El mayor asesino serial de la historia ¡fue mujer!

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Antes de empezar este artículo, debemos agregar un «disclaimer«, una nota aclaratoria: ¿cómo definimos a un «asesino serial»? ¿Con qué criterios establecemos quién fue una u otra cosa?

Es una pregunta que los historiadores han intentado responder y no faltan polémicas al respecto. ¿Qué es lo que debería observarse? ¿Las motivaciones, la intención oculta, las causas próximas, cercanas, intermedias, lejanas, remotas?

Copia del retrato original perdido de 1585 de Elizabeth Báthory.

Hay todo tipo de hermenéuticas en este embrollo pero los historiadores llegaron a una conclusión común y general, desde la que se puede trazar ciertas líneas de entendimiento. Un «asesino serial» debe cumplir las siguientes tres condiciones, sine qua non:

1- El asesino serial debió participar directamente en la muerte de por lo menos 3 (tres) de sus víctimas: es decir, él mismo debió estar ahí y provocarle su deceso, sea por el método que fuere. No se considera pues «asesino serial» a alguien que da una orden para que otro proceda a cometer el asesinato.

2- El asesino serial debió cometer sus crímenes en tiempos considerados «de paz», no por motivos políticos, étnicos, socioculturales o militares, sino por motivos estrictamente de «placer o interés personal». Esta condición anula de la lista a muchos quienes mataron directamente a decenas e incluso cientos de personas en el contexto de revoluciones, guerras, persecuciones políticas o religiosas.

Para éstos existe otra categoría: «asesinos de masas» o directamente «genocidas», como sería el caso de los Emperadores Moctezuma de los Aztecas, que sacrificaban en persona a miles de sus esclavos de las tribus que tenían sometidos; Oliver Cromwell, los Revolucionarios Franceses y Rusos; la Emperatriz Victoria de Inglaterra y el Rey Leopoldo de Bélgica; el Gral. John Pershing, Winston Churchill, Harry S. Truman; los marxistas Lenin, Trotsky y Stalin; Hitler en Alemania y Mao Zedong en China; todos estos (y otros tantos) serían vistos como «asesinos de masas» o «genocidas», pero no como «asesinos seriales».

3- El asesino debió actuar fuera del contexto de las leyes vigentes en la época. Esto parece cierto a simple vista, pero muchas veces es necesario aclararlo: por ejemplo, si una persona mata a tres ladrones por «legítima defensa», no se lo puede considerar asesino serial.

Para que sea visto como asesino serial, el autor debió actuar de forma notoriamente ilegal y sin excusas, incluso para las leyes de su época.

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Escudo de Erzsébet Báthory

Como se puede ver, no es fácil establecer esas líneas e incluso allí muchos estarán dispuestos a discutir qué tan válida es una o la otra. Es un tema controvertido que seguirá dando que hablar pero queda claro que, aunque ambos fueron enormemente brutales e inmorales, no se puede poner en la misma categoría a «Ted Bundy» y a «Mao Zedong». Así que sin más preámbulos, vamos a la siguiente parte.

La Hungría de finales del siglo XVI y principios del XVII era un hervidero. Aunque estaba gobernada por los Habsburgo, no le faltaban poderosos aristócratas y caudillos políticos que hacían de las suyas.

La nobilísima Casa de los Bathory estaba entre ellas, familia enormemente acaudalada que poseía además gran encanto entre los campesinos pues siempre los ayudaban y atendían sus necesidades en la medida de sus necesidades, sin explotarlos ni maltratarlos.

Entre los Bathory existieron héroes militares que lucharon con Matías Corvino de Hungría y Vlad Tepes de Rumanía contra el Imperio Otomano. Eran verdaderamente nobles, sin lugar a dudas, pero como dice el refrán, las tragedias pueden pasar hasta en las mejores familias y una de las hijas de los antiguos Bathory venía para hacer realidad el famoso adagio popular.

Erzébeth Bathory de Écsed nació el 7 de Agosto de 1560 en Nyrbator, Hungría. Era lo que llamaríamos una «pura sangre», linajuda por donde se la mire. Ella fue en el Calvinismo en un país tradicionalmente católico como Hungría, y eso fue motivo de cierto alejamiento de la Casa Bathory con el pueblo húngaro.

Desde pequeña empezó a mostrar ciertos signos de neurosis, histeria y lo que hoy llamamos «bipolaridad». Algunos incluso afirman que sufría de ataques de epilepsia, aunque esto último parece ser parte de la leyenda y no hay pruebas ciertas.

Pero no cabe dudas de que sufría alteraciones mentales que se fueron relajando con el tiempo cuando conoció a su único esposo, el Conde Ferenc de Nádasdy, también encopetado hombre de abolengo. Cuando Erzébeth y Ferenc se casaron el 8 de Mayo de 1875, ella tenía 15 años y él 20. Fue todo un evento social de la época, pues las dos más poderosas familias de Hungría (después de los Habsburgo) se unían y se pensaba que esto traería una época feliz y de prosperidad.

