A 59 años de la masacre en nochebuena

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“¡Viva el Paraguay! ¡Muerte al dictador!”, exclamaban con fuerza y valentía 8 hombres, dispuestos a derrocar a Stroessner. Mientras, la navidad asuncena de 1960 convocaba a algunos hombres en Mburuvicha Róga. El presidente leía el informe del Gral. Patricio Colmán. Furioso, el dictador ordena que busquen a Remigio. El ambiente tenso anunciaba una masacre en nochebuena. 6 murieron, 2 sobrevivieron. La historia pudo ser contada gracias a ellos: Remigio Giménez y Antonio Arce. El periodista Efraín Martínez entrevistó a ambos, en el año 2002. A casi 59 años de esta matanza, y 17 años después de ser publicada la novela, Efraín revive la experiencia de la investigación.

Curuzú Seis. Lugar de la masacre. Foto de portada del libro.

“Masacrados en nochebuena” es una novela histórica, relatada con rigurosidad por los sobrevivientes de la matanza ocurrida el 24 de diciembre de 1960 en Paranhos, Matto Grosso, Brasil. Ametrallados por policías y militares paraguayos, 6 hombres murieron. 2 lograron huir. Según relatos de Arce y Giménez a Efraín, en octubre de 1960 inició la “ingenuidad” de esta aventura –como describe el periodista–, fueron casi 3 meses recorriendo kilómetros.Las confesiones de los sobrevivientes Giménez y Arce, sirven a Efraín para narrar esta historia contemporánea, que muchos no conocen y, que antes de ser publicada como novela, el mismo autor también desconocía el caso.

“César Cabral era empresario tabacalero, socio comercial de Horacio Cartes. Él me escuchaba en la radio, y me llama para ir a visitarme. Yo no lo conocía. Resultó ser uno de los empresarios más importantes y de mayor inversión. Él, a su manera le hacia la guerra a Stroessner, por eso más de una vez lo habían capturado. Él me dijo que quería recuperar una parte de la historia que no se sabe, que sentía la necesidad de hacerlo. Ya después de formar lazos de amistad, dijo que me iba a presentar a uno de los sobrevivientes. A partir de ahí voy y vengo de Foz de Iguazú, voy a la casa de Giménez. Horas, horas y horas tratando de extraer información y ganarme su confianza” explica Efraín, comentando los inicios de la investigación.

Efraín reconoce que César jugó un papel muy importante para este libro. “Sin César Cabral este libro no hubiera salido. Como decía Edward Lorenz ‘El aleteo de una mariposa en Australia, es capaz de generar un tornado en Nueva York’. Una palabra puede modificar todo. Sin él, que fue el aleteo de una mariposa, este libro no hubiera aparecido. Y a partir de ahí mucha gente se interesaría en este caso” menciona Cuevas, resaltando el efecto mariposa, propuesto por el matemático Lorenz.

Masacrados en Nochebuena revela pasajes de la guerrilla contra Alfredo Stroessner. El autor viajó hasta Foz, donde residían ambos sobrevivientes, para entrevistarlos.

Los ocho guerrilleros

Carlino Molinas “Guaikiki”, era el comandante del grupo guerrillero. Seguían la lista, por orden: Marcelino Martínez alias “Mariscador”. Baldomiro Acosta“Tapití”. Bernabé Peralta “Carumbé”. Remigio Giménez “Taguato”. Romero “Tayotí”. “Carpincho” Ramírez. Antonio “Mbopí”. Los ocho conformaban la columna de rebeldes. Eran los elegidos. Consideraban ese número, porque salir en mayoría sería caer como moscas. Cada uno valía por diez.

Relata Efraín, que los hombres iban armados y equipados. “Tenían suficientes proyectilesy dinamitas como para volar regimientos enteros. El plan consistía en ingresar por el norte del Alto Paraná, exactamente llegar al poblado de Yhú. El primer plan era parte de un ajuste de cuentas, buscaban liquidar al alcalde policial, en represalia a los ataques de las fuerzas militares, que mataron a revolucionarios en Caazapá e Itapúa”.

