El Parlante

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La palabra de la catástrofe: Viriato Díaz-Pérez

E.J. Smith Capitán del Titanic, curiosamente dijo la siguiente frase: «Ni Dios será capaz de hundirlo»; a ésta se puede asociar otra que mantiene relación directa con lo que le sucedió a esta colosal embarcación, «Si no atacas los riesgos, los riesgos te atacarán a ti», esta última tal vez sea la base enunciativa que inspiró a Viriato Díaz-Pérez, un intelectual español (que migró para radicarse definitivamente en Paraguay en el lejano 1906), a escribir el ensayo sobre «La palabra de la catástrofe».

El Titanic que aunque no pudo conseguir terminar su primera travesía, si logró pasar a la historia como el barco más grande jamás construido, es el blanco para Viriato Díaz Pérez en «La palabra de la catástrofe”, donde para explicar la identificación de riesgos y el inminente desenlace de la embarcación se plantea ¿Por qué naufragó?

269 metros de largo, 28 de ancho y 56 de alto, con capacidad para transportar 3550 personas, conocido popularmente como el «insumergible», diseñado para ser lo último en lujo y comodidad, zarpó de Southampton el 10 de abril de 1912. El Titanic se hundió la noche del 14 de abril de 1912 al chocar contra un iceberg. En su primer viaje transportaba cerca de 2230 personas de las cuales sólo sobrevivieron 700 y murieron más de 1500.

Prácticamente, todos los riesgos conocidos que se pudieran imaginar se fueron sucediendo y no había plan de respuesta, es más, fueron obviados desde el primer momento, el dueño del barco quería solamente asombrar al mundo y pidió al capitán que el barco fuera a la máxima velocidad, aun a sabiendas, de que otros buques habían mandado alertas de iceberg en la ruta del Titanic. Los recursos insuficientes, como no tener binoculares especializados para los vigilantes, hacía que la mega infraestructura del Titanic se viera destinada a la catástrofe.

Después del tercer mensaje de alerta el capitán ordenó modificar el rumbo, levemente hacia el sur, su respuesta fue insuficiente, tomó una decisión para resolver un problema, pero no para evitar el efecto no deseado: la colisión. La compañía naviera White Star decidió competir por lujo y comodidad en lugar de rapidez, que era lo usual en ese momento, la nave fue más grande para poder albergar los salones, zonas de recreo, lujosos camarotes.

El responsable de White Star se compromete a llegar un día antes, olvidando así su estrategia, hay que pensar bien qué objetivos queremos lograr, ya que según sean, nos conducirán a una decisión u otra.

Llegar un día antes debió ser en todo momento una meta secundaria. Sin embargo, forzó al capitán a no reducir la velocidad o parar a pesar de haberse avistado icebergs. Muchos mensajes de alarma no llegaron al puente de mando ya que los operadores estaban ocupados en la transmisión de mensajes privados y la satisfacción de los pasajeros era lo prioritario para la White Star.

Las prioridades marcan nuestras decisiones, por eso hay que priorizar correctamente, el riesgo crece a medida que vamos tomando decisiones equivocadas. Un aura de indestructibilidad envolvía al barco, había un clima generalizado de excesiva confianza en las capacidades del buque, no hubo tensión en el control de la seguridad, se suprimieron elementos de seguridad: botes salvavidas, altura de los compartimientos, etc.

El timón era demasiado pequeño para las necesidades de navegación y maniobras en alta mar, las pruebas que se habrían hecho en puerto es lo que llevó a un diseño con un tamaño de solo el 40% de lo necesario para la inmensidad del navío; de los tres equipos de vigilancia en cubierta ninguno tenía detectores especializados lo que, unido a que el mar estaba en calma y no rompía contra el iceberg, hizo muy difícil para los vigilantes ver nada especial.

El barco tenía 3 turbinas de hélice de las cuales solamente 2 exteriores eran reversibles. La más potente, la central, no. Cuando el barco necesitó virar, frenar, reducir velocidad para minimizar el golpe, solamente pudo utilizar las dos pequeñas exteriores e insuficientes, el diseño de las mamparas de cristal no era adecuado y además estaban solo unos metros por encima de la línea de flotación. Al fallar 6 de los 16 compartimientos, comenzó a entrar agua.

Durante la construcción del Titanic se tomaron dos decisiones que comprometieron la seguridad: se redujo el nº de botes salvavidas de 64 a 20 porque de este modo se mejoraban las vistas al mar desde la cubierta; para que los salones fueran más espaciosos se acortaron las compuertas de los compartimientos, se priorizó el lujo por sobre la seguridad, algo que debe ser irrenunciable.

La decisión sobre el número de botes cumplía la normativa, pero sabían que ponían en peligro vidas humanas, encontraron un pretexto para justificar una decisión difícilmente justificable, para evitar el autoengaño hay que tener claro qué cosas pueden pasarse por alto y qué cosas no, bajo ningún concepto.

Si se ha tomado una decisión errónea, no perseverar en ella, es más práctico reconocer el error y modificar la decisión. El no tomar una decisión arriesgada solo por salir de una situación desagradable hace que se eviten a la larga, efectos que producirán eventos desagradables y adversos.

Se puede deducir entonces, que el inminente declive del Titanic pudo haberse prevenido, tomando buenas decisiones. «La palabra de la catástrofe”, nos enseña que debemos analizar críticamente las suposiciones que hacemos antes de tomar una decisión, no sea que resulte que no haya nada que la sustente, y entonces, la decisión sea errónea.

Imagen: El Titanic en el puerto de Southampton poco antes de zarpar.

Aunque no nos guste, la incertidumbre es una realidad, es aconsejable reconocerla de antemano y no crearnos una falsa sensación de seguridad, pues ésta, es más cómoda que la incertidumbre.

Para decidir bien hay que estar dispuesto a asumir riesgos, si temes en exceso la incertidumbre, anularás la capacidad de tomar buenas decisiones, no hay nada más peligroso que una idea cuando ésta es la única que se tiene: sólo podrás elegir, si generas alternativas y elegir correctamente o prever los problemas que puedan ocurrir, son alternativas que salvan vidas.

Los accidentes no ocurren, son provocados.

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