en su libro “La sociedad de la transparencia”.

Ejemplos como el de Camilo y Evaluna Montaner sólo reivindican la teoría del idealismo platónico, puesto que sólo muestran una faceta “positiva” de su relación, ya que para la sociedad positiva lo negativo es tabú, no reditúa ningún “me gusta”. El muchacho Camilo es como el sacerdote virtual de esta gran sinagoga virtual al que, a cada publicación, se le brinda el amén virtual, el “me gusta”, como dice Byung-Chul Han.

No en pocas veces me pregunté cómo sería la relación de estos influencers si se les cortara el internet o el acceso a las redes sociales. La presencia del otro simplemente los abrumaría puesto que esa situación se les escapa de su libreto, serían como aquellos actores que fuera de cámara no saben cómo interactuar ya que de tanto interpretar roles han olvidado su naturaleza personal.

Otra de las falacias que abundan en relación a este tema es que “quien critica este tipo de relaciones solo tiene la intención de perpetuar la mediocridad en las mismas”. En este punto me gustaría acotar que cuando uno se refiere a una relación como “mediocre” cae de vuelta en esa necesidad de aprobación colectiva, y simplemente entra en una negación como la de aquella persona que se rehúsa reconocer que su vida gira totalmente en torno a un idealismo.

Desde que se elimina la faceta negativa de la vida, la realidad se convierte en una “narrativa normalizada por la negatividad que debe superarse”, dando a entender que la realidad debe adaptarse a un relato idealista-ficticio. Nuestra historia puede darnos muchos ejemplos de lo que sucede cuando la humanidad “adapta” la realidad a un ideal.

Ciertamente nadie tiene la última palabra en cuanto a lo que está bien o mal, y honrosas excepciones tal vez lleguen a desmentir todo este ensayo. Sin embargo, una golondrina no necesariamente hace primavera, y el amor transparente o positivo que se observa actualmente son evidencias de que se ha perdido el horizonte en cuanto a las relaciones, cediendo terreno al control y la coacción para que el otro se someta al idealismo de los gurúes Camilo y Evaluna y otros más.
Olvídense de sus criterios propios, eso es cosa de “negativos”.

Rodolfo Sosa

31 comentarios en «El amor positivo: Relaciones que buscan aceptación virtual»

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