“Ellos no tenían un pensamiento que les guie, y menos una persona. Para entender esto hay que remontarse a la década del 40, a las revoluciones. La revolución que dura casi 70 años, y que de tanto enfrentarse los paraguayos –entre colorados y liberales–, una de las creaciones más malévolas y sanguinarias es la creación de partidos entre nosotros. En el año 47, cuando los liberales tuvieron que ir del Paraguay, y con ellos los comunistas y los febreristas; tuvieron que rumbear su angustia y rabia en la Argentina –sobre todo –. Se fueron miles, fue una hemorragia muy grande, y esa revolución fue el capítulo final de un desentendimiento entre paraguayos. El que está en el exterior siempre está conspirando, aunque sea consigo mismo, para volver al país. Una de las desgracias humanas es el abandonar el propio territorio. Ese territorio marcado nos ata con amor. Esos paraguayos que se fueron en el año 47, se quedaron con la sangre en el ojo. Entre esos paraguayos obviamente estuvieron los personajes de este libro” indicó Efraín, haciendo referencia a los ocho guerrilleros, quienes se preparaban para iniciar un largo trayecto, con sed de venganza.

“La mayoría era de escasa formación y lo que querían era darle una paliza a quien los había echado del Paraguay. No tenían más ideal que el de dar la paliza. Hacían eso y todos volvían otra vez. Tenían una bella ingenuidad que termina en algo tremendo, en una masacre” comenta el periodista.

Tapa de la novela de Efraín Martínez Cuevas

La marcha

Vestidos de civiles, cargando mochilas pesadas, y armas muy fuertes. En la cabeza llevaban un gorro con la inscripción “Movimiento 14 de Mayo”. Los hombres apresuraban sus pasos. Cruzar el río era la siguiente misión. “Llevaban una ametralladora antiaérea, Arce era el encargado de cargar con esa armamentista. Caminaron cientos de kilómetros con armas, que después ya dejaron enterrado. Con eso salieron, hicieron una ráfaga donde estaban los militares; quienes murieron. Fue un enfrentamiento muy duro. Estos hombres cruzaron en canoa el Río Paraná, tremendo Río. De ahí fueron caminando kilómetros, y fueron a parar a Paranhos”, recuerda Efraín, gracias a los relatos de Arce y Giménez.

El final de la aventura: la masacre

“¡Guerrilleros comunistas, asesinos!” fue el grito que, en noviembre, anunciaba la muerte de dos milicianos, en manos de los guerrilleros, y que, despertó –aún más– la furia en los soldados, dispuestos a acabar con el movimiento. En diciembre, los ocho guerrilleros fueron capturados.

“Hicieron un viaje que duró 3 días, a pie. Estaban presos en Paranhos. Fueron llevados a un monte ‘Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis’ contaba un civil en nochebuena. Seis de los miembros fueron asesinados a sangre fría. Dos huyeron. A lo lejos, Arce y Giménez observaban los restos de sus compañeros masacrados” recuerda Efraín, como parte de las confesiones hechas por sus entrevistados.

“Luego de la masacre, Arce imploró ‘¡Ayúdame Virgencita de Caacupé a sobrellevar este calvario!’ entre lágrimas, doliente y malherido. Ambos pasaron a ser protegidos por el gobierno brasileño de Jânio Quadros” continúa relatando Efraín.

“¿Cómo marca tu vida una historia como ésta?”

El periodista se pregunta“¿qué les trajo de bueno?” –el enfrentamiento–. Después de unos segundos, él mismo sigue “nada. Estos hombres no hicieron nada después, maltrataron su sacrificio”, haciendo énfasis a los sobrevivientes, que –según Efraín, que los conoció– no hicieron valer después tanto sacrificio.

17 años después de publicar la novela, el autor –todavía hoy– se pregunta “¿cómo marca tu vida una historia como ésta?” y sigue “probablemente en nada. Es una historia contemporánea poco conocida”.

