La música en la guerra: aguijón para las Almas de los Soldados e Instrumento del Terror

La música en la guerra: aguijón para las Almas de los Soldados e Instrumento del Terror

La música siempre ha sido una disciplina artística conocida por despertar una serie de emociones en el interior, ya sea positivas o negativas; esto se debe a que a lo largo de la historia el hombre ha estado profundamente ligado a ella, de tal manera que es natural adjudicarle distintos contextos que se han utilizado hasta con fines un tanto oscuros.

Desde la primera batalla librada entre las más antiguas civilizaciones humanas, la guerra y la música han estado interconectadas entre sí, a tal grado que los instrumentos utilizados para tocar melodías o composiciones en el campo de batalla desde los inicios de esta práctica, han adquirido un poder simbólico en la mente de  personas que la pelearon, y por consecuencia, en su descendencia.

El hombre y la música han marchado inseparables por la historia. Ya fuere como parte de un ritual, una declaración o simplemente como entretenimiento o vehículo de relajación, la sucesión de sonidos armónicos fue, es y será, una de la expresiones artísticas más populares de todas las civilizaciones.

Helio Vera en su obra el “El País de la Sopa de Dura” escribía que

«No son las explosiones los únicos sonidos que se escuchan en las guerras. También hay música. Tambores, pífanos, clarines, cornetas. Y canciones. A veces, son himnos cargados de solemnidad, música para cada momento, para cada situación. Puede servir para enardecer a los combatientes, para conmoverlos o para distraerlos. Cada guerra tiene, por así decirlo, su propia banda de sonido, y es difícil concebirla sin ella. Cada guerra tiene su música. La identifican tan fuertemente como los uniformes, como las armas empleadas en ella. Y a veces, más que sus generales. No siempre las músicas son aíres marciales. Muchas veces son canciones triviales, pero que los combatientes adoptaron con indeclinable fervor». pp. 260-1

En la Guerra del Chaco, tenemos a este genio de Emiliano R. Fernández –Emilianoré- quien pudo sintetizar y escribir tantas obras magistrales, con tanta fuerza y tanta belleza al mismo tiempo, como “Rojas Silva Rekávo” o su obra que hasta alcanzó un alto grado de popularidad “Che la Reina”. Tenemos canciones como “13 Tuyutí”, “Nanawa”, “Chaco Boreal” o la majestuosa “Reservista Puraheí” guarania de Félix Fernández y Don Agustín Barboza.

Una banda de música compuesta por soldados paraguayos que participaron en la Guerra del Chaco.

¿Y en la guerra contra la Triple Alianza?

Vera menciona: «Un periódico de comienzos de Siglo nos entrega una sorprendente revelación: la canción “Cinco Sueldos” era para la tropa, lo que “Lili Marlene” a los soldados alemanes en la SGM. De “Cinco sueldos”; sólo se sabe que era una de las serenatas más populares antes de la guerra, ¿su autor y origen? Nada se sabe».² pp. 260-1

Músicos paraguayos durante la Guerra del Chaco. Fuente: Archivo Nacional.

Pero se cuenta que al comenzar la guerra fue formado el Batallón 40. Su comandante, José Eduvigis Díaz, preguntó cuál era la canción más popular. La respuesta fue unánime: Cinco Sueldos. Por orden de Díaz, la canción pasó a integrar el repertorio de la banda lisa y de la banda de música de la unidad. La coreaban los soldados y el propio Díaz era uno de sus más entusiastas adeptos.

Es que cada tiempo tiene su música. Como no podía ser de otra manera, los millones de soldados que participaron en la Primera Guerra Mundial se hicieron acompañar por instrumentos con los que en sus ratos libres recordaban melodías de las más populares de su país, en un intento por acercarse al terruño y  a la gente que añoraban, y para olvidar por un momento el horror de las trincheras. También estaban las marchas militares, las canciones propias de cada regimiento o aquellas que fueron creadas específicamente para recordar a soldados y civiles las razones por las que luchaban, y el precio que supondría la vuelta a casa.

Emiliano R. Fernández.

Entre los himnos, canciones motivacionales y marchas fúnebres en honor a los caídos podemos encontrar obras como “La Madelon” (la Marsellesa), “Ah, C´est la Guerre” de Henries, “Vouzn´aurez pas´l´Alsace et La Lorraine” (No tendréis Alsacia y Lorena) entre las tropas francesas; “It´s a long way To Tipperary” de Robert Mandell, “The Last Long Mile” de Charles Hart, o “Scotland The Brave” entre otras entre las tropas de Su Majestad Británica; “Marsch von Kaiser Whilhem II” y “Preussens Gloria” (Gloria a Prusia) de los alemanes; “Por Rusia y por el Zar”, “Adiós a Slayvanka” de Rusia, y “Over There” de los Estados Unidos.