La condesa Erzsébet Báthory de Ecsed.

El pueblo entero celebró la unión y ciertamente, al comienzo, la joven pareja hizo mucho para complacer a sus súbditos. Los Condes atendían súplicas, solucionaban reclamos, proveían de ayudas en donde esta era más necesitada.

Ferenc era un arquetipo del guerrero que busca la gloria en el campo de batalla. Por casi 10 años salió a luchar al frente de los Ejércitos Húngaros contra el Imperio Otomano, obteniendo pequeñas victorias y llevando prisioneros hasta su castillo Cashtice en Sárvar, Hungría.

Se dice que aquí fue donde empezó el placer de Erzébeth Bathory en torturar a otros seres humanos: su esposo Ferenc, según las leyes militares de la época, tomaba a los turcos presos y los sometía a indecibles vejámenes para obtener información militar o política que fuera de utilidad.

El guerrero había llevado a su esposa a observar estas sesiones e incluso le enseñó cómo hacerlo para que fuera más efectivo. Bathory no sólo aprendió de Nádasdy, sino que se volvió una verdadera experta. Pero lo que para Ferenc era una tarea como soldado y oficial de la época, para Erzébeth se convirtió en placer morboso: cuando su esposo estaba ausente, según la leyenda, ella iba personalmente hasta las mazmorras y torturaba lentamente a los otomanos capturados.

Probaba una y otra vez para ver hasta donde podían soportar el dolor más intenso. Y allí morían, uno tras otro, por el placer sádico de la que entonces ya era Condesa Bathory. Uno encontraría cierta «justificación» a lo hecho por Erzébeth entonces, pues los turcos eran enemigos militares de su esposo.

Pero había una evidente diferencia entre uno y la otra: Ferenc torturaba por deber militar y nunca llegaba a los extremos de Erzébeth, quien además de disfrutarlo, terminaba matando a varios de los turcos. Lo cierto es que luego de varios combates, campañas, heridas y privaciones, el Conde Ferenc de Nadazsdy estaba enfermo y enormemente debilitado.

Ascendencia de la condesa de Báthory

Era enormemente conocido en todo el mundo cristiano por su valentía y triunfos contra los turcos, logrando mantenerlos a raya, pero a la larga esto repercutió en su salud: pocos meses antes de morir había regresado a su hogar y su esposa Erzébeth, que lo amaba con devoción y locura, hizo todo para que pudiera recuperarse, suplicándole que no vuelva al campo de batalla hasta que se recupere totalmente.

Incluso acudió, según la leyenda, a mujeres que hoy serían llamadas «curanderas» pero que entonces eran vistas como «brujas» para que retengan a su esposo. Pero este fue inflexible: el «Caballero Negro» de Hungría no podía abandonar a sus soldados en plena lucha. Así fue la última vez que Ferenc y Erzébeth, bañada en lágrimas, se vieron.

El «Caballero Negro» de Hungría en medio de un combate cayó, no por las armas enemigas, sino por su enfermedad y falleció el 4 de Enero de 1604. La Condesa Bathory de Nádasdy, que quedó viuda con tres hijos, sufrió lo indecible al enterarse de la muerte de su esposo y según algunos, aquí es dónde se desata plenamente su locura y furia asesina.

Ella misma envió soldados hasta las tierras de su esposo, que lindaban con las posiciones desafiadas por los turcos, y hacia capturar a cualquier otomano que pasaba por el camino. Estos eran llevados hasta el Castillo Cashtice y allí Bathory los hacía sucumbir con las más cruentas torturas imaginables. Era su venganza por la muerte de su esposo, con el que vivió y al que amó más de 30 años…

En todo caso, en Noviembre de 1606 acabó la «Larga Guerra» que había iniciado en 1593 y donde Ferenc se destacó enormemente. Aunque en lo político tuvo resultado inconcluso, en lo militar fue visto como una victoria de los húngaros, que demostraron que los otomanos no eran invencibles y que podían ser detenidos con una buena estrategia.

El fin de la guerra significó el fin de los prisioneros turcos. Erzébeth se quedó sin su único consuelo, que era eso que ya sabemos… La viuda de 43 años cayó en una profunda depresión. Fue entonces cuando unas extrañas mujeres, encabezadas por Anna Dolvoja (quien supuestamente era una bruja, de nuevo aquí aparece esta versión que aparentemente tiene algo de real) le sugirieron que creara una especie de Instituto al que llamaron «Gymnasium» en donde se recibiría a mujeres muy jóvenes para darles educación superior, según la época.

Ruinas del castillo Čachtice, donde Erzsébet Báthory supuestamente cometió sus crímenes, permaneció presa y falleció.