“Una de mis conclusiones, te diría que es muy lapidaria. Me fui, alcé una cosa que pesaba como 30 a 50 kilos, es pesadísimo para andar con eso todo el camino. Si es que hice todo lo que hice, no sé, voy a formar un grupo, aunque me equivoque. Ellos solo mataron y nada más”. Sobre ese punto, el autor de la obra recuerda el testimonio de Arce, cargando una ametralladora antiaérea en el trayecto. Los integrantes del Movimiento 14 de Mayo, también mataron a algunos hombres antes de que, 6 de ellos fueran masacrados.

“Masacrados en nochebuena marca el final del enfrentamiento armado entre paraguayos, que comenzó ya allá por 1885, 87… donde ya se enfrentaban colorados y liberales. Esto marca el final, luego entramos en un período bastante largo de dictadura. Lo que ocurrió en Paranhos, fue muy tentador. Cuando visité el lugar, en el 2002, las cruces de la portada del libro ya no estaban, ahora hay plantaciones. En ese lugar ocurrió una masacre, un ajuste de cuentas”

Efraín, oriundo de Villarrica, también recuerda a su ciudad natal. “Antes cuando yo vivía en Villarrica, teníamos que encerrarnos temprano, máximo a las 18:00, porque en las esquinas se enfrentaban colorados y liberales armados, y así amenazaban a los vecinos que eran contrarios a los partidos que ellos defendían. Nosotros teníamos que escondernos, esa inseguridad, inestabilidad, se sumaba a algo muy grave que era la falta de alimento. No teníamos qué comer. En medio de eso, los militares salieron a buscar a estos tipos. Este enfrentamiento ocurrió en Brasil, ahí en la frontera nomas. Se cruza caminando. Solo dos se salvaron, y fueron mis entrevistados. Esta masacre sirvió para instalar una reflexión, muy poco se sabe de esto. Vale la pena para un buen estudio sociológico, antropológico”

La importancia de conocer el pasado

“¡Qué poco sabemos de lo que pasa en Paraguay! Nosotros decimos ‘Stroessner esto, aquello’ sin embargo desconocemos lo que pasó en el camino, todo lo que se fue escalonando para que lleguemos a ser lo que somos hoy. Si sabemos lo que pasó, eso es lo que va a hacer lo que somos hoy; ahí vamos a comprender”, señaló Cuevas.

Además, menciona que, para comprender la realidad, basta con mirar 30 años atrás. “Del 89 a esta parte, un joven no necesita bajar todos los libros para saber qué pasó y tener así una personalidad nacional, paraguaya. Para saber y decir ‘ah, por eso nosotros somos así’. Todo está en el entorno, basta con mirar 30 años atrás. Cómo fueron las iglesias, los gobernantes, las escuelas; ahí vas a saber de qué tela sos, cuando encuentres la madeja y tejas tu personalidad”

“Ellos con lo que hicieron, pensaron y actuaron, influyeron de manera indirecta en una sociedad que comenzaba a emerger en aquel tiempo, de modo que no eran solamente aventureros. Ellos dejaron huellas, como los demás, para que terminemos siendo lo que somos hoy nosotros”, señaló Efraín.

Efraín Martínez Cuevas. Foto: Cynthia Alvarenga

“Los datos recogidos fueron avalados por documentos del Archivo del Horror, del Palacio de Justicia. También por documentos archivados en los EE. UU, en la Biblioteca del Congreso Norteamericano. Además, archivos del diario ‘O Estado de S. Paulo’, y –por supuesto– los testimonios grabados de Arce y Giménez” finalizó Martínez Cuevas, quien guarda como un tesoro cada uno de los apuntes, transcripciones, recortes de periódicos y los casetes que contienen la entrevista.

Al lugar de la masacre, conocido como “Curuzú Seis” (en honor a los 6 caídos en nochebuena), volvieron Remigio Giménez y Antonio Arce, en el 2002, 42 años después de la masacre; junto con Efraín Martínez Cuevas, autor de “Masacrados en Nochebuena”, novela en memoria de los seis hombres muertos en 1960, y de Arce y Giménez, hoy ya fallecidos. 

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