En la Segunda Guerra Mundial, la radiodifusión fue el medio de transmisión por excelencia de ideas y de noticias, antes y durante la guerra. Los avances tecnológicos hacían posible la comunicación alrededor del mundo, aunque el acceso dependía de la propagación de las ondas de radio o de la cercanía y potencia de la emisora.

La música fue la válvula de escape, tanto para el ciudadano común como para el soldado en el frente.

“Kalinka”, palabra que designa una delicada flor de campo, es el nombre de una canción que enternecía a los encallecidos soldados rusos. Dicen que conmovía al propio Stalin. O con “Lili Marlene”, cantada por los soldados alemanes durante la SGM. Caso curioso este último, ya que la dirección de propaganda nazi intentó proscribirla, porque la consideraba decadente. Ante el fracaso de la prohibición, se optó por olvidar el asunto y “Lili Marlene” siguió siendo cantada por los soldados alemanes.

Pero la música en la guerra no solo sirve para evocar al terruño y alentar a las tropas, sino también que puede ser utilizada con fines non sanctos. Tanto es así que hubo instrumentos que en su momento fueron considerados “armas de guerra” y melodías que fueron utilizadas en sesiones de tortura.

La vinculación de la música a las actividades bélicas ha sido una constante a lo largo de nuestra historia. Ya sea de manera rudimentaria o simple hasta llegar a las complejas armas acústicas que se han desarrollado hoy en día, la música utilizada en los ejércitos, con fines muy bien definidos, nunca ha desaparecido. Uno de los ejemplos que tiene que ver con el uso de determinados instrumentos en el ámbito militar es el caso peculiar de la gaita.

Gaiteros escoceses.

Normalmente la gaita no es vista como instrumento militar, como lo son comúnmente las cornetas, la caja y el bombo. Aun así conviene saber que la gaita fue instrumento que formaba parte de los ejércitos de manera habitual. Esto ha sido así durante siglos y siglos. Hubo momentos de la historia en que incluso llegó a ser considerada “arma de guerra”. 

Valga citar el edicto real que se impuso a los escoceses por la Corona Inglesa de portar armas que tras los violentos levantamientos de 1715, 1745 y 1746, se impusieron un buen número de onerosas prohibiciones entre las que se destacaba la restricción de las armas tradicionales escocesas. Entre esas armas, había un instrumento musical con “status” de arma: la gaita.

Asimismo, el rock, rap y heavy metal que forman parte del día a día de los ejércitos de Estados Unidos fueron utilizados en bombardeos y sesiones de tortura como “fondo musical”. Como lo hicieron los soldados norteamericanos atosigando al militar “regente” de Panamá, Noriega, con rock pesado y heavy metal a altos decibeles cuando éste estaba asilado en la Embajada del Vaticano, y no le quedó más remedio que entregarse.

Las bandas militares servían para dar el inicio a la batalla y también para coordinar los ataques y las defensas en la antigüedad.

Es que la función que la música cumple en una guerra se divide en dos partes: como un medio de comunicación y como chantaje psicológico. Esta intimidación mental puede ser rastreada desde batallas romanas, griegas e incluso rivalidades narradas en el antiguo testamento.

Ya habíamos dicho que instrumentos de viento, percusiones y gaitas escocesas históricamente yacen como algunas de las herramientas más eficaces para debilitar psicológicamente al enemigo en el campo de batalla. Uno de los ejemplos más notorios de como la música fue utilizada para sacar ventaja del enemigo se dio durante la guerra de Secesión Española en la Batalla de Ourdenarde, (1708), en la que percusionistas tocaron la melodía de retirada francesa tan bien, que el ejército francés se marchó del campo de batalla. En el trascurso de esta guerra los gobiernos empezaron a usar esta disciplina artística para dar valor a sus ejércitos y estremecer al enemigo.

Banda militar paraguaya.

Posiblemente muchas personas no tengan la más mínima idea de que escuchando Born to the USA de Bruce Springsteen, o una de las melosas canciones de Plaza Sésamo que disfrutan con sus hijos pequeños, esté ocasionando en ese mismo momento en Guantánamo la confesión del islamita más radical de algún crimen contra el país de las barras y las estrellitas, renegando y abdicando al reino celestial que le ofrece el mismísimo Alá, con tal de dejar de oír esas canciones una y otra vez.   

Se dice en un viejo adagio que la música sirve “para calmar a las bestias” pero también hay música que despierta el lado más salvaje de un ser vivo.

Diego Giménez.

Fuentes:

¹Vera, Helio. “El País de la Sopa Dura”: Tratado de Paraguayología II, 2da. Edición. Servilibro.

²Ibid.

“La música en la Guerra”. Ciencia Histórica, de Jesús G. Barcala.

“La música como instrumento de tortura o arma de Guerra”. Música in profundis.

“Guerra y Música, melodías de batalla”. culturacolectiva.com

Diego Giménez