Erzébeth aceptó y esta escuela para mujeres funcionó cerca de cinco años en medio del Castillo Cashtice bajo su dirección y con la supuesta bruja Anna Dolvoja como su principal asistente. El caso es que los rumores empezaron a circular: la Condesa Bathory, que ya era famosa por torturar a los turcos hasta hacerlos reventar, volvía a hacer lo mismo pero ahora con las niñas a las que recibía en su Gymnasium.

Como ella era nobilísima y en ese momento un Bathory era nada más y nada menos que Rey de Polonia, nadie se atrevió a ponerle las manos encima. Erzébeth así continuó sus acciones… Nadie sabe a esta altura qué es cierto y qué es mentira, pero queda claro que se cometían atroces asesinatos allí dentro, confesados por personas que eran amigas sinceras de los Bathory.

Allí empezó la leyenda. Hasta hoy nadie sabe qué motivó a la Condesa. Según algunos, era para bañarse en la sangre de mujeres vírgenes y mantener su juventud y belleza, que era deslumbrante según las crónicas. Según otros, era por un aquelarre maldito de brujas (Ana Dolvoja, Dorotea Semtesz, Ilona Jo, Katarina Bernicka eran sus cómplices y amigas íntimas desde la muerte de su esposo, hasta parece una reunión de lesbianas feministas en el siglo XVII, aunque esta versión es la más fantasiosa de todas) para hacer todo tipo de orgías y hechicerías con sus víctimas.

Finalmente, hay quienes piensan que lo hacía por placer, símplemente por gusto sádico y macabro, otro tanto también para recordar lo que le había enseñado su amado marido… Lo único que parece ser verídico de todo esto es que se la ha visto bañada en sangre varias veces, pero no porque quisiera sino por el efecto propio de la situación: se manchaba al desangrar a sus víctimas.

Aunque recientemente surgió la versión de que sus crímenes fueron enormemente exagerados por sus adversarios y enemigos políticos, como los mismos Habsburgo, quienes debían mucho dinero a la Familia Bathory y encontraron en los delirios de la condesa una manera de hacer un trueque.

En efecto, los crímenes de Erzébeth eran dignos de pena de muerte, pero esta le fue conmutada a una relativamente cómoda prisión perpetua a cambio, según estas versiones, de que entre los Emperadores Habsburgo y la Casa Bathory hubiera un «borrón y cuenta nueva». No obstante, de esto no hay muchas pruebas. La realidad es que los Bathory eran suficientemente poderosos (uno de ellos, Esteban, en ese momento era Rey de Polonia Lituania) y no existen indicios de que los Habsburgo desearan aprovecharse de la situación.

Todo lo contrario, parece ser que se hizo todo lo posible para salvarla de la manera menos humillante. El principal investigador y fiscal de su causa fue el Barón Gyorgy Thurzó, uno de los mejores amigos del esposo de Erzébeth y que al igual que ella, era Calvinista.

Por esta doble afinidad, aparentemente se logró no sólo salvar la vida de la Condesa Bathory sino también la reputación de la familia e incluso, siempre según la leyenda, falsear y aminorar el número de crímenes que en realidad ella cometió.

Como dijimos anteriormente, esto ya muy difícilmente hoy pueda saberse salvo que se hagan notables descubrimientos arqueológicos o documentales.

Lo cierto es que la Condesa Erzébeth Bathory de Nádasdy falleció confinada en una especie de «prisión domiciliaria», sin poder jamás salir de su castillo, según algunos en un emparedamiento (encerrada entre cuatro paredes) pero que tampoco parece ser real, pues sobrevivió casi cinco años hasta su muerte el día 21 de Agosto de 1614. Cuando el pueblo se enteró de su deceso, pidió que no fuera enterrada en la villa y la Familia Bathory decidió transportar su cadáver a un sitio hasta hoy desconocido.

Volviendo a sus crímenes, no cabe duda de que la Condesa Bathory los cometió. Incluso sus apologistas, al estudiar el juicio que se le llevó a cabo y las evidencias en su contra, deben rendirse ante lo contundente. Es más, como señalamos anteriormente, es posible que muchos de sus crímenes fueran ocultos y tapados por el poder que entonces tenía la Casa Bathory para que el escándalo no fuera tan grande.

Aún así, hay cierto consenso histórico que atribuye a Erzébeth la sorprendente y hasta hoy insuperada cantidad de 600 asesinatos (incluyendo a los prisioneros turcos que ella mató). Este número es una estimación moderada pues no faltan quienes lo duplican.

Eso convierte a la Condesa Bathory en la más sanguinaria de todos los asesinos seriales en la historia registrada. Macabro récord que ostenta una mujer, lo que nos hace recordar la famosa frase del francés Stendhal: «las mujeres, cuando lo desean, pueden ser increíblemente más perversas que los hombres».

Si nos fijamos en la historia de la «Condesa Sangrante», esa frase bien puede ser tomada por cierta